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Ezequiel, el niño de Chipiona que ya tiene las piernas amputadas, sigue viviendo en una 'mobil home' en una azotea

Los padres del pequeño esperan que se resuelva cuanto antes la reclamación patrimonial interpuesta ante el Servicio Andaluz de Salud, ya que nació en el Hospital de Pascual en Sanlúcar

  • José Ramón Seren y Laura Rodríguez, con su hijo Ezequiel en brazos. -

Ezequiel no para quieto en el sofá. Como a todo niño de año y medio, no se le puede dejar sin supervisión, porque se tira de cabeza hacia el suelo. Su madre, Laura Rodríguez, lo cuenta con una mezcla de cansancio y orgullo, porque hace poco apenas tenía movilidad. Paradójicamente, relata, desde que le amputaron las piernas por debajo de la rodilla tiene más movilidad. 

Porque Ezequiel Seren Rodríguez no tienen aún seis meses de vida y ya sabe lo que es pasar por quirófano para una operación que le ha cambiado la vida para siempre. Le amputaron las dos piernas por debajo de la rodilla, y aún se encuentra en plena recuperación, que será muy lenta. 

El pequeño nació con graves malformaciones —ausencia bilateral de tibias, de rótulas y cuádriceps, luxaciones congénitas de caderas y rodillas, anomalías en los huesos de los brazos, deformidades en ambas manos, pies equinovaros rígidos, posible fémur bífido y una válvula aórtica bicúspide— y sus padres aún no se explican cómo no se las detectaron en las ecografías que le hicieron a la madre durante el embarazo. 

  • Laura sostiene en brazos a su hijo Ezequiel. 
  •  

Para colmo, José Ramón Seren y Laura Rodríguez, treintañeros, viven con su hijo en una mobil home ubicada en la azotea de la casa de la abuela del pequeño, la madre de Laura, porque les fue imposible encontrar una vivienda en alquiler que pudieran costearse en Chipiona. A su lucha por el bienestar de su hijo, suman una nueva historia que pone cara al drama de la vivienda. Una muy cruda.

La mejoría física de Ezequiel, lenta pero progresiva, es lo más positivo de un relato que ya contó lavozdelsur.es el pasado verano, cuando la familia estaba esperando la llamada del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla que le dijera la fecha de la operación del pequeño. Fue a principios de octubre y ahora están en una nueva fase: la de las curas, la rehabilitación y la espera de que llegue el momento de empezar a probar las prótesis. 

Pero los problemas de fondo de Ezequiel, Laura y José Ramón siguen ahí, porque continúan viviendo en una casa de juguete, y aún no saben nada de la reclamación patrimonial que interpusieron ante el Servicio Andaluz de Salud (SAS), al que le reclaman 1,7 millones de euros.

El abogado de la familia, Carlos Gómez Menchaca, consultado por este periódico, confirma que están a la espera del informe de la inspección médica del SAS, un trámite obligatorio previo a cualquier resolución. “Si este mes no tenemos novedades, iremos al Juzgado de lo Contencioso-Administrativo de Sevilla”, confirma.

La reclamación al SAS, aún sin respuesta 

El embarazo de Laura fue tranquilo. Ninguno de los informes de seguimiento detectó anomalía alguna. No les dijeron que hubiera nada extraño. Pero aunque cuentan con documentos que recogen que las extremidades eran normales, no fue así. Y no entienden cómo nadie los avisó. Cómo pudo fallar el diagnóstico prenatal de esta manera. 

  • Laura Rodríguez muestra una de las ecografías de Ezequiel.
  •  

El seguimiento al embarazo se lo hicieron en el Hospital Virgen del Camino de Sanlúcar, un centro concertado con el SAS que gestiona Hospitales Pascual. Las ecografías y los controles prenatales fueron informados como normales. No les dieron la opción de elegir, en su momento, qué querían hacer.

De ahí que la familia haya interpuesto una reclamación patrimonial al SAS, en la que le pide 1.7 millones de euros para hacer frente a los numerosos gastos que tendrán que afrontar para que su hijo tenga una vida más cómoda. “Queremos una casa para él, y poder hacer frente a todo lo que necesite”, dice José Ramón Seren. El documento se presentó en octubre de 2025 y sigue pendiente de respuesta.

