Algunas palabras tienen más vidas que un gato. Cuando yo era niño, un “dependiente” era simplemente un vendedor, un empleado de comercio. Ahora, un “dependiente” es alguien incapaz de valerse por sí mismo y esto es un asunto serio, pues en definitiva, tiene que ver con la libertad. Y sin embargo, convendremos en que, todos, absolutamente todos, hasta el “omniprepotente” Donald Trump, de una manera u otra, somos dependientes. ¿Y entonces, qué me dices de los “autónomos”?. ¿Los autónomos son independientes?. ¿Puede ser autónomo, alguien que no puede ponerse enfermo, porque si enferma, no come?. Evidentemente no. Por lo tanto, ni siquiera los autónomos son autónomos ni independientes.
Y sin embargo, pasan las generaciones y la palabra “independiente”, desde la guerra de 1808 a la que dio nombre, sigue manteniendo el aroma fresco de la libertad. Y ahí surge la duda, ¿con la palabra “independiente” no sucederá como con la duda planteada por Enrique Javier Poncela, en su novela, “¿Pero hubo alguna vez once mil vírgenes?”. ¿Tras ganar la guerra de la Independencia, derrotando al mismísimo Napoleón, fuimos más independientes que antes de la guerra?. A modo de respuesta; las Cortes de Cádiz podrían contarnos, que hizo el “deseado” Fernando VII, con su gloriosa constitución.
Decía Gil de Biedma en su famoso poema: “De todas las historias de la Historia sin duda la más triste es la de España, porque termina mal. Como si el hombre harto ya de luchar con sus demonios, decidiese encargarles el gobierno y la administración de su pobreza. Y sin embargo, a pesar de nuestros pesares, revoloteando cual murciélago en nuestros sueños, el término “independiente” ha seguido iluminándonos y trayéndonos de cabeza, generación tras generación.
Llegó la transición y uno de sus primeros síntomas fue la aparición en los quioscos de un diario auto titulado, “el diario independiente de la mañana”. Poco tardamos en darnos cuenta, que lo de “independiente”, “dependía”. Hubo días más independientes que otros. Estas dudas, empujaron al nacimiento en 1987, contra viento y marea, de otro periódico titulado a cinco columnas, “El independiente” dirigido por Pablo Sebastián, pero este “independiente” era tan dependiente de las deudas, que a pesar de contar con la “tronera” del gran Antonio Gala, “el Independiente” murió joven, en 1991.
Pero en el siglo XXI, nuestro enamoramiento de “lo independiente” sigue tan indemne, que a los pocos años apareció otro periódico con el mismo título dirigido esta vez por Gracia Abadillo, que sigue saliendo todavía y por si fuera poco, “la independencia y los independientes” están tan de actualidad, que hasta simpatizantes de VOX, van a ir de independientes, dependiendo de los votantes del PP. O sea, que en realidad, van “como independientes” para tratar de unir las fuerzas de la derecha, y de esa manera, condicionar la “independencia” del voto de sus votantes.
Algunas palabras tienen más vidas que un gato. Cuando yo era niño, un “dependiente” era simplemente un vendedor, un empleado de comercio. Ahora, un “dependiente” es alguien incapaz de valerse por sí mismo y esto es un asunto serio, pues en definitiva, tiene que ver con la libertad. Y sin embargo, convendremos en que, todos, absolutamente todos, hasta el “omniprepotente” Donald Trump, de una manera u otra, somos dependientes. ¿Y entonces, qué me dices de los “autónomos”?. ¿Los autónomos son independientes?. ¿Puede ser autónomo, alguien que no puede ponerse enfermo, porque si enferma, no come?. Evidentemente no. Por lo tanto, ni siquiera los autónomos son autónomos ni independientes.
Y sin embargo, pasan las generaciones y la palabra “independiente”, desde la guerra de 1808 a la que dio nombre, sigue manteniendo el aroma fresco de la libertad. Y ahí surge la duda, ¿con la palabra “independiente” no sucederá como con la duda planteada por Enrique Javier Poncela, en su novela, “¿Pero hubo alguna vez once mil vírgenes?”. ¿Tras ganar la guerra de la Independencia, derrotando al mismísimo Napoleón, fuimos más independientes que antes de la guerra?. A modo de respuesta; las Cortes de Cádiz podrían contarnos, que hizo el “deseado” Fernando VII, con su gloriosa constitución.
Decía Gil de Biedma en su famoso poema: “De todas las historias de la Historia sin duda la más triste es la de España, porque termina mal. Como si el hombre harto ya de luchar con sus demonios, decidiese encargarles el gobierno y la administración de su pobreza. Y sin embargo, a pesar de nuestros pesares, revoloteando cual murciélago en nuestros sueños, el término “independiente” ha seguido iluminándonos y trayéndonos de cabeza, generación tras generación.
Llegó la transición y uno de sus primeros síntomas fue la aparición en los quioscos de un diario auto titulado, “el diario independiente de la mañana”. Poco tardamos en darnos cuenta, que lo de “independiente”, “dependía”. Hubo días más independientes que otros. Estas dudas, empujaron al nacimiento en 1987, contra viento y marea, de otro periódico titulado a cinco columnas, “El independiente” dirigido por Pablo Sebastián, pero este “independiente” era tan dependiente de las deudas, que a pesar de contar con la “tronera” del gran Antonio Gala, “el Independiente” murió joven, en 1991.
Pero en el siglo XXI, nuestro enamoramiento de “lo independiente” sigue tan indemne, que a los pocos años apareció otro periódico con el mismo título dirigido esta vez por Gracia Abadillo, que sigue saliendo todavía y por si fuera poco, “la independencia y los independientes” están tan de actualidad, que hasta simpatizantes de VOX, van a ir de independientes, dependiendo de los votantes del PP. O sea, que en realidad, van “como independientes” para tratar de unir las fuerzas de la derecha, y de esa manera, condicionar la “independencia” del voto de sus votantes.
Comentarios