“Nosotros, durante 40 años, continuamos nuestro camino por el sindicalismo, la cultura o los movimientos sociales. Y hablábamos con altivez de país andaluz, de nuestras señas de identidad robadas por el nacionalismo español y del necesario amanecer de un pueblo que vivía, y vive, narcotizado por el vino de las fiestas, las mentiras de los políticos profesionales, el sopor del fútbol o el incienso de las procesiones” (fragmento del artículo de Diego Martín La generación errante del andalucismo. Portal de Andalucía, septiembre de 2017).
Mucho se ha escrito sobre las causas del éxito de Adelante Andalucía en las pasadas elecciones del 17 de mayo de 2026. Unos arguyen que el principal factor explicativo fue el discurso directo y la sonrisa limpia de José Ignacio García . Otros insisten en que fue la campaña independiente y autónoma respecto al collage de siglas que presentaba Por Andalucía, sin disimular su complicidad con el PSOE para futuras alianzas. Y muy pocos resaltan la potencia explicativa del andalucismo en este crecimiento exponencial.
Ciertamente, ante la imposibilidad de un análisis empírico y riguroso del origen del voto, prefiero pensar que la interpretación no puede, ni debe, ser simple o reduccionista sino multivariable; a sabiendas que operan tres dimensiones fundamentales: el soberanismo andaluz, el anticapitalismo y la comunicación eficiente. Vayamos por partes.
En contra de lo publicado por diversos articulistas Adelante Andalucía, partido reconstituido en la Asamblea de Granada de 2021, no fue fundado sólo por Teresa y Kichi. Aunque la líder gaditana, gracias a su extraordinario carisma, brillaba más que el resto de los fundadores actuaba más como una prima interpares que como una líder de carácter cesarista. En la concepción de este nuevo proyecto, además de Anticapitalistas estaban presentes Izquierda Andalucista y Primavera Andaluza (pequeños partidos provenientes del extinto PA), así como Defender Andalucía (una asociación soberanista procedente de una tradición andalucista bastante más radical, tanto en el eje centro/ periferia como en el eje izquierda/ derecha). No se trataba de construir una nueva versión de Podemos adaptada a la realidad de este país sino de un nuevo partido, un nuevo sujeto político soberanista andaluz, ecosocialista, feminista, antifascista y republicano. Un nuevo sujeto político, que sin hipotecas ni vínculos de vasallaje con Madrid, asumiera la responsabilidad histórica de ser la Voz del Pueblo Andaluz, aquí, en Madrid y en Bruselas. Un nuevo sujeto político cuyo mayor ideal sería el Poder Andaluz para dotar de más derechos y servicios sociales a las clases trabajadoras andaluzas.
Un discurso innovador con nuevos códigos
De todos es sabido que los rasgos de la postmodernidad (Z. Bauman) o de de la era postindustrial se van imponiendo en las sociedades de Occidente de forma inexorable. La ausencia de compromiso político, el declive de la acción social colectiva, la desaparición de las las viejas fidelidades a marcos ideológicos revolucionarios o el retraimiento de los intereses sociopolíticos al plano individual- tecnológico están a la orden del día, y muy especialmente entre la juventud andaluza. Pues bien, cuando parecía que los intereses culturales habían desplazado definitivamente a los intereses materiales entre los jóvenes, irrumpe en los últimos años un discurso innovador, con nuevos canales y nuevos códigos.
Se trata del discurso de Adelante Andalucía y, muy especialmente, de José Ignacio García, como símbolo mediático. El Gafas –apodo cariñoso de este brillante parlamentario– renueva el lenguaje político y habla a la gente (con un guiño permanente a la juventud andaluza) del problema de no llegar a fin de mes por la precariedad de los salarios, de viviendas inalcanzables para la mayoría de los bolsillos, de nueva emigración de jóvenes sobrecualificados a otros territorios, de pobreza, de exclusión social, de apropiación violenta de la riqueza por parte de fondos de inversión impersonales, de subalternidad de Andalucía respecto a España y Europa… Todo ello transmitido a través de redes sociales postmodernas y juveniles como Tik Tok, mediante enunciados cortos y contundentes, amén de un estilismo gráfico de alto nivel.
