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Opinión

La cultura que nunca debió morir

La final de '6 grupos 6' despertó un recuerdo imposible de silenciar: el de un Jerez que soñó con una cultura abierta al mundo y de un festival, el Xera, que nunca debió desaparecer

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  • Un concierto del desaparecido Festival Internacional Xera. -

El pasado sábado 27 de junio, mientras la música volvía a llenar la Alameda del Banco con la final del certamen 6 grupos 6, no pude evitar que la nostalgia me hiciera un nudo en la garganta. Cuando terminaron los conciertos y los técnicos comenzaron a desmontar el escenario, me quedé unos minutos contemplando cómo aquel espacio iba quedando vacío. Y entonces pensé: menos mal que 6 grupos 6 sigue vivo.

Porque no es un concurso cualquiera. Es una iniciativa que nació para abrir puertas a nuevos grupos musicales, para demostrar que en Jerez había talento, creatividad y juventud con ganas de expresarse. Una apuesta que precisamente fue suprimida de la programación cultural jerezana por el gobierno del PP en 2012 y recuperada e impulsada en 2018, durante el gobierno del cambio, cuando los acuerdos con Ganemos Jerez demostraron que la cultura no era un lujo, sino una herramienta para transformar nuestro municipio. Ganemos Jerez impulsó también la recuperación del Festival Internacional de Títeres, llevó la cultura a los barrios y los parques, apretó para que se abrieran las bibliotecas de barrio, recuperó el Cine Astoria o el Tabanco del Duque. 

Con los años, el 6 grupos 6 ha sabido consolidarse, creciendo edición tras edición hasta convertirse en una referencia para las bandas emergentes de nuestra provincia y de muchos otros lugares de España. Y eso debería ser motivo de orgullo para toda la ciudad. Precisamente por eso, anoche también eché mucho de menos al Xera.

¡Qué injusta puede ser a veces la memoria política!

Mientras el 6 grupos 6 consiguió sobrevivir, el Festival Internacional Xera fue eliminado de un plumazo al inicio de esta legislatura. Con él desapareció uno de los proyectos culturales más originales, valientes e internacionales que ha conocido Jerez en las últimas décadas. El Festival Internacional Xera, no era únicamente un festival.

Era la posibilidad de escuchar en nuestras plazas músicas llegadas desde Armenia, Canadá, Siria, el Sáhara, Italia o cualquier rincón del planeta. Era descubrir artistas internacionales sin salir de Jerez. Era ocupar espacios públicos con cultura de calidad. Era demostrar que nuestra ciudad podía dialogar con el mundo desde el respeto a todas las tradiciones musicales. Pero, sobre todo, el  Festival Internacional Xera, era una manera distinta de entender Jerez.

Una ciudad orgullosa de su flamenco, de sus vinos y de sus caballos, sí. Pero también una ciudad abierta, diversa, curiosa, capaz de mirar al mundo sin complejos y de ofrecer una programación cultural que rompía moldes. Algunos pensaban que aquello era demasiado diferente. 

Quizás demasiado libre. Quizás demasiado incómodo para quienes entienden la cultura únicamente como aquello que nunca cuestiona, nunca sorprende y nunca amplía horizontes. Y decidieron acabar con él.

Un festival en el recuerdo

Siempre decimos que las personas buenas nunca mueren del todo mientras alguien las recuerde. Con los proyectos culturales ocurre exactamente lo mismo. Mientras haya quien recuerde lo que significaron, seguirán formando parte de la identidad de una ciudad.

Anoche, viendo el escenario del 6 Grupos 6, volvieron a mi memoria aquellas imágenes irrepetibles del Xera. Un Jerez lleno de idiomas, de sonidos, de convivencia, de jóvenes descubriendo otras culturas y de visitantes descubriendo otra forma de entender nuestra ciudad. Nunca sabremos qué habría pasado si aquel festival hubiera seguido creciendo.

Quizás habría sido una de esas piezas imprescindibles para reforzar la candidatura de Jerez como Capital Europea de la Cultura. Quizás habría consolidado una imagen de ciudad moderna, creativa e internacional. Nunca lo sabremos, porque alguien decidió que era mejor apagar esa luz antes que dejarla crecer.

Y es que el daño que se hace a la cultura no siempre se percibe de inmediato. A veces tarda años en notarse.

Porque cancelar un festival no es únicamente quitar dos días del calendario. Es romper una trayectoria, perder prestigio, deshacer redes de colaboración y enviar el mensaje de que la innovación cultural puede desaparecer con cada cambio de gobierno. Ojalá algún día alguien repare ese error, como se reparó y se recuperó el 6 grupos 6.

