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Opinión

Una (breve) mirada al pasado

Un nuevo andalucismo está iniciando su andadura desde hace pocos años, una tercera ola o generación que en su segunda convocatoria electoral a nivel nacional ha conseguido unos resultados que son equivalentes a los mejores resultados de aquel extinto PSA-PA

  • Imagen de archivo de las movilizaciones en defensa de la autonomía andaluza, el 4D.

De vez en cuando hay que mirar al pasado, aunque sea de reojo, para recordar aquello que se sembró, repasar los éxitos y también, fundamentalmente, aprender de los errores.

En el acotado ámbito del andalucismo político de los últimos cincuenta o sesenta años se ha debatido y escrito sobre los logros y los errores de esa segunda generación andalucista que abrió el camino en nuestra nacionalidad a un espacio político propio, más o menos grueso en los diferentes momentos de nuestra, relativamente, joven democracia.

Un espacio político eminentemente ocupado, con mayor o menor fortuna, por el PSA-Partido Andalucista desde el año 1975 al 2015 aproximadamente y cuya memoria es revisada, glosada o criticada de vez en cuando, principalmente por su más acérrimos detractores y también por los que guardan en su mente sus momentos de gloria y, en algunos casos, se sienten guardianes, e incluso poseedores, de su legado.

El extinto PA, en el cual milité intermitentemente desde el año 1989 hasta su disolución en el año 2015 (intermitencias provocadas por mi participación en las escisiones pachequistas del PAP y del PSA del año 2.000) tiene en su haber significativos logros. Nadie es capaz de dudar a estas alturas sobre el papel fundamental del histórico PSA en la transición democrática y en la toma de conciencia del pueblo andaluz en su camino hacia una autonomía plena que rompió los moldes de una Constitución que recogía negro sobre blanco una forma de Estado descentralizado asimétrico; posiblemente sin sus cinco diputados en el Congreso de la época todo hubiera sido diferente y mucho peor para Andalucía Tampoco puede ser puesto en duda el papel de este partido en el redescubrimiento del andalucismo histórico y de la olvidada figura de Blas Infante, de su ideario y de sus correligionarios, todos ellos perseguidos por la dictadura franquista y en muchos casos asesinados por el fascismo. Aunque sólo sea por estos determinantes aspectos el PSA-PA merece, como mínimo, un párrafo en la historia de nuestro país.

Esta organización política se autodisolvió porque, según alguno de sus fundadores, había perdido la confianza del pueblo andaluz. Hecho evidente según los resultados de sus últimas comparecencias electorales desde su desaparición como fuerza parlamentaria en el año 2008.

Las causas de la desafección

Pero, ¿cuáles fueros las causas de esa desafección?; intentaré analizarlas sucintamente, con el ánimo, no de remover o revisar el pasado, de eso ya se ocupan otros, sino de delimitar los errores que se cometieron para que, por lo menos sirva para despejar alguna piedra en el camino de la nueva generación andalucista que se está iniciando actualmente.

Los eternos personalismos. El sentido patrimonial del partido por parte de uno de sus fundadores, Alejandro Rojas-Marcos y las reacciones ante este control férreo, directo o indirecto, del mismo, provocaron duros enfrentamientos con la otra personalidad potente de la organización, Pedro Pacheco. Estas desavenencias y luchas internas provocaron un paulatino debilitamiento del proyecto. Cada escisión fue un paso atrás. Estos personalismos crearon un estilo propio dentro del PA, el caudillaje, cada uno dentro de su ámbito local, lo mío para mí y para nadie más, la insolidaridad con el conjunto.

La ambigüedad ideológica. El PSA de la transición aguantó no ser absorbido por el hegemónico PSOE, al igual que lo hicieron con el PSC catalán o el PSPV valenciano. Del socialismo autogestionario del I Congreso pasamos a la mediocridad ideológica de los años 90. De la contundencia de las declaraciones de los primeros años a la ambigüedad calculada. La huida ideológica después de los fracasos electorales de los 80 le lleva a convertirse en una franquicia electoral poco homogénea e incluso dubitativa en su teórico nacionalismo. Daba igual pactar con la derecha del PP que con el centro-izquierda del PSOE, el objetivo era el sillón de turno.

Los errores cometidos en la transición pasaron una luctuosa factura. Todavía hay gente que recuerda, con verdadera memoria de elefante y obstinación, la famosa escena del sofá con Martín Villa, o incluso el supuesto boicot al referéndum del 28F. Se cometieron errores tácticos con poca capacidad de explicación. El intercambio de alcaldías del año 1978 quizás fue el más evidente. Aunque el que más profundamente le afectó fue el intento de desbloqueo del legalmente fallido referéndum del 28F pactado con una UCD moribunda y ante un PSOE pletórico que supo aprovechar la oportunidad para acabar con un competidor directo. Posiblemente el PSA de la transición murió a partir de esos años.

