Acostumbrados a la presión del agua en las conducciones, rápidamente buscamos la llave de corte ante cualquier fuga, y el correspondiente tapón para tranquilidad de usuarios. La dinámica de nuestros ríos y arroyos, con gran caudal asociado a periodos de lluvias, responden a interacciones humanas, geológicas y a la vegetación de ribera.
Eneas, carrizos, lirios amarillos, estabilizan lechos de cauces, sin oposición al flujo preferente de las aguas, retornando su verticalidad una vez pasada la crecida. En márgenes tocando el agua corriente, mimbreras y sauces, fijan los límites, estabilizan frente a la erosión. Más arriba fresnos, álamos y almeces conforman los bosques galería tan identitarios de nuestra hidrografía.
Especies exóticas e invasoras como Eucalyptus camaldulensis han colonizado muchos cauces, incluso desarrollándose en el flujo preferente de los mismos, con abundantes caídas de grandes ramas e incluso ya colosos incluyendo tocón de sus raíces, han volcado tapando literalmente el libre discurrir de las aguas. Especial atención a los cañaverales de Arundo donax también.
Un tapón vegetal, "al menos lo verde se naturaliza, pero la basura no", provoca remanso aguas arriba, desbordamientos y en caso de rotura fortuita, avenidas aguas abajo de pronóstico grave como mínimo al poner en riesgo vidas humanas, infraestructuras asociadas y cultivos.
Suelen aparecer en cursos modificados o alterados -“la velocidad mata, y en el agua también”-, necesitando de una renaturalización adecuada, con eliminación de vertidos ilegales, respeto del Dominio Público Hidráulico DPH –“El agua tiene escrituras”- y concienciación ambiental en el ciclo del agua. “Agua somos y en agua nos convertiremos”.
Acostumbrados a la presión del agua en las conducciones, rápidamente buscamos la llave de corte ante cualquier fuga, y el correspondiente tapón para tranquilidad de usuarios. La dinámica de nuestros ríos y arroyos, con gran caudal asociado a periodos de lluvias, responden a interacciones humanas, geológicas y a la vegetación de ribera.
Eneas, carrizos, lirios amarillos, estabilizan lechos de cauces, sin oposición al flujo preferente de las aguas, retornando su verticalidad una vez pasada la crecida. En márgenes tocando el agua corriente, mimbreras y sauces, fijan los límites, estabilizan frente a la erosión. Más arriba fresnos, álamos y almeces conforman los bosques galería tan identitarios de nuestra hidrografía.
Especies exóticas e invasoras como Eucalyptus camaldulensis han colonizado muchos cauces, incluso desarrollándose en el flujo preferente de los mismos, con abundantes caídas de grandes ramas e incluso ya colosos incluyendo tocón de sus raíces, han volcado tapando literalmente el libre discurrir de las aguas. Especial atención a los cañaverales de Arundo donax también.
Un tapón vegetal, "al menos lo verde se naturaliza, pero la basura no", provoca remanso aguas arriba, desbordamientos y en caso de rotura fortuita, avenidas aguas abajo de pronóstico grave como mínimo al poner en riesgo vidas humanas, infraestructuras asociadas y cultivos.
Suelen aparecer en cursos modificados o alterados -“la velocidad mata, y en el agua también”-, necesitando de una renaturalización adecuada, con eliminación de vertidos ilegales, respeto del Dominio Público Hidráulico DPH –“El agua tiene escrituras”- y concienciación ambiental en el ciclo del agua. “Agua somos y en agua nos convertiremos”.
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