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Opinión

Para vosotros, perdedores

Como en todo en la vida, la resignación será, también en este caso, una derrota más ante los gigantes, mientras que una reacción masiva ante este tipo de abusos, tal vez, pueda parar los pies tanto a esta como a cualquier otra injusticia

  • Un joven ataviado de Spider-Man rebusca entre los videojuegos de un estand del Manga World San Fernando.
Si no recuerdo mal, fue en 1999 cuando la primera PlayStation aterrizó en mi casa directamente desde las manos de los Reyes Magos. No tengo claro si vino con uno o con dos mandos, pero sí que traía el Fórmula 1 98 y hasta un volante para conducir en el juego. Yo no tenía ni cinco años, y me enfadaba mucho al no atinar a absolutamente nada en ese nuevo mundo que se abría ante mí. Me sigo mosqueando cuando pierdo, he de decir, pero también puedo afirmar que he mejorado bastante. Recuerdo el olor a máquina nueva de esa consola gris de Sony que vino a revolucionar el mercado y el del libreto explicativo que venía dentro del juego.

No sé cuánto se gastarían los Reyes en ella, pero seguramente su trabajito les costó. Pronto alguien me la piratearía, y los juegos pasaron de costar unas 8.000 pesetas a 500, o menos, en el rastro de la Alameda Vieja, donde quienes disponían de un ordenador en casa colocaban su puesto con decenas de juegos que funcionaban igual que los originales. La piratería, que tanta fuerza tuvo a principios de los dosmiles, se iría diluyendo con el tiempo, a la vez que, paradójicamente, Sony iba dejando de cuidar a sus jugadores. Sobre todo con el lanzamiento de PS3, cuando piratear una consola comenzó a ser una tarea prácticamente imposible, si bien en PS2 también pudimos aprovecharnos de eso. Estos juegos físicos, tanto originales como piratas, servían de punto de encuentro e intercambio entre amigos, primos o vecinos, y un motivo más para darles una segunda, tercera o cuarta vida a los objetos que adquiríamos con mucho esfuerzo.
 

Y es que, hace unos días, Sony anunció el fin del formato físico para los juegos que se lancen a partir de 2028 en PlayStation. Algo más de treinta años después de su nacimiento, y tras ir viendo la dejadez con respecto a los discos, termina algo que forma parte de las vidas de quienes, en mayor o menor medida, hemos disfrutado de los videojuegos. Si antes eran preciosas carátulas a todo color con completos manuales y un disco que intentábamos no manchar o arañar, ahora todo estará exclusivamente dentro de una insípida biblioteca digital. Habrá que comprar siempre al precio que ellos quieran, pagar suscripciones y rezar para que no retiren el juego de sus estanterías virtuales cuando les venga en gana.

Gran parte del público reacciona con boicot personal (con todo el dolor de su corazón, tras cinco consolas principales y una sexta en camino), mientras que otra parte pasará por el aro. Los tiempos cambian y, si bien ponen la excusa (entre otras) del gasto de plástico en carátulas, la realidad es tan simple como que este tipo de monstruos empresariales buscará siempre estirar al máximo sus beneficios. Nada nuevo bajo el sol. Mientras que los jugadores tuvieron para elegir entre otras plataformas y acabaron yendo a PlayStation, esta última se pasa por el forro los años y el dinero que los primeros se han dejado en sus productos.
 
Quizás esto sea una venganza muy, muy tardía frente a la piratería de hace más de dos décadas y que seguramente les hizo perder dinero, pero no el suficiente como para no tener la sartén por el mango en esta revolucionaria decisión. Eso sí, la sartén la tendrán ellos, pero los huevos los ponen los jugadores. Como en todo en la vida, la resignación será, también en este caso, una derrota más ante los gigantes, mientras que una reacción masiva ante este tipo de abusos, tal vez, pueda parar los pies tanto a esta como a cualquier otra injusticia.
Si no recuerdo mal, fue en 1999 cuando la primera PlayStation aterrizó en mi casa directamente desde las manos de los Reyes Magos. No tengo claro si vino con uno o con dos mandos, pero sí que traía el Fórmula 1 98 y hasta un volante para conducir en el juego. Yo no tenía ni cinco años, y me enfadaba mucho al no atinar a absolutamente nada en ese nuevo mundo que se abría ante mí. Me sigo mosqueando cuando pierdo, he de decir, pero también puedo afirmar que he mejorado bastante. Recuerdo el olor a máquina nueva de esa consola gris de Sony que vino a revolucionar el mercado y el del libreto explicativo que venía dentro del juego.

No sé cuánto se gastarían los Reyes en ella, pero seguramente su trabajito les costó. Pronto alguien me la piratearía, y los juegos pasaron de costar unas 8.000 pesetas a 500, o menos, en el rastro de la Alameda Vieja, donde quienes disponían de un ordenador en casa colocaban su puesto con decenas de juegos que funcionaban igual que los originales. La piratería, que tanta fuerza tuvo a principios de los dosmiles, se iría diluyendo con el tiempo, a la vez que, paradójicamente, Sony iba dejando de cuidar a sus jugadores. Sobre todo con el lanzamiento de PS3, cuando piratear una consola comenzó a ser una tarea prácticamente imposible, si bien en PS2 también pudimos aprovecharnos de eso. Estos juegos físicos, tanto originales como piratas, servían de punto de encuentro e intercambio entre amigos, primos o vecinos, y un motivo más para darles una segunda, tercera o cuarta vida a los objetos que adquiríamos con mucho esfuerzo.
 

Y es que, hace unos días, Sony anunció el fin del formato físico para los juegos que se lancen a partir de 2028 en PlayStation. Algo más de treinta años después de su nacimiento, y tras ir viendo la dejadez con respecto a los discos, termina algo que forma parte de las vidas de quienes, en mayor o menor medida, hemos disfrutado de los videojuegos. Si antes eran preciosas carátulas a todo color con completos manuales y un disco que intentábamos no manchar o arañar, ahora todo estará exclusivamente dentro de una insípida biblioteca digital. Habrá que comprar siempre al precio que ellos quieran, pagar suscripciones y rezar para que no retiren el juego de sus estanterías virtuales cuando les venga en gana.

Gran parte del público reacciona con boicot personal (con todo el dolor de su corazón, tras cinco consolas principales y una sexta en camino), mientras que otra parte pasará por el aro. Los tiempos cambian y, si bien ponen la excusa (entre otras) del gasto de plástico en carátulas, la realidad es tan simple como que este tipo de monstruos empresariales buscará siempre estirar al máximo sus beneficios. Nada nuevo bajo el sol. Mientras que los jugadores tuvieron para elegir entre otras plataformas y acabaron yendo a PlayStation, esta última se pasa por el forro los años y el dinero que los primeros se han dejado en sus productos.
 
Quizás esto sea una venganza muy, muy tardía frente a la piratería de hace más de dos décadas y que seguramente les hizo perder dinero, pero no el suficiente como para no tener la sartén por el mango en esta revolucionaria decisión. Eso sí, la sartén la tendrán ellos, pero los huevos los ponen los jugadores. Como en todo en la vida, la resignación será, también en este caso, una derrota más ante los gigantes, mientras que una reacción masiva ante este tipo de abusos, tal vez, pueda parar los pies tanto a esta como a cualquier otra injusticia.
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