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La vida truncada de Belén Arana, atropellada en Dublín tras firmar el contrato de su vida: sus padres buscan respuestas desde Trebujena

Francisco Arana y Paqui Núñez reclaman conocer los detalles de una investigación que avanza demasiado despacio. En su memoria, se han creado unos premios a la excelencia educativa

  • Paqui Núñez y Francisco Arana, padres de Belén, con una foto suya en las manos. -

Belén Arana era una joven feliz. Así la recuerdan sus padres. Con doce años, viajó por primera vez a Irlanda para participar en campamentos de inmersión lingüística. Con el tiempo, estudió Traducción e Interpretación, y poco antes de terminar la carrera, la llamaron desde la empresa que organizaba estos campamentos para que se incorporara como profesora.

El 18 de mayo de 2026 estaba pletórica. Mientras disfrutaba de un partido de rugby con sus amigas, en el estadio, la llamaron para confirmarle que iba a cumplir su sueño: dar clase en el campamento de Limerick, por el que pasan entre 400 y 500 jóvenes cada 15 días, durante el verano. Desde allí mismo, telemáticamente, firmó el contrato.

Al terminar el partido, se fueron a un pub. Estaba muy contenta, celebrando con sus amigas un logro profesional que le llegaba con apenas 23 años. Pero de vuelta a casa, cruzando un paso de peatones, un taxi la arrolló y acabó con su vida. Fue el pasado 18 de mayo, y desde entonces sus padres, desde Trebujena, exigen respuestas a sus innumerables dudas. Unas respuestas que les van llegando a cuentagotas.

  • Francisco Arana, junto a un chaquetón de su hija, que conservan en casa.
  •  

Les tranquiliza, al menos, que Belén no sufriera. Se lo contó el médico que la atendió en el lugar del accidente. La ambulancia llegó tan solo siete minutos después del impacto, pero ya no se pudo hacer nada por salvar su vida. El médico, en una reunión mantenida con la familia, les dijo que tuvo agarrada a Belén de la mano hasta que falleció, y que no estuvo sola. “En ese sentido sí estamos tranquilos”, dice Francisco Arana, padre de Belén. Pero no es suficiente.

Francisco Arana y Paqui Núñez son los padres de Belén Arana Núñez, la joven de 23 años de Trebujena a quien segaron su vida en un accidente de tráfico en torno al que, más de seis meses después, sigue habiendo muchas incógnitas.

Un taxista que sigue conduciendo por las calles de Dublín

Cuando reciben a lavozdelsur.es en su casa, quien ejerce de portavoz de la familia es Francisco, principalmente. Paqui apenas puede hablar. No le salen las palabras. Solo al final de la entrevista, en la despedida, describe a Belén como una joven feliz, que el día de su muerte estaba muy contenta por el contrato que acababa de firmar.

Francisco Arana es quien hace el relato de lo sucedido aquella fatídica noche. De lo poco que saben. El taxi que acabó con la vida de Belén llevaba a tres jóvenes, que fueron quienes llamaron al 112 para informar de que habían atropellado a una joven que no mostraba signos de vida. Así lo contaron.

Las pasajeras del taxi fueron testigos. Y también otras personas que había en la calle en ese momento, cerca del lugar de los hechos. Belén se acababa de bajar de un autobús, de vuelta del partido de rugby, y la cámara trasera del vehículo captó algunas imágenes.

  • Francisco sujeta un premio concedido a Belén.
  •  

Pero la investigación avanza de forma desesperadamente lenta para la familia. El padre de Belén cuenta que, según han podido saber de fuentes extraoficiales, el taxista no fue detenido, tampoco se le retiró la licencia y sigue ejerciendo su trabajo. Les cuentan que aún no ha sido interrogado.

La familia contactó con la compañía aseguradora del vehículo, para saber si los peritos habían investigado algo, pero no les pudieron dar más detalles. Porque moverse se han movido, y bastante, desde entonces. Para encontrar respuestas a sus muchas preguntas.

Estuvieron meses sin saber prácticamente nada de los detalles que rodearon a la muerte de su hija. “Con tan poca información, la imaginación se desborda”, cuenta Francisco. Ese mismo día hubo tres atropellos mortales en Dublín, y se llegaron a plantear si tenían relación, si era un ataque premeditado… “Cuando supimos algo, descansamos mentalmente”, sostiene.