No basta con eslóganes

Quiero terminar recordando a nuestra compañera Elena. Fue la concejala que más creyó en esta forma de entender la cultura. Trabajó sin descanso, con una pasión y una generosidad inmensas, para que iniciativas como el Xera o el 6 grupos 6 hicieran de Jerez una ciudad más abierta, más diversa y más libre. Nunca entendió la cultura como un adorno, sino como una herramienta para transformar la sociedad. Estoy segura de que anoche habría sonreído viendo que 6 Grupos 6 sigue vivo. Porque ella sabía que sembrar cultura siempre merece la pena. Y porque defendió, hasta el último día, que Jerez era mucho más que flamenco, vino y caballos. Que nuestra ciudad tenía talento suficiente para abrazar todas las músicas, todas las expresiones artísticas y todas las formas de crear sin miedo.

Si queremos que Jerez permanezca en el mapa cultural de Europa no bastan los eslóganes, como “Jerez está de moda”. Y ahí es donde me surge una pregunta inevitable: ¿cuál es hoy el proyecto cultural de Jerez?

Porque más allá de los grandes titulares, echo de menos una hoja de ruta reconocible. Una planificación que no dependa únicamente de la celebración de eventos aislados, sino que dibuje una estrategia estable, diversa y participativa.

Existe un Plan Estratégico de la Cultura y un libro de candidatura para la Capital Europea de la Cultura 2031, documentos que hablan de innovación, participación ciudadana, descentralización y de llevar la cultura a todos los barrios, pedanías y espacios de la ciudad. Sobre el papel, ese horizonte puede parecer lógico, necesario. Pero no es creíble cuando el ayuntamiento en esta legislatura precisamente ha suprimido iniciativas que llegaban a los barrios y curiosamente eran innovadoras. 

La cultura no cambia porque se escriban documentos, que por cierto nos han costado mucho dinero a todas. Necesita convertirse de verdad en programación, en apoyo a los creadores locales, en oportunidades para la juventud, en festivales que nazcan y permanezcan, en proyectos que lleguen a los barrios y en espacios para todas las expresiones artísticas, no solo para las más tradicionales o las más rentables.

Una ciudad que ha aspirado a ser Capital Europea de la Cultura no puede limitarse a conservar lo que ya tiene. Debe ser capaz de crear, arriesgar e innovar. Debe proteger aquello que la hace diferente. Y eso también significa cuidar iniciativas como el 6 Grupos 6 recuperar el espíritu que representó Xera y abrir la puerta a nuevas propuestas que sigan ampliando el mapa cultural de Jerez.

"Las capitales culturales no se construyen con un bid book; se construyen con decisiones valientes los 365 días del año. Quizá por eso fracasó un proyecto concebido desde el puro marketing y desde la mercantilización de la cultura puesta al servicio del turismo"

Hace falta un verdadero proyecto cultural. Uno que cuide lo que funciona, que recupere lo que nunca debió perderse y que vuelva a apostar por iniciativas capaces de emocionar, sorprender y abrir ventanas al mundo, un proyecto que llegue a cada rincón del municipio, a cada barrio, a cada pedanía, a cada colectivo por pequeño que sea.

Y la cultura, como las personas que amamos, nunca muere del todo mientras alguien la siga recordando.

El pasado sábado 27 de junio, mientras la música volvía a llenar la Alameda del Banco con la final del certamen 6 grupos 6, no pude evitar que la nostalgia me hiciera un nudo en la garganta. Cuando terminaron los conciertos y los técnicos comenzaron a desmontar el escenario, me quedé unos minutos contemplando cómo aquel espacio iba quedando vacío. Y entonces pensé: menos mal que 6 grupos 6 sigue vivo.

Porque no es un concurso cualquiera. Es una iniciativa que nació para abrir puertas a nuevos grupos musicales, para demostrar que en Jerez había talento, creatividad y juventud con ganas de expresarse. Una apuesta que precisamente fue suprimida de la programación cultural jerezana por el gobierno del PP en 2012 y recuperada e impulsada en 2018, durante el gobierno del cambio, cuando los acuerdos con Ganemos Jerez demostraron que la cultura no era un lujo, sino una herramienta para transformar nuestro municipio. Ganemos Jerez impulsó también la recuperación del Festival Internacional de Títeres, llevó la cultura a los barrios y los parques, apretó para que se abrieran las bibliotecas de barrio, recuperó el Cine Astoria o el Tabanco del Duque. 

Con los años, el 6 grupos 6 ha sabido consolidarse, creciendo edición tras edición hasta convertirse en una referencia para las bandas emergentes de nuestra provincia y de muchos otros lugares de España. Y eso debería ser motivo de orgullo para toda la ciudad. Precisamente por eso, anoche también eché mucho de menos al Xera.

