Estimada Mari Carmen:
Te he visto salir de la casa que ha sido tu hogar desde adolescente. Yo no estaba allí, pero tú aparecías en todos los medios de comunicación. Quizá eres la gota que ha colmado el vaso de la desvergüenza de este país, invadido por la codicia económica, por los fondos buitre y los grandes tenedores camuflados en esta u otras plataformas de inversiones. Un país cuyos políticos -en el gobieno y la oposición, que antes gobernaron- no tienen la suficiente ética para elaborar leyes que nos protejan a los ciudadanos de todos ellos y regulen con decencia lo concerniente a la vivienda, un bien tan básico como los alimentos, la luz o el gas.
¿En qué país vivimos que la legislación permite que un alquiler suba de 500 € a 2.650 €? ¿En qué país vivimos que no se puedan pactar soluciones como hacíais tú y tu abogada? Y que nadie me hable de libre mercado, porque esto no es libre mercado, esto es latrocinio legalizado. ¿Y hay algún artículo en la Constitución que avale el robo a la ciudadanía? No, pero sí hay uno que dice: “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos” (art. 47).
He pasado revista a un archivo que tengo, Mari Carmen, con noticias de desahucios. No figuran arquitectos, políticos, médicos, aristócratas o maestros, solo hay constancia de personas enfermas, de madres con hijos pequeños, de personas mayores y ancianas como tú y, del otro lado, bancos, fondos buitre, gestoras especializadas en proporcionar inmuebles de gran valor y hasta la Iglesia, que también desahucia. Y seguro que si se sacan números, la mayoría somos mujeres: porque vivimos más, porque vivimos solas, porque en los hogares monomarentales abunda más la pobreza.
No me costó mucho saber cuántos desahucios se ejecutaron en 2025 en España, viene en la web del Consejo General del Poder Judicial: 25.540 lanzamientos practicados.
Eso son 70 al día. Sin embargo, a las páginas de los diarios solo llegan unos pocos. Si al final de los informativos de la tele hubiera un espacio para los desahucios ejecutados, al igual que para el deporte o el tiempo, duraría más de una hora diaria, considerando que solo dedicaran un minuto a cada uno de ellos. España es un país de desahucios cotidianos e invisibles.
Estimada Mari Carmen, allí estaba contigo apoyándote, protegiéndote el Sindicato de Inquilinas y mucha gente más, parte de ella muy joven. Los gritos de rabia, los gritos de ánimo, las lágrimas también. Me pongo contigo lo que quieras que hoy, en este país, se le han saltado las lágrimas a más de uno y una: de pena de rabia, de impotencia, de lo que sea, porque contigo se ha cometido un acto cruel y antisocial que nos ha llegado a lo más hondo. Nuestro apoyo, nuestro deseo de ánimo en la cercanía o desde la otra punta de España lo tienes. Y también el deseo de que las leyes cambien para que esto no ocurra más.
Cuando me quedo mirando las imágenes me pregunto qué estómago tienen que tener los policías que van a desahuciarte, y a las personas con críos pequeños, y a personas enfermas. ¿No se les revuelven las tripas? ¿Y los jueces y los de las comitivas judiciales? Arrancar a las personas de sus hogares. Solo las que tienen críos pequeños salen, me imagino que por temor a que les hagan daño a sus hijos. Me acuerdo de la filósofa Hannah Arendt y su concepto de la banalidad del mal: solo cumplen órdenes. Cierto que esto no es una guerra, o puede que sí, porque si nos invaden el suelo patrio los fondos buitre y las empresas multimillonarias para sembrar centros de datos, pisos turísticos, quedarse con hectáreas de suelo rural y demás... Y nos invaden porque tienen poder: poder económico, tecnológico, manipulan el poder político y, de momento, el poder militar no lo emplean -se limitan a sacarnos los cuartos de nuestros impuestos metiéndonos miedo-.
Estimada Mari Carmen, espero y deseo que puedas volver a tu casa, a tu hogar, y que si de momento no pudiera ser y te propusieran una “solución habitacional”, no sea ingresar en una residencia de mayores y tengas que renunciar a tus cosas, tus ritmos, tus costumbres. Es vieja, pues ale, ahí mejor que en su casa, más cuidada. De necios y necias está lleno el mundo como para que haya quien piense que una persona mayor deja de ser persona para convertirse solo en mayor.
Esta tarde ha habido manifestaciones. En tu juventud, en una dictadura, nada se podía protestar. Yo tuve suerte y el dictador murió cuando tenía quince años, entonces pude abrir la boca. Ahora que la gente joven no tiene esos problemas, que tienen tantas
facilidades para estar en comunicación y que la inmensa mayoría está sin casa propia, ya sea en alquiler o en propiedad, no entiendo cómo no están por decenas de miles en las calles pidiendo soluciones para la vivienda en este país, y más cuando tenemos el ejemplo de otros países europeos que la tienen más regulada y a precios más asequibles.
Eres un ejemplo vivo de vulnerabilidad y fortaleza, lo que en el fondo somos todos. Te deseo, te desamos lo mejor Mari Carmen. Un abrazo grande de cada uno de nosotros y nosotras.
Firmado: Elia, Andrés, Silvia, Mati, Amparo, Mauro y muchos y muchas más...