Pero en el “revival” de los 90, con un PA ya instalado en la centralidad ideológica se siguieron cometiendo errores. A las ya descritas luchas internas se sumó en 1996 el gobierno de coalición con el PSOE durante ocho años. ¿La oportunidad perdida? Sus logros fueron fagocitados por la maquinaria PSOE.

Ocho años perdidos

¿Dónde estuvo el marchamo andalucista?, ¿dónde la exigencia de más autogobierno?, ¿dónde el plante en la petición de elecciones separadas por ley? Fueron ocho años perdidos en la vanidad de los coches oficiales y las moquetas de los despachos, algo que gustaba en demasía en el PA, y sin construir conciencia de pueblo andaluz ni llevando soluciones a los problemas de la gente.

El andalucismo como movimiento amplio. El andalucismo político sin el andalucismo social, cultural, no es nada. Durante decenas de años no se impulsó, o por lo menos se acompañó, un ecosistema propio que hiciera consciencia, que hiciera país. En otras nacionalidades lo han tenido claro y han apoyado y fomentado un espacio propio que impulsa o refuerza el proyecto meramente político y electoral.

Un partido anquilosado y con continuas fracturas internas. Durante décadas: democracia formal mínima, personalismos, secretismos, revanchismos, cainismo, exclusión del discrepante. El PSA-PA fue dejando un reguero de cadáveres en su trayectoria política; cada congreso - desde el año 1980 - un cisma y pase al ostracismo del crítico de turno. Decadencia como organización, falta de materia gris, aburrimiento de las mentes libres, de los versos sueltos. Pobreza intelectual alarmante y nula renovación ideológica desde la desaparición del añorado Aumente y otros coetáneos que dieron coherencia y profundidad al discurso.

Centrados en los localismos. El PA era un partido eminentemente municipalista. Lo que podía y debía haber sido una fortaleza se convirtió en una debilidad. Los consistorios son la administración más cercana al ciudadano y cualquier organización política y más un partido que se define como andalucista necesita, por estructura y por convicción de servicio a sus ciudadanos y ciudadanas, aumentar y consolidar su presencia en los ayuntamientos, pero el objetivo institucional no podía ser sólo una alcaldía o una concejalía, debía ser el gobierno de nuestro país, Andalucía, y la presencia de un Grupo Parlamentario propio en Madrid. Lo demás es accesorio. Sin embargo, desde las agrupaciones locales y sus reyezuelos de turno lo accesorio se convirtió en principal y viceversa.

Ruralización. No utilizo el término peyorativamente, sólo como dato objetivo. El PA perdió paulatinamente su presencia en los grandes centros urbanos. Las capas más dinámicas y jóvenes de la sociedad le dieron la espalda desde el inicio del cambio de milenio.

Discurso. Ramplón, inocuo, vacío, triste, antiguo, plano… tanto en el fondo como en la forma. El PA se quedó anclado en el siglo XX. No supo renovar su mensaje ni su manera de transmitirlo.

El Partido Socialista Obrero Español se apropió del impulso autonomista de la transición y lo fue dejando vacío de contenido y reivindicación, se apropió de los símbolos hasta dejarlos en mera iconografía hueca; se quedó con el envoltorio y el PA no consiguió impulsar su esencia. Ahora el blanquiverdismo del PP andaluz utiliza la misma táctica. Al PSOE esa bandera le valió para gobernar décadas. Se hace perentorio que al PP se le quite la máscara andalucista para que no se repita la historia.

Muchas más razones

Hay muchas más razones, todos tendremos algunas más que añadir, posiblemente igual  o más importantes que las aquí expuestas. Posiblemente cada uno y cada una de los miles de militantes que pertenecieron al PSA-PA tendrá sus propias causas. Y aquí se acaba esta pequeña mirada selectiva al pasado. Posiblemente sea verdad que equivocarse es parte del camino, pero si ya sabes que una senda es errónea, para qué transitarla.

Un nuevo andalucismo está iniciando su andadura desde hace pocos años, una tercera ola o generación que en su segunda convocatoria electoral a nivel nacional ha conseguido unos resultados que son equivalentes a los mejores resultados de aquel extinto PSA-PA. Un andalucismo impulsado y desarrollado con nuevos parámetros, con nuevos elementos discursivos y comunicativos, un proyecto político anclado en lo social y acompañado de una nueva ola cultural andalucista, un proyecto centrado en la izquierda, el feminismo y el ecosocialismo, sin ambigüedades y que nada debe al pasado, sino que lo apuesta todo por el presente y por un futuro esperanzador para la mayoría social del pueblo andaluz. Un proyecto político que es una formidable realidad y que, sin olvidar a los que enarbolaron la bandera del nacionalismo andaluz en tiempos venideros, nace y se desarrolla sin ataduras ni complejos en busca de una Andalucía Libre y Soberana.

