La muerte ha sido es y será protagonista. Esta semana ha estado aún más cargada de muerte con el pavoroso accidente de los trenes de alta velocidad en la línea más antigua -la primera- de este tipo de transporte: la que une Sevilla con Madrid que empezó a caminar con motivo de la Expo de 1992 ante el asombro y la alabanza de todos, hasta de Barak Obama que elogió la línea en 2009. El entonces presidente de EEUU puso como ejemplo el AVE entre Madrid y Sevilla durante la exposición de un ambicioso plan de transportes por ferrocarril para su país.
Un país zombi
La muerte en menos de un año de más de cien personas en accidentes graves de trenes de larga distancia nos ha inundado por dentro de todo tipo de emociones dañinas. No sólo han muerto más de cien personas, sino que esas muertes han sido la puntilla a una piel de toro que estaba demasiado arrimada a las tablas de una plaza de faenas desastrosas llamada España.
Es España la que ahora mismo está muerta ante los ojos del mundo desarrollado, no hace falta el cuento de que nos invada Putin ni que Irán lance un misil que estalle en Rota, no hace falta la habitual crítica a Trump o Milei o que llegue Abascal y nos encierre en campos de concentración. Entre millones de españoles la matamos y ella sola se murió.
¿Contra quién va a ser ahora la huelga general del 11 de noviembre? ¿Contra un país zombi? ¿Contra las derechas y la extrema derecha? ¿Contra los mismos que las convocan que viven del dinero que ganaron los ciudadanos vivos de un país muerto? No, ya es demasiado, ya no puedo creer en tanto predicador que defiende a una España muerta con el argumento famoso del peligro de la ultraderecha y se aplican aquello de “Virgencita que me quede como estoy”. Aunque los admire y les tenga cariño en no pocos casos, lamento que esos intelectuales, activistas y periodistas sean incapaces de mirarse por dentro y tener la valentía de reconocer que es complicado empeorar más las cosas y estar más muertos de lo que ya lo estamos.
Qué pronto han cantado a coro la misma canción: no politizar la muerte, es decir, no te plantees qué hay más allá del hecho, no pienses salvo en lo que nosotros te digamos y como te lo digamos. Colegas, no contéis conmigo para eso que en España cada vez hay más silencio impuesto por el progresismo mutado en regresismo. En la calle, en la universidad incluso, silencio, silencio. Antonio Machado dijo: si no hacéis política, la política se hará contra vosotros.
Crecimiento y desarrollo
¿Que la economía va bien? Supongamos que sí, pero siempre se refieren los progres al crecimiento, no al desarrollo y, por favor, no soy un idiota redomado, hace ya muchos años, cuando ejercía como alumno en la universidad, leí el libro de Pierre Vilar “Crecimiento y desarrollo” y me lo explicaron eminentes cerebros como el de León Carlos Álvarez Santaló.
El crecimiento pueden ser sólo números y beneficios para minorías, el desarrollo es que el crecimiento llegue a la inmensa mayoría de la población y que, por ejemplo, no se permita la competencia de productos agrícolas potencialmente insanos que proceden de terceros países mientras los que producimos nosotros deben someterse a múltiples burocracias y exámenes. Por otra parte, España se ha llenado de personas en la pobreza o amenazados por ella, ahí está Sevilla encabezando esa vergüenza.
El desarrollo es competir con las grandes multinacionales y los especuladores españoles de viviendas construyendo múltiples viviendas sociales hasta provocar la ira de los especuladores contra el Estado, eso es progresismo, lo demás son gaitas. Desarrollo es frenar la codicia del capital salvaje, en este caso ferroviario, que en cuatro o cinco años nos ha metido -por las mismas vías- varias empresas extranjeras de trenes de alta velocidad. El AVE que chocó con el Yryo que estaba parado iba por la misma anticuada vía y cuando veo y viajo en trenes de cercanías en Sevilla que comparten una sola vía para ir y volver no sé si llorar o reír.
El miedo al cambio
Progresistas, eso lo habéis hecho vosotros desde unas Cortes inoperantes. Por muchas autonomías que existan, España no es un país de Estados todavía, es un espacio geográfico donde compiten dos ciudades a ver cuál es la más poderosa y tenemos un par de zonas autónomas con privilegios llamados derechos forales.
