¿Recuerdan las personas más longevas que me leen la canción de Karina en Eurovisión? Se llamaba “En un mundo nuevo”, Festival de Eurovisión 1971, Dublín. Quedó en segundo lugar. “En un mundo nuevo”, pero la letra añadía “y feliz”. Lo nuevo ya está aquí y desde hace algún tiempo: somos un mundo nuevo porque gozamos de la digitalización y de la IA. También porque, a pesar de todo, no somos felices, ya lo quería Karina en 1971. Seguimos sin serlo.
Un deseo que no existe
La felicidad es un deseo ancestral que no existe, vamos como el caballo tras la zanahoria eternamente. Mucha tecnología es lo que hay y, además, creo que nuestra infantilización y lloriqueos infantiles van en aumento. Si seguimos así podemos llegar a Corín Tellado o a “Simplemente María” o incluso “Ama Rosa”, de las radionovelas a las diginovelas y al llanto cuando vemos alguna película adoctrinadora como “La bola negra” que supongo que se llevará el Óscar, eso ya depende de lo que se lo hayan trabajado entre bambalinas porque los premios suelen precisar de dos factores: tráfico de influencias/cabildeo y calidad en el producto o persona a premiar, por ese orden.
En mi opinión, no nos interesa que exista un mundo nuevo y feliz. ¿Se imaginan ustedes que el humano lograra un mundo nuevo y feliz en el sentido en que lo anhela, es decir, todo en orden, amándonos los unos a los otros y ausencia total de injusticias? ¿Qué sentidos tendrían entonces nuestras vidas? ¿Cómo poder así ser progresista o de la fachosfera? ¿Qué haría el periodismo si no tuviera batallas, batallitas y batallotas y sucesos que narrar?
Ahí van números
Con el dinero público el gobierno intenta que logremos un mundo feliz. Es un error, ¿qué pasará cuando lo logre? ¿Qué haremos con las criaturas que se benefician del dinero que busca un mundo feliz cuando consigan ese mundo? La afiliación sindical en España es más o menos del 13 por ciento de la población digamos activa. Este año, la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas) ha publicado un informe sobre la afiliación a los sindicatos en España. En los últimos 25 años la tasa de trabajadores afiliados a un sindicato ha pasado del 15% a un 13% sobre el total de la población trabajadora. ¿Será eso una señal de que viajamos hacia un mundo nuevo y feliz y los trabajadores ya no necesitan que los defiendan de los explotadores? Ojalá no sea real la barbaridad que acabo de escribir.
Las empresas españolas asociadas a organizaciones empresariales no llegan al 24%. Los empresarios deben vivir -por lo general- en un mundo nuevo y feliz, no precisan contactar entre ellos como nuestros antepasados homínidos u homos. Si esto es así, seguimos en el sendero hacia el mundo nuevo y feliz, una dana de lo más maligna.
Más números, hacia el desastre
Los españoles afiliados a partidos políticos no llegan a 300.000, según Hacienda que lo sabe porque las cuotas desgravan. Según los mismos partidos, el PP afirma tener unos 800.000 y el PSOE alrededor de 200.000; Vox más de 60.000 y Podemos se autoasigna más de 150.000. En cualquier caso, o el personal no quiere desgravarse o cotiza por peteneras. De todas formas, escaso entusiasmo si tenemos en cuenta que en España hay cerca de 30 millones de contribuyentes algunos de los cuales se supone que desgravan sus cuotas a partidos o podrían hacerlo si estuvieran enrolados en ellos. Poca militancia habemus.
Y es que amamos tanto la democracia que ni siquiera necesitamos compromiso democrático. ¿Se va cumpliendo poco a poco el deseo de Karina? Si así fuera, esto sería un desastre, España caminando hacia el mundo nuevo y feliz. ¿Es un desastre un mundo nuevo ahíto de felicidad? Por supuesto, empezando por el progresismo.