El SAS declinó en su día informar sobre casos concretos y señaló que la reclamación se tramita por los cauces establecidos. Hospitales Pascual, gestora del centro concertado donde se realizó el seguimiento del embarazo y nació el niño, no respondió a las consultas de este periódico.

Una operación de cuatro horas y media 

Ezequiel entró en quirófano el 1 de octubre y estuvo cuatro horas y media dentro. Un tiempo que sus padres pasaron con muchos nervios, temiendo cómo sería el momento en el que vieran a su hijo con las piernas amputadas. 

  • Ezequiel tiene las piernas vendadas, aún debe curarse las cicatrices tras la amputación.
  •  

La primera en entrar fue Laura. Ezequiel estaba llorando desconsoladamente. “Me vio, lo toqué y se calmó”, recuerda. Se abrazaron y lloraron juntos. “Yo me quería morir. Es como si te quitaran a ti una parte de tu cuerpo. Prefería que me lo hubieran quitado a mí”, dice. 

Durante los días posteriores a la intervención, Ezequiel no sonreía, algo que preocupó a sus padres, porque es un niño muy risueño. “Una sonrisita a mamá”, le pedía Laura. Pero poco después, ya volvía a ser él. El bebé inquieto que no para de moverse, de investigar, de reírse con todo y con todos. 

Cuatro días después de la intervención, ya quiso sentarse. No aguantaba tumbado. Los médicos explicaron a Laura y José Ramón que las piernas del pequeño tenían los tendones retraídos, y que al retirarle parte de la anatomía afectada, se han liberado tendones y musculatura. Ahora tiene más agilidad, y puede permanecer sentado.

Una recuperación lenta, en espera de las prótesis 

Ezequiel aún tiene las piernas vendadas. Las profundas heridas tardarán en sanar. De las dos, la de la pierna izquierda aún conserva cuatro grapas. Cuando se las retiren, sus padres seguirán curándolo para que se le cierre la cicatriz. Después empezará a probarse el liner, la funda de silicona que protege los muñones y va preparando el terreno para las futuras prótesis. 

  • José Ramón Seren, padre de Ezequiel, en un momento de la entrevista.
  •  

La cicatrización interna tardará unos tres meses. Entonces, podrá empezar a cargar peso sobre los muñones y a ponerse pie. Para primavera, con suerte, esperan poder estar en esa fase. 

En breve retomará Ezequiel las sesiones en el Centro de Atención Infantil Temprana (CAIT) de Chipiona. Y cuando su recuperación lo permita, las sesiones de rehabilitación, piscina, logopedia… Una vuelta a la rutina —por llamarlo de alguna manera— que están deseando, pero que aún ven lejos. 

Una operación que cuesta más de 25.000 euros 

El pequeño tiene otro frente médico abierto. A Ezequiel le faltan el cúbito y el radio de uno de los brazos, por lo que tendrá que pasar por quirófano de nuevo. Una operación que en el SAS le cubren, pero no les convence el resultado, porque le dejaría el brazo inmovilizado. 

Han consultado a un especialista privado, en Barcelona, que plantea otro tratamiento: colocar un sistema tornillos que van alargando el hueso de forma progresiva. Aunque aún no tiene precio cerrado, calculan que puede estar entre 25.000 y 35.000 euros, sin contar los desplazamientos a Barcelona o la estancia. 

  • Ezequiel juega en el sofá junto a sus padres, en la 'mobil home' en la que viven.
  •  

“¿Esto quién lo paga? ¿El SAS?”, pregunta José Ramon. De momento, tendrán que ser ellos, en lo que se resuelve la reclamación que han interpuesto, que esperan que les sea favorable en vista de su situación. Laura trabajaba en labores agrícolas, cortando eucaliptos, pero tuvo que dejarlo cuando nació su hijo. José Ramón es albañil en la Base de Rota. La economía familiar no es que sea boyante. 

Y la casa, ¿para cuándo?

Mientras pasa el tiempo y se van haciendo a su nueva vida, siguen en la mobil home de 32 metros cuadrados que instalaron en casa de la abuela. Para llegar a ella, hay que subir dos empinados tramos de escalera, que cada vez les cuesta más con el pequeño a cuestas. Y que empeorará conforme vaya creciendo. 

