Días después de que la selección española levantara el último Mundial, tres mujeres fueron asesinadas en apenas 48 horas en Málaga y Toledo, dos de ellas a manos de sus parejas o exparejas. La cifra no dejó de crecer: en menos de una semana, seis mujeres perdieron la vida, cuatro de ellas en crímenes investigados como violencia de género. Días más tarde, otra mujer fue asesinada en la provincia de Barcelona. Con ella, según cifras oficiales, ya son 32 las víctimas mortales de la violencia machista en lo que va de 2026, y 1.373 desde el año 2003, cuando el Estado comenzó a llevar un registro oficial. A esas cifras hay que sumar los 532 menores que han quedado huérfanos por esta violencia; y 68 menores asesinados por parte de sus padres, en ambos casos desde 2013, año en que se empezó a llevar estos registros.
Frente a esta sucesión de crímenes machistas, organizaciones feministas de todo el país han convocado concentraciones exigiendo el fin de la violencia machista, denunciando que, un verano más, a las mujeres nos siguen matando ante la aparente indiferencia institucional y de la sociedad.
Un repunte que no es casual, sino estructural
Los datos oficiales respaldan la sensación de que este no es un fenómeno aislado ni una casualidad estacional: cada verano se repite el mismo patrón de aumento de asesinatos y denuncias. Y el pulso del resto del año tampoco da tregua. Según los últimos datos del Consejo General del Poder Judicial, los órganos judiciales recibieron 50.911 denuncias por violencia de género solo en el primer trimestre de 2026, un 6,36% más que en el mismo periodo del año anterior, lo que equivale a una media de 565 denuncias diarias y 502 mujeres víctimas cada día. Las Secciones de Violencia sobre la Mujer, que han asumidos nuevas competencias, registraron además 140 denuncias por violencia sexual fuera del ámbito de la pareja en ese mismo trimestre
Los datos generales del Ministerio del Interior sobre delitos sexuales resultan igual de preocupantes: cuatro de cada diez víctimas son menores de edad, y cerca de dos de cada diez tienen menos de 14 años. La mayoría de los investigados y detenidos por estos delitos son varones menores de 30 años, lo que apunta a un progresivo rejuvenecimiento tanto de agresores como de víctimas. El Ministerio del Interior suele explicar este aumento sostenido de la criminalidad sexual denunciada por una menor tolerancia social y una mayor eficacia de las políticas de concienciación, que estarían haciendo aflorar casos que antes quedaban en la conocida como "cifra negra" de la delincuencia sexual que no eran denunciados.
¿Es España un país violento con las mujeres?
A primera vista, sí: el propio Gobierno reconoce que una de cada dos mujeres ha sufrido algún tipo de violencia machista en España, ejercida en la mayoría de los casos por hombres de su entorno cercano, especialmente cuando se trata de violencia física o sexual. Dicho esto, España no destaca como un país especialmente violento con las mujeres si se compara con el contexto internacional, donde los niveles de violencia machista suelen ser considerablemente más altos. Pero el mal de muchas nunca consuela a la nadie, ni exime de responsabilidad: combatir esta violencia –y también el negacionismo que la rodea, alimentado por sectores de la extrema derecha y por la denominada "manosfera"– sigue siendo una grave amenaza que no está siendo atendida por las instituciones y la sociedad.
Con estos datos, la conclusión es difícil de rebatir: los feminicidios no son casos aislados ni incidentes puntuales, sino la expresión más extrema de una violencia estructural que afecta a las mujeres por el hecho de ser mujeres. Como señala la doctrina jurídica, cada asesinato machista funciona también como una advertencia colectiva que no solo aterroriza a la víctima, sino que se proyecta sobre todas las mujeres que podrían sufrir una violencia similar. Esta dimensión estructural, sin embargo, nunca puede utilizarse para justificar la violencia: es la prueba de una desigualdad más extrema que sigue sin resolverse, pese a su ostensible gravedad. No olvidemos, según ONU Mujeres, cada diez minutos, en algún lugar del mundo, una mujer o niña es asesinada por un hombre que es su pareja o expareja o miembro de su familia.
Marcos legales que no logran frenar la sangría
España cuenta con un andamiaje normativo robusto: la Ley Orgánica de Violencia de Género, la Ley de Igualdad, el Convenio de Estambul y el Pacto de Estado contra la Violencia de Género. Y, sin embargo, las cifras no dejan de crecer año tras año. La pregunta que queda en el aire es ¿por qué ese marco legal sigue sin traducirse en una reducción sostenida de los asesinatos y las agresiones?
La respuesta pasa, según coinciden especialistas y organismos internacionales, por tratar la violencia machista como una auténtica cuestión de Estado: un asunto de relevancia social, impacto económico y evidente interés público que, por la insuficiencia demostrada de las medidas actuales, exige respuestas urgentes, prioritarias, coordinadas entre el Gobierno, las comunidades autónomas y la sociedad civil. Las medidas integrales de prevención y sensibilización deben reforzarse, es fundamental educar en la cultura de la igualdad entre mujeres y hombres. Y, desde luego, es necesario que se garantice la justicia reparadora más rigorosa hacia las víctimas y sus hijos e hijas. Hombres violentos, os pregunto, ¿podríais dejar de matar y violentar a las mujeres y niñas?
Si tú o alguien de tu entorno sufre violencia machista o sexual, llama al 016, disponible las 24 horas, sin que la llamada quede registrada en la factura telefónica. No estás sola, estamos contigo.