Cuando se pensaba por ahí, ilusamente, que habían mejorado definitivamente las condiciones materiales de existencia de las clases desfavorecidas, José Ignacio habla de problemas materiales, de problemas cotidianos que no dejan dormir a la gente. Adelante había recuperado el mensaje materialista de la izquierda de la alienación sufrida en los últimos cuarenta años. Una izquierda que se autorreconoce como izquierda andaluza tras la pérdida del objeto por parte de la otra izquierda entre pactos inútiles con el capitalismo y servidumbre ciega al españolismo colonizador. Y aquí radica su éxito comunicativo.
Todos los “dolores infantianos” expuestos se amplifican en una nación colonizada, despreciada, ignorada, oprimida y explotada por una oligarquía foránea que sólo quiere a Andalucía para la extracción de materias primas y recursos naturales o culturales; que sólo quiere a Andalucía para tener una reserva permanente de mano de obra barata ( no cualificada o cualificada); que sólo quiere a Andalucía para vertedero de residuos tóxicos y peligrosos, que sólo quiere a Andalucía para recolectar votos que no serán útiles a este país y que incrementarán el poder, y la cuenta de resultados, de las élites políticas y económicas en la Corte madrileña.
Y, cuidado, cuando hablo de élites políticas no me refiero sólo a la derecha, más o menos extrema, sino también al social-liberalismo del PSOE que cada vez reconoce, en mayor o menor medida, cómo el pueblo andaluz le va arrancando su máscara de impostado andalucismo o pseudosocialismo. Y también me refiero, por complicidad o por omisión, a una izquierda estatalista que nunca creyó en el soberanismo ni en el confederalismo ni en el federalismo por mucho que enarbolen arbonaidas en periodos electorales.
La recuperación del nacionalismo de izquierdas
En la recuperación del nacionalismo de izquierdas estriba, a mi juicio, el éxito de Adelante Andalucía entre amplias capas de la población. Sin duda, una parte de la población andaluza, hastiada de promesas incumplidas, ha empezado de nuevo a mirar cómo la concentración y acumulación de capital en la Comunidad de Madrid, Euskadi y Catalunya se incrementa con los años. Y ese viejo sentimiento de agravio comparativo ha despertado en un voto útil no para los poderosos sino para el propio pueblo andaluz.
Adelante Andalucía, con credibilidad y valentía, ha sabido conectar con un Andalucismo Emergente que necesita avanzar desde lo cultural a lo político. Mucha gente ha encontrado en este partido un Faro que oriente la política andaluza desde la honestidad y la ética; gente que se enajenó tras las grandes mentiras de un PSOE que se autoproclamaba andalucista y otra gente que recobraba la ilusión perdida en un andalucismo emancipador y de izquierdas. Por consiguiente pienso que la presencia objetiva y subjetiva de ese Andalucismo Latente ha sido la conditio sine qua non para que una parte importante del pueblo andaluz, todavía de forma débil, otorgue la confianza a Adelante Andalucía en las recientes elecciones andaluzas.
Indudablemente, la potencia discursiva o la coherencia ideológica y moral han sido factores de primer orden pero por muy buenas que fueran las simientes hacía falta un suelo fértil para la plantación; y ése era el suelo andaluz. Ciertamente, existía un importante nicho electoral avalado por las últimas encuestas sobre escalas de identificación con este país ya que más de un 30% de los andaluces se sienten “más andaluces que españoles” o “sólo andaluces”. El mencionado nicho electoral ya existía a principios de los años ochenta pero nunca fue atendido por la izquierda andaluza que operaba con marcos españoles ni por un andalucismo regionalista ambiguo y conservador.
