El número 5 de la colección Azul de poesía nos entrega un poemario del poeta malagueño José Sarria, con la novedad de una magnífica traducción del hispanista, escritor y traductor, Ahmed Oubali, conocedor de la obra poética de Sarria, toda vez que ya se ocupó, entre otros, del poemario Inventario de derrotas /L´inventaire des défaites, publicado por nuestro añorado poeta, Francisco Peralto, en la colección “Corona del Sur” y que tuvimos la fortuna de presentar en la Escuela Oficial de Idiomas de Fuengirola, hace ya algunos días. Para esta ocasión, un magnífico poemario en edición bilingüe hispano-francesa, con páginas enfrentadas que fomentan no solo el placer de la lectura sino el anhelo por apresar los matices líricos. Ahmed Oubali, una referencia indiscutible en el mundo de la filología, el periodismo y la traducción es a todas luces, un crítico literario brillante. Lo confirma, su labor de traducción para este poemario, su edición e igualmente un prólogo que se ajusta con tanta precisión como elegancia a los pormenores de la escritura poética de José Sarria.
Una poesía que en este caso traspasa su propio ámbito para sucederse en “una travesía vital por los territorios inciertos del yo”. La condición humana, cierto, pero también el apresar lo vivido, acaso el simbolismo más emotivo en el eje de coordenadas espacio-temporales. La dedicatoria inicial “A mi madre, que me dio tanta luz en su tiempo de espera”, acciona un mecanismo de plena identificación con el poeta y a la vez construye una arquitectura emocional que se irá nutriendo de claves interdisciplinares, aunque principalmente genuinas, a menuda en relación a lo natural. Para este singular diálogo del poeta con su entorno y con su memoria, se adentrará a veces en la densidad de la prosa poética, en otras ocasiones buscará las resonancias más musicales de la silva, incluso breves poemas de dos versos, como por ejemplo “Temblor”: “Hay pájaros que tiemblan/al pronunciar tu nombre” o bien “Memoria”: “Sé que no estaré muerto/mientras pueda vivir en tu memoria”; sea como fuere, la combinación de heptasílabos y endecasílabos preside el conjunto, como tributo a la tradición, inagotable surtidor de inspiración.
Consideramos la interdisciplinariedad en la presencia de citas, una suerte de museo poético que se vincula en fondo y forma al propio poema de Sarria. Citas y la plena inserción de versos como en “Huerta del cementerio de Macharaviaya” que termina con los versos de Cavafis: “la memoria de esas horas cuando encontré y retuve el placer tal como lo deseaba”. De este modo, J.A. Valente, A. Ramírez Almanza, J.L. Borges, C. Kavafis, M. Escribano, J. De Arco, F.Díaz-Granados, A.Rivero Taravillo, F.Aguirre, J.Rejano, A. Saint-Exupéry, J.Soto, Amin Al-Rayhani, M. Darwish y R. Ballesteros van tejiendo lemas que el poeta Sarria va asimilando, renovando en un permanente cambio ubicado en un tiempo de espera que, no debe percibirse como una puerta a la nostalgia, sino a la esperanza; tampoco es un canto a lo vulnerable, más bien una celebración de la otredad que conforma y confirma nuestra identidad.
Son ejes determinantes en la poesía de José Sarria y en el movimiento Humanismo Solidario del que indudablemente forma parte. La aventura por tiempos, existencias y horizontes se entrelazan en cada sección, “Tiempo de espera”, “La tarde”, Incertidumbres” y “Final”. Por ello, sale a la luz, los viajes de Ulises, los manuscritos de la biblioteca de Al-Qarawiyyin, el tiempo consumido o habitado, se muestra el vigoroso vuelo de los pájaros, garzas , mirlos, ruiseñores, petirrojos, de hecho constatamos que figuran poemas como “El petirrojo”, “Los pájaros del sueño”, en una humanización manifiesta de libertad. Paralelamente, destacaría la sección de “Incertidumbres” que, en gran medida, marcan el ritmo del poemario, cierta rebeldía y una metáfora polivalente. De los cuatro poemas de “Incertidumbres”, subyacen el tiempo y el olvido, la muerte, la espera y el silencio, finalmente, la palabra. Es el nudo gordiano que nos ofrece el poeta. Por si fuera poco, dispone todos los versos de los poemas en interrogaciones y, quiero imaginar, que los espacios en blanco que deja entre pregunta y pregunta, son la parte que atañe a lectoras y lectores. Treinta preguntas que se plantea el poeta, que nos propone.
