Hace unos días me encontré en TikTok con un muchacho, Luisito, que hacía un llamamiento desesperado. Necesitaba encontrar hombres que recomendaran libros. Aclaraba, por supuesto, que no tenía “ningún tipo de problema con las mujeres”, pero las cuentas femeninas que seguía solían recomendar romántica, novelas spicyy, en general, historias centradas en mujeres y sentimientos. Los hombres, por su parte, parecían haberse especializado en filosofía profunda y desarrollo personal, así que buscaba desesperadamente a alguien situado en ese territorio intermedio donde, al parecer, habita el resto de la literatura.
No sé por qué, pero sospecho que Luisito debe de ser también de los que utilizan la expresión “literatura femenina” para referirse a los libros escritos por mujeres. Así que vengo hoy con la importante misión de contarle a Luisito que las mujeres pueden leer más cosas aparte de novela romántica. Puede que incluso haya mujeres que no lean romántica en absoluto.
Algunas leen novela negra. O histórica. Ciencia ficción, terror, ensayo, poesía, clásicos, biografías, filosofía e incluso, agárrate, libros de desarrollo personal. Hay mujeres leyendo a Dostoievski y hombres leyendo a Jane Austen. Sé que la información puede resultar abrumadora a estas alturas de 2026, pero nunca es tarde.
La cuestión tendría poca importancia si no revelara un prejuicio que seguimos encontrándonos con sorprendente frecuencia. No hablamos ya de considerar que determinados libros están destinados a un público femenino, sino de asumir que las propias mujeres tenemos unos intereses lectores comunes. Como si pertenecer aproximadamente a la mitad de la humanidad permitiera predecir qué vamos a sacar de la estantería de una librería.
Ya escribí en este mismo medio sobre lo que ocurre cuando una mujer decide escribir literatura bélica. De pronto aparecen preguntas sobre la investigación realizada, sobre nuestros conocimientos militares o sobre cómo hemos llegado a interesarnos por semejante asunto. Preguntas que difícilmente se plantearían de la misma manera a un escritor. Parece que determinados territorios literarios todavía necesitan una explicación cuando quien entra en ellos es una mujer.
Ahora descubro que el fenómeno funciona también en sentido contrario. No contentos con determinar que hay géneros que no deberíamos escribir, también existen libros que, por alguna razón, se supone que no leemos.
Y aquí entra en juego algo que Luisito parece haber olvidado: TikTok no es una muestra representativa de la población mundial. Ni siquiera de las lectoras. El algoritmo aprende de nosotros. Cada vez que vemos un vídeo entero, damos un “me gusta”, comentamos, compartimos o nos detenemos unos segundos delante de determinado contenido estamos enseñándole qué queremos encontrar. Si tu cuenta está llena de mujeres recomendando romántica y spicy, quizá el problema no sea que las mujeres solo lean romántica y spicy. Quizá llevas meses diciéndole a TikTok que esas son precisamente las mujeres lectoras que consiguen mantener tu atención.
Porque basta buscar un poco para encontrar cientos de creadoras hablando de prácticamente cualquier género imaginable. Mujeres especializadas en clásicos, historia, terror, fantasía, ensayo o novela negra. Lectoras que analizan novedades y otras que llevan años intentando convencernos de que leamos un libro publicado en 1873. No están escondidas. Tampoco forman parte de ninguna resistencia clandestina contra Cincuenta sombras de Grey.
Simplemente no aparecen en todos los perfiles porque cada cual termina construyendo, sin darse demasiada cuenta, el escaparate que el algoritmo le devuelve. Y quizá eso sea lo más interesante de toda esta historia. Hemos empezado a confundir nuestro feed con el mundo.
Si TikTok me enseña diez vídeos de personas hablando de un mismo libro, termino pensando que todo el mundo lo está leyendo. Si únicamente sigo a determinados perfiles, puedo llegar a creer que representan a millones de lectores. Y si las mujeres que aparecen en mi pantalla recomiendan novelas románticas, resulta tentador concluir que necesito buscar hombres para encontrar otro tipo de literatura.
No necesitas hombres. Necesitas seguir a otras mujeres. O, mejor todavía, dejar de buscar recomendaciones en función del sexo de quien sostiene el libro y empezar a buscarlas según los libros que te interesan. Porque probablemente descubras que una mujer puede recomendarte un ensayo filosófico extraordinario y un hombre una maravillosa novela romántica. Y si después de hacerlo TikTok continúa enseñándote exactamente lo mismo, no culpes a la mitad de la población. Luisito, ese feed lo has entrenado tú.
