El relato
Si Juanma Moreno ha tenido el éxito que ha tenido —modesto, pero éxito al fin y al cabo—, se debió a una enorme carambola y a que, en medio de un ruido ensordecedor, estar callado puede ser o parecer la mejor opción. Aquí cabe aquello de que es preferible estar callado y parecer tonto que hablar y demostrarlo. En esta campaña Juanma ha hablado y ha hecho bueno el dicho: parecía tonto y lo es. Porque tonto es creer que es posible una derecha sin extrema derecha. Pretender representar los mismos intereses de la extrema derecha (privatizaciones en sanidad y en educación, centralismo, antifeminismo radical, memoria histórica democrática nula, etc.), pero con la retórica de la derecha sin extrema. En esto y en esta campaña el dato ha acabado sincronizándose con el relato. Lo tuyo, Juanma, era un imposible: engañar con el relato lo que dice el dato. Lo siento, son malos tiempos para la lírica, y peor si tu lírica es tan hortera.
El dato
Estos son los datos, escuetamente. HLA (Asisa), Vithas, Quirónsalud, San Juan de Dios y Hospitales Pascual han sido las grandes beneficiarias de los 553 millones repartidos en el último macroconcierto de la Consejería de Sanidad, tras seis años de privatizaciones, la crisis de los cribados de cáncer de mama y una investigación por contratos fraccionados que dieron 44 millones «a dedo» en 2021. El nombramiento como viceconsejero de Salud de un jefe de servicio de una clínica HLA beneficiada por los conciertos fue denunciado por la Marea Blanca como «privatización encubierta». Los conciertos y subvenciones a la privada pasaron de 843 millones en 2019 a 1.101 millones presupuestados para 2026, mientras se han suprimido más de 3.500 aulas públicas. La nueva ley universitaria (LUPA) fue denunciada por los rectores de las públicas como restricción de la autonomía universitaria e infrafinanciación, mientras la Junta aprobaba tres universidades privadas y tramitaba seis más. Desde 2019 se han eliminado subvenciones a 241 asociaciones feministas, se ha creado un teléfono de «violencia intrafamiliar» que invisibiliza la violencia machista, se han dado 1,7 millones a entidades antiabortistas y se han aplicado recortes al Instituto Andaluz de la Mujer, además de la supresión por decreto-ley de la fiscalización del impacto de género en los presupuestos. Seguidismo de Génova, renuncia a la reforma de la financiación autonómica que perjudica a Andalucía y uso del andalucismo como retórica sin contenido competencial.
Lo que el acuerdo que firmó el otro día con Vox no es sino la sincronización entre el dato y el relato. Y por mucho que intenten maquillarlo la cadena Joly y otros medios jugosamente regados con millones de la junta, este documento es el acta de defunción de la supuesta singularidad andaluza . Esa singularidad ha sido una invento de márquetin que la prensa afín ha encumbrado a la categoría de análisis politológico. Bien que se lo han pagado: el total global, wel que se conoce parcialmente, es desde que Moreno accedió a la presidencia y hasta 2025, sus gobiernos han gastado al menos 286,4 millones de euros en publicidad institucional y patrocinios —una media de 46,2 millones al año—, lo que supone un incremento del 140% respecto a la etapa socialista y multiplica por casi 2,5 la inversión anual del último gobierno de Susana Díaz (77,3 millones entre 2015 y 2018). El desglose por medios (Joly incluido) es opaco de forma deliberada: el Gobierno de Moreno lleva desde enero de 2022 incumpliendo una sentencia judicial que le obliga a facilitar información detallada de cómo y cuánto contrata con cada medio de comunicación, y la Junta tampoco facilita los contratos menores adjudicados a dedo por debajo de 30.000 euros, algo que la propia Cámara de Cuentas le ha reprochado. Es decir: no sabemos cuánto ha ido a Joly y a los otrosporque la Junta se niega judicialmente a decirlo.
