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Opinión

Los silencios de un alfa

Pensaba en el discurrir de las generaciones y en sus dolores a raíz de la penúltima moda viral ⎯seguro que a estas alturas ya hay alguna otra más actual⎯ de la muchachada: las batallas de “farmear aura”

  • Una imagen de la batalla de Aura en Jerez. -

Si hubo un tiempo en el que comprendimos, ahora quedó muy atrás. Es ley de vida. Antes que a nosotros les pasó a nuestros padres, y antes a los suyos, y así hasta retroceder lo suficiente como para que el mundo no fuera mundo todavía. Si hay algo cierto en esta vida es que tarde o temprano nos desconectaremos de la siguiente generación.

Dejaremos de entender sus comportamientos, sus motivaciones, sus formas de encarar la vida, sus prioridades, sus modas y hasta sus frases. Y muy previsiblemente las censuraremos y ridiculizaremos. También lo hicieron con nosotros.

Hoy, a los nacidos en los ochenta y noventa nos pasa con los dosmileros y sucedáneos, los zetas y alfas, especialmente con los que transitan ahora mismo por esa enfermedad pasajera pero impúdica e irreverente como ella sola que es la adolescencia. Solemos verlos como extraterrestres y ellos a nosotros, con miradas de autosuficiencia, vergüenza y lástima que suelen conducirse en ambas direcciones. Es ley de vida.

Pensaba en el discurrir de las generaciones y en sus dolores a raíz de la penúltima moda viral ⎯seguro que a estas alturas ya hay alguna otra más actual⎯ de la muchachada: las batallas de “farmear aura”. Si mi buen lector o lectora no tiene ni pajolera idea de qué es tal cosa, ha llegado el momento de revisarse el colesterol y quizás de adquirir las primeras gafas de farmacia para vista cansada. Si en cambio domina el concepto perfectamente, es que pertenece a una de esas generaciones, zeta o alfa, que lo están poniendo de moda. Eso o que tiene la suerte de que su progenie se comunica aún con usted y se lo ha contado. En cualquier caso, se trata de concentraciones públicas en las que dos chavalillos compiten para ver cuál de los dos es capaz de ganarse el favor de los asistentes realizando gestos y movimientos que, al parecer, le confieren carisma y estilo, esto es, aura.

Lo de farmear viene de la jerga de los videojuegos, en la que la voz inglesa ‘to farm’ alude a la repetición de acciones para la obtención de recompensas o la subida de nivel. Así, cual batalla de gallos sorda mediante, los contendientes se enzarzan en una suerte de espasmos lelos que pretenden conseguir más aplausos del respetable ⎯en fin, respetable…⎯ que su contrincante. Si siente curiosidad, le animo a que ponga eso de “farmear aura” en el buscador y se prepare para asistir a una explosión de gracia, talento e ingenio inusitada.

Deja que se entretengan los chiquillos, solía decir mi abuelo. Mejor eso que borrachos o drogados, continuaba. No puedo por más que darle la razón. Y no es que eso de hacer el carajote lo hayan inventado ellos. Cada uno en nuestro tiempo hemos tenido lo nuestro… Lo que ocurre es que ahora todo queda grabado y registrado para la aberrante posteridad, y podemos ser testigos en directo. Es la tontuna en 4K.

Cómo si no podríamos entender que un concepto abstracto e inmaterial como el aura se pueda ahora cuantificar y granjear en un envite público sin palabras. Puede hacerlo porque, sin duda, el mal de este tiempo es la literalidad. Si para hacerse con un nuevo idioma es fundamental detectar sus silencios, aquellos que permiten entender la separación entre palabras y nos disipan poco a poco la amalgama ruidosa sin sentido que es al inicio toda lengua distinta de la materna, el mayor problema de nuestra generación quizá sea no captar qué hay detrás de los suyos. Los silencios de un nacido en 2012 ⎯un 012 en su argot⎯ son una incógnita para nosotros, como su aura, o sus gansadas. Quizás porque están mucho más expuestas que las nuestras, o tan solo porque ahora somos ya incapaces de recordar las propias.