Una reunión forzada con la Policía irlandesa

Durante unos meses, la familia de Belén Arana Núñez apenas supo nada sobre el accidente. Hasta que, a finales de septiembre, pudo reunirse con representantes de la Garda —el equivalente a la Policía Nacional de Irlanda—, quienes les contaron que este tipo de investigaciones suelen tardar como mínimo 18 meses en ofrecer resultados, sin contar con el juicio.

Pero gracias a que una de las personas presentes en esa reunión empatizó con Paqui, a la que vio sufrir durante toda la entrevista, pudieron despejar algunas dudas, de forma extraoficial.

  • Francisco y Paqui, en el salón de su casa, con una foto familiar. 
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Según esa versión, Belén cruzó el paso de peatones de forma correcto, con el semáforo en verde. Entonces, un taxista que adelantaba a otro coche no se detuvo en el semáforo y la atropelló. Son datos que no les han sido confirmados de forma oficial, pero les aportan algo de paz mental al menos.

Sí les pudieron adelantar que las pruebas eran tan claras que se iría por vía penal contra el conductor del taxi, previsiblemente antes de final de año. Cuando el juez llame a declarar al taxista, se le podrá retirar el carné de conducir si lo estima oportuno.

Para ellos, hacer justicia sería que "le cayera todo el peso de la ley". Su abogado le planteó si aceptaría un acuerdo cuando llegara el juicio. “No, no, acuerdo ninguno. La vida de mi hija no vale ningún tipo de acuerdo”, responde.

Sin los resultados de la autopsia

Otro elemento clave en esta historia es que desconocen los resultados de la autopsia. Ni les han devuelto el teléfono de Belén, con todos sus mensajes, sus audios, sus fotos y vídeos, que la familia quiere conservar.

En la misma morgue, relata Francisco, un agente les hizo firmar un documento en el que se reflejaba que le habían extraído el cerebro para una posible investigación forense. “Incineré a mi hija sin su cerebro, y no me enteré hasta que llegamos a Trebujena”, lamenta el padre. “¿Para qué se lo quitaron?”, se pregunta. Es otro de los interrogantes sin respuesta.

Las cenizas del cerebro le fueron devueltas a una amiga de Belén posteriormente. Ella las conserva en Irlanda. Un grupo de amigas tiene previsto desplazarse hasta Escocia, un viaje que tenían programado con la joven trebujenera, para esparcirlas allí.

  • El diploma del máster que terminó Belén, enmarcado en el salón de su casa.
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Belén, una joven que estaba “en todas partes”

Sus padres tienen pensado esparcir las suyas en varios puntos. En el nacimiento del río Guadalquivir, en Jaén, donde se encontraba la familia de viaje cuando llamaron a Belén para que se incorporara como profesora en Dublín. También en el faro de Trafalgar, en el castillo de Jimena —que le recordaba a Irlanda—, en los acantilados de irlandeses de Howth y con su abuela.

Porque así era Belén, que “estaba en todas partes”. Cuentan sus padres que la joven, a pesar de la distancia, seguía estando muy cerca de su familia. Desde Irlanda, estaba pendiente de detalles cotidianos de la vida de sus padres.

Francisco Arana, su padre, la describe como una joven muy empática. Cuando llegaba alguien nuevo a las academias, lo saludaba efusivamente, para que “vieran una cara amiga”.

Belén era la mayor de tres hermanos —tienen 20 y 15 años ahora el mediano y el pequeño— y le encantaba la naturaleza. Solo el hecho de pasear por entornos verdes la hacía feliz. Desde que falleció, cuentan sus padres, aparece una mariposa blanca cada vez que hablan de ella. Es la forma que tienen de tenerla presente.

Una vida ligada al inglés

Belén empezó a viajar a campamentos de inmersión lingüística, con doce años, gracias a un profesor del instituto de Trebujena que estaba ligado a la empresa NLD Education. Allí conoció a responsables de Apollo Language Centre, donde terminaría trabajando.