La verdad es que aún le queda mucho al pueblo andaluz para alcanzar la autoconciencia de pueblo subyugado, de colonia interna del Estado Español y del capitalismo global; sin embargo, es muy gratificante que más de 400.000 personas hayan dado su confianza a un pequeño partido que sólo tenía dos diputados en la pasada legislatura. Votos conseguidos a base de un esfuerzo titánico de la militancia y con escasos recursos financieros y mediáticos. Votos peleados por jóvenes que intentaban convencer a sus padres para que votaran Adelante Andalucía y votos peleados por viejos que vivieron en sus carnes el 4 de diciembre de 1977 o el Referéndum del 28 de febrero de 1980. La banda sonora de Califato 3x4 se mezclaba con el rock de Triana y las coplas libertarias de Carlos Cano. La mejor síntesis dialéctica posible.
Parece que por fin el andalucismo cultural de este país, reconocido científicamente como uno de los de mayor identidad cultural del mundo, se está encarnando en un un nuevo Andalucismo Político, el Andalucismo de la 3ª Ola o de la 4ª Ola (según se mire), el Andalucismo del siglo XXI. Parece que las arengas de Antonio Manuel, Javier Aroca o Manu Sánchez están empezando a llegar a un pueblo que quiere despertar, que necesita despertar, para destrozar las cadenas y mordazas que le impusieron desde el siglo XIII. Parece que las enseñanzas de Isidoro Moreno o Pepe Aumente encuentran nuevos destinatarios y que las obras de Blas Infante vuelven a estar de moda.
Llega el momento del orgullo andaluz
Creo sinceramente que ha llegado el momento del orgullo andaluz, de la alegría en la batalla, de la confianza en una nueva generación que quiere desnudarse de complejos para lograr una nueva política basada en la inteligencia y en la ética. Es la generación de Adelante Andalucía, que recoge la tradición del andalucismo histórico para superarlo y adecuarlo a los nuevos tiempos.
Todo parece indicar que el 17 de mayo no ha sido el sueño de una noche de verano, que el partido que le arrancó la mayoría absoluta a Moreno Bonilla tiene muchas probabilidades de obtener representación en el Congreso de los Diputados. Por ello, para evitar una borrachera de éxito , y la resaca consiguiente , lanzo un par avisos para navegantes:
Primero. El notable crecimiento de afiliación durante este periodo ha de traducirse en un fortalecimiento de las estructuras territoriales que evite la evanescencia; es decir, una difuminación temprana del partido; basta con analizar el fenómeno Podemos o incluso Ciudadanos para aprender de errores. A esos partidos yo los llamo Briofitos (en una analogía botánica). Son partidos representativos de la política líquida de la postmodernidad que carecen de raíces y no pueden tomar nutrientes del suelo, o dicho en términos sociológicos , que no reciben directamente Insumos de las bases sociales.
Segundo. En uno de los muchos artículos publicados al socaire del sorpasso de Adelante Andalucía leí algo así como que “el fin último de este partido sería la consecución de una sociedad ecosocialista y que en cada territorio utilizaría una vestimenta, un ropaje del lugar, para alcanzar el verdadero objetivo”. Es posible que este sociólogo sea corto de entendederas ,o muy retorcido en sus inferencias, pero subliminalmente leo tras el texto un intento de utilizar el andalucismo como un simple medio para el ecosocialismo. Y en ello observo un grave error así como una transgresión de los principios programáticos del partido. Todo quedaría mejor reflejado si el autor hubiera descrito el Ideario de Adelante Andalucía como una Gran Bóveda en la que las nervaduras serían el Soberanismo Andalucista, el Ecosocialismo, el Anticapitalismo, el Feminismo, el Republicanismo...Y en la confluencia de todas las nervaduras se situaría la Clave de Bóveda representada por Andalucía, o en sentido más estricto el Pueblo Andaluz. Una cuestión más, las nervaduras están tan interconectadas sistémicamente que si una cae se derrumba el edificio.
Hay más avisos pero para no pecar de paternalista creo que lo más adecuado es dejar que Adelante Andalucía, el nuevo andalucismo del siglo XXI, se despliegue libremente desde una democracia radical hacia la soberanía de este país, alejado de dogmas, iconos y consignas que un día pudieron servir a gente como el que escribe pero probablemente poco útiles a las nuevas generaciones andalucistas.
Adelante y salud.
