“Este momento ha sido posible gracias a la incansable dedicación de líderes que no han descansado hasta que el mundo ha podido ver lo que se podía conseguir. Uno de ellos está aquí conmigo, Jared Kushner”. En la capital de Israel, en octubre de 2025, se celebraba el acuerdo de alto el fuego e intercambio de rehenes israelíes y presos palestinos. Quien pronunciaba estas palabras era Witkoff, el enviado especial de EE.UU. para Oriente Próximo, y a quien nombraba, Jared Kushner, yerno de Donald Trump, su asesor desde 2020 y hombre de negocios, cuya fortuna superaba los mil millones de dólares en 2025 y es el principal propietario de una importante empresa inmobiliaria.
En las primeras veinticuatro horas del recién firmado alto el fuego, Israel mató a 35 palestinos en Gaza. Desde ese día son 1.470, y más de 5.100 heridos, pese al alto el fuego, coletilla que a ningún país de la comunidad internacional inmuta, ni hace que deje las palabras para pasar a los hechos. Qué alividados respiraron cuando se llegó al acuerdo y se firmó: una cosa menos de la que ocuparse.
Israel viola a diario el alto el fuego bombardeando, tiroteando. Hace pocos días, pese al alto el fuego, realizó un ataque aéreo contra un edificio residencial. Murieron cuatro mujeres, una niña pequeña y un joven. El objetivo era un alto cargo de Hamás según informó el ejército israelí. Y me acordé del documental NAZA -que no he visto- y del enfado de los mandos militares de Israel: “las FDI atacan objetivos militares y realizan esfuerzos sin precedentes para minimizar los daños a la población civil”. Así como niegan el uso de tecnología en sus ataques y sus resultados: “Esto es totalmente falso. Las Fuerzas de Defensa de Israel nunca han planeado, aprobado ni llevado a cabo un ataque en Gaza en el que se previera la muerte de 500 civiles o de un número siquiera cercano a esa cifra”.
En la que se denomina masacre del Hospital Bautista, ocurrida el 17 de octubre de 2023, se calcula que murieron alrededor de 500 personas, en el momento o días posteriores debido a las heridas, y el 3 de diciembre de 2023 se informó de que habían muerto en las últimas veinticuatro horas 700 personas, una parte de ellas debido al bombardeo de una plaza abarrotada y los otros cientos, al bombardeo de una cincuentena de edificios de viviendas. Durante los primeros meses de ataques israelíes morían cientos de personas palestinas a diario y aproximadamente un 40% eran menores, desde bebés hasta adolescentes. Para las navidades de 2023 habían muerto más de 21.100 palestinas y palestinos, de los cuales más de 8.000 eran menores, así como 310 trabajadores sanitarios, 35 miembros de la defensa civil y 97 periodistas. Había más de 1,8 millones de desplazados internos. Por entonces ya Israel atacaba hospitales, había dejado fuera de servicio 23, y 53 centros de salud. Los estudiantes de todas las edades habían perdido 373 escuelas y universidades.
Era la época en que EE.UU. apoyaba enardecido el derecho a defenderse de Israel, y Reino Unido no veía razonable un alto el fuego que “solo beneficiaría a Hamás”. Mientras, por nuestro continente se decía a Israel: “La Unión Europea está con ustedes, apoyándolos en su derecho a la (auto)defensa de conformidad con el Derecho Humanitario Internacional”. Era la época en que EE. UU. e Israel barajaban la posibilidad de establecer un gobierno interino en Gaza respaldado por la ONU y con participación de países árabes. A 21 de octubre de 2023 estas conversaciones comenzaban y todo dependería, entre otras cosas, del éxito de una ofensiva terrestre de Israel. Actualmente Israel se ha apropiado del 65 % de la Franja de Gaza.
Esto me lleva a recordar las palabras del mencionado Jared Kushner a mediados de agosto de este año, en que manifestaba que entre que Hamás no se iba a desarmar de la noche a la mañana e Israel estaba dispuesto a seguir con los ataques, pues “nadie quiere poner más dinero en un lugar (...) si solo va a ser tomado por terroristas o destruido de nuevo”. Por lo que se ve la Junta de Paz ha trocado en Junta Empresarial. O quizá lo fue desde sus comienzos.
La Junta de Paz
La Junta de Paz tiene tres niveles de poder. Veamos quienes están en el superior. Por supuesto Trump a la cabeza como miembro vitalicio y con derecho a veto; su Secretario de Estado, Marcos Rubio, y su enviado especial a la zona, Witkoff, vinculado a los negocios inmobiliarios al igual que Jared Kushner, también miembro de este Consejo Ejecutivo Fundador o Junta Directiva. Sigamos: el empresario multimillonario Marc Rowan, cofundador de Apollo Global Management, una de las firmas de inversión más grandes del mundo y Ajay Banga, presidente del Grupo Banco Mundial.
