¿Quién me iba a decir a mí que iba a salir encantando con la ponencia del representante de la Federación Provincial de Agrupaciones de Empresarios de la Construcción de Cádiz en el II Foro Inmobiliario organizado por lavozdelsur.es? O al menos con una parte. Os cuento:
Jorge Fernández Portillo citó a la economista francesa Esther Duflo, premio Nobel por su trabajo de investigación para combatir la pobreza. Su cita de las 3 “íes”, en boca del representante provincial de los empresarios de la construcción, me llevó a encajar una crónica del Foro basada en esta premisa sobre las problemáticas de las grandes misiones, véase como tal la mejora el acceso a la vivienda en una situación que, como el diagnóstico de apertura de los debates, señaló de máxima tensión. Esas 3 íes de Esther Duflo son la ignorancia, la inercia y la ideología. Comencemos por la ignorancia.
Durante buena parte del foro se habló de vivienda vacía, ocupación o falta de suelo finalista sin apenas recurrir a cifras oficiales.
Respecto a la falta de vivienda en alquiler se exculpó al impacto del turismo y la segunda residencia sobre el parque total de vivienda y se señaló de forma unánime, a una Ley estatal que protege a los más vulnerables, supuestamente, favoreciendo a los ocupas. Esta Ley, que tiene 2 años y medio, fue señalada una y otra vez sin acudir a datos como los del Instituto Nacional de Estadística (esta vez no convenía sacar números). Estos indican que la variación en España subió de forma constante del 2001 (13,8%) al 2011 (13,7%) y al 2021 (14,4%), antes de la aprobación de las medidas que protegían a sectores vulnerables. El ciclo de crecimiento de la vivienda vacía es de 20 años y, además, se ignoró que gran peso de estos casos se emplazan en la España vaciada.
Este discurso, a nivel provincia, es aún más incierto: en 2001 se registraban 5.473 viviendas vacías, en 2011 la cifra subió por encima de las 6.000 y en 2021 cayó a la mitad. Debe saberse, además, que todo proceso tiene topes y que estos se alimentan, por ejemplo, con la cultura del miedo, concretamente a la población vulnerable y los casos de ocupación, los cuales, a su vez, no se mostraron en datos: Se estiman entre 15.000 y 17.000 denuncias anuales y un porcentaje de un 0,06% del total del parque residencial. Este es el dato al que se agarran determinados sectores ideológicos (ya asoma la tercera de las íes) para diagnosticar los males.
Sobre el suelo finalista, como expresaban, hay que señalar que solo el ayuntamiento de Jerez tiene en propiedad capacidad para unas 1.000 viviendas. La cuestión es que la energía no está ahí. En este sentido, es necesario señalar que en otros municipios, con gobiernos del mismo signo, se están dando regímenes de cesión de suelo público para el desarrollo de vivienda con precios controlados por la administración, una realidad que podría, contra la ignorancia, estudiarse y aplicarse aquí.
La dinámica de la opinión sin datos siguió con la afirmación de que la gente joven no quiere VPO. Eso, directamente, puede contrastarse con una herramienta oficial de trabajo que tenemos los urbanistas y los gestores públicos, el Registro de Demandantes de Vivienda (información a la que no se acudió en ningún momento desde ninguna de las voces del foro por más que pueda consultarse con datos abiertos). Esta fuente oficial muestra que la mayoría de las personas que demandan son jóvenes. En definitiva, pocos datos, poco rigor y mucha opinión en base a sensaciones de un sector económico que se presentó como ahogado entre ocupas y entidades financieras.
Podría seguir repasando mis notas, pero pasaré ahora a la segunda de las palabras claves: la inercia. Ésta quedó patente en el discurso del sector de la promoción y la administración, concretamente la inercia de tener que lograr márgenes como los de antes (léase el periodo 2000-2007 del pelotazo), porque sino “no me meto” a eso que quisieron llamar “ayudar a crecer”. Y también inercia de las administraciones a dejar hacer, pues cabe recordar, que la iniciativa pública es prácticamente inexistente e inútil, por ejemplo, en la regulación de la vivienda turística, que sigue siendo posible si un inversor compra media promoción ofertada.
Por último, la ideología, aquello que lleva a rechazar sistemáticamente lo que afirma el que se sienta en frente. Si, la ideología de las voces de las mesas de debate, aquella que lleva a no contar con una parte fundamental del mercado inmobiliario: la de la demanda por necesidad. Estoy prácticamente seguro de que toda persona que intervino cuenta con una vivienda en propiedad (o dos o tres) y que, en realidad, hablan desde muy lejos. Tanto como para leer como sinónimos demanda y necesidad. La necesidad de una vivienda es vivir. Lo otros son casas para veranear o para invertir; y eso es otro asunto que atender pero que, desde luego, no pueden eclipsar a las necesidades.
Esta ideología es la que me lleva a pensar que en realidad, eludir datos reales y sacar solamente los números cuando conviene, no es ignorancia, sino la proyección de la ideología; y que del mismo modo, aceptar este discurso por parte de la ciudadanía, es cuestión de inercia.