“Nosotros, durante 40 años, continuamos nuestro camino por el sindicalismo, la cultura o los movimientos sociales. Y hablábamos con altivez de país andaluz, de nuestras señas de identidad robadas por el nacionalismo español y del necesario amanecer de un pueblo que vivía, y vive, narcotizado por el vino de las fiestas, las mentiras de los políticos profesionales, el sopor del fútbol o el incienso de las procesiones” (fragmento del artículo de Diego Martín La generación errante del andalucismo. Portal de Andalucía, septiembre de 2017).
Mucho se ha escrito sobre las causas del éxito de Adelante Andalucía en las pasadas elecciones del 17 de mayo de 2026. Unos arguyen que el principal factor explicativo fue el discurso directo y la sonrisa limpia de José Ignacio García . Otros insisten en que fue la campaña independiente y autónoma respecto al collage de siglas que presentaba Por Andalucía, sin disimular su complicidad con el PSOE para futuras alianzas. Y muy pocos resaltan la potencia explicativa del andalucismo en este crecimiento exponencial.
Ciertamente, ante la imposibilidad de un análisis empírico y riguroso del origen del voto, prefiero pensar que la interpretación no puede, ni debe, ser simple o reduccionista sino multivariable; a sabiendas que operan tres dimensiones fundamentales: el soberanismo andaluz, el anticapitalismo y la comunicación eficiente. Vayamos por partes.
En contra de lo publicado por diversos articulistas Adelante Andalucía, partido reconstituido en la Asamblea de Granada de 2021, no fue fundado sólo por Teresa y Kichi. Aunque la líder gaditana, gracias a su extraordinario carisma, brillaba más que el resto de los fundadores actuaba más como una prima interpares que como una líder de carácter cesarista. En la concepción de este nuevo proyecto, además de Anticapitalistas estaban presentes Izquierda Andalucista y Primavera Andaluza (pequeños partidos provenientes del extinto PA), así como Defender Andalucía (una asociación soberanista procedente de una tradición andalucista bastante más radical, tanto en el eje centro/ periferia como en el eje izquierda/ derecha). No se trataba de construir una nueva versión de Podemos adaptada a la realidad de este país sino de un nuevo partido, un nuevo sujeto político soberanista andaluz, ecosocialista, feminista, antifascista y republicano. Un nuevo sujeto político, que sin hipotecas ni vínculos de vasallaje con Madrid, asumiera la responsabilidad histórica de ser la Voz del Pueblo Andaluz, aquí, en Madrid y en Bruselas. Un nuevo sujeto político cuyo mayor ideal sería el Poder Andaluz para dotar de más derechos y servicios sociales a las clases trabajadoras andaluzas.
Un discurso innovador con nuevos códigos
De todos es sabido que los rasgos de la postmodernidad (Z. Bauman) o de de la era postindustrial se van imponiendo en las sociedades de Occidente de forma inexorable. La ausencia de compromiso político, el declive de la acción social colectiva, la desaparición de las las viejas fidelidades a marcos ideológicos revolucionarios o el retraimiento de los intereses sociopolíticos al plano individual- tecnológico están a la orden del día, y muy especialmente entre la juventud andaluza. Pues bien, cuando parecía que los intereses culturales habían desplazado definitivamente a los intereses materiales entre los jóvenes, irrumpe en los últimos años un discurso innovador, con nuevos canales y nuevos códigos.
Se trata del discurso de Adelante Andalucía y, muy especialmente, de José Ignacio García, como símbolo mediático. El Gafas –apodo cariñoso de este brillante parlamentario– renueva el lenguaje político y habla a la gente (con un guiño permanente a la juventud andaluza) del problema de no llegar a fin de mes por la precariedad de los salarios, de viviendas inalcanzables para la mayoría de los bolsillos, de nueva emigración de jóvenes sobrecualificados a otros territorios, de pobreza, de exclusión social, de apropiación violenta de la riqueza por parte de fondos de inversión impersonales, de subalternidad de Andalucía respecto a España y Europa… Todo ello transmitido a través de redes sociales postmodernas y juveniles como Tik Tok, mediante enunciados cortos y contundentes, amén de un estilismo gráfico de alto nivel.