Estudió Traducción e Interpretación en la Universidad de Córdoba, y en su proyecto fin de grado trató la historia y las costumbres de Irlanda. Luego completó un máster de profesora de español como lengua extranjera, que terminó poco antes de fallecer. Sus padres tienen el diploma enmarcado en su salón, bien visible.

  • Francisco sujeta la tarjeta identificativa de Belén, de la empresa Apollo.
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El último curso del grado lo hizo en Países Bajos, donde estuvo de Erasmus, trabajando también como au pair —cuidando a los hijos de una familia a cambio de alojamiento—. Cuando le quedaba una asignatura para terminar, la llamaron para trabajar en la academia, en la que terminó haciendo carrera.

El día que falleció acababa de firmar un nuevo contrato, para ostentar un cargo de mayor responsabilidad, y ponerse al frente de un gran campamento por el que pasa medio millar de jóvenes cada quincena.

Unos premios que llevan su nombre

La tragedia ha unido a la familia de Belén con su familia irlandesa. El pasado 20 de octubre se presentaron en Trebujena los Premios Belén Arana a la Excelencia Educativa, con el apoyo del Ayuntamiento y representantes de Apollo y NLD.

  • Presentación de los Premios Belén Arana a la Excelencia Educativa en Trebujena.
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Este programa ofrecerá a jovenes becas en un programa de inmersión lingüística en Dublín durante el verano de 2027. Además del expediente académico, se valorará la motivación, la empatía y los valores personales de los candidatos que aspiren a estas becas, que deben tener entre 12 y 17 años.

Hasta Trebujena se desplazaron miembros de estas empresas, que trasladaron su cariño a los padres de Belén, y que los han ayudado durante todo el proceso, ofreciéndoles alojamiento y facilitándole trámites burocráticos durante sus estancias en Dublín.

El jefe de Belén resumió su forma de ser con una frase: “Hay personas que con 90 años no han llegado a su objetivo en la vida y Belén, con 23, ya lo había conseguido”.

Irlanda también recuerda a la joven, que ya figura el Wall of Remembrance de la Irish Road Victims Association, un homenaje audiovisual a las personas fallecidas en accidentes de tráfico. Su padre, Francisco Arana, confiesa que aún no ha entrado en el duelo. Está “obsesionado” con conocer todos los detalles de la investigación. Entonces, descansarán.

Belén Arana era una joven feliz. Así la recuerdan sus padres. Con doce años, viajó por primera vez a Irlanda para participar en campamentos de inmersión lingüística. Con el tiempo, estudió Traducción e Interpretación, y poco antes de terminar la carrera, la llamaron desde la empresa que organizaba estos campamentos para que se incorporara como profesora.

El 18 de mayo de 2026 estaba pletórica. Mientras disfrutaba de un partido de rugby con sus amigas, en el estadio, la llamaron para confirmarle que iba a cumplir su sueño: dar clase en el campamento de Limerick, por el que pasan entre 400 y 500 jóvenes cada 15 días, durante el verano. Desde allí mismo, telemáticamente, firmó el contrato.

Al terminar el partido, se fueron a un pub. Estaba muy contenta, celebrando con sus amigas un logro profesional que le llegaba con apenas 23 años. Pero de vuelta a casa, cruzando un paso de peatones, un taxi la arrolló y acabó con su vida. Fue el pasado 18 de mayo, y desde entonces sus padres, desde Trebujena, exigen respuestas a sus innumerables dudas. Unas respuestas que les van llegando a cuentagotas.

  • Francisco Arana, junto a un chaquetón de su hija, que conservan en casa.
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Les tranquiliza, al menos, que Belén no sufriera. Se lo contó el médico que la atendió en el lugar del accidente. La ambulancia llegó tan solo siete minutos después del impacto, pero ya no se pudo hacer nada por salvar su vida. El médico, en una reunión mantenida con la familia, les dijo que tuvo agarrada a Belén de la mano hasta que falleció, y que no estuvo sola. “En ese sentido sí estamos tranquilos”, dice Francisco Arana, padre de Belén. Pero no es suficiente.

Francisco Arana y Paqui Núñez son los padres de Belén Arana Núñez, la joven de 23 años de Trebujena a quien segaron su vida en un accidente de tráfico en torno al que, más de seis meses después, sigue habiendo muchas incógnitas.

