"Antonio, menudo lío". Esas pudieron ser las primeras palabras que Juanma Moreno le dirigiera a Antonio Sanz conforme la noche electoral avanzaba y la mayoría absoluta resultaba por momentos más difícil de alcanzar. Algo que podía ya intuirse si analizábamos con detenimiento la gestualidad del consejero y también el informe “carita” de la rueda de prensa de las seis de la tarde para anunciar los datos de participación, unos datos que confirmaban la alta participación que a lo largo del día se había anunciado y que presagiaban sorpresa en las urnas como más tarde pudimos comprobar.
A esa hora tan taurina de las seis de la tarde Sanz ya sabía por sus propias encuestas a pie de urna que la mayoría absoluta del Partido Popular estaba en riesgo por mucho que la acorazada mediática, no sólo la televisión pública andaluza sino también los columnistas afines de la prensa regional, en los distintos programas y entrevistas apostaban sin pudor por una nueva mayoría de Moreno. Pero Sanz, con perdón de la expresión, es perro viejo en esto de la política y tenía claro que caminaban hacía el lío si Dios y la Virgen santísima no ponían remedio y no lo pusieron.
El incremento de participación sólo podía indicar dos cosas, la primera, si como en las municipales del 2011 el Partido Popular ganaría por goleada, o que había una recuperación de la izquierda que acabaría con la mayoría absoluta del PP y lo arrojaba en los brazos de Vox. Personalmente, a esa hora, me inclinaba por la segunda de las opciones aunque sin llegar a ver que la recuperación de la izquierda venía de la mano de Adelante Andalucía y no del Partido Socialista. Tal como pretendía López Gil algo más de 400.000 andaluces habían abandonado la abstención pero la inmensa mayoría de ellos no lo habían hecho en beneficio del PSOE.
Y aún no se ha cumplido una semana desde el domingo electoral y Sanz tiene un lío gordo por delante porque todos apuntan a que será el negociador con Vox y su parida de la prioridad nacional mientras las listas de espera siguen creciendo y cuatro incendios asolan ya el territorio de nuestra Comunidad Autónoma. No me gustaría estar en la piel de Sanz porque el día sólo tiene veinticuatro horas y la semana siete días. Qué tiempos aquellos del ordeno y mando en los que Juanma lucía en todo su esplendor.
Y en la otra acera el PSOE aún no había terminado de lamerse las heridas de un resultado electoral fallido cuando ha estallado la bomba de la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero, un presidente bajo cuyo mandato se produjo una importante profundización en los derechos ciudadanos y que consiguió acabar con la lacra terrorista de ETA. Ni una cosa ni la otra se las perdonaron nunca las derechas españolas que ahora disfrutan con una imputación que rápidamente ellos han convertido en condena. Habrá que espera a su comparecencia judicial el próximo dos de junio para saber si los indicios confirman o desmienten la condena política de la derecha y la extrema derecha. Hasta entonces, tranquilidad y buenos alimentos.
"Antonio, menudo lío". Esas pudieron ser las primeras palabras que Juanma Moreno le dirigiera a Antonio Sanz conforme la noche electoral avanzaba y la mayoría absoluta resultaba por momentos más difícil de alcanzar. Algo que podía ya intuirse si analizábamos con detenimiento la gestualidad del consejero y también el informe “carita” de la rueda de prensa de las seis de la tarde para anunciar los datos de participación, unos datos que confirmaban la alta participación que a lo largo del día se había anunciado y que presagiaban sorpresa en las urnas como más tarde pudimos comprobar.
A esa hora tan taurina de las seis de la tarde Sanz ya sabía por sus propias encuestas a pie de urna que la mayoría absoluta del Partido Popular estaba en riesgo por mucho que la acorazada mediática, no sólo la televisión pública andaluza sino también los columnistas afines de la prensa regional, en los distintos programas y entrevistas apostaban sin pudor por una nueva mayoría de Moreno. Pero Sanz, con perdón de la expresión, es perro viejo en esto de la política y tenía claro que caminaban hacía el lío si Dios y la Virgen santísima no ponían remedio y no lo pusieron.
El incremento de participación sólo podía indicar dos cosas, la primera, si como en las municipales del 2011 el Partido Popular ganaría por goleada, o que había una recuperación de la izquierda que acabaría con la mayoría absoluta del PP y lo arrojaba en los brazos de Vox. Personalmente, a esa hora, me inclinaba por la segunda de las opciones aunque sin llegar a ver que la recuperación de la izquierda venía de la mano de Adelante Andalucía y no del Partido Socialista. Tal como pretendía López Gil algo más de 400.000 andaluces habían abandonado la abstención pero la inmensa mayoría de ellos no lo habían hecho en beneficio del PSOE.
Y aún no se ha cumplido una semana desde el domingo electoral y Sanz tiene un lío gordo por delante porque todos apuntan a que será el negociador con Vox y su parida de la prioridad nacional mientras las listas de espera siguen creciendo y cuatro incendios asolan ya el territorio de nuestra Comunidad Autónoma. No me gustaría estar en la piel de Sanz porque el día sólo tiene veinticuatro horas y la semana siete días. Qué tiempos aquellos del ordeno y mando en los que Juanma lucía en todo su esplendor.
Y en la otra acera el PSOE aún no había terminado de lamerse las heridas de un resultado electoral fallido cuando ha estallado la bomba de la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero, un presidente bajo cuyo mandato se produjo una importante profundización en los derechos ciudadanos y que consiguió acabar con la lacra terrorista de ETA. Ni una cosa ni la otra se las perdonaron nunca las derechas españolas que ahora disfrutan con una imputación que rápidamente ellos han convertido en condena. Habrá que espera a su comparecencia judicial el próximo dos de junio para saber si los indicios confirman o desmienten la condena política de la derecha y la extrema derecha. Hasta entonces, tranquilidad y buenos alimentos.
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