Por si se echa de menos otros perfiles tenemos a un asesor de seguridad nacional de EE.UU. y al ex primer ministro británico Tony Blair, recordado por su foto con Bush y Aznar (el “Trío de la Azores”) promocionando y justificando la invasión de Irak, porque tenía “armas de destrucción masivas” que jamás existieron. Esta Directiva también tiene
asesores estratégicos: Lightstone, vinculado a la Fundación Humanitaria de Gaza, esa “ong” que disparaba a adultos y niños cuando se acercaban a recoger sacos de harina, y Gruenbaum, que partició en planes anteriores para convertir Gaza en una “Riviera del Medio Oriente”.
Mención aparte merece el miembro que es la cara visible, quien coordinará este estrato supremo con el inferior, el Comité Nacional para la Administración de Gaza: Nickolay Mladenov, un diplomático que fue enviado de las Naciones Unidas en esta zona y con fama de llevarse bien con todo el mundo. Últimamente lo ha demostrado cuando Israel se negó a abandonar la Franja de Gaza a la par que Hamás se fuese desarmando, conforme al acuerdo firmado en otoño de 2025: si Israel dice no, eso se hace y punto. Tampoco se escucha al señor Mladenov quejarse mucho o llamar al orden a Israel por todas la veces que ha infringido el alto el fuego: según recoge el diario Al Jazeera, desde el 10 de octubre de 2025 al día 5 de este mes, Israel ha atacado Gaza 325 días de un total de 361 transcurridos.
El Comité Nacional para la Administración de Gaza, último eslabón de la Junta de Paz, está formado por doce palestinos de diferentes profesiones, encargados de gestionar los servicios de la comunidad gazatí tales como la sanidad, la educación, el comercio, etcétera. Alguien los comparó con técnicos municipales y un poco así es, pues su tarea será cumplir las órdenes que reciban y velar por el correcto desenvolvimiento de los diferentes servicios en el cotidiano de la Franja.
Un Plan de Paz o de Colonización
En este esquema de la Junta de Paz los palestinos carecen de poder político sobre su territorio, carecen de la toma de decisiones sobre su tierra: se los priva de soberanía, tomándola empresarios, y políticos de otros países que hayan invertido 1.000 millones de dólares en un fondo controlado por Trump. De toda la vida, a eso se le ha llamado colonizar. Esta Junta, considerada un órgano de gobierno de transición, está respaldada por una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, junto con el despliegue de una Fuerza de Estabilización Internacional. En ningún momento se le pidió a Israel que cesara su bloqueo a Gaza, ni se le pidieron responsabilidades o aporte alguno para la reconstrucción de la devastación causada.
La Junta de Paz entraría en acción cuando se pasara de la fase primera a la segunda del Plan de Paz para Gaza de octubre de 2025, también respaldado por una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. La primera fase del acuerdo se centra en un alto el fuego, que se acordó el 10 de octubre, la liberación de los rehenes en poder de Hamás y de los prisioneros palestinos en las cárceles de Israel, y la entrada de ayuda humanitaria. Un año después, aún Israel no ha cumplido todas las condiciones de la fase primera, pues no ha dejado de atacar Gaza y ha sobrepasado la Línea Amarilla; no deja entrar la ayuda humanitaria pactada, ni los materiales ni maquinaria necesarios para rehabilitar infraestructuras de agua potable y residuales, electricidad, hospitales, panaderías, viviendas, desescombro, etcétera con la excusa de que son materiales de doble uso (civil y militar); el flujo de personas enfermas evacuadas por Rafah es muy inferior al pactado... Israel, una vez que consiguió la vuelta a casa de los rehenes, se olvidó de todo lo demás y ha seguido con sus planes de lento exterminio y toma de territorio en la Franja de Gaza.
Ahora que se intenta poner en marcha la segunda fase del Plan y Hamás ha aceptado desarmarse progresivamente, además de confirmar a Mladenov que lo tiene todo preparado para la transición de poderes al Comité Nacional para la Administración de Gaza, Israel sigue actuando igual. El Plan de Paz parece haber sido utilizado por Israel como estratagema para obtener lo que necesitaba y la Junta de Paz es un órgano a merced de los dictámenes israelíes, consintiendo todas sus acciones y condiciones, incluida la negación a que la UNRWA desarrolle su tan necesaria labor humanitaria en los territorios palestinos. Mientras, siguen sin poder entrar en la Franja de Gaza periodistas extranjeros y personal de las ONG. Israel no quiere testigos de su genocidio y su colonización. ¿Dónde están todos los países que reconocen el Estado Palestino? ¿Por qué ceden a Israel y EE.UU., por inacción, el gobierno de Gaza privando a los palestinos de su soberanía?