Aunque fuisteis mi esperanza de un mundo mejor durante años, ya no os puedo defender ni entiendo a quienes os defienden aún a no ser que sean demasiado débiles para tirar a la basura estrategias e ideales que deben ser revisados por mucho que Lula haya ganado las elecciones en Brasil, un Lula que dejó esperando a Chávez y lo primero que hizo en su primera victoria en 2002 fue visitar a Bush en su rancho para decirle que él era progresista pero no peligroso. Como Roma no paga traidores acabó en la cárcel y ahora ha escarmentado y se ha envalentonado contra EEUU que lo hará caer en cuanto quiera. Su progresismo ya lo conozco en España: ha sido el de comprar voluntades con dinero y promesas antes de la segunda vuelta electoral.
Nuestros progresistas permitieron que a partir de 2021 la sinrazón del capital metiera en España varias compañías de alta velocidad al mismo tiempo que ignoraba la obligación constitucional de presentar cada año nuevos presupuestos para vigilar y mejorar la infraestructura ferroviaria que, como todo ser del universo -vivo o no vivo-, envejece debido a la segunda ley de la termodinámica. La muerte no es sólo asunto de vivos sino de no vivos también, sometidos al desgaste de los años y más cuando sobre ellos pasan -cada dos por tres- miles de toneladas de peso en forma de trenes cuyas empresas se pelean entre ellas a ver quién coloca el billete más barato.
Detener la barbarie
¿Quién debería haber detenido o administrado toda esta barbarie? ¿Las derechas y la extrema derecha? No, hemos quedado en que son los malos contra los que hay que hacer una huelga el día 11 a la vista de que han votado en conciencia que los decretos de la vivienda no van a funcionar porque lo que hacéis es una tortilla sin huevos, es decir, pretendéis regular el desastre de las viviendas coartando la iniciativa individual porque esa iniciativa es presuntamente maligna en lugar de eliminar la iniciativa misma o hacerle la competencia en pro del “pueblo”. Eso que hacéis se llama socialdemocracia, es decir, capitalismo administrado que ni come ni deja comer, progresismo barato.
Estoy de acuerdo cuando medios de comunicación de la oposición (por ejemplo, ABC) a este progresismo de pitiminí le recuerdan y argumentan que se calcula una necesidad anual de inversión ferroviaria de 2.900 millones y en 2025 sólo se invirtieron 1.100. La diferencia es un precio inasumible si tenemos en cuenta, además, que el Estado había comprometido añadir una partida adicional de 4.695 millones en el periodo 2021-24, que quedaron en 3.600, mientras el Gobierno gestionaba el mayor ciclo de ingresos fiscales de la historia, con 100.000 millones de euros extra, y maneja con tanta alegría las promesas electorales, 20.000 millones de los 'martes sociales' en campaña.
Claro, ¡si es que se lo habéis puesto a huevo, progres sin progreso! ¡Ahí tenéis a la derecha favoreciendo la idea del Estado como inversor y vosotros centrados en los impuestos! El mundo al revés, vosotros como Diego Corriente, aquél que, en Andalucía, por los caminos andaba. El que a los ricos robaba y a los pobres socorría… y se quedaba con una comisión para encima no terminar con la pobreza.
Pude perder una hija
En lo personal, tengo una hija que trabaja en Iryo, en las oficinas de la estación de Sevilla que me da vergüenza llamarla Santa Justa cuando tenemos a Antonio y Manuel Machado y a Luis Cernuda por ahí (¿cuántos trenes tomó Santa Justa?, ¿en cuantos aviones se subió San Pablo que da nombre al aeropuerto? Esa es otra historia, el atraso cultural de Sevilla, Santa Justa es nombre elegido también por “los progresistas”).
El trabajo de mi hija incluye viajar con frecuencia en el Yryo que estaba parado y a pesar de que avisó de que tenía problemas llegó el AVE por detrás a toda leche y pasó lo que pasó. Mi hija no trabajaba el día del desastre, pero la angustia que sentí hasta que me lo dijo aún no se me ha pasado y los muertos y heridos de la tragedia me han dolido y me duelen más que nunca. Dos empleados de Yryo, compañeros de mi hija, han muerto y una compañera resultó herida grave y hospitalizada. Se llaman Carlos, Nelson y Alicia que se rompió la cadera.