Solo miremos atrás para coger impulso.

De vez en cuando hay que mirar al pasado, aunque sea de reojo, para recordar aquello que se sembró, repasar los éxitos y también, fundamentalmente, aprender de los errores.

En el acotado ámbito del andalucismo político de los últimos cincuenta o sesenta años se ha debatido y escrito sobre los logros y los errores de esa segunda generación andalucista que abrió el camino en nuestra nacionalidad a un espacio político propio, más o menos grueso en los diferentes momentos de nuestra, relativamente, joven democracia.

Un espacio político eminentemente ocupado, con mayor o menor fortuna, por el PSA-Partido Andalucista desde el año 1975 al 2015 aproximadamente y cuya memoria es revisada, glosada o criticada de vez en cuando, principalmente por su más acérrimos detractores y también por los que guardan en su mente sus momentos de gloria y, en algunos casos, se sienten guardianes, e incluso poseedores, de su legado.

El extinto PA, en el cual milité intermitentemente desde el año 1989 hasta su disolución en el año 2015 (intermitencias provocadas por mi participación en las escisiones pachequistas del PAP y del PSA del año 2.000) tiene en su haber significativos logros. Nadie es capaz de dudar a estas alturas sobre el papel fundamental del histórico PSA en la transición democrática y en la toma de conciencia del pueblo andaluz en su camino hacia una autonomía plena que rompió los moldes de una Constitución que recogía negro sobre blanco una forma de Estado descentralizado asimétrico; posiblemente sin sus cinco diputados en el Congreso de la época todo hubiera sido diferente y mucho peor para Andalucía Tampoco puede ser puesto en duda el papel de este partido en el redescubrimiento del andalucismo histórico y de la olvidada figura de Blas Infante, de su ideario y de sus correligionarios, todos ellos perseguidos por la dictadura franquista y en muchos casos asesinados por el fascismo. Aunque sólo sea por estos determinantes aspectos el PSA-PA merece, como mínimo, un párrafo en la historia de nuestro país.

Esta organización política se autodisolvió porque, según alguno de sus fundadores, había perdido la confianza del pueblo andaluz. Hecho evidente según los resultados de sus últimas comparecencias electorales desde su desaparición como fuerza parlamentaria en el año 2008.

Las causas de la desafección

Pero, ¿cuáles fueros las causas de esa desafección?; intentaré analizarlas sucintamente, con el ánimo, no de remover o revisar el pasado, de eso ya se ocupan otros, sino de delimitar los errores que se cometieron para que, por lo menos sirva para despejar alguna piedra en el camino de la nueva generación andalucista que se está iniciando actualmente.

Los eternos personalismos. El sentido patrimonial del partido por parte de uno de sus fundadores, Alejandro Rojas-Marcos y las reacciones ante este control férreo, directo o indirecto, del mismo, provocaron duros enfrentamientos con la otra personalidad potente de la organización, Pedro Pacheco. Estas desavenencias y luchas internas provocaron un paulatino debilitamiento del proyecto. Cada escisión fue un paso atrás. Estos personalismos crearon un estilo propio dentro del PA, el caudillaje, cada uno dentro de su ámbito local, lo mío para mí y para nadie más, la insolidaridad con el conjunto.

La ambigüedad ideológica. El PSA de la transición aguantó no ser absorbido por el hegemónico PSOE, al igual que lo hicieron con el PSC catalán o el PSPV valenciano. Del socialismo autogestionario del I Congreso pasamos a la mediocridad ideológica de los años 90. De la contundencia de las declaraciones de los primeros años a la ambigüedad calculada. La huida ideológica después de los fracasos electorales de los 80 le lleva a convertirse en una franquicia electoral poco homogénea e incluso dubitativa en su teórico nacionalismo. Daba igual pactar con la derecha del PP que con el centro-izquierda del PSOE, el objetivo era el sillón de turno.

Los errores cometidos en la transición pasaron una luctuosa factura. Todavía hay gente que recuerda, con verdadera memoria de elefante y obstinación, la famosa escena del sofá con Martín Villa, o incluso el supuesto boicot al referéndum del 28F. Se cometieron errores tácticos con poca capacidad de explicación. El intercambio de alcaldías del año 1978 quizás fue el más evidente. Aunque el que más profundamente le afectó fue el intento de desbloqueo del legalmente fallido referéndum del 28F pactado con una UCD moribunda y ante un PSOE pletórico que supo aprovechar la oportunidad para acabar con un competidor directo. Posiblemente el PSA de la transición murió a partir de esos años.