En este tiempo han recibido la visita del alcalde de Chipiona, Luis Mario Aparcero, y de parte del gobierno local, que le prometió “apoyo institucional”. La opción de cederles un local municipal para acondicionado como vivienda ha sido descartada. Y no encuentran viviendas de protección oficial disponibles. 

Otras alternativas planteadas tampoco les convencen, porque son temporales o muy costosas. “No quiero que nos den nada, solo una casa que podamos ir pagando”, sostiene José Ramon, el padre, que insiste en que tiene que estar adecuada a las muchas necesidades de su hijo. 

  • Ezequiel, tumbado encima de su madre.
  •  

Una futura asociación para canalizar las ayudas 

La familia ya trabaja en la creación de una asociación sin ánimo de lucro, que quieren llamar Chipiona unida por Ezequiel. Su objetivo es no solo ayudar a su hijo, sino a cualquier pequeño de la zona que necesite materiales para mejorar su movilidad, ya sea una prótesis, una silla de ruedas o un tratamiento específico. 

O también para costear futuras necesidades de Ezequiel, como operaciones que pueda requerir, tratamientos o material ortopédico.

Entretanto, el Ayuntamiento está trabajando en la organización de un concierto benéfico, con la participación de artistas como Antoñito Molina, que tendrá lugar en primavera, y cuya recaudación irá destinada a la familia. 

Y mientras, hay una vecina de Chipiona que se ha solidarizado con ellos y fabrica imanes para recaudar fondos para la familia. “No hemos movido nada todavía, no nos da la vida, pero hay gente que nos está ayudando”, dice Laura, agradecida. 

  • El imán que una vecina de Chipiona vende para recaudar fondos para Ezequiel.
  •  

Una familia con muchos miedos

Ezequiel sigue creciendo feliz a pesar de todo. Sus padres solo piensan en que pueda andar más pronto que tarde. Ansían ese momento más que nada en el mundo. Pero también tienen muchos temores. 

El pequeño, en la calle o a celebraciones a las que ya asiste, llama la atención de otros menores, que hacen preguntas incómodas, propias de su edad. Con los años, temen que esas preguntas se conviertan en burlas. 

Ezequiel, por ahora, vive ajeno a todo esto. Ya sabe aplaudir, saca la lengua, tira besos a sus padres, y sigue tan expresivo como siempre. Sus padres, mientras, van descontando días, deseando que pueda probar las prótesis, que se atienda una reclamación que consideran que es justa, y que llegue el momento en que puedan tener una casa digna.

Ezequiel no para quieto en el sofá. Como a todo niño de año y medio, no se le puede dejar sin supervisión, porque se tira de cabeza hacia el suelo. Su madre, Laura Rodríguez, lo cuenta con una mezcla de cansancio y orgullo, porque hace poco apenas tenía movilidad. Paradójicamente, relata, desde que le amputaron las piernas por debajo de la rodilla tiene más movilidad. 

Porque Ezequiel Seren Rodríguez no tienen aún seis meses de vida y ya sabe lo que es pasar por quirófano para una operación que le ha cambiado la vida para siempre. Le amputaron las dos piernas por debajo de la rodilla, y aún se encuentra en plena recuperación, que será muy lenta. 

El pequeño nació con graves malformaciones —ausencia bilateral de tibias, de rótulas y cuádriceps, luxaciones congénitas de caderas y rodillas, anomalías en los huesos de los brazos, deformidades en ambas manos, pies equinovaros rígidos, posible fémur bífido y una válvula aórtica bicúspide— y sus padres aún no se explican cómo no se las detectaron en las ecografías que le hicieron a la madre durante el embarazo. 

  • Laura sostiene en brazos a su hijo Ezequiel. 
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Para colmo, José Ramón Seren y Laura Rodríguez, treintañeros, viven con su hijo en una mobil home ubicada en la azotea de la casa de la abuela del pequeño, la madre de Laura, porque les fue imposible encontrar una vivienda en alquiler que pudieran costearse en Chipiona. A su lucha por el bienestar de su hijo, suman una nueva historia que pone cara al drama de la vivienda. Una muy cruda.

La mejoría física de Ezequiel, lenta pero progresiva, es lo más positivo de un relato que ya contó lavozdelsur.es el pasado verano, cuando la familia estaba esperando la llamada del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla que le dijera la fecha de la operación del pequeño. Fue a principios de octubre y ahora están en una nueva fase: la de las curas, la rehabilitación y la espera de que llegue el momento de empezar a probar las prótesis. 