¿Quién me iba a decir a mí que iba a salir encantando con la ponencia del representante de la Federación Provincial de Agrupaciones de Empresarios de la Construcción de Cádiz en el II Foro Inmobiliario organizado por lavozdelsur.es? O al menos con una parte. Os cuento:
Jorge Fernández Portillo citó a la economista francesa Esther Duflo, premio Nobel por su trabajo de investigación para combatir la pobreza. Su cita de las 3 “íes”, en boca del representante provincial de los empresarios de la construcción, me llevó a encajar una crónica del Foro basada en esta premisa sobre las problemáticas de las grandes misiones, véase como tal la mejora el acceso a la vivienda en una situación que, como el diagnóstico de apertura de los debates, señaló de máxima tensión. Esas 3 íes de Esther Duflo son la ignorancia, la inercia y la ideología. Comencemos por la ignorancia.
Durante buena parte del foro se habló de vivienda vacía, ocupación o falta de suelo finalista sin apenas recurrir a cifras oficiales.
Respecto a la falta de vivienda en alquiler se exculpó al impacto del turismo y la segunda residencia sobre el parque total de vivienda y se señaló de forma unánime, a una Ley estatal que protege a los más vulnerables, supuestamente, favoreciendo a los ocupas. Esta Ley, que tiene 2 años y medio, fue señalada una y otra vez sin acudir a datos como los del Instituto Nacional de Estadística (esta vez no convenía sacar números). Estos indican que la variación en España subió de forma constante del 2001 (13,8%) al 2011 (13,7%) y al 2021 (14,4%), antes de la aprobación de las medidas que protegían a sectores vulnerables. El ciclo de crecimiento de la vivienda vacía es de 20 años y, además, se ignoró que gran peso de estos casos se emplazan en la España vaciada.
Este discurso, a nivel provincia, es aún más incierto: en 2001 se registraban 5.473 viviendas vacías, en 2011 la cifra subió por encima de las 6.000 y en 2021 cayó a la mitad. Debe saberse, además, que todo proceso tiene topes y que estos se alimentan, por ejemplo, con la cultura del miedo, concretamente a la población vulnerable y los casos de ocupación, los cuales, a su vez, no se mostraron en datos: Se estiman entre 15.000 y 17.000 denuncias anuales y un porcentaje de un 0,06% del total del parque residencial. Este es el dato al que se agarran determinados sectores ideológicos (ya asoma la tercera de las íes) para diagnosticar los males.
Sobre el suelo finalista, como expresaban, hay que señalar que solo el ayuntamiento de Jerez tiene en propiedad capacidad para unas 1.000 viviendas. La cuestión es que la energía no está ahí. En este sentido, es necesario señalar que en otros municipios, con gobiernos del mismo signo, se están dando regímenes de cesión de suelo público para el desarrollo de vivienda con precios controlados por la administración, una realidad que podría, contra la ignorancia, estudiarse y aplicarse aquí.
La dinámica de la opinión sin datos siguió con la afirmación de que la gente joven no quiere VPO. Eso, directamente, puede contrastarse con una herramienta oficial de trabajo que tenemos los urbanistas y los gestores públicos, el Registro de Demandantes de Vivienda (información a la que no se acudió en ningún momento desde ninguna de las voces del foro por más que pueda consultarse con datos abiertos). Esta fuente oficial muestra que la mayoría de las personas que demandan son jóvenes. En definitiva, pocos datos, poco rigor y mucha opinión en base a sensaciones de un sector económico que se presentó como ahogado entre ocupas y entidades financieras.
Podría seguir repasando mis notas, pero pasaré ahora a la segunda de las palabras claves: la inercia. Ésta quedó patente en el discurso del sector de la promoción y la administración, concretamente la inercia de tener que lograr márgenes como los de antes (léase el periodo 2000-2007 del pelotazo), porque sino “no me meto” a eso que quisieron llamar “ayudar a crecer”. Y también inercia de las administraciones a dejar hacer, pues cabe recordar, que la iniciativa pública es prácticamente inexistente e inútil, por ejemplo, en la regulación de la vivienda turística, que sigue siendo posible si un inversor compra media promoción ofertada.
Por último, la ideología, aquello que lleva a rechazar sistemáticamente lo que afirma el que se sienta en frente. Si, la ideología de las voces de las mesas de debate, aquella que lleva a no contar con una parte fundamental del mercado inmobiliario: la de la demanda por necesidad. Estoy prácticamente seguro de que toda persona que intervino cuenta con una vivienda en propiedad (o dos o tres) y que, en realidad, hablan desde muy lejos. Tanto como para leer como sinónimos demanda y necesidad. La necesidad de una vivienda es vivir. Lo otros son casas para veranear o para invertir; y eso es otro asunto que atender pero que, desde luego, no pueden eclipsar a las necesidades.
Esta ideología es la que me lleva a pensar que en realidad, eludir datos reales y sacar solamente los números cuando conviene, no es ignorancia, sino la proyección de la ideología; y que del mismo modo, aceptar este discurso por parte de la ciudadanía, es cuestión de inercia.
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