“Este momento ha sido posible gracias a la incansable dedicación de líderes que no han descansado hasta que el mundo ha podido ver lo que se podía conseguir. Uno de ellos está aquí conmigo, Jared Kushner”. En la capital de Israel, en octubre de 2025, se celebraba el acuerdo de alto el fuego e intercambio de rehenes israelíes y presos palestinos. Quien pronunciaba estas palabras era Witkoff, el enviado especial de EE.UU. para Oriente Próximo, y a quien nombraba, Jared Kushner, yerno de Donald Trump, su asesor desde 2020 y hombre de negocios, cuya fortuna superaba los mil millones de dólares en 2025 y es el principal propietario de una importante empresa inmobiliaria.
En las primeras veinticuatro horas del recién firmado alto el fuego, Israel mató a 35 palestinos en Gaza. Desde ese día son 1.470, y más de 5.100 heridos, pese al alto el fuego, coletilla que a ningún país de la comunidad internacional inmuta, ni hace que deje las palabras para pasar a los hechos. Qué alividados respiraron cuando se llegó al acuerdo y se firmó: una cosa menos de la que ocuparse.
Israel viola a diario el alto el fuego bombardeando, tiroteando. Hace pocos días, pese al alto el fuego, realizó un ataque aéreo contra un edificio residencial. Murieron cuatro mujeres, una niña pequeña y un joven. El objetivo era un alto cargo de Hamás según informó el ejército israelí. Y me acordé del documental NAZA -que no he visto- y del enfado de los mandos militares de Israel: “las FDI atacan objetivos militares y realizan esfuerzos sin precedentes para minimizar los daños a la población civil”. Así como niegan el uso de tecnología en sus ataques y sus resultados: “Esto es totalmente falso. Las Fuerzas de Defensa de Israel nunca han planeado, aprobado ni llevado a cabo un ataque en Gaza en el que se previera la muerte de 500 civiles o de un número siquiera cercano a esa cifra”.
En la que se denomina masacre del Hospital Bautista, ocurrida el 17 de octubre de 2023, se calcula que murieron alrededor de 500 personas, en el momento o días posteriores debido a las heridas, y el 3 de diciembre de 2023 se informó de que habían muerto en las últimas veinticuatro horas 700 personas, una parte de ellas debido al bombardeo de una plaza abarrotada y los otros cientos, al bombardeo de una cincuentena de edificios de viviendas. Durante los primeros meses de ataques israelíes morían cientos de personas palestinas a diario y aproximadamente un 40% eran menores, desde bebés hasta adolescentes. Para las navidades de 2023 habían muerto más de 21.100 palestinas y palestinos, de los cuales más de 8.000 eran menores, así como 310 trabajadores sanitarios, 35 miembros de la defensa civil y 97 periodistas. Había más de 1,8 millones de desplazados internos. Por entonces ya Israel atacaba hospitales, había dejado fuera de servicio 23, y 53 centros de salud. Los estudiantes de todas las edades habían perdido 373 escuelas y universidades.
Era la época en que EE.UU. apoyaba enardecido el derecho a defenderse de Israel, y Reino Unido no veía razonable un alto el fuego que “solo beneficiaría a Hamás”. Mientras, por nuestro continente se decía a Israel: “La Unión Europea está con ustedes, apoyándolos en su derecho a la (auto)defensa de conformidad con el Derecho Humanitario Internacional”. Era la época en que EE. UU. e Israel barajaban la posibilidad de establecer un gobierno interino en Gaza respaldado por la ONU y con participación de países árabes. A 21 de octubre de 2023 estas conversaciones comenzaban y todo dependería, entre otras cosas, del éxito de una ofensiva terrestre de Israel. Actualmente Israel se ha apropiado del 65 % de la Franja de Gaza.
Esto me lleva a recordar las palabras del mencionado Jared Kushner a mediados de agosto de este año, en que manifestaba que entre que Hamás no se iba a desarmar de la noche a la mañana e Israel estaba dispuesto a seguir con los ataques, pues “nadie quiere poner más dinero en un lugar (...) si solo va a ser tomado por terroristas o destruido de nuevo”. Por lo que se ve la Junta de Paz ha trocado en Junta Empresarial. O quizá lo fue desde sus comienzos.
La Junta de Paz
La Junta de Paz tiene tres niveles de poder. Veamos quienes están en el superior. Por supuesto Trump a la cabeza como miembro vitalicio y con derecho a veto; su Secretario de Estado, Marcos Rubio, y su enviado especial a la zona, Witkoff, vinculado a los negocios inmobiliarios al igual que Jared Kushner, también miembro de este Consejo Ejecutivo Fundador o Junta Directiva. Sigamos: el empresario multimillonario Marc Rowan, cofundador de Apollo Global Management, una de las firmas de inversión más grandes del mundo y Ajay Banga, presidente del Grupo Banco Mundial.