El acuerdo PP-Vox, firmado en Sevilla el 2 de julio de 2026 por Moreno y Gavira, contiene 150 medidas y da a Vox una Consejería con rango de vicepresidencia (Turismo, Desregulación, Justicia y Administración Local), la Vicepresidencia Primera del Parlamento y un senador. Sus ejes: rebajas fiscales (IRPF, Sucesiones, supresión de impuestos ambientales), «prioridad nacional» en ayudas y vivienda, rechazo frontal a menores migrantes con plan de repatriación, prohibición del burka, fin del programa de lengua árabe, concertación progresiva del Bachillerato, colaboración público-privada sanitaria, revisión de la Ley de Cambio Climático, defensa de la tauromaquia y la caza, una «Ley de Concordia» que sustituye la memoria histórica y unidad de voto obligatoria durante cuatro presupuestos.
La última esperanza blanca
Moreno Bonilla era lo que en términos de la prensa deportiva americana se llamaba «la última esperanza blanca». La expresión «la última Gran Esperanza Blanca» (Great White Hope) se atribuye habitualmente al escritor Jack London, que ejercía de cronista de boxeo. Tras ver a Jack Johnson —el primer campeón mundial negro de los pesos pesados— destrozar a Tommy Burns en Sídney el 26 de diciembre de 1908, London escribió su famosa crónica para el New York Herald. Pero la fórmula exacta great white hope cristalizó en la prensa estadounidense durante los meses siguientes, entre 1909 y 1910, mientras los promotores desfilaban un boxeador blanco tras otro para intentar destronar a Johnson. La cosa culminó en la «Pelea del Siglo» de Reno, el 4 de julio de 1910, donde Johnson demolió a Jeffries y provocó disturbios raciales en todo el país. La esperanza blanca no era un proyecto deportivo sino ideológico, y fracasó precisamente porque el dato (Johnson ganaba) se negaba a obedecer al relato. Porque entonces, como ahora, detrás de esa expresión aparentemente deportiva y pugilística se escondía un maltrato social, identitario y de clase.
Una parte nada despreciable, según la encuesta postelectoral del CIS, votó a Moreno Bonilla para que no pactara con Vox, o sea, porque vio en el presidente la última esperanza blanca de una derecha democrática y liberal. Pues bien, esta última esperanza blanca es ya, como pasó con Ciudadanos o UPyD, un cadáver político dotado de palabra. Por fin el dato y el relato se sincronizan.
El relato
Si Juanma Moreno ha tenido el éxito que ha tenido —modesto, pero éxito al fin y al cabo—, se debió a una enorme carambola y a que, en medio de un ruido ensordecedor, estar callado puede ser o parecer la mejor opción. Aquí cabe aquello de que es preferible estar callado y parecer tonto que hablar y demostrarlo. En esta campaña Juanma ha hablado y ha hecho bueno el dicho: parecía tonto y lo es. Porque tonto es creer que es posible una derecha sin extrema derecha. Pretender representar los mismos intereses de la extrema derecha (privatizaciones en sanidad y en educación, centralismo, antifeminismo radical, memoria histórica democrática nula, etc.), pero con la retórica de la derecha sin extrema. En esto y en esta campaña el dato ha acabado sincronizándose con el relato. Lo tuyo, Juanma, era un imposible: engañar con el relato lo que dice el dato. Lo siento, son malos tiempos para la lírica, y peor si tu lírica es tan hortera.
El dato
Estos son los datos, escuetamente. HLA (Asisa), Vithas, Quirónsalud, San Juan de Dios y Hospitales Pascual han sido las grandes beneficiarias de los 553 millones repartidos en el último macroconcierto de la Consejería de Sanidad, tras seis años de privatizaciones, la crisis de los cribados de cáncer de mama y una investigación por contratos fraccionados que dieron 44 millones «a dedo» en 2021. El nombramiento como viceconsejero de Salud de un jefe de servicio de una clínica HLA beneficiada por los conciertos fue denunciado por la Marea Blanca como «privatización encubierta». Los conciertos y subvenciones a la privada pasaron de 843 millones en 2019 a 1.101 millones presupuestados para 2026, mientras se han suprimido más de 3.500 aulas públicas. La nueva ley universitaria (LUPA) fue denunciada por los rectores de las públicas como restricción de la autonomía universitaria e infrafinanciación, mientras la Junta aprobaba tres universidades privadas y tramitaba seis más. Desde 2019 se han eliminado subvenciones a 241 asociaciones feministas, se ha creado un teléfono de «violencia intrafamiliar» que invisibiliza la violencia machista, se han dado 1,7 millones a entidades antiabortistas y se han aplicado recortes al Instituto Andaluz de la Mujer, además de la supresión por decreto-ley de la fiscalización del impacto de género en los presupuestos. Seguidismo de Génova, renuncia a la reforma de la financiación autonómica que perjudica a Andalucía y uso del andalucismo como retórica sin contenido competencial.
