Como en todas las elecciones, la inercia de los candidatos es concluir que han ganado, pero la lógica del sentido común -el que ostenta por ejemplo Vox para su propaganda- nos dicta que todo el mundo no puede ganar. Vox, sin ir más lejos, no ha ganado nada porque se han quedado prácticamente como estaban, así que, con las primeras palabras de su líder nacional asegurando que el gran triunfador es su candidato, ya demuestran que de sentido común van cortitos.
Las elecciones andaluzas las ha ganado el PP de Juanma Moreno, y además de manera contundente. Y lo ha hecho porque las circunstancias se lo han permitido a pesar de esa paradoja democrática de haber conseguido más votos que hace cuatro años y sin embargo bajar cinco diputados y quedarse a las puertas de la mayoría absoluta solo porque ha habido más participación ciudadana, lo cual es lo más positivo de la jornada.
Los del PP han ganado las elecciones en una tierra tradicionalmente de izquierdas, como reconoce el propio Moreno, pero donde el desencanto con esa izquierda fragmentadísima ha roto todos los tópicos en los que se sustentaba por ejemplo el PSOE para seguir siendo. Está claro que a los socialistas ya no les sirve el discurso con que convirtieron Andalucía en su gran granero de votos. Ellos mismos se lo han cargado, abandonando ese sentido común que, está claro, es el menos común de los sentidos; abandonando la dosis de andalucismo que le han cedido gustosos al PP e incluso a ese otro candidato de la noche que, pese a haber sacado solo 8 diputados, sí puede considerarse un triunfador parcial del día porque ha cuadruplicado sus resultados: José Ignacio García, el repentino candidato de Adelante Andalucía que ha sabido movilizar el voto especialmente de la juventud. Este partido, que no quiso formar parte de la candidatura conjunta de Por Andalucía, sino ir por libre, ha demostrado que no todo está perdido entre una juventud cuyo tópico nos dicta que se derechiza a pasos agigantados por la peor de las vías. No toda la juventud es como se le suele caricaturizar.
Adelante Andalucía ha sacado casi el doble de votos que Antonio Maíllo y sus tropecientos partidos haciendo piña, y ese mensaje contundente debería hacer reflexionar a esa izquierda a la izquierda del PSOE que parece conformarse con migajas siempre que le quede el derecho a dar lecciones poniendo unas caras muy serias. El partido de Adelante Andalucía, una mezcla de izquierda sin tanto dogmatismo y de andalucismo sin tanto nacionalismo, ha sido por lo menos la gran sorpresa de la campaña cuando queda tan atrás el recuerdo borroso del Partido Andalucista. Pero lo más sorprendente ha sido que la candidata del PSOE, María Jesús Montero, no asuma su tremendo fracaso y se vaya por donde vino por pura dignidad y por pura generosidad con un partido que, por historia y significado, no merece este maltrato.
El PP ha ganado las elecciones y, sin embargo, el no haber conseguido mayoría absoluta abre un panorama interesante para los próximos años en Andalucía porque la llave de nuestro futuro inmediato en esta tierra vieja y sabia no la tiene ningún partido, sino que la tenemos los andaluces en nuestra incontrolable diversidad. Afortunadamente. Y esta diversidad se demuestra en la evidencia de que hay socialistas de alma que han votado al PP por puro pragmatismo; en que hay votantes del PSOE que estaban a punto de no votarlo porque les sobraban los motivos pero lo han votado por coherencia personal; en que ha habido votantes de Vox porque no han encontrado otra alternativa al hartazgo al que los someten otros partidos con más historia; en que ha habido votantes que no han visto reflejado su voto en los resultados pero que estaban convencidos de cumplir con su deber; en que ha habido votantes ilusionados con el proyecto de Adelante Andalucía y otros que iban a votarlo pero que no lo han hecho finalmente porque determinadas conclusiones personales los han llevado a votar otra opción; y en que las estadísticas, en fin, vaticinaban unos resultados y la realidad se deja caer con lo que se tercia; y en que la realidad política podría ser mucho más fácil si se cocinara en determinados despachos y no en la mente libérrima de unos andaluces que votan, al fin y al cabo, lo que les sale de allí, y cada cual puede pensar, porque es libre, si me refiero más a la cabeza o al corazón.
Ahora que los políticos se pongan a trabajar, es decir, a imaginar escenarios posibles para quedar a la altura de esta riquísima variedad ciudadana que merece respuestas con sentido común, pero del que mira verdaderamente por lo común y no por los intereses de quienes se creen con el derecho de manosear nuestros votos.
