Las feministas. Aborrecidas todas nosotras.
En todo este entramado que antes era un lugar libre, donde los hombres entraban y salían a placer, sin una protesta, sin un desaliento.
Un lugar del que se adueñaron unilateralmente, porque la voz fémina era muda a oídos machistas.
A unos días de la conmemoración del 8 de marzo, tenemos que seguir sosteniendo una violencia que no es solo física, con la que ya vamos servidas.
Las mujeres tenemos que seguir soportando la degradación sistémica en la manera de afrontar las violencias que sufrimos.
Como si fueran escasas. Como si tuviéramos horas en el día para denunciar con cada célula que nos compone a pleno pulmón, además de seguir maternando en un mundo corrompido por el deshacer humano, por la inconciencia y la baja tolerancia a la vida del otro.
Y todo esto, con el vacío de los que nos estrujan con su mano desde la cabeza, para irnos haciendo bien pequeñitas a ver si así se nos va escuchando cada vez menos.
No están, ni siquiera se les espera.
No será que hay peligro de muerte de sus abusos disfrazados de privilegios.
Dónde están las feministas que no denuncian la violación del DAO de la policía y que salían en manada por el pico de Jenni Hermoso. Escondidas como ratas.
Qué ruín.
Las feministas, los feministas, ojalá más y más fuerte, no somos un proyecto de la izquierda. Pero para entender esto, hay que tener un mínimo de teoría del movimiento gracias al que hoy las mujeres tenemos unos derechos que los hombres respiraban por mero nacimiento.
Calladas dicen que estamos.
Será que brilláis por vuestra ausencia.
Diez mujeres y dos menores asesinados a manos de sus maltratadores en lo que va de 2026.
Y vuestra conciencia, nos diréis moralmente superior al resto, es seguir utilizando nuestra lucha como arma política.
Lo que las feministas queremos es que estéis a nuestro lado, que sostengáis nuestro puño en alto mientras gritamos que nos están matando.
Lo que queremos las feministas es que lo hagáis con nosotras, que se escuche vuestra voz entrelazada con las nuestras, como un solo canto.
Queremos que dejéis de un lado el autorretrato de amenazados para pintaros el corazón de morado.
Doce víctimas, dos de ellas menores, en cincuenta y cinco días.
A esto se le llama terrorismo.
Y vosotros, los que echáis mano a la IA de chatGPT utilizando la ley del mínimo esfuerzo mental, no vaya a ser que se os chamusque el intelecto, los que luego compartís esas creaciones simplistas, seguís manipulando el lenguaje llamando feminismo a las políticas de igualdad que hacen los partidos de la ultraderecha, y a las feministas que defendemos los derechos de las mujeres, feminazis.
Las mujeres estamos aquí, dando la cara, poniendo el cuerpo.
Las ratas están en las cloacas.
Los fascistas por la calle, camuflados de sujetos sociales que luego nos matan.