Un mundo nuevo y feliz es una apisonadora de puestos de trabajo, por eso el Estado no debe procurar que seamos felices apoquinando. Se reducen los afiliados sindicales pero el gobierno aumenta sus subvenciones y les dio, sobre todo a UGT y CCOO, unos 32 millones de euros para 2025. ¿El gobierno va contra la felicidad? Si esos sindicalistas a sueldo son capaces de construir un mundo nuevo y sin desigualdades, ¿qué razón van a tener para seguir cobrando de la hucha boba?
¿Y los partidos políticos? “Resolución de 9 de enero de 2026, de la Dirección General de Política Interior, por la que se publican las subvenciones estatales anuales, para atender los gastos de funcionamiento ordinario a las diferentes formaciones políticas con representación en el Congreso de los Diputados, durante el cuarto trimestre del ejercicio 2025. Publicación: 9 de enero de 2026 en el BOE. Destino: Gastos de funcionamiento ordinario de los partidos con representación en el Congreso. Ejecución: Pago en doce mensualidades a lo largo del ejercicio”.
“Grupo 1: Partidos de ámbito estatal con mayor representación (Subvención > 1,5M€): Partido Popular (4,72M€), Partido Socialista Obrero Español (3,71M€), VOX (1,54M€). Grupo 2: Coaliciones y sus componentes: La coalición SUMAR, desglosada, suma alrededor de 1,5M€ repartidos entre sus 10 formaciones integrantes, destacando Movimiento Sumar y Podemos. Grupo 3: Partidos nacionalistas/regionales con representación: PSC (0,69M€), ERC (0,26M€), Junts (0,23M€), EH Bildu (0,20M€), PNV (0,16M€). Esta agrupación muestra cómo la financiación refleja fielmente el mapa parlamentario y la diversidad territorial”.
Para que las organizaciones empresariales sean felices o caminen hacia la felicidad, por ejemplo, el 33,7% de los ingresos de la CEOE procede de subvenciones públicas. Sin embargo, en 2024, el Tribunal Supremo anuló 30,6 millones de subvención directa a CEOE, Cepyme y UGT. El alto tribunal estimó que las ayudas no se justifican por el Covid y que se tenía que haber hecho una convocatoria pública. El Supremo contra el estatal deseo de colmarnos de felicidad puesto que apoyando a empresarios y defensores de los trabajadores podría llegar la felicidad. Como todo tiene su lado amargo, la felicidad conllevaría el cese de esa vida tan sacrificada, pero a la vez tan atractiva para miles de pseudofuncionarios que afirman estar entregados a la búsqueda de la felicidad del prójimo, ¿quién los iba a subvencionar entonces? ¿No estamos ante una lawfare del Supremo contra la felicidad en el contexto de un mundo nuevo?
En 2025, un diario considerado de la llamada fachosfera, de cuyo nombre no quiero acordarme pero que se llama La Gaceta de la Iberosfera, publicó: “Las subvenciones a empresas, sindicatos y ONG baten récord: más de 41.500 millones en 2024, el 48% del total de las ayudas concedidas”. Y no quedó ahí la cosa. El aguafiestas añadió que en julio de 2025 el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, aprobó en Consejo de Ministros la concesión de más de 61 millones de euros a diversas organizaciones internacionales. La mayor parte de estos fondos, más de 26,5 millones de euros, se han destinado a organismos de Naciones Unidas, con el objetivo de apoyar iniciativas relacionadas con el cambio climático, el empoderamiento de la mujer y la atención a personas refugiadas.
Desglosando algo, cerca de cinco millones de euros a ONU Mujeres, la entidad de Naciones Unidas dedicada a la «igualdad de género y el empoderamiento femenino». Casi 10 millones de euros a organizaciones internacionales vinculadas a la gestión de flujos migratorios. Entre estas, destacan los 3,1 millones de euros destinados a la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), 850.000 euros al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y seis millones de euros a la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA).