Hace unos días me encontré en TikTok con un muchacho, Luisito, que hacía un llamamiento desesperado. Necesitaba encontrar hombres que recomendaran libros. Aclaraba, por supuesto, que no tenía “ningún tipo de problema con las mujeres”, pero las cuentas femeninas que seguía solían recomendar romántica, novelas spicyy, en general, historias centradas en mujeres y sentimientos. Los hombres, por su parte, parecían haberse especializado en filosofía profunda y desarrollo personal, así que buscaba desesperadamente a alguien situado en ese territorio intermedio donde, al parecer, habita el resto de la literatura.
No sé por qué, pero sospecho que Luisito debe de ser también de los que utilizan la expresión “literatura femenina” para referirse a los libros escritos por mujeres. Así que vengo hoy con la importante misión de contarle a Luisito que las mujeres pueden leer más cosas aparte de novela romántica. Puede que incluso haya mujeres que no lean romántica en absoluto.
Algunas leen novela negra. O histórica. Ciencia ficción, terror, ensayo, poesía, clásicos, biografías, filosofía e incluso, agárrate, libros de desarrollo personal. Hay mujeres leyendo a Dostoievski y hombres leyendo a Jane Austen. Sé que la información puede resultar abrumadora a estas alturas de 2026, pero nunca es tarde.
La cuestión tendría poca importancia si no revelara un prejuicio que seguimos encontrándonos con sorprendente frecuencia. No hablamos ya de considerar que determinados libros están destinados a un público femenino, sino de asumir que las propias mujeres tenemos unos intereses lectores comunes. Como si pertenecer aproximadamente a la mitad de la humanidad permitiera predecir qué vamos a sacar de la estantería de una librería.
Ya escribí en este mismo medio sobre lo que ocurre cuando una mujer decide escribir literatura bélica. De pronto aparecen preguntas sobre la investigación realizada, sobre nuestros conocimientos militares o sobre cómo hemos llegado a interesarnos por semejante asunto. Preguntas que difícilmente se plantearían de la misma manera a un escritor. Parece que determinados territorios literarios todavía necesitan una explicación cuando quien entra en ellos es una mujer.
Ahora descubro que el fenómeno funciona también en sentido contrario. No contentos con determinar que hay géneros que no deberíamos escribir, también existen libros que, por alguna razón, se supone que no leemos.
Y aquí entra en juego algo que Luisito parece haber olvidado: TikTok no es una muestra representativa de la población mundial. Ni siquiera de las lectoras. El algoritmo aprende de nosotros. Cada vez que vemos un vídeo entero, damos un “me gusta”, comentamos, compartimos o nos detenemos unos segundos delante de determinado contenido estamos enseñándole qué queremos encontrar. Si tu cuenta está llena de mujeres recomendando romántica y spicy, quizá el problema no sea que las mujeres solo lean romántica y spicy. Quizá llevas meses diciéndole a TikTok que esas son precisamente las mujeres lectoras que consiguen mantener tu atención.
Porque basta buscar un poco para encontrar cientos de creadoras hablando de prácticamente cualquier género imaginable. Mujeres especializadas en clásicos, historia, terror, fantasía, ensayo o novela negra. Lectoras que analizan novedades y otras que llevan años intentando convencernos de que leamos un libro publicado en 1873. No están escondidas. Tampoco forman parte de ninguna resistencia clandestina contra Cincuenta sombras de Grey.
Simplemente no aparecen en todos los perfiles porque cada cual termina construyendo, sin darse demasiada cuenta, el escaparate que el algoritmo le devuelve. Y quizá eso sea lo más interesante de toda esta historia. Hemos empezado a confundir nuestro feed con el mundo.
Si TikTok me enseña diez vídeos de personas hablando de un mismo libro, termino pensando que todo el mundo lo está leyendo. Si únicamente sigo a determinados perfiles, puedo llegar a creer que representan a millones de lectores. Y si las mujeres que aparecen en mi pantalla recomiendan novelas románticas, resulta tentador concluir que necesito buscar hombres para encontrar otro tipo de literatura.
No necesitas hombres. Necesitas seguir a otras mujeres. O, mejor todavía, dejar de buscar recomendaciones en función del sexo de quien sostiene el libro y empezar a buscarlas según los libros que te interesan. Porque probablemente descubras que una mujer puede recomendarte un ensayo filosófico extraordinario y un hombre una maravillosa novela romántica. Y si después de hacerlo TikTok continúa enseñándote exactamente lo mismo, no culpes a la mitad de la población. Luisito, ese feed lo has entrenado tú.
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