¡Qué injusta puede ser a veces la memoria política!

Mientras el 6 grupos 6 consiguió sobrevivir, el Festival Internacional Xera fue eliminado de un plumazo al inicio de esta legislatura. Con él desapareció uno de los proyectos culturales más originales, valientes e internacionales que ha conocido Jerez en las últimas décadas. El Festival Internacional Xera, no era únicamente un festival.

Era la posibilidad de escuchar en nuestras plazas músicas llegadas desde Armenia, Canadá, Siria, el Sáhara, Italia o cualquier rincón del planeta. Era descubrir artistas internacionales sin salir de Jerez. Era ocupar espacios públicos con cultura de calidad. Era demostrar que nuestra ciudad podía dialogar con el mundo desde el respeto a todas las tradiciones musicales. Pero, sobre todo, el  Festival Internacional Xera, era una manera distinta de entender Jerez.

Una ciudad orgullosa de su flamenco, de sus vinos y de sus caballos, sí. Pero también una ciudad abierta, diversa, curiosa, capaz de mirar al mundo sin complejos y de ofrecer una programación cultural que rompía moldes. Algunos pensaban que aquello era demasiado diferente. 

Quizás demasiado libre. Quizás demasiado incómodo para quienes entienden la cultura únicamente como aquello que nunca cuestiona, nunca sorprende y nunca amplía horizontes. Y decidieron acabar con él.

Un festival en el recuerdo

Siempre decimos que las personas buenas nunca mueren del todo mientras alguien las recuerde. Con los proyectos culturales ocurre exactamente lo mismo. Mientras haya quien recuerde lo que significaron, seguirán formando parte de la identidad de una ciudad.

Anoche, viendo el escenario del 6 Grupos 6, volvieron a mi memoria aquellas imágenes irrepetibles del Xera. Un Jerez lleno de idiomas, de sonidos, de convivencia, de jóvenes descubriendo otras culturas y de visitantes descubriendo otra forma de entender nuestra ciudad. Nunca sabremos qué habría pasado si aquel festival hubiera seguido creciendo.

Quizás habría sido una de esas piezas imprescindibles para reforzar la candidatura de Jerez como Capital Europea de la Cultura. Quizás habría consolidado una imagen de ciudad moderna, creativa e internacional. Nunca lo sabremos, porque alguien decidió que era mejor apagar esa luz antes que dejarla crecer.

Y es que el daño que se hace a la cultura no siempre se percibe de inmediato. A veces tarda años en notarse.

Porque cancelar un festival no es únicamente quitar dos días del calendario. Es romper una trayectoria, perder prestigio, deshacer redes de colaboración y enviar el mensaje de que la innovación cultural puede desaparecer con cada cambio de gobierno. Ojalá algún día alguien repare ese error, como se reparó y se recuperó el 6 grupos 6.

No basta con eslóganes

Quiero terminar recordando a nuestra compañera Elena. Fue la concejala que más creyó en esta forma de entender la cultura. Trabajó sin descanso, con una pasión y una generosidad inmensas, para que iniciativas como el Xera o el 6 grupos 6 hicieran de Jerez una ciudad más abierta, más diversa y más libre. Nunca entendió la cultura como un adorno, sino como una herramienta para transformar la sociedad. Estoy segura de que anoche habría sonreído viendo que 6 Grupos 6 sigue vivo. Porque ella sabía que sembrar cultura siempre merece la pena. Y porque defendió, hasta el último día, que Jerez era mucho más que flamenco, vino y caballos. Que nuestra ciudad tenía talento suficiente para abrazar todas las músicas, todas las expresiones artísticas y todas las formas de crear sin miedo.

Si queremos que Jerez permanezca en el mapa cultural de Europa no bastan los eslóganes, como “Jerez está de moda”. Y ahí es donde me surge una pregunta inevitable: ¿cuál es hoy el proyecto cultural de Jerez?

Porque más allá de los grandes titulares, echo de menos una hoja de ruta reconocible. Una planificación que no dependa únicamente de la celebración de eventos aislados, sino que dibuje una estrategia estable, diversa y participativa.

Existe un Plan Estratégico de la Cultura y un libro de candidatura para la Capital Europea de la Cultura 2031, documentos que hablan de innovación, participación ciudadana, descentralización y de llevar la cultura a todos los barrios, pedanías y espacios de la ciudad. Sobre el papel, ese horizonte puede parecer lógico, necesario. Pero no es creíble cuando el ayuntamiento en esta legislatura precisamente ha suprimido iniciativas que llegaban