Al fin y al cabo, ahí hallaremos su poética, sus claves de misterios y secretos, sus tesoros, sus derrotas, su silencio, su nada, su compromiso, su anhelo pour arriver jusqu´au bout, el alfaguara de lo descriptible (como el narrar la llegada a la luna del Apolo XI, la España de entonces, los anhelos del adolescente para que Anita Ekberg abandonara a Marcelo Mastroianni) y de lo inefable (la última inocencia de la infancia), tratando si se quiere, de fijar y entender las estructuras del mundo. El poema “Infancia” es una bellísima muestra de la mirada del niño que permanece y sigue esperando un milagro, que se amplifica en el siguiente poema “Yo soy el Oriente” que nos hace recordar a través de los sentidos, especialmente los aromas conceptos fundamentales como patria, identidad o poesía, circunstancias que se resuelven con la autenticidad: “Desde entonces supe que mi patria es beber, a breves sorbos, el café preparado por mi madre”.
Una última consideración que parece oportuno por cuanto se extiende a la poesía de José Sarria, pero también a la vida de José Sarria, es tratar de paliar las miserias, las tragedias, las convulsiones de un aldea global francamente mejorable y esa vocación rebelde apuntada con anterioridad: “escucho mis silencios y descubro/derrotas de una vida que han servcido/para ir tejiendo/con paciencia infinita, con la firme/esperanza de las causas perdidas”. En esa misma línea, podemos constatar sus reflexiones sobre Dios, la voluntad por edificar un lenguaje que se posicione al lado de la alegría, aunque a veces, surgen desafíos, debilidades y cierta ironía. Con el poema “Hace tiempo creí tener a Dios”, cerramos la recomendación de un poemario que crea un espacio propio para lo físico y metafísico, con grandes aportaciones líricas y la invitación para emprender vuelo. En efecto, “Dios pensó/ que podía tenerme. A fin de cuentas/ a los dos nos embarga/ el mismo miedo a tanta soledad”.
El número 5 de la colección Azul de poesía nos entrega un poemario del poeta malagueño José Sarria, con la novedad de una magnífica traducción del hispanista, escritor y traductor, Ahmed Oubali, conocedor de la obra poética de Sarria, toda vez que ya se ocupó, entre otros, del poemario Inventario de derrotas /L´inventaire des défaites, publicado por nuestro añorado poeta, Francisco Peralto, en la colección “Corona del Sur” y que tuvimos la fortuna de presentar en la Escuela Oficial de Idiomas de Fuengirola, hace ya algunos días. Para esta ocasión, un magnífico poemario en edición bilingüe hispano-francesa, con páginas enfrentadas que fomentan no solo el placer de la lectura sino el anhelo por apresar los matices líricos. Ahmed Oubali, una referencia indiscutible en el mundo de la filología, el periodismo y la traducción es a todas luces, un crítico literario brillante. Lo confirma, su labor de traducción para este poemario, su edición e igualmente un prólogo que se ajusta con tanta precisión como elegancia a los pormenores de la escritura poética de José Sarria.
Una poesía que en este caso traspasa su propio ámbito para sucederse en “una travesía vital por los territorios inciertos del yo”. La condición humana, cierto, pero también el apresar lo vivido, acaso el simbolismo más emotivo en el eje de coordenadas espacio-temporales. La dedicatoria inicial “A mi madre, que me dio tanta luz en su tiempo de espera”, acciona un mecanismo de plena identificación con el poeta y a la vez construye una arquitectura emocional que se irá nutriendo de claves interdisciplinares, aunque principalmente genuinas, a menuda en relación a lo natural. Para este singular diálogo del poeta con su entorno y con su memoria, se adentrará a veces en la densidad de la prosa poética, en otras ocasiones buscará las resonancias más musicales de la silva, incluso breves poemas de dos versos, como por ejemplo “Temblor”: “Hay pájaros que tiemblan/al pronunciar tu nombre” o bien “Memoria”: “Sé que no estaré muerto/mientras pueda vivir en tu memoria”; sea como fuere, la combinación de heptasílabos y endecasílabos preside el conjunto, como tributo a la tradición, inagotable surtidor de inspiración.