Un taxista que sigue conduciendo por las calles de Dublín

Cuando reciben a lavozdelsur.es en su casa, quien ejerce de portavoz de la familia es Francisco, principalmente. Paqui apenas puede hablar. No le salen las palabras. Solo al final de la entrevista, en la despedida, describe a Belén como una joven feliz, que el día de su muerte estaba muy contenta por el contrato que acababa de firmar.

Francisco Arana es quien hace el relato de lo sucedido aquella fatídica noche. De lo poco que saben. El taxi que acabó con la vida de Belén llevaba a tres jóvenes, que fueron quienes llamaron al 112 para informar de que habían atropellado a una joven que no mostraba signos de vida. Así lo contaron.

Las pasajeras del taxi fueron testigos. Y también otras personas que había en la calle en ese momento, cerca del lugar de los hechos. Belén se acababa de bajar de un autobús, de vuelta del partido de rugby, y la cámara trasera del vehículo captó algunas imágenes.

  • Francisco sujeta un premio concedido a Belén.
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Pero la investigación avanza de forma desesperadamente lenta para la familia. El padre de Belén cuenta que, según han podido saber de fuentes extraoficiales, el taxista no fue detenido, tampoco se le retiró la licencia y sigue ejerciendo su trabajo. Les cuentan que aún no ha sido interrogado.

La familia contactó con la compañía aseguradora del vehículo, para saber si los peritos habían investigado algo, pero no les pudieron dar más detalles. Porque moverse se han movido, y bastante, desde entonces. Para encontrar respuestas a sus muchas preguntas.

Estuvieron meses sin saber prácticamente nada de los detalles que rodearon a la muerte de su hija. “Con tan poca información, la imaginación se desborda”, cuenta Francisco. Ese mismo día hubo tres atropellos mortales en Dublín, y se llegaron a plantear si tenían relación, si era un ataque premeditado… “Cuando supimos algo, descansamos mentalmente”, sostiene.

Una reunión forzada con la Policía irlandesa

Durante unos meses, la familia de Belén Arana Núñez apenas supo nada sobre el accidente. Hasta que, a finales de septiembre, pudo reunirse con representantes de la Garda —el equivalente a la Policía Nacional de Irlanda—, quienes les contaron que este tipo de investigaciones suelen tardar como mínimo 18 meses en ofrecer resultados, sin contar con el juicio.

Pero gracias a que una de las personas presentes en esa reunión empatizó con Paqui, a la que vio sufrir durante toda la entrevista, pudieron despejar algunas dudas, de forma extraoficial.

  • Francisco y Paqui, en el salón de su casa, con una foto familiar. 
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Según esa versión, Belén cruzó el paso de peatones de forma correcto, con el semáforo en verde. Entonces, un taxista que adelantaba a otro coche no se detuvo en el semáforo y la atropelló. Son datos que no les han sido confirmados de forma oficial, pero les aportan algo de paz mental al menos.

Sí les pudieron adelantar que las pruebas eran tan claras que se iría por vía penal contra el conductor del taxi, previsiblemente antes de final de año. Cuando el juez llame a declarar al taxista, se le podrá retirar el carné de conducir si lo estima oportuno.

Para ellos, hacer justicia sería que "le cayera todo el peso de la ley". Su abogado le planteó si aceptaría un acuerdo cuando llegara el juicio. “No, no, acuerdo ninguno. La vida de mi hija no vale ningún tipo de acuerdo”, responde.

Sin los resultados de la autopsia

Otro elemento clave en esta historia es que desconocen los resultados de la autopsia. Ni les han devuelto el teléfono de Belén, con todos sus mensajes, sus audios, sus fotos y vídeos, que la familia quiere conservar.

En la misma morgue, relata Francisco, un agente les hizo firmar un documento en el que se reflejaba que le habían extraído el cerebro para una posible investigación forense. “Incineré a mi hija sin su cerebro, y no me enteré hasta que llegamos a Trebujena”, lamenta el padre. “¿Para qué se lo quitaron?”, se pregunta. Es otro de los interrogantes sin respuesta.