Si mi hija hubiera sufrido algún percance o hubiera muerto tendría que haberme mordido mucho más la lengua, tomar tranquilizantes y frenar muchísimo mis dedos para escribir este texto con el mayor rigor posible. Hace poco, en otra de mis macrocolumnas -en realidad artículos que cansan al personal que los lee, pero creo que no voy a cambiar a menos que me canse o me lo digan los superiores de este diario-, hace poco, decía, escribí que el capitalismo es el sistema más asesino que hemos inventado.
Mirando por la alcancía
Sin pensar en las consecuencias o, lo que sería peor, sabiéndolo, pero mirando sobre todo por la alcancía, “en 2025 la alta velocidad movió 44,5 millones de viajeros, el doble que antes de la pandemia, y los operadores colocaron 55 millones de plazas. Renfe, Iryo y Ouigo compiten por precio en un negocio que en lo que va de 2026 ha perdido más de un millón de viajeros: cuando el volumen deja de crecer, la guerra de tarifas se libra sobre márgenes que no dan para mucho”.
Estábamos ante una red saturada, un gestor de infraestructura desbordado y un coste de mantenimiento comprometido en más de 1.800 millones de euros anuales. Si mi hija hubiera muerto todo lo anterior hubiera sido su asesino como lo ha sido de las personas fallecidas esta semana y también el responsable de las afectadas en general. Una idea asesina, la codicia, con unos cómplices que se llaman progresistas.
A mí me parece o quiero creer que no todos los partidos capitalistas del mundo y de España asumen esto ni todos los “progresismos” lo permiten, por todas partes han circulado los números de fallecidos mundiales de los trenes bala de Japón o de la alta velocidad de otros países, casi todos con cero decesos, Francia era la más llamativa con 11 o 12, Turquía 9, España más de 110. Aunque, en teoría, sea probable y los mercaderes del tren puedan despreciar los principios morales y éticos de los propios fundadores del capitalismo, el hecho es que la España progresista es la que ha acumulado más muertos en menos años. Por tanto, la alternativa progresista es otro engaño que juega al progresismo siendo en el fondo un cliente del capitalismo.
Repito: entre unos y otros la mataron y ella solita se murió. España ahora está muerta y la descarada huelga del 11 de noviembre se va a parecer a las campanas del poema del inglés John Donne (siglo XVI) que le sirvió a Hemingway para titular una de sus novelas más conocidas: ¿por quién doblan las campanas? Doblan por nosotros, empezando por quienes convocan una huelga contra sí mismos, para no reconocerlo se agarran adonde sea, incluso a la idiotez supina de negar el principio universal de la casuística.
El ministro Óscar Puente afirmó en un primer momento que el accidente fue “inexplicable”. Un efecto sin causa, afirmación propia de una persona a primera vista inexplicable que insulta a los ciudadanos por las redes sociales. Eso tiene una explicación: mediocridad, incapacidad, inmadurez, cobardía, irresponsabilidad.
Epílogo. Rueda de prensa
Me tragué el viernes 30 la rueda de prensa del señor Puente. Se defendió bien, como decimos en Andalucía, “tenía salía pa tó”. Siempre me he preguntado para qué sirven casi todas las comparecencias parlamentarias y ruedas de prensa. El señor ministro no posee en su CV ni una huella de especialización en infraestructuras y menos en trenes y todo lo que conllevan. Y, por las preguntas, parece que había allí pocos periodistas expertos en la materia, por no decir ninguno. El mismo ministro se preguntó si todos los presentes se iban a convertir en expertos ingenieros en la materia.
La ingeniera en la materia ya había hablado antes de la rueda de prensa. Isabel Pardo de Vera, expresidenta de Adif, ingeniera de caminos, canales y puertos, entrevista en El Mundo: «El Gobierno no puede hablar de error humano después de lo que ha hecho con el mantenimiento y la seguridad». Algo similar han afirmado otros ingenieros, todos son fascistas, por supuesto.
Es evidente que cualquiera en esta España muerta puede ser ministro de lo que sea. Si dimite o echan al ministro Puente y llama Pedro Sánchez a alguien para reemplazarlo, ese alguien -otro “iletrado”- agarra la poltrona, luego tutoriales de Internet y unos cuantos asesores técnicos en Comunicación y a jugar. Cuando yo trabajaba como responsable de relaciones con la prensa de aquel Instituto de Fomento de Andalucía (IFA) que tan mal acabó, si el presidente del IFA tenía que comparecer ante comisión parlamentaria le preparábamos varias decenas de preguntas que le podían hacer los distintos partidos.
