Pudiera ser que mañana, 3 de noviembre, las derechas globales se den la gran trompada en Washington y a eso le temen más que al diablo, que en realidad encarnan ellas mismas. El fascismo vistió a las izquierdas con cuernos y rabo, entre los 30 y los 50 del siglo XX, y el mito no dejó de crecer entre su gilada. De ahí surge el odio de esa masa social, más que fascista supersticiosa, que ataca desde su hinchada a Pedro Sánchez, a Lula o a Cristina Fernández. Surge del dogma con el que les cincelaron el corazón de granito que les trasplantaron. Les pasó los mismo a los estalinistas, pero de estos no quedan ni cuatro; de estalinismo MAGA quedan unos cientos de millones, incluso en España, aunque vayan en descenso porque ya se le han visto los palos al sombrajo de Trump-Feijóo- Abascal-Bolsonaro-Milei.
El EJE, más bien un árbol de levas, se les ha partido y parece que sin arreglo. Con Lula y también en Serbia, donde ganaron las izquierdas progresistas. La situación en Polonia, con un jefe de Gobierno liberal enfrentado con un presidente de la república ultraderechista, ha sacado a las gentes a las calles y nadie sabe en qué terminará ese intento ultraderechista de suspender al presidente del Tribunal Constitucional.
Quizá esta desesperación que viven las derechas explique sus iras actuales, ante la más que posible derrota, mañana mismo, de los republicanos con Trump que explica el acceso de ira y ausencia absoluta de memoria y coherencia por parte de las derechas españolas: parecería que sufren la orfandad anticipada de un Washington que dejará de ser el faro y guía de la deshumanización. Es curioso que, por fin, y es importante de observar, ha surgido una izquierda en Estados Unidos de América y que no continúa, simplemente, el sobreentendido de que los demócratas lo sean. Es como si Estados Unidos llegara tarde a la modernización de la política, pero está llegando, y Haley Stevens no lo puede soportar. Stevens era la precandidata demócrata al senado que perdió en las primarias ante Abdul El Sayed. Llena de rencor y mal perder decidió apoyar al candidato republicano. Y sí, contra lo que se diga, Roma paga a traidores y enseguida salió Trump a homenajearla. Digo traidora no porque no pueda ser de derechas una persona que está en un partido aparentemente de izquierdas, sino porque su mal perder la ha llevado a no respetar sus propias reglas del juego.
Por fin, parece, empiezan a tener más importancia las propuestas concretas de justicia social y respeto por el otro que el simple e insuficiente hecho de ser de izquierdas o de derechas: siendo que no es el verbo ser sino el verbo estar el que debiera utilizarse. Con propuestas concretas ganó Lula con un vicepresidente liberal socialdemócrata, con propuestas concretas ganaron los estudiantes en Serbia, con propuestas concretas ganó Zohran Mamdani en Nueva York.
Hay tiempo para rescatar a la política de los ripios y construir concreción en las propuestas que hagan posible identificarse a los votantes con les candidates. Lo hizo Lula en dos semanas y recuperó diez millones de votos, sí, 10 millones de votos, en dos semanas. La tendencia en Estados Unidos no va a cambiar porque la rencorosa Stevens quiera jugar un papel de Salomé pasado de moda. No faltan medios de comunicación tratando de ocultar que las derechas están desnudas como el rey: cuanto más gritan más lo desnudan. Dejarse arrastrar por las consignas de las derechas para parecer más de izquierdas o asumir consignas de derechas para no parecer tan de izquierdas es la gran trampa y una enorme estupidez política.
Pudiera ser que mañana, 3 de noviembre, las derechas globales se den la gran trompada en Washington y a eso le temen más que al diablo, que en realidad encarnan ellas mismas. El fascismo vistió a las izquierdas con cuernos y rabo, entre los 30 y los 50 del siglo XX, y el mito no dejó de crecer entre su gilada. De ahí surge el odio de esa masa social, más que fascista supersticiosa, que ataca desde su hinchada a Pedro Sánchez, a Lula o a Cristina Fernández. Surge del dogma con el que les cincelaron el corazón de granito que les trasplantaron. Les pasó los mismo a los estalinistas, pero de estos no quedan ni cuatro; de estalinismo MAGA quedan unos cientos de millones, incluso en España, aunque vayan en descenso porque ya se le han visto los palos al sombrajo de Trump-Feijóo- Abascal-Bolsonaro-Milei.
El EJE, más bien un árbol de levas, se les ha partido y parece que sin arreglo. Con Lula y también en Serbia, donde ganaron las izquierdas progresistas. La situación en Polonia, con un jefe de Gobierno liberal enfrentado con un presidente de la república ultraderechista, ha sacado a las gentes a las calles y nadie sabe en qué terminará ese intento ultraderechista de suspender al presidente del Tribunal Constitucional.
Quizá esta desesperación que viven las derechas explique sus iras actuales, ante la más que posible derrota, mañana mismo, de los republicanos con Trump que explica el acceso de ira y ausencia absoluta de memoria y coherencia por parte de las derechas españolas: parecería que sufren la orfandad anticipada de un Washington que dejará de ser el faro y guía de la deshumanización. Es curioso que, por fin, y es importante de observar, ha surgido una izquierda en Estados Unidos de América y que no continúa, simplemente, el sobreentendido de que los demócratas lo sean. Es como si Estados Unidos llegara tarde a la modernización de la política, pero está llegando, y Haley Stevens no lo puede soportar. Stevens era la precandidata demócrata al senado que perdió en las primarias ante Abdul El Sayed. Llena de rencor y mal perder decidió apoyar al candidato republicano. Y sí, contra lo que se diga, Roma paga a traidores y enseguida salió Trump a homenajearla. Digo traidora no porque no pueda ser de derechas una persona que está en un partido aparentemente de izquierdas, sino porque su mal perder la ha llevado a no respetar sus propias reglas del juego.
Por fin, parece, empiezan a tener más importancia las propuestas concretas de justicia social y respeto por el otro que el simple e insuficiente hecho de ser de izquierdas o de derechas: siendo que no es el verbo ser sino el verbo estar el que debiera utilizarse. Con propuestas concretas ganó Lula con un vicepresidente liberal socialdemócrata, con propuestas concretas ganaron los estudiantes en Serbia, con propuestas concretas ganó Zohran Mamdani en Nueva York.
Hay tiempo para rescatar a la política de los ripios y construir concreción en las propuestas que hagan posible identificarse a los votantes con les candidates. Lo hizo Lula en dos semanas y recuperó diez millones de votos, sí, 10 millones de votos, en dos semanas. La tendencia en Estados Unidos no va a cambiar porque la rencorosa Stevens quiera jugar un papel de Salomé pasado de moda. No faltan medios de comunicación tratando de ocultar que las derechas están desnudas como el rey: cuanto más gritan más lo desnudan. Dejarse arrastrar por las consignas de las derechas para parecer más de izquierdas o asumir consignas de derechas para no parecer tan de izquierdas es la gran trampa y una enorme estupidez política.
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