Lo que el acuerdo que firmó el otro día con Vox no es sino la sincronización entre el dato y el relato. Y por mucho que intenten maquillarlo la cadena Joly y otros medios jugosamente regados con millones de la junta, este documento es el acta de defunción de la supuesta singularidad andaluza . Esa singularidad ha sido una invento de márquetin que la prensa afín ha encumbrado a la categoría de análisis politológico. Bien que se lo han pagado: el total global, wel que se conoce parcialmente, es desde que Moreno accedió a la presidencia y hasta 2025, sus gobiernos han gastado al menos 286,4 millones de euros en publicidad institucional y patrocinios —una media de 46,2 millones al año—, lo que supone un incremento del 140% respecto a la etapa socialista y multiplica por casi 2,5 la inversión anual del último gobierno de Susana Díaz (77,3 millones entre 2015 y 2018). El desglose por medios (Joly incluido) es opaco de forma deliberada: el Gobierno de Moreno lleva desde enero de 2022 incumpliendo una sentencia judicial que le obliga a facilitar información detallada de cómo y cuánto contrata con cada medio de comunicación, y la Junta tampoco facilita los contratos menores adjudicados a dedo por debajo de 30.000 euros, algo que la propia Cámara de Cuentas le ha reprochado. Es decir: no sabemos cuánto ha ido a Joly y a los otrosporque la Junta se niega judicialmente a decirlo.
El acuerdo PP-Vox, firmado en Sevilla el 2 de julio de 2026 por Moreno y Gavira, contiene 150 medidas y da a Vox una Consejería con rango de vicepresidencia (Turismo, Desregulación, Justicia y Administración Local), la Vicepresidencia Primera del Parlamento y un senador. Sus ejes: rebajas fiscales (IRPF, Sucesiones, supresión de impuestos ambientales), «prioridad nacional» en ayudas y vivienda, rechazo frontal a menores migrantes con plan de repatriación, prohibición del burka, fin del programa de lengua árabe, concertación progresiva del Bachillerato, colaboración público-privada sanitaria, revisión de la Ley de Cambio Climático, defensa de la tauromaquia y la caza, una «Ley de Concordia» que sustituye la memoria histórica y unidad de voto obligatoria durante cuatro presupuestos.
La última esperanza blanca
Moreno Bonilla era lo que en términos de la prensa deportiva americana se llamaba «la última esperanza blanca». La expresión «la última Gran Esperanza Blanca» (Great White Hope) se atribuye habitualmente al escritor Jack London, que ejercía de cronista de boxeo. Tras ver a Jack Johnson —el primer campeón mundial negro de los pesos pesados— destrozar a Tommy Burns en Sídney el 26 de diciembre de 1908, London escribió su famosa crónica para el New York Herald. Pero la fórmula exacta great white hope cristalizó en la prensa estadounidense durante los meses siguientes, entre 1909 y 1910, mientras los promotores desfilaban un boxeador blanco tras otro para intentar destronar a Johnson. La cosa culminó en la «Pelea del Siglo» de Reno, el 4 de julio de 1910, donde Johnson demolió a Jeffries y provocó disturbios raciales en todo el país. La esperanza blanca no era un proyecto deportivo sino ideológico, y fracasó precisamente porque el dato (Johnson ganaba) se negaba a obedecer al relato. Porque entonces, como ahora, detrás de esa expresión aparentemente deportiva y pugilística se escondía un maltrato social, identitario y de clase.
Una parte nada despreciable, según la encuesta postelectoral del CIS, votó a Moreno Bonilla para que no pactara con Vox, o sea, porque vio en el presidente la última esperanza blanca de una derecha democrática y liberal. Pues bien, esta última esperanza blanca es ya, como pasó con Ciudadanos o UPyD, un cadáver político dotado de palabra. Por fin el dato y el relato se sincronizan.
Comentarios