Si hubo un tiempo en el que comprendimos, ahora quedó muy atrás. Es ley de vida. Antes que a nosotros les pasó a nuestros padres, y antes a los suyos, y así hasta retroceder lo suficiente como para que el mundo no fuera mundo todavía. Si hay algo cierto en esta vida es que tarde o temprano nos desconectaremos de la siguiente generación.

Dejaremos de entender sus comportamientos, sus motivaciones, sus formas de encarar la vida, sus prioridades, sus modas y hasta sus frases. Y muy previsiblemente las censuraremos y ridiculizaremos. También lo hicieron con nosotros.

Hoy, a los nacidos en los ochenta y noventa nos pasa con los dosmileros y sucedáneos, los zetas y alfas, especialmente con los que transitan ahora mismo por esa enfermedad pasajera pero impúdica e irreverente como ella sola que es la adolescencia. Solemos verlos como extraterrestres y ellos a nosotros, con miradas de autosuficiencia, vergüenza y lástima que suelen conducirse en ambas direcciones. Es ley de vida.

Pensaba en el discurrir de las generaciones y en sus dolores a raíz de la penúltima moda viral ⎯seguro que a estas alturas ya hay alguna otra más actual⎯ de la muchachada: las batallas de “farmear aura”. Si mi buen lector o lectora no tiene ni pajolera idea de qué es tal cosa, ha llegado el momento de revisarse el colesterol y quizás de adquirir las primeras gafas de farmacia para vista cansada. Si en cambio domina el concepto perfectamente, es que pertenece a una de esas generaciones, zeta o alfa, que lo están poniendo de moda. Eso o que tiene la suerte de que su progenie se comunica aún con usted y se lo ha contado. En cualquier caso, se trata de concentraciones públicas en las que dos chavalillos compiten para ver cuál de los dos es capaz de ganarse el favor de los asistentes realizando gestos y movimientos que, al parecer, le confieren carisma y estilo, esto es, aura.

Lo de farmear viene de la jerga de los videojuegos, en la que la voz inglesa ‘to farm’ alude a la repetición de acciones para la obtención de recompensas o la subida de nivel. Así, cual batalla de gallos sorda mediante, los contendientes se enzarzan en una suerte de espasmos lelos que pretenden conseguir más aplausos del respetable ⎯en fin, respetable…⎯ que su contrincante. Si siente curiosidad, le animo a que ponga eso de “farmear aura” en el buscador y se prepare para asistir a una explosión de gracia, talento e ingenio inusitada.

Deja que se entretengan los chiquillos, solía decir mi abuelo. Mejor eso que borrachos o drogados, continuaba. No puedo por más que darle la razón. Y no es que eso de hacer el carajote lo hayan inventado ellos. Cada uno en nuestro tiempo hemos tenido lo nuestro… Lo que ocurre es que ahora todo queda grabado y registrado para la aberrante posteridad, y podemos ser testigos en directo. Es la tontuna en 4K.

Cómo si no podríamos entender que un concepto abstracto e inmaterial como el aura se pueda ahora cuantificar y granjear en un envite público sin palabras. Puede hacerlo porque, sin duda, el mal de este tiempo es la literalidad. Si para hacerse con un nuevo idioma es fundamental detectar sus silencios, aquellos que permiten entender la separación entre palabras y nos disipan poco a poco la amalgama ruidosa sin sentido que es al inicio toda lengua distinta de la materna, el mayor problema de nuestra generación quizá sea no captar qué hay detrás de los suyos. Los silencios de un nacido en 2012 ⎯un 012 en su argot⎯ son una incógnita para nosotros, como su aura, o sus gansadas. Quizás porque están mucho más expuestas que las nuestras, o tan solo porque ahora somos ya incapaces de recordar las propias.

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