Pero en el “revival” de los 90, con un PA ya instalado en la centralidad ideológica se siguieron cometiendo errores. A las ya descritas luchas internas se sumó en 1996 el gobierno de coalición con el PSOE durante ocho años. ¿La oportunidad perdida? Sus logros fueron fagocitados por la maquinaria PSOE.

Ocho años perdidos

¿Dónde estuvo el marchamo andalucista?, ¿dónde la exigencia de más autogobierno?, ¿dónde el plante en la petición de elecciones separadas por ley? Fueron ocho años perdidos en la vanidad de los coches oficiales y las moquetas de los despachos, algo que gustaba en demasía en el PA, y sin construir conciencia de pueblo andaluz ni llevando soluciones a los problemas de la gente.

El andalucismo como movimiento amplio. El andalucismo político sin el andalucismo social, cultural, no es nada. Durante decenas de años no se impulsó, o por lo menos se acompañó, un ecosistema propio que hiciera consciencia, que hiciera país. En otras nacionalidades lo han tenido claro y han apoyado y fomentado un espacio propio que impulsa o refuerza el proyecto meramente político y electoral.

Un partido anquilosado y con continuas fracturas internas. Durante décadas: democracia formal mínima, personalismos, secretismos, revanchismos, cainismo, exclusión del discrepante. El PSA-PA fue dejando un reguero de cadáveres en su trayectoria política; cada congreso - desde el año 1980 - un cisma y pase al ostracismo del crítico de turno. Decadencia como organización, falta de materia gris, aburrimiento de las mentes libres, de los versos sueltos. Pobreza intelectual alarmante y nula renovación ideológica desde la desaparición del añorado Aumente y otros coetáneos que dieron coherencia y profundidad al discurso.

Centrados en los localismos. El PA era un partido eminentemente municipalista. Lo que podía y debía haber sido una fortaleza se convirtió en una debilidad. Los consistorios son la administración más cercana al ciudadano y cualquier organización política y más un partido que se define como andalucista necesita, por estructura y por convicción de servicio a sus ciudadanos y ciudadanas, aumentar y consolidar su presencia en los ayuntamientos, pero el objetivo institucional no podía ser sólo una alcaldía o una concejalía, debía ser el gobierno de nuestro país, Andalucía, y la presencia de un Grupo Parlamentario propio en Madrid. Lo demás es accesorio. Sin embargo, desde las agrupaciones locales y sus reyezuelos de turno lo accesorio se convirtió en principal y viceversa.

Ruralización. No utilizo el término peyorativamente, sólo como dato objetivo. El PA perdió paulatinamente su presencia en los grandes centros urbanos. Las capas más dinámicas y jóvenes de la sociedad le dieron la espalda desde el inicio del cambio de milenio.

Discurso. Ramplón, inocuo, vacío, triste, antiguo, plano… tanto en el fondo como en la forma. El PA se quedó anclado en el siglo XX. No supo renovar su mensaje ni su manera de transmitirlo.

El Partido Socialista Obrero Español se apropió del impulso autonomista de la transición y lo fue dejando vacío de contenido y reivindicación, se apropió de los símbolos hasta dejarlos en mera iconografía hueca; se quedó con el envoltorio y el PA no consiguió impulsar su esencia. Ahora el blanquiverdismo del PP andaluz utiliza la misma táctica. Al PSOE esa bandera le valió para gobernar décadas. Se hace perentorio que al PP se le quite la máscara andalucista para que no se repita la historia.

Muchas más razones

Hay muchas más razones, todos tendremos algunas más que añadir, posiblemente igual  o más importantes que las aquí expuestas. Posiblemente cada uno y cada una de los miles de militantes que pertenecieron al PSA-PA tendrá sus propias causas. Y aquí se acaba esta pequeña mirada selectiva al pasado. Posiblemente sea verdad que equivocarse es parte del camino, pero si ya sabes que una senda es errónea, para qué transitarla.

Un nuevo andalucismo está iniciando su andadura desde hace pocos años, una tercera ola o generación que en su segunda convocatoria electoral a nivel nacional ha conseguido unos resultados que son equivalentes a los mejores resultados de aquel extinto PSA-PA. Un andalucismo impulsado y desarrollado con nuevos parámetros, con nuevos elementos discursivos y comunicativos, un proyecto político anclado en lo social y acompañado de una nueva ola cultural andalucista, un proyecto centrado en la izquierda, el feminismo y el ecosocialismo, sin ambigüedades y que nada debe al pasado, sino que lo apuesta todo por el presente y por un futuro esperanzador para la mayoría social del pueblo andaluz. Un proyecto político que es una formidable realidad y que, sin olvidar a los que enarbolaron la bandera del nacionalismo andaluz en tiempos venideros, nace y se desarrolla sin ataduras ni complejos en busca de una Andalucía Libre y Soberana.

Solo miremos atrás para coger impulso.

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