Cuando se pensaba por ahí, ilusamente, que habían mejorado definitivamente las condiciones materiales de existencia de las clases desfavorecidas, José Ignacio habla de problemas materiales, de problemas cotidianos que no dejan dormir a la gente. Adelante había recuperado el mensaje materialista de la izquierda de la alienación sufrida en los últimos cuarenta años. Una izquierda que se autorreconoce como izquierda andaluza tras la pérdida del objeto por parte de la otra izquierda entre pactos inútiles con el capitalismo y servidumbre ciega al españolismo colonizador. Y aquí radica su éxito comunicativo.
Todos los “dolores infantianos” expuestos se amplifican en una nación colonizada, despreciada, ignorada, oprimida y explotada por una oligarquía foránea que sólo quiere a Andalucía para la extracción de materias primas y recursos naturales o culturales; que sólo quiere a Andalucía para tener una reserva permanente de mano de obra barata ( no cualificada o cualificada); que sólo quiere a Andalucía para vertedero de residuos tóxicos y peligrosos, que sólo quiere a Andalucía para recolectar votos que no serán útiles a este país y que incrementarán el poder, y la cuenta de resultados, de las élites políticas y económicas en la Corte madrileña.
Y, cuidado, cuando hablo de élites políticas no me refiero sólo a la derecha, más o menos extrema, sino también al social-liberalismo del PSOE que cada vez reconoce, en mayor o menor medida, cómo el pueblo andaluz le va arrancando su máscara de impostado andalucismo o pseudosocialismo. Y también me refiero, por complicidad o por omisión, a una izquierda estatalista que nunca creyó en el soberanismo ni en el confederalismo ni en el federalismo por mucho que enarbolen arbonaidas en periodos electorales.
La recuperación del nacionalismo de izquierdas
En la recuperación del nacionalismo de izquierdas estriba, a mi juicio, el éxito de Adelante Andalucía entre amplias capas de la población. Sin duda, una parte de la población andaluza, hastiada de promesas incumplidas, ha empezado de nuevo a mirar cómo la concentración y acumulación de capital en la Comunidad de Madrid, Euskadi y Catalunya se incrementa con los años. Y ese viejo sentimiento de agravio comparativo ha despertado en un voto útil no para los poderosos sino para el propio pueblo andaluz.
Adelante Andalucía, con credibilidad y valentía, ha sabido conectar con un Andalucismo Emergente que necesita avanzar desde lo cultural a lo político. Mucha gente ha encontrado en este partido un Faro que oriente la política andaluza desde la honestidad y la ética; gente que se enajenó tras las grandes mentiras de un PSOE que se autoproclamaba andalucista y otra gente que recobraba la ilusión perdida en un andalucismo emancipador y de izquierdas. Por consiguiente pienso que la presencia objetiva y subjetiva de ese Andalucismo Latente ha sido la conditio sine qua non para que una parte importante del pueblo andaluz, todavía de forma débil, otorgue la confianza a Adelante Andalucía en las recientes elecciones andaluzas.
Indudablemente, la potencia discursiva o la coherencia ideológica y moral han sido factores de primer orden pero por muy buenas que fueran las simientes hacía falta un suelo fértil para la plantación; y ése era el suelo andaluz. Ciertamente, existía un importante nicho electoral avalado por las últimas encuestas sobre escalas de identificación con este país ya que más de un 30% de los andaluces se sienten “más andaluces que españoles” o “sólo andaluces”. El mencionado nicho electoral ya existía a principios de los años ochenta pero nunca fue atendido por la izquierda andaluza que operaba con marcos españoles ni por un andalucismo regionalista ambiguo y conservador.