Al final acertábamos. No había pregunta que no la llevara en la chuleta y además muchas se quedaban sin preguntar siquiera. Eso y una intensa y contrarreloj preparación en trenes -LZB, RTMS, cantones…- más la labia del ministro, la carita de no haber roto un plato y la falta de expertos libres de influencias gubernamentales y de periodistas libres de la bota gubernamental y además muy entendidos en vías y trenes, todo eso es suficiente para una cómoda rueda de prensa.
Lo que más me llamó la atención es lo que el ministro dijo sobre la base de la declaración del CEO de Iryo, Fabrizio Favara, en comparecencia en el Senado tres semanas antes del accidente ferroviario en Urda: las caídas del sistema LZB (encargado de la vigilancia de las vías) provocaban la detención de sus trenes. Dijo el ministro (1h, 7 min. 24 seg): “eso es un problema del material embarcado que tiene Iryo en esos trenes y que si tienen algún problema tendrán que resolverlo probablemente con inversiones que a lo mejor no quieren hacer como consecuencia de que el sistema LZB es un sistema que está a punto de ser sustituido, pero no es un problema del sistema”.
¡Toma ya! Es un sistema antiguo con 34 años de vigencia y estamos ante un miembro del Ejecutivo que no ejecuta su obligación de presionar a Iryo y a otras compañías porque el problema no es exactamente de Iryo, sino, en mayor medida, del gobierno y de los españoles que se suben a los trenes esperando llegar a su destino. ¿Para qué lo elegimos a usted, entonces, ministro, para que haga bravuconadas por las redes?
Seguro que el lógico acojono que el señor Puente tenía antes de la comparecencia se le pasó pronto. Lo demás lo llevará por dentro este personaje que en realidad está muerto como muerta está España y como muerta nace su inefable huelga general del día 11 por mucho que los encapuchados griten, salten y roben.
La muerte ha sido es y será protagonista. Esta semana ha estado aún más cargada de muerte con el pavoroso accidente de los trenes de alta velocidad en la línea más antigua -la primera- de este tipo de transporte: la que une Sevilla con Madrid que empezó a caminar con motivo de la Expo de 1992 ante el asombro y la alabanza de todos, hasta de Barak Obama que elogió la línea en 2009. El entonces presidente de EEUU puso como ejemplo el AVE entre Madrid y Sevilla durante la exposición de un ambicioso plan de transportes por ferrocarril para su país.
Un país zombi
La muerte en menos de un año de más de cien personas en accidentes graves de trenes de larga distancia nos ha inundado por dentro de todo tipo de emociones dañinas. No sólo han muerto más de cien personas, sino que esas muertes han sido la puntilla a una piel de toro que estaba demasiado arrimada a las tablas de una plaza de faenas desastrosas llamada España.
Es España la que ahora mismo está muerta ante los ojos del mundo desarrollado, no hace falta el cuento de que nos invada Putin ni que Irán lance un misil que estalle en Rota, no hace falta la habitual crítica a Trump o Milei o que llegue Abascal y nos encierre en campos de concentración. Entre millones de españoles la matamos y ella sola se murió.
¿Contra quién va a ser ahora la huelga general del 11 de noviembre? ¿Contra un país zombi? ¿Contra las derechas y la extrema derecha? ¿Contra los mismos que las convocan que viven del dinero que ganaron los ciudadanos vivos de un país muerto? No, ya es demasiado, ya no puedo creer en tanto predicador que defiende a una España muerta con el argumento famoso del peligro de la ultraderecha y se aplican aquello de “Virgencita que me quede como estoy”. Aunque los admire y les tenga cariño en no pocos casos, lamento que esos intelectuales, activistas y periodistas sean incapaces de mirarse por dentro y tener la valentía de reconocer que es complicado empeorar más las cosas y estar más muertos de lo que ya lo estamos.