Estimada Mari Carmen:
Te he visto salir de la casa que ha sido tu hogar desde adolescente. Yo no estaba allí, pero tú aparecías en todos los medios de comunicación. Quizá eres la gota que ha colmado el vaso de la desvergüenza de este país, invadido por la codicia económica, por los fondos buitre y los grandes tenedores camuflados en esta u otras plataformas de inversiones. Un país cuyos políticos -en el gobieno y la oposición, que antes gobernaron- no tienen la suficiente ética para elaborar leyes que nos protejan a los ciudadanos de todos ellos y regulen con decencia lo concerniente a la vivienda, un bien tan básico como los alimentos, la luz o el gas.
¿En qué país vivimos que la legislación permite que un alquiler suba de 500 € a 2.650 €? ¿En qué país vivimos que no se puedan pactar soluciones como hacíais tú y tu abogada? Y que nadie me hable de libre mercado, porque esto no es libre mercado, esto es latrocinio legalizado. ¿Y hay algún artículo en la Constitución que avale el robo a la ciudadanía? No, pero sí hay uno que dice: “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos” (art. 47).
He pasado revista a un archivo que tengo, Mari Carmen, con noticias de desahucios. No figuran arquitectos, políticos, médicos, aristócratas o maestros, solo hay constancia de personas enfermas, de madres con hijos pequeños, de personas mayores y ancianas como tú y, del otro lado, bancos, fondos buitre, gestoras especializadas en proporcionar inmuebles de gran valor y hasta la Iglesia, que también desahucia. Y seguro que si se sacan números, la mayoría somos mujeres: porque vivimos más, porque vivimos solas, porque en los hogares monomarentales abunda más la pobreza.
No me costó mucho saber cuántos desahucios se ejecutaron en 2025 en España, viene en la web del Consejo General del Poder Judicial: 25.540 lanzamientos practicados.
Eso son 70 al día. Sin embargo, a las páginas de los diarios solo llegan unos pocos. Si al final de los informativos de la tele hubiera un espacio para los desahucios ejecutados, al igual que para el deporte o el tiempo, duraría más de una hora diaria, considerando que solo dedicaran un minuto a cada uno de ellos. España es un país de desahucios cotidianos e invisibles.
Estimada Mari Carmen, allí estaba contigo apoyándote, protegiéndote el Sindicato de Inquilinas y mucha gente más, parte de ella muy joven. Los gritos de rabia, los gritos de ánimo, las lágrimas también. Me pongo contigo lo que quieras que hoy, en este país, se le han saltado las lágrimas a más de uno y una: de pena de rabia, de impotencia, de lo que sea, porque contigo se ha cometido un acto cruel y antisocial que nos ha llegado a lo más hondo. Nuestro apoyo, nuestro deseo de ánimo en la cercanía o desde la otra punta de España lo tienes. Y también el deseo de que las leyes cambien para que esto no ocurra más.
Cuando me quedo mirando las imágenes me pregunto qué estómago tienen que tener los policías que van a desahuciarte, y a las personas con críos pequeños, y a personas enfermas. ¿No se les revuelven las tripas? ¿Y los jueces y los de las comitivas judiciales? Arrancar a las personas de sus hogares. Solo las que tienen críos pequeños salen, me imagino que por temor a que les hagan daño a sus hijos. Me acuerdo de la filósofa Hannah Arendt y su concepto de la banalidad del mal: solo cumplen órdenes. Cierto que esto no es una guerra, o puede que sí, porque si nos invaden el suelo patrio los fondos buitre y las empresas multimillonarias para sembrar centros de datos, pisos turísticos, quedarse con hectáreas de suelo rural y demás... Y nos invaden porque tienen poder: poder económico, tecnológico, manipulan el poder político y, de momento, el poder militar no lo emplean -se limitan a sacarnos los cuartos de nuestros impuestos metiéndonos miedo-.
Estimada Mari Carmen, espero y deseo que puedas volver a tu casa, a tu hogar, y que si de momento no pudiera ser y te propusieran una “solución habitacional”, no sea ingresar en una residencia de mayores y tengas que renunciar a tus cosas, tus ritmos, tus costumbres. Es vieja, pues ale, ahí mejor que en su casa, más cuidada. De necios y necias está lleno el mundo como para que haya quien piense que una persona mayor deja de ser persona para convertirse solo en mayor.
Esta tarde ha habido manifestaciones. En tu juventud, en una dictadura, nada se podía protestar. Yo tuve suerte y el dictador murió cuando tenía quince años, entonces pude abrir la boca. Ahora que la gente joven no tiene esos problemas, que tienen tantas
facilidades para estar en comunicación y que la inmensa mayoría está sin casa propia, ya sea en alquiler o en propiedad, no entiendo cómo no están por decenas de miles en las calles pidiendo soluciones para la vivienda en este país, y más cuando tenemos el ejemplo de otros países europeos que la tienen más regulada y a precios más asequibles.
Eres un ejemplo vivo de vulnerabilidad y fortaleza, lo que en el fondo somos todos. Te deseo, te desamos lo mejor Mari Carmen. Un abrazo grande de cada uno de nosotros y nosotras.
Firmado: Elia, Andrés, Silvia, Mati, Amparo, Mauro y muchos y muchas más...
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