La verdad es que aún le queda mucho al pueblo andaluz para alcanzar la autoconciencia de pueblo subyugado, de colonia interna del Estado Español y del capitalismo global; sin embargo, es muy gratificante que más de 400.000 personas hayan dado su confianza a un pequeño partido que sólo tenía dos diputados en la pasada legislatura. Votos conseguidos a base de un esfuerzo titánico de la militancia y con escasos recursos financieros y mediáticos. Votos peleados por jóvenes que intentaban convencer a sus padres para que votaran Adelante Andalucía y votos peleados por viejos que vivieron en sus carnes el 4 de diciembre de 1977 o el Referéndum del 28 de febrero de 1980. La banda sonora de Califato 3x4 se mezclaba con el rock de Triana y las coplas libertarias de Carlos Cano. La mejor síntesis dialéctica posible.
Parece que por fin el andalucismo cultural de este país, reconocido científicamente como uno de los de mayor identidad cultural del mundo, se está encarnando en un un nuevo Andalucismo Político, el Andalucismo de la 3ª Ola o de la 4ª Ola (según se mire), el Andalucismo del siglo XXI. Parece que las arengas de Antonio Manuel, Javier Aroca o Manu Sánchez están empezando a llegar a un pueblo que quiere despertar, que necesita despertar, para destrozar las cadenas y mordazas que le impusieron desde el siglo XIII. Parece que las enseñanzas de Isidoro Moreno o Pepe Aumente encuentran nuevos destinatarios y que las obras de Blas Infante vuelven a estar de moda.
Llega el momento del orgullo andaluz
Creo sinceramente que ha llegado el momento del orgullo andaluz, de la alegría en la batalla, de la confianza en una nueva generación que quiere desnudarse de complejos para lograr una nueva política basada en la inteligencia y en la ética. Es la generación de Adelante Andalucía, que recoge la tradición del andalucismo histórico para superarlo y adecuarlo a los nuevos tiempos.
Todo parece indicar que el 17 de mayo no ha sido el sueño de una noche de verano, que el partido que le arrancó la mayoría absoluta a Moreno Bonilla tiene muchas probabilidades de obtener representación en el Congreso de los Diputados. Por ello, para evitar una borrachera de éxito , y la resaca consiguiente , lanzo un par avisos para navegantes:
Primero. El notable crecimiento de afiliación durante este periodo ha de traducirse en un fortalecimiento de las estructuras territoriales que evite la evanescencia; es decir, una difuminación temprana del partido; basta con analizar el fenómeno Podemos o incluso Ciudadanos para aprender de errores. A esos partidos yo los llamo Briofitos (en una analogía botánica). Son partidos representativos de la política líquida de la postmodernidad que carecen de raíces y no pueden tomar nutrientes del suelo, o dicho en términos sociológicos , que no reciben directamente Insumos de las bases sociales.
Segundo. En uno de los muchos artículos publicados al socaire del sorpasso de Adelante Andalucía leí algo así como que “el fin último de este partido sería la consecución de una sociedad ecosocialista y que en cada territorio utilizaría una vestimenta, un ropaje del lugar, para alcanzar el verdadero objetivo”. Es posible que este sociólogo sea corto de entendederas ,o muy retorcido en sus inferencias, pero subliminalmente leo tras el texto un intento de utilizar el andalucismo como un simple medio para el ecosocialismo. Y en ello observo un grave error así como una transgresión de los principios programáticos del partido. Todo quedaría mejor reflejado si el autor hubiera descrito el Ideario de Adelante Andalucía como una Gran Bóveda en la que las nervaduras serían el Soberanismo Andalucista, el Ecosocialismo, el Anticapitalismo, el Feminismo, el Republicanismo...Y en la confluencia de todas las nervaduras se situaría la Clave de Bóveda representada por Andalucía, o en sentido más estricto el Pueblo Andaluz. Una cuestión más, las nervaduras están tan interconectadas sistémicamente que si una cae se derrumba el edificio.
Hay más avisos pero para no pecar de paternalista creo que lo más adecuado es dejar que Adelante Andalucía, el nuevo andalucismo del siglo XXI, se despliegue libremente desde una democracia radical hacia la soberanía de este país, alejado de dogmas, iconos y consignas que un día pudieron servir a gente como el que escribe pero probablemente poco útiles a las nuevas generaciones andalucistas.
Adelante y salud.
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