Como en todas las elecciones, la inercia de los candidatos es concluir que han ganado, pero la lógica del sentido común -el que ostenta por ejemplo Vox para su propaganda- nos dicta que todo el mundo no puede ganar. Vox, sin ir más lejos, no ha ganado nada porque se han quedado prácticamente como estaban, así que, con las primeras palabras de su líder nacional asegurando que el gran triunfador es su candidato, ya demuestran que de sentido común van cortitos.
Las elecciones andaluzas las ha ganado el PP de Juanma Moreno, y además de manera contundente. Y lo ha hecho porque las circunstancias se lo han permitido a pesar de esa paradoja democrática de haber conseguido más votos que hace cuatro años y sin embargo bajar cinco diputados y quedarse a las puertas de la mayoría absoluta solo porque ha habido más participación ciudadana, lo cual es lo más positivo de la jornada.
Los del PP han ganado las elecciones en una tierra tradicionalmente de izquierdas, como reconoce el propio Moreno, pero donde el desencanto con esa izquierda fragmentadísima ha roto todos los tópicos en los que se sustentaba por ejemplo el PSOE para seguir siendo. Está claro que a los socialistas ya no les sirve el discurso con que convirtieron Andalucía en su gran granero de votos. Ellos mismos se lo han cargado, abandonando ese sentido común que, está claro, es el menos común de los sentidos; abandonando la dosis de andalucismo que le han cedido gustosos al PP e incluso a ese otro candidato de la noche que, pese a haber sacado solo 8 diputados, sí puede considerarse un triunfador parcial del día porque ha cuadruplicado sus resultados: José Ignacio García, el repentino candidato de Adelante Andalucía que ha sabido movilizar el voto especialmente de la juventud. Este partido, que no quiso formar parte de la candidatura conjunta de Por Andalucía, sino ir por libre, ha demostrado que no todo está perdido entre una juventud cuyo tópico nos dicta que se derechiza a pasos agigantados por la peor de las vías. No toda la juventud es como se le suele caricaturizar.
Adelante Andalucía ha sacado casi el doble de votos que Antonio Maíllo y sus tropecientos partidos haciendo piña, y ese mensaje contundente debería hacer reflexionar a esa izquierda a la izquierda del PSOE que parece conformarse con migajas siempre que le quede el derecho a dar lecciones poniendo unas caras muy serias. El partido de Adelante Andalucía, una mezcla de izquierda sin tanto dogmatismo y de andalucismo sin tanto nacionalismo, ha sido por lo menos la gran sorpresa de la campaña cuando queda tan atrás el recuerdo borroso del Partido Andalucista. Pero lo más sorprendente ha sido que la candidata del PSOE, María Jesús Montero, no asuma su tremendo fracaso y se vaya por donde vino por pura dignidad y por pura generosidad con un partido que, por historia y significado, no merece este maltrato.
El PP ha ganado las elecciones y, sin embargo, el no haber conseguido mayoría absoluta abre un panorama interesante para los próximos años en Andalucía porque la llave de nuestro futuro inmediato en esta tierra vieja y sabia no la tiene ningún partido, sino que la tenemos los andaluces en nuestra incontrolable diversidad. Afortunadamente. Y esta diversidad se demuestra en la evidencia de que hay socialistas de alma que han votado al PP por puro pragmatismo; en que hay votantes del PSOE que estaban a punto de no votarlo porque les sobraban los motivos pero lo han votado por coherencia personal; en que ha habido votantes de Vox porque no han encontrado otra alternativa al hartazgo al que los someten otros partidos con más historia; en que ha habido votantes que no han visto reflejado su voto en los resultados pero que estaban convencidos de cumplir con su deber; en que ha habido votantes ilusionados con el proyecto de Adelante Andalucía y otros que iban a votarlo pero que no lo han hecho finalmente porque determinadas conclusiones personales los han llevado a votar otra opción; y en que las estadísticas, en fin, vaticinaban unos resultados y la realidad se deja caer con lo que se tercia; y en que la realidad política podría ser mucho más fácil si se cocinara en determinados despachos y no en la mente libérrima de unos andaluces que votan, al fin y al cabo, lo que les sale de allí, y cada cual puede pensar, porque es libre, si me refiero más a la cabeza o al corazón.
Ahora que los políticos se pongan a trabajar, es decir, a imaginar escenarios posibles para quedar a la altura de esta riquísima variedad ciudadana que merece respuestas con sentido común, pero del que mira verdaderamente por lo común y no por los intereses de quienes se creen con el derecho de manosear nuestros votos.
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