Las cenizas del cerebro le fueron devueltas a una amiga de Belén posteriormente. Ella las conserva en Irlanda. Un grupo de amigas tiene previsto desplazarse hasta Escocia, un viaje que tenían programado con la joven trebujenera, para esparcirlas allí.

  • El diploma del máster que terminó Belén, enmarcado en el salón de su casa.
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Belén, una joven que estaba “en todas partes”

Sus padres tienen pensado esparcir las suyas en varios puntos. En el nacimiento del río Guadalquivir, en Jaén, donde se encontraba la familia de viaje cuando llamaron a Belén para que se incorporara como profesora en Dublín. También en el faro de Trafalgar, en el castillo de Jimena —que le recordaba a Irlanda—, en los acantilados de irlandeses de Howth y con su abuela.

Porque así era Belén, que “estaba en todas partes”. Cuentan sus padres que la joven, a pesar de la distancia, seguía estando muy cerca de su familia. Desde Irlanda, estaba pendiente de detalles cotidianos de la vida de sus padres.

Francisco Arana, su padre, la describe como una joven muy empática. Cuando llegaba alguien nuevo a las academias, lo saludaba efusivamente, para que “vieran una cara amiga”.

Belén era la mayor de tres hermanos —tienen 20 y 15 años ahora el mediano y el pequeño— y le encantaba la naturaleza. Solo el hecho de pasear por entornos verdes la hacía feliz. Desde que falleció, cuentan sus padres, aparece una mariposa blanca cada vez que hablan de ella. Es la forma que tienen de tenerla presente.

Una vida ligada al inglés

Belén empezó a viajar a campamentos de inmersión lingüística, con doce años, gracias a un profesor del instituto de Trebujena que estaba ligado a la empresa NLD Education. Allí conoció a responsables de Apollo Language Centre, donde terminaría trabajando.

Estudió Traducción e Interpretación en la Universidad de Córdoba, y en su proyecto fin de grado trató la historia y las costumbres de Irlanda. Luego completó un máster de profesora de español como lengua extranjera, que terminó poco antes de fallecer. Sus padres tienen el diploma enmarcado en su salón, bien visible.

  • Francisco sujeta la tarjeta identificativa de Belén, de la empresa Apollo.
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El último curso del grado lo hizo en Países Bajos, donde estuvo de Erasmus, trabajando también como au pair —cuidando a los hijos de una familia a cambio de alojamiento—. Cuando le quedaba una asignatura para terminar, la llamaron para trabajar en la academia, en la que terminó haciendo carrera.

El día que falleció acababa de firmar un nuevo contrato, para ostentar un cargo de mayor responsabilidad, y ponerse al frente de un gran campamento por el que pasa medio millar de jóvenes cada quincena.

Unos premios que llevan su nombre

La tragedia ha unido a la familia de Belén con su familia irlandesa. El pasado 20 de octubre se presentaron en Trebujena los Premios Belén Arana a la Excelencia Educativa, con el apoyo del Ayuntamiento y representantes de Apollo y NLD.

  • Presentación de los Premios Belén Arana a la Excelencia Educativa en Trebujena.
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Este programa ofrecerá a jovenes becas en un programa de inmersión lingüística en Dublín durante el verano de 2027. Además del expediente académico, se valorará la motivación, la empatía y los valores personales de los candidatos que aspiren a estas becas, que deben tener entre 12 y 17 años.

Hasta Trebujena se desplazaron miembros de estas empresas, que trasladaron su cariño a los padres de Belén, y que los han ayudado durante todo el proceso, ofreciéndoles alojamiento y facilitándole trámites burocráticos durante sus estancias en Dublín.

El jefe de Belén resumió su forma de ser con una frase: “Hay personas que con 90 años no han llegado a su objetivo en la vida y Belén, con 23, ya lo había conseguido”.

Irlanda también recuerda a la joven, que ya figura el Wall of Remembrance de la Irish Road Victims Association, un homenaje audiovisual a las personas fallecidas en accidentes de tráfico. Su padre, Francisco Arana, confiesa que aún no ha entrado en el duelo. Está “obsesionado” con conocer todos los detalles de la investigación. Entonces, descansarán.

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