Qué pronto han cantado a coro la misma canción: no politizar la muerte, es decir, no te plantees qué hay más allá del hecho, no pienses salvo en lo que nosotros te digamos y como te lo digamos. Colegas, no contéis conmigo para eso que en España cada vez hay más silencio impuesto por el progresismo mutado en regresismo. En la calle, en la universidad incluso, silencio, silencio. Antonio Machado dijo: si no hacéis política, la política se hará contra vosotros.
Crecimiento y desarrollo
¿Que la economía va bien? Supongamos que sí, pero siempre se refieren los progres al crecimiento, no al desarrollo y, por favor, no soy un idiota redomado, hace ya muchos años, cuando ejercía como alumno en la universidad, leí el libro de Pierre Vilar “Crecimiento y desarrollo” y me lo explicaron eminentes cerebros como el de León Carlos Álvarez Santaló.
El crecimiento pueden ser sólo números y beneficios para minorías, el desarrollo es que el crecimiento llegue a la inmensa mayoría de la población y que, por ejemplo, no se permita la competencia de productos agrícolas potencialmente insanos que proceden de terceros países mientras los que producimos nosotros deben someterse a múltiples burocracias y exámenes. Por otra parte, España se ha llenado de personas en la pobreza o amenazados por ella, ahí está Sevilla encabezando esa vergüenza.
El desarrollo es competir con las grandes multinacionales y los especuladores españoles de viviendas construyendo múltiples viviendas sociales hasta provocar la ira de los especuladores contra el Estado, eso es progresismo, lo demás son gaitas. Desarrollo es frenar la codicia del capital salvaje, en este caso ferroviario, que en cuatro o cinco años nos ha metido -por las mismas vías- varias empresas extranjeras de trenes de alta velocidad. El AVE que chocó con el Yryo que estaba parado iba por la misma anticuada vía y cuando veo y viajo en trenes de cercanías en Sevilla que comparten una sola vía para ir y volver no sé si llorar o reír.
El miedo al cambio
Progresistas, eso lo habéis hecho vosotros desde unas Cortes inoperantes. Por muchas autonomías que existan, España no es un país de Estados todavía, es un espacio geográfico donde compiten dos ciudades a ver cuál es la más poderosa y tenemos un par de zonas autónomas con privilegios llamados derechos forales.
Aunque fuisteis mi esperanza de un mundo mejor durante años, ya no os puedo defender ni entiendo a quienes os defienden aún a no ser que sean demasiado débiles para tirar a la basura estrategias e ideales que deben ser revisados por mucho que Lula haya ganado las elecciones en Brasil, un Lula que dejó esperando a Chávez y lo primero que hizo en su primera victoria en 2002 fue visitar a Bush en su rancho para decirle que él era progresista pero no peligroso. Como Roma no paga traidores acabó en la cárcel y ahora ha escarmentado y se ha envalentonado contra EEUU que lo hará caer en cuanto quiera. Su progresismo ya lo conozco en España: ha sido el de comprar voluntades con dinero y promesas antes de la segunda vuelta electoral.
Nuestros progresistas permitieron que a partir de 2021 la sinrazón del capital metiera en España varias compañías de alta velocidad al mismo tiempo que ignoraba la obligación constitucional de presentar cada año nuevos presupuestos para vigilar y mejorar la infraestructura ferroviaria que, como todo ser del universo -vivo o no vivo-, envejece debido a la segunda ley de la termodinámica. La muerte no es sólo asunto de vivos sino de no vivos también, sometidos al desgaste de los años y más cuando sobre ellos pasan -cada dos por tres- miles de toneladas de peso en forma de trenes cuyas empresas se pelean entre ellas a ver quién coloca el billete más barato.
Detener la barbarie
¿Quién debería haber detenido o administrado toda esta barbarie? ¿Las derechas y la extrema derecha? No, hemos quedado en que son los malos contra los que hay que hacer una huelga el día 11 a la vista de que han votado en conciencia que los decretos de la vivienda no van a funcionar porque lo que hacéis es una tortilla sin huevos, es decir, pretendéis regular el desastre de las viviendas coartando la iniciativa individual porque esa iniciativa es presuntamente maligna en lugar de eliminar la iniciativa misma o hacerle la competencia en pro del “pueblo”. Eso que hacéis se llama socialdemocracia, es decir, capitalismo administrado que ni come ni deja comer, progresismo barato.