Consideramos la interdisciplinariedad en la presencia de citas, una suerte de museo poético que se vincula en fondo y forma al propio poema de Sarria. Citas y la plena inserción de versos como en “Huerta del cementerio de Macharaviaya” que termina con los versos de Cavafis: “la memoria de esas horas cuando encontré y retuve el placer tal como lo deseaba”. De este modo, J.A. Valente, A. Ramírez Almanza, J.L. Borges, C. Kavafis, M. Escribano, J. De Arco, F.Díaz-Granados, A.Rivero Taravillo, F.Aguirre, J.Rejano, A. Saint-Exupéry, J.Soto, Amin Al-Rayhani, M. Darwish y R. Ballesteros van tejiendo lemas que el poeta Sarria va asimilando, renovando en un permanente cambio ubicado en un tiempo de espera que, no debe percibirse como una puerta a la nostalgia, sino a la esperanza; tampoco es un canto a lo vulnerable, más bien una celebración de la otredad que conforma y confirma nuestra identidad.
Son ejes determinantes en la poesía de José Sarria y en el movimiento Humanismo Solidario del que indudablemente forma parte. La aventura por tiempos, existencias y horizontes se entrelazan en cada sección, “Tiempo de espera”, “La tarde”, Incertidumbres” y “Final”. Por ello, sale a la luz, los viajes de Ulises, los manuscritos de la biblioteca de Al-Qarawiyyin, el tiempo consumido o habitado, se muestra el vigoroso vuelo de los pájaros, garzas , mirlos, ruiseñores, petirrojos, de hecho constatamos que figuran poemas como “El petirrojo”, “Los pájaros del sueño”, en una humanización manifiesta de libertad. Paralelamente, destacaría la sección de “Incertidumbres” que, en gran medida, marcan el ritmo del poemario, cierta rebeldía y una metáfora polivalente. De los cuatro poemas de “Incertidumbres”, subyacen el tiempo y el olvido, la muerte, la espera y el silencio, finalmente, la palabra. Es el nudo gordiano que nos ofrece el poeta. Por si fuera poco, dispone todos los versos de los poemas en interrogaciones y, quiero imaginar, que los espacios en blanco que deja entre pregunta y pregunta, son la parte que atañe a lectoras y lectores. Treinta preguntas que se plantea el poeta, que nos propone.
Al fin y al cabo, ahí hallaremos su poética, sus claves de misterios y secretos, sus tesoros, sus derrotas, su silencio, su nada, su compromiso, su anhelo pour arriver jusqu´au bout, el alfaguara de lo descriptible (como el narrar la llegada a la luna del Apolo XI, la España de entonces, los anhelos del adolescente para que Anita Ekberg abandonara a Marcelo Mastroianni) y de lo inefable (la última inocencia de la infancia), tratando si se quiere, de fijar y entender las estructuras del mundo. El poema “Infancia” es una bellísima muestra de la mirada del niño que permanece y sigue esperando un milagro, que se amplifica en el siguiente poema “Yo soy el Oriente” que nos hace recordar a través de los sentidos, especialmente los aromas conceptos fundamentales como patria, identidad o poesía, circunstancias que se resuelven con la autenticidad: “Desde entonces supe que mi patria es beber, a breves sorbos, el café preparado por mi madre”.
Una última consideración que parece oportuno por cuanto se extiende a la poesía de José Sarria, pero también a la vida de José Sarria, es tratar de paliar las miserias, las tragedias, las convulsiones de un aldea global francamente mejorable y esa vocación rebelde apuntada con anterioridad: “escucho mis silencios y descubro/derrotas de una vida que han servcido/para ir tejiendo/con paciencia infinita, con la firme/esperanza de las causas perdidas”. En esa misma línea, podemos constatar sus reflexiones sobre Dios, la voluntad por edificar un lenguaje que se posicione al lado de la alegría, aunque a veces, surgen desafíos, debilidades y cierta ironía. Con el poema “Hace tiempo creí tener a Dios”, cerramos la recomendación de un poemario que crea un espacio propio para lo físico y metafísico, con grandes aportaciones líricas y la invitación para emprender vuelo. En efecto, “Dios pensó/ que podía tenerme. A fin de cuentas/ a los dos nos embarga/ el mismo miedo a tanta soledad”.
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