Pero los problemas de fondo de Ezequiel, Laura y José Ramón siguen ahí, porque continúan viviendo en una casa de juguete, y aún no saben nada de la reclamación patrimonial que interpusieron ante el Servicio Andaluz de Salud (SAS), al que le reclaman 1,7 millones de euros.

El abogado de la familia, Carlos Gómez Menchaca, consultado por este periódico, confirma que están a la espera del informe de la inspección médica del SAS, un trámite obligatorio previo a cualquier resolución. “Si este mes no tenemos novedades, iremos al Juzgado de lo Contencioso-Administrativo de Sevilla”, confirma.

La reclamación al SAS, aún sin respuesta 

El embarazo de Laura fue tranquilo. Ninguno de los informes de seguimiento detectó anomalía alguna. No les dijeron que hubiera nada extraño. Pero aunque cuentan con documentos que recogen que las extremidades eran normales, no fue así. Y no entienden cómo nadie los avisó. Cómo pudo fallar el diagnóstico prenatal de esta manera. 

  • Laura Rodríguez muestra una de las ecografías de Ezequiel.
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El seguimiento al embarazo se lo hicieron en el Hospital Virgen del Camino de Sanlúcar, un centro concertado con el SAS que gestiona Hospitales Pascual. Las ecografías y los controles prenatales fueron informados como normales. No les dieron la opción de elegir, en su momento, qué querían hacer.

De ahí que la familia haya interpuesto una reclamación patrimonial al SAS, en la que le pide 1.7 millones de euros para hacer frente a los numerosos gastos que tendrán que afrontar para que su hijo tenga una vida más cómoda. “Queremos una casa para él, y poder hacer frente a todo lo que necesite”, dice José Ramón Seren. El documento se presentó en octubre de 2025 y sigue pendiente de respuesta.

El SAS declinó en su día informar sobre casos concretos y señaló que la reclamación se tramita por los cauces establecidos. Hospitales Pascual, gestora del centro concertado donde se realizó el seguimiento del embarazo y nació el niño, no respondió a las consultas de este periódico.

Una operación de cuatro horas y media 

Ezequiel entró en quirófano el 1 de octubre y estuvo cuatro horas y media dentro. Un tiempo que sus padres pasaron con muchos nervios, temiendo cómo sería el momento en el que vieran a su hijo con las piernas amputadas. 

  • Ezequiel tiene las piernas vendadas, aún debe curarse las cicatrices tras la amputación.
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La primera en entrar fue Laura. Ezequiel estaba llorando desconsoladamente. “Me vio, lo toqué y se calmó”, recuerda. Se abrazaron y lloraron juntos. “Yo me quería morir. Es como si te quitaran a ti una parte de tu cuerpo. Prefería que me lo hubieran quitado a mí”, dice. 

Durante los días posteriores a la intervención, Ezequiel no sonreía, algo que preocupó a sus padres, porque es un niño muy risueño. “Una sonrisita a mamá”, le pedía Laura. Pero poco después, ya volvía a ser él. El bebé inquieto que no para de moverse, de investigar, de reírse con todo y con todos. 

Cuatro días después de la intervención, ya quiso sentarse. No aguantaba tumbado. Los médicos explicaron a Laura y José Ramón que las piernas del pequeño tenían los tendones retraídos, y que al retirarle parte de la anatomía afectada, se han liberado tendones y musculatura. Ahora tiene más agilidad, y puede permanecer sentado.

Una recuperación lenta, en espera de las prótesis 

Ezequiel aún tiene las piernas vendadas. Las profundas heridas tardarán en sanar. De las dos, la de la pierna izquierda aún conserva cuatro grapas. Cuando se las retiren, sus padres seguirán curándolo para que se le cierre la cicatriz. Después empezará a probarse el liner, la funda de silicona que protege los muñones y va preparando el terreno para las futuras prótesis. 

  • José Ramón Seren, padre de Ezequiel, en un momento de la entrevista.
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La cicatrización interna tardará unos tres meses. Entonces, podrá empezar a cargar peso sobre los muñones y a ponerse pie. Para primavera, con suerte, esperan poder estar en esa fase. 