Estoy de acuerdo cuando medios de comunicación de la oposición (por ejemplo, ABC) a este progresismo de pitiminí le recuerdan y argumentan que se calcula una necesidad anual de inversión ferroviaria de 2.900 millones y en 2025 sólo se invirtieron 1.100. La diferencia es un precio inasumible si tenemos en cuenta, además, que el Estado había comprometido añadir una partida adicional de 4.695 millones en el periodo 2021-24, que quedaron en 3.600, mientras el Gobierno gestionaba el mayor ciclo de ingresos fiscales de la historia, con 100.000 millones de euros extra, y maneja con tanta alegría las promesas electorales, 20.000 millones de los 'martes sociales' en campaña.
Claro, ¡si es que se lo habéis puesto a huevo, progres sin progreso! ¡Ahí tenéis a la derecha favoreciendo la idea del Estado como inversor y vosotros centrados en los impuestos! El mundo al revés, vosotros como Diego Corriente, aquél que, en Andalucía, por los caminos andaba. El que a los ricos robaba y a los pobres socorría… y se quedaba con una comisión para encima no terminar con la pobreza.
Pude perder una hija
En lo personal, tengo una hija que trabaja en Iryo, en las oficinas de la estación de Sevilla que me da vergüenza llamarla Santa Justa cuando tenemos a Antonio y Manuel Machado y a Luis Cernuda por ahí (¿cuántos trenes tomó Santa Justa?, ¿en cuantos aviones se subió San Pablo que da nombre al aeropuerto? Esa es otra historia, el atraso cultural de Sevilla, Santa Justa es nombre elegido también por “los progresistas”).
El trabajo de mi hija incluye viajar con frecuencia en el Yryo que estaba parado y a pesar de que avisó de que tenía problemas llegó el AVE por detrás a toda leche y pasó lo que pasó. Mi hija no trabajaba el día del desastre, pero la angustia que sentí hasta que me lo dijo aún no se me ha pasado y los muertos y heridos de la tragedia me han dolido y me duelen más que nunca. Dos empleados de Yryo, compañeros de mi hija, han muerto y una compañera resultó herida grave y hospitalizada. Se llaman Carlos, Nelson y Alicia que se rompió la cadera.
Si mi hija hubiera sufrido algún percance o hubiera muerto tendría que haberme mordido mucho más la lengua, tomar tranquilizantes y frenar muchísimo mis dedos para escribir este texto con el mayor rigor posible. Hace poco, en otra de mis macrocolumnas -en realidad artículos que cansan al personal que los lee, pero creo que no voy a cambiar a menos que me canse o me lo digan los superiores de este diario-, hace poco, decía, escribí que el capitalismo es el sistema más asesino que hemos inventado.
Mirando por la alcancía
Sin pensar en las consecuencias o, lo que sería peor, sabiéndolo, pero mirando sobre todo por la alcancía, “en 2025 la alta velocidad movió 44,5 millones de viajeros, el doble que antes de la pandemia, y los operadores colocaron 55 millones de plazas. Renfe, Iryo y Ouigo compiten por precio en un negocio que en lo que va de 2026 ha perdido más de un millón de viajeros: cuando el volumen deja de crecer, la guerra de tarifas se libra sobre márgenes que no dan para mucho”.
Estábamos ante una red saturada, un gestor de infraestructura desbordado y un coste de mantenimiento comprometido en más de 1.800 millones de euros anuales. Si mi hija hubiera muerto todo lo anterior hubiera sido su asesino como lo ha sido de las personas fallecidas esta semana y también el responsable de las afectadas en general. Una idea asesina, la codicia, con unos cómplices que se llaman progresistas.
A mí me parece o quiero creer que no todos los partidos capitalistas del mundo y de España asumen esto ni todos los “progresismos” lo permiten, por todas partes han circulado los números de fallecidos mundiales de los trenes bala de Japón o de la alta velocidad de otros países, casi todos con cero decesos, Francia era la más llamativa con 11 o 12, Turquía 9, España más de 110. Aunque, en teoría, sea probable y los mercaderes del tren puedan despreciar los principios morales y éticos de los propios fundadores del capitalismo, el hecho es que la España progresista es la que ha acumulado más muertos en menos años. Por tanto, la alternativa progresista es otro engaño que juega al progresismo siendo en el fondo un cliente del capitalismo.