Un mundo nuevo no es rentable
Conclusión provisional. La lucha del progresismo y del regresismo por un mundo nuevo no es rentable, deben rechazar las subvenciones, porque si siguen adelante y sus destinatarios logran por fin ese mundo feliz, ¿de qué van a vivir física y espiritualmente quienes trabajan para alcanzar esa felicidad? Si no hay trabajadores que defender ni empresarios a los que apoyar, ni vulnerables a los que auxiliar, ¿qué va a ser de los progresistas, de los regresistas, de los empresarios, etc.? ¿Harán falta los Estados y los gobiernos en un mundo nuevo y feliz?
Y, ¿qué futuro les espera en un mundo feliz a los creyentes en distintas religiones si no tienen caridades que quitarse del bolsillo porque el Estado y los gobiernos lo pagan todo y suben hasta los salarios mínimos o bajan impuestos? ¿Cómo van a callar sus conciencias y a salvarse “cuando llegue el día del último viaje y esté al partir la nave que nunca ha de tornar”? Encima se irán al éter no ligeros de equipaje sino todo lo contrario. ¡A ver cómo entran en el Cielo así!
Como digo tantas veces, no somos nosotros quienes atendemos a los más necesitados y vulnerables, sino que ellos justifican nuestra existencia y la de los gobiernos. Son los vulnerables quienes atienden nuestras necesidades de felicidad y mundos nuevos. Por tanto, es imprescindible desear que todo siga patas arriba, que el mundo sea infeliz y viejo con apariencia de nuevo y feliz y que enterremos la canción de Karina en la profundidad más arcana. Con razón no ganó Eurovisión, una mano gloriosa y esotérica lo impidió con acierto.
A mí me parece que como unos y otros más unas y otras saben que el mundo nuevo y feliz nunca va a llegar, se aplican el carpe diem y el “toma el dinero público y corre”. Y de paso se autosugestionan y autoengañan con eso de que desarrollan una labor solidaria, revolucionaria, empresarial y de servicio público y, venga, que siga la obra teatral, “he aquí el tinglado de la vieja farsa”, como diría Jacinto Benavente.
¿Recuerdan las personas más longevas que me leen la canción de Karina en Eurovisión? Se llamaba “En un mundo nuevo”, Festival de Eurovisión 1971, Dublín. Quedó en segundo lugar. “En un mundo nuevo”, pero la letra añadía “y feliz”. Lo nuevo ya está aquí y desde hace algún tiempo: somos un mundo nuevo porque gozamos de la digitalización y de la IA. También porque, a pesar de todo, no somos felices, ya lo quería Karina en 1971. Seguimos sin serlo.
Un deseo que no existe
La felicidad es un deseo ancestral que no existe, vamos como el caballo tras la zanahoria eternamente. Mucha tecnología es lo que hay y, además, creo que nuestra infantilización y lloriqueos infantiles van en aumento. Si seguimos así podemos llegar a Corín Tellado o a “Simplemente María” o incluso “Ama Rosa”, de las radionovelas a las diginovelas y al llanto cuando vemos alguna película adoctrinadora como “La bola negra” que supongo que se llevará el Óscar, eso ya depende de lo que se lo hayan trabajado entre bambalinas porque los premios suelen precisar de dos factores: tráfico de influencias/cabildeo y calidad en el producto o persona a premiar, por ese orden.
En mi opinión, no nos interesa que exista un mundo nuevo y feliz. ¿Se imaginan ustedes que el humano lograra un mundo nuevo y feliz en el sentido en que lo anhela, es decir, todo en orden, amándonos los unos a los otros y ausencia total de injusticias? ¿Qué sentidos tendrían entonces nuestras vidas? ¿Cómo poder así ser progresista o de la fachosfera? ¿Qué haría el periodismo si no tuviera batallas, batallitas y batallotas y sucesos que narrar?
Ahí van números
Con el dinero público el gobierno intenta que logremos un mundo feliz. Es un error, ¿qué pasará cuando lo logre? ¿Qué haremos con las criaturas que se benefician del dinero que busca un mundo feliz cuando consigan ese mundo? La afiliación sindical en España es más o menos del 13 por ciento de la población digamos activa. Este año, la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas) ha publicado un informe sobre la afiliación a los sindicatos en España. En los últimos 25 años la tasa de trabajadores afiliados a un sindicato ha pasado del 15% a un 13% sobre el total de la población trabajadora. ¿Será eso una señal de que viajamos hacia un mundo nuevo y feliz y los trabajadores ya no necesitan que los defiendan de los explotadores? Ojalá no sea real la barbaridad que acabo de escribir.
Las empresas españolas asociadas a organizaciones empresariales no llegan al 24%. Los empresarios deben vivir -por lo general- en un mundo nuevo y feliz, no precisan contactar entre ellos como nuestros antepasados homínidos u homos. Si esto es así, seguimos en el sendero hacia el mundo nuevo y feliz, una dana de lo más maligna.
Más números, hacia el desastre
Los españoles afiliados a partidos políticos no llegan a 300.000, según Hacienda que lo sabe porque las cuotas desgravan. Según los mismos partidos, el PP afirma tener unos 800.000 y el PSOE alrededor de 200.000; Vox más de 60.000 y Podemos se autoasigna más de 150.000. En cualquier caso, o el personal no quiere desgravarse o cotiza por peteneras. De todas formas, escaso entusiasmo si tenemos en cuenta que en España hay cerca de 30 millones de contribuyentes algunos de los cuales se supone que desgravan sus cuotas a partidos o podrían hacerlo si estuvieran enrolados en ellos. Poca militancia habemus.
Y es que amamos tanto la democracia que ni siquiera necesitamos compromiso democrático. ¿Se va cumpliendo poco a poco el deseo de Karina? Si así fuera, esto sería un desastre, España caminando hacia el mundo nuevo y feliz. ¿Es un desastre un mundo nuevo ahíto de felicidad? Por supuesto, empezando por el progresismo.
Un mundo nuevo y feliz es una apisonadora de puestos de trabajo, por eso el Estado no debe procurar que seamos felices apoquinando. Se reducen los afiliados sindicales pero el gobierno aumenta sus subvenciones y les dio, sobre todo a UGT y CCOO, unos 32 millones de euros para 2025. ¿El gobierno va contra la felicidad? Si esos sindicalistas a sueldo son capaces de construir un mundo nuevo y sin desigualdades, ¿qué razón van a tener para seguir cobrando de la hucha boba?
¿Y los partidos políticos? “Resolución de 9 de enero de 2026, de la Dirección General de Política Interior, por la que se publican las subvenciones estatales anuales, para atender los gastos de funcionamiento ordinario a las diferentes formaciones políticas con representación en el Congreso de los Diputados, durante el cuarto trimestre del ejercicio 2025. Publicación: 9 de enero de 2026 en el BOE. Destino: Gastos de funcionamiento ordinario de los partidos con representación en el Congreso. Ejecución: Pago en doce mensualidades a lo largo del ejercicio”.
“Grupo 1: Partidos de ámbito estatal con mayor representación (Subvención > 1,5M€): Partido Popular (4,72M€), Partido Socialista Obrero Español (3,71M€), VOX (1,54M€). Grupo 2: Coaliciones y sus componentes: La coalición SUMAR, desglosada, suma alrededor de 1,5M€ repartidos entre sus 10 formaciones integrantes, destacando Movimiento Sumar y Podemos. Grupo 3: Partidos nacionalistas/regionales con representación: PSC (0,69M€), ERC (0,26M€), Junts (0,23M€), EH Bildu (0,20M€), PNV (0,16M€). Esta agrupación muestra cómo la financiación refleja fielmente el mapa parlamentario y la diversidad territorial”.
Para que las organizaciones empresariales sean felices o caminen hacia la felicidad, por ejemplo, el 33,7% de los ingresos de la CEOE procede de subvenciones públicas. Sin embargo, en 2024, el Tribunal Supremo anuló 30,6 millones de subvención directa a CEOE, Cepyme y UGT. El alto tribunal estimó que las ayudas no se justifican por el Covid y que se tenía que haber hecho una convocatoria pública. El Supremo contra el estatal deseo de colmarnos de felicidad puesto que apoyando a empresarios y defensores de los trabajadores podría llegar la felicidad. Como todo tiene su lado amargo, la felicidad conllevaría el cese de esa vida tan sacrificada, pero a la vez tan atractiva para miles de pseudofuncionarios que afirman estar entregados a la búsqueda de la felicidad del prójimo, ¿quién los iba a subvencionar entonces? ¿No estamos ante una lawfare del Supremo contra la felicidad en el contexto de un mundo nuevo?
En 2025, un diario considerado de la llamada fachosfera, de cuyo nombre no quiero acordarme pero que se llama La Gaceta de la Iberosfera, publicó: “Las subvenciones a empresas, sindicatos y ONG baten récord: más de 41.500 millones en 2024, el 48% del total de las ayudas concedidas”. Y no quedó ahí la cosa. El aguafiestas añadió que en julio de 2025 el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, aprobó en Consejo de Ministros la concesión de más de 61 millones de euros a diversas organizaciones internacionales. La mayor parte de estos fondos, más de 26,5 millones de euros, se han destinado a organismos de Naciones Unidas, con el objetivo de apoyar iniciativas relacionadas con el cambio climático, el empoderamiento de la mujer y la atención a personas refugiadas.
Desglosando algo, cerca de cinco millones de euros a ONU Mujeres, la entidad de Naciones Unidas dedicada a la «igualdad de género y el empoderamiento femenino». Casi 10 millones de euros a organizaciones internacionales vinculadas a la gestión de flujos migratorios. Entre estas, destacan los 3,1 millones de euros destinados a la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), 850.000 euros al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y seis millones de euros a la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA).
Un mundo nuevo no es rentable
Conclusión provisional. La lucha del progresismo y del regresismo por un mundo nuevo no es rentable, deben rechazar las subvenciones, porque si siguen adelante y sus destinatarios logran por fin ese mundo feliz, ¿de qué van a vivir física y espiritualmente quienes trabajan para alcanzar esa felicidad? Si no hay trabajadores que defender ni empresarios a los que apoyar, ni vulnerables a los que auxiliar, ¿qué va a ser de los progresistas, de los regresistas, de los empresarios, etc.? ¿Harán falta los Estados y los gobiernos en un mundo nuevo y feliz?
Y, ¿qué futuro les espera en un mundo feliz a los creyentes en distintas religiones si no tienen caridades que quitarse del bolsillo porque el Estado y los gobiernos lo pagan todo y suben hasta los salarios mínimos o bajan impuestos? ¿Cómo van a callar sus conciencias y a salvarse “cuando llegue el día del último viaje y esté al partir la nave que nunca ha de tornar”? Encima se irán al éter no ligeros de equipaje sino todo lo contrario. ¡A ver cómo entran en el Cielo así!
Como digo tantas veces, no somos nosotros quienes atendemos a los más necesitados y vulnerables, sino que ellos justifican nuestra existencia y la de los gobiernos. Son los vulnerables quienes atienden nuestras necesidades de felicidad y mundos nuevos. Por tanto, es imprescindible desear que todo siga patas arriba, que el mundo sea infeliz y viejo con apariencia de nuevo y feliz y que enterremos la canción de Karina en la profundidad más arcana. Con razón no ganó Eurovisión, una mano gloriosa y esotérica lo impidió con acierto.
A mí me parece que como unos y otros más unas y otras saben que el mundo nuevo y feliz nunca va a llegar, se aplican el carpe diem y el “toma el dinero público y corre”. Y de paso se autosugestionan y autoengañan con eso de que desarrollan una labor solidaria, revolucionaria, empresarial y de servicio público y, venga, que siga la obra teatral, “he aquí el tinglado de la vieja farsa”, como diría Jacinto Benavente.
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