Por si se echa de menos otros perfiles tenemos a un asesor de seguridad nacional de EE.UU. y al ex primer ministro británico Tony Blair, recordado por su foto con Bush y Aznar (el “Trío de la Azores”) promocionando y justificando la invasión de Irak, porque tenía “armas de destrucción masivas” que jamás existieron. Esta Directiva también tiene
asesores estratégicos: Lightstone, vinculado a la Fundación Humanitaria de Gaza, esa “ong” que disparaba a adultos y niños cuando se acercaban a recoger sacos de harina, y Gruenbaum, que partició en planes anteriores para convertir Gaza en una “Riviera del Medio Oriente”.
Mención aparte merece el miembro que es la cara visible, quien coordinará este estrato supremo con el inferior, el Comité Nacional para la Administración de Gaza: Nickolay Mladenov, un diplomático que fue enviado de las Naciones Unidas en esta zona y con fama de llevarse bien con todo el mundo. Últimamente lo ha demostrado cuando Israel se negó a abandonar la Franja de Gaza a la par que Hamás se fuese desarmando, conforme al acuerdo firmado en otoño de 2025: si Israel dice no, eso se hace y punto. Tampoco se escucha al señor Mladenov quejarse mucho o llamar al orden a Israel por todas la veces que ha infringido el alto el fuego: según recoge el diario Al Jazeera, desde el 10 de octubre de 2025 al día 5 de este mes, Israel ha atacado Gaza 325 días de un total de 361 transcurridos.
El Comité Nacional para la Administración de Gaza, último eslabón de la Junta de Paz, está formado por doce palestinos de diferentes profesiones, encargados de gestionar los servicios de la comunidad gazatí tales como la sanidad, la educación, el comercio, etcétera. Alguien los comparó con técnicos municipales y un poco así es, pues su tarea será cumplir las órdenes que reciban y velar por el correcto desenvolvimiento de los diferentes servicios en el cotidiano de la Franja.
Un Plan de Paz o de Colonización
En este esquema de la Junta de Paz los palestinos carecen de poder político sobre su territorio, carecen de la toma de decisiones sobre su tierra: se los priva de soberanía, tomándola empresarios, y políticos de otros países que hayan invertido 1.000 millones de dólares en un fondo controlado por Trump. De toda la vida, a eso se le ha llamado colonizar. Esta Junta, considerada un órgano de gobierno de transición, está respaldada por una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, junto con el despliegue de una Fuerza de Estabilización Internacional. En ningún momento se le pidió a Israel que cesara su bloqueo a Gaza, ni se le pidieron responsabilidades o aporte alguno para la reconstrucción de la devastación causada.
La Junta de Paz entraría en acción cuando se pasara de la fase primera a la segunda del Plan de Paz para Gaza de octubre de 2025, también respaldado por una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. La primera fase del acuerdo se centra en un alto el fuego, que se acordó el 10 de octubre, la liberación de los rehenes en poder de Hamás y de los prisioneros palestinos en las cárceles de Israel, y la entrada de ayuda humanitaria. Un año después, aún Israel no ha cumplido todas las condiciones de la fase primera, pues no ha dejado de atacar Gaza y ha sobrepasado la Línea Amarilla; no deja entrar la ayuda humanitaria pactada, ni los materiales ni maquinaria necesarios para rehabilitar infraestructuras de agua potable y residuales, electricidad, hospitales, panaderías, viviendas, desescombro, etcétera con la excusa de que son materiales de doble uso (civil y militar); el flujo de personas enfermas evacuadas por Rafah es muy inferior al pactado... Israel, una vez que consiguió la vuelta a casa de los rehenes, se olvidó de todo lo demás y ha seguido con sus planes de lento exterminio y toma de territorio en la Franja de Gaza.
Ahora que se intenta poner en marcha la segunda fase del Plan y Hamás ha aceptado desarmarse progresivamente, además de confirmar a Mladenov que lo tiene todo preparado para la transición de poderes al Comité Nacional para la Administración de Gaza, Israel sigue actuando igual. El Plan de Paz parece haber sido utilizado por Israel como estratagema para obtener lo que necesitaba y la Junta de Paz es un órgano a merced de los dictámenes israelíes, consintiendo todas sus acciones y condiciones, incluida la negación a que la UNRWA desarrolle su tan necesaria labor humanitaria en los territorios palestinos. Mientras, siguen sin poder entrar en la Franja de Gaza periodistas extranjeros y personal de las ONG. Israel no quiere testigos de su genocidio y su colonización. ¿Dónde están todos los países que reconocen el Estado Palestino? ¿Por qué ceden a Israel y EE.UU., por inacción, el gobierno de Gaza privando a los palestinos de su soberanía?
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