Días después de que la selección española levantara el último Mundial, tres mujeres fueron asesinadas en apenas 48 horas en Málaga y Toledo, dos de ellas a manos de sus parejas o exparejas. La cifra no dejó de crecer: en menos de una semana, seis mujeres perdieron la vida, cuatro de ellas en crímenes investigados como violencia de género. Días más tarde, otra mujer fue asesinada en la provincia de Barcelona. Con ella, según cifras oficiales, ya son 32 las víctimas mortales de la violencia machista en lo que va de 2026, y 1.373 desde el año 2003, cuando el Estado comenzó a llevar un registro oficial. A esas cifras hay que sumar los 532 menores que han quedado huérfanos por esta violencia; y 68 menores asesinados por parte de sus padres, en ambos casos desde 2013, año en que se empezó a llevar estos registros.
Frente a esta sucesión de crímenes machistas, organizaciones feministas de todo el país han convocado concentraciones exigiendo el fin de la violencia machista, denunciando que, un verano más, a las mujeres nos siguen matando ante la aparente indiferencia institucional y de la sociedad.
Un repunte que no es casual, sino estructural
Los datos oficiales respaldan la sensación de que este no es un fenómeno aislado ni una casualidad estacional: cada verano se repite el mismo patrón de aumento de asesinatos y denuncias. Y el pulso del resto del año tampoco da tregua. Según los últimos datos del Consejo General del Poder Judicial, los órganos judiciales recibieron 50.911 denuncias por violencia de género solo en el primer trimestre de 2026, un 6,36% más que en el mismo periodo del año anterior, lo que equivale a una media de 565 denuncias diarias y 502 mujeres víctimas cada día. Las Secciones de Violencia sobre la Mujer, que han asumidos nuevas competencias, registraron además 140 denuncias por violencia sexual fuera del ámbito de la pareja en ese mismo trimestre
Los datos generales del Ministerio del Interior sobre delitos sexuales resultan igual de preocupantes: cuatro de cada diez víctimas son menores de edad, y cerca de dos de cada diez tienen menos de 14 años. La mayoría de los investigados y detenidos por estos delitos son varones menores de 30 años, lo que apunta a un progresivo rejuvenecimiento tanto de agresores como de víctimas. El Ministerio del Interior suele explicar este aumento sostenido de la criminalidad sexual denunciada por una menor tolerancia social y una mayor eficacia de las políticas de concienciación, que estarían haciendo aflorar casos que antes quedaban en la conocida como "cifra negra" de la delincuencia sexual que no eran denunciados.
¿Es España un país violento con las mujeres?
A primera vista, sí: el propio Gobierno reconoce que una de cada dos mujeres ha sufrido algún tipo de violencia machista en España, ejercida en la mayoría de los casos por hombres de su entorno cercano, especialmente cuando se trata de violencia física o sexual. Dicho esto, España no destaca como un país especialmente violento con las mujeres si se compara con el contexto internacional, donde los niveles de violencia machista suelen ser considerablemente más altos. Pero el mal de muchas nunca consuela a la nadie, ni exime de responsabilidad: combatir esta violencia –y también el negacionismo que la rodea, alimentado por sectores de la extrema derecha y por la denominada "manosfera"– sigue siendo una grave amenaza que no está siendo atendida por las instituciones y la sociedad.
Con estos datos, la conclusión es difícil de rebatir: los feminicidios no son casos aislados ni incidentes puntuales, sino la expresión más extrema de una violencia estructural que afecta a las mujeres por el hecho de ser mujeres. Como señala la doctrina jurídica, cada asesinato machista funciona también como una advertencia colectiva que no solo aterroriza a la víctima, sino que se proyecta sobre todas las mujeres que podrían sufrir una violencia similar. Esta dimensión estructural, sin embargo, nunca puede utilizarse para justificar la violencia: es la prueba de una desigualdad más extrema que sigue sin resolverse, pese a su ostensible gravedad. No olvidemos, según ONU Mujeres, cada diez minutos, en algún lugar del mundo, una mujer o niña es asesinada por un hombre que es su pareja o expareja o miembro de su familia.
Marcos legales que no logran frenar la sangría
España cuenta con un andamiaje normativo robusto: la Ley Orgánica de Violencia de Género, la Ley de Igualdad, el Convenio de Estambul y el Pacto de Estado contra la Violencia de Género. Y, sin embargo, las cifras no dejan de crecer año tras año. La pregunta que queda en el aire es ¿por qué ese marco legal sigue sin traducirse en una reducción sostenida de los asesinatos y las agresiones?
La respuesta pasa, según coinciden especialistas y organismos internacionales, por tratar la violencia machista como una auténtica cuestión de Estado: un asunto de relevancia social, impacto económico y evidente interés público que, por la insuficiencia demostrada de las medidas actuales, exige respuestas urgentes, prioritarias, coordinadas entre el Gobierno, las comunidades autónomas y la sociedad civil. Las medidas integrales de prevención y sensibilización deben reforzarse, es fundamental educar en la cultura de la igualdad entre mujeres y hombres. Y, desde luego, es necesario que se garantice la justicia reparadora más rigorosa hacia las víctimas y sus hijos e hijas. Hombres violentos, os pregunto, ¿podríais dejar de matar y violentar a las mujeres y niñas?
Si tú o alguien de tu entorno sufre violencia machista o sexual, llama al 016, disponible las 24 horas, sin que la llamada quede registrada en la factura telefónica. No estás sola, estamos contigo.
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