En breve retomará Ezequiel las sesiones en el Centro de Atención Infantil Temprana (CAIT) de Chipiona. Y cuando su recuperación lo permita, las sesiones de rehabilitación, piscina, logopedia… Una vuelta a la rutina —por llamarlo de alguna manera— que están deseando, pero que aún ven lejos. 

Una operación que cuesta más de 25.000 euros 

El pequeño tiene otro frente médico abierto. A Ezequiel le faltan el cúbito y el radio de uno de los brazos, por lo que tendrá que pasar por quirófano de nuevo. Una operación que en el SAS le cubren, pero no les convence el resultado, porque le dejaría el brazo inmovilizado. 

Han consultado a un especialista privado, en Barcelona, que plantea otro tratamiento: colocar un sistema tornillos que van alargando el hueso de forma progresiva. Aunque aún no tiene precio cerrado, calculan que puede estar entre 25.000 y 35.000 euros, sin contar los desplazamientos a Barcelona o la estancia. 

  • Ezequiel juega en el sofá junto a sus padres, en la 'mobil home' en la que viven.
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“¿Esto quién lo paga? ¿El SAS?”, pregunta José Ramon. De momento, tendrán que ser ellos, en lo que se resuelve la reclamación que han interpuesto, que esperan que les sea favorable en vista de su situación. Laura trabajaba en labores agrícolas, cortando eucaliptos, pero tuvo que dejarlo cuando nació su hijo. José Ramón es albañil en la Base de Rota. La economía familiar no es que sea boyante. 

Y la casa, ¿para cuándo?

Mientras pasa el tiempo y se van haciendo a su nueva vida, siguen en la mobil home de 32 metros cuadrados que instalaron en casa de la abuela. Para llegar a ella, hay que subir dos empinados tramos de escalera, que cada vez les cuesta más con el pequeño a cuestas. Y que empeorará conforme vaya creciendo. 

En este tiempo han recibido la visita del alcalde de Chipiona, Luis Mario Aparcero, y de parte del gobierno local, que le prometió “apoyo institucional”. La opción de cederles un local municipal para acondicionado como vivienda ha sido descartada. Y no encuentran viviendas de protección oficial disponibles. 

Otras alternativas planteadas tampoco les convencen, porque son temporales o muy costosas. “No quiero que nos den nada, solo una casa que podamos ir pagando”, sostiene José Ramon, el padre, que insiste en que tiene que estar adecuada a las muchas necesidades de su hijo. 

  • Ezequiel, tumbado encima de su madre.
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Una futura asociación para canalizar las ayudas 

La familia ya trabaja en la creación de una asociación sin ánimo de lucro, que quieren llamar Chipiona unida por Ezequiel. Su objetivo es no solo ayudar a su hijo, sino a cualquier pequeño de la zona que necesite materiales para mejorar su movilidad, ya sea una prótesis, una silla de ruedas o un tratamiento específico. 

O también para costear futuras necesidades de Ezequiel, como operaciones que pueda requerir, tratamientos o material ortopédico.

Entretanto, el Ayuntamiento está trabajando en la organización de un concierto benéfico, con la participación de artistas como Antoñito Molina, que tendrá lugar en primavera, y cuya recaudación irá destinada a la familia. 

Y mientras, hay una vecina de Chipiona que se ha solidarizado con ellos y fabrica imanes para recaudar fondos para la familia. “No hemos movido nada todavía, no nos da la vida, pero hay gente que nos está ayudando”, dice Laura, agradecida. 

  • El imán que una vecina de Chipiona vende para recaudar fondos para Ezequiel.
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Una familia con muchos miedos

Ezequiel sigue creciendo feliz a pesar de todo. Sus padres solo piensan en que pueda andar más pronto que tarde. Ansían ese momento más que nada en el mundo. Pero también tienen muchos temores. 

El pequeño, en la calle o a celebraciones a las que ya asiste, llama la atención de otros menores, que hacen preguntas incómodas, propias de su edad. Con los años, temen que esas preguntas se conviertan en burlas. 

Ezequiel, por ahora, vive ajeno a todo esto. Ya sabe aplaudir, saca la lengua, tira besos a sus padres, y sigue tan expresivo como siempre. Sus padres, mientras, van descontando días, deseando que pueda probar las prótesis, que se atienda una reclamación que consideran que es justa, y que llegue el momento en que puedan tener una casa digna.

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