Repito: entre unos y otros la mataron y ella solita se murió. España ahora está muerta y la descarada huelga del 11 de noviembre se va a parecer a las campanas del poema del inglés John Donne (siglo XVI) que le sirvió a Hemingway para titular una de sus novelas más conocidas: ¿por quién doblan las campanas? Doblan por nosotros, empezando por quienes convocan una huelga contra sí mismos, para no reconocerlo se agarran adonde sea, incluso a la idiotez supina de negar el principio universal de la casuística.
El ministro Óscar Puente afirmó en un primer momento que el accidente fue “inexplicable”. Un efecto sin causa, afirmación propia de una persona a primera vista inexplicable que insulta a los ciudadanos por las redes sociales. Eso tiene una explicación: mediocridad, incapacidad, inmadurez, cobardía, irresponsabilidad.
Epílogo. Rueda de prensa
Me tragué el viernes 30 la rueda de prensa del señor Puente. Se defendió bien, como decimos en Andalucía, “tenía salía pa tó”. Siempre me he preguntado para qué sirven casi todas las comparecencias parlamentarias y ruedas de prensa. El señor ministro no posee en su CV ni una huella de especialización en infraestructuras y menos en trenes y todo lo que conllevan. Y, por las preguntas, parece que había allí pocos periodistas expertos en la materia, por no decir ninguno. El mismo ministro se preguntó si todos los presentes se iban a convertir en expertos ingenieros en la materia.
La ingeniera en la materia ya había hablado antes de la rueda de prensa. Isabel Pardo de Vera, expresidenta de Adif, ingeniera de caminos, canales y puertos, entrevista en El Mundo: «El Gobierno no puede hablar de error humano después de lo que ha hecho con el mantenimiento y la seguridad». Algo similar han afirmado otros ingenieros, todos son fascistas, por supuesto.
Es evidente que cualquiera en esta España muerta puede ser ministro de lo que sea. Si dimite o echan al ministro Puente y llama Pedro Sánchez a alguien para reemplazarlo, ese alguien -otro “iletrado”- agarra la poltrona, luego tutoriales de Internet y unos cuantos asesores técnicos en Comunicación y a jugar. Cuando yo trabajaba como responsable de relaciones con la prensa de aquel Instituto de Fomento de Andalucía (IFA) que tan mal acabó, si el presidente del IFA tenía que comparecer ante comisión parlamentaria le preparábamos varias decenas de preguntas que le podían hacer los distintos partidos.
Al final acertábamos. No había pregunta que no la llevara en la chuleta y además muchas se quedaban sin preguntar siquiera. Eso y una intensa y contrarreloj preparación en trenes -LZB, RTMS, cantones…- más la labia del ministro, la carita de no haber roto un plato y la falta de expertos libres de influencias gubernamentales y de periodistas libres de la bota gubernamental y además muy entendidos en vías y trenes, todo eso es suficiente para una cómoda rueda de prensa.
Lo que más me llamó la atención es lo que el ministro dijo sobre la base de la declaración del CEO de Iryo, Fabrizio Favara, en comparecencia en el Senado tres semanas antes del accidente ferroviario en Urda: las caídas del sistema LZB (encargado de la vigilancia de las vías) provocaban la detención de sus trenes. Dijo el ministro (1h, 7 min. 24 seg): “eso es un problema del material embarcado que tiene Iryo en esos trenes y que si tienen algún problema tendrán que resolverlo probablemente con inversiones que a lo mejor no quieren hacer como consecuencia de que el sistema LZB es un sistema que está a punto de ser sustituido, pero no es un problema del sistema”.
¡Toma ya! Es un sistema antiguo con 34 años de vigencia y estamos ante un miembro del Ejecutivo que no ejecuta su obligación de presionar a Iryo y a otras compañías porque el problema no es exactamente de Iryo, sino, en mayor medida, del gobierno y de los españoles que se suben a los trenes esperando llegar a su destino. ¿Para qué lo elegimos a usted, entonces, ministro, para que haga bravuconadas por las redes?
Seguro que el lógico acojono que el señor Puente tenía antes de la comparecencia se le pasó pronto. Lo demás lo llevará por dentro este personaje que en realidad está muerto como muerta está España y como muerta nace su inefable huelga general del día 11 por mucho que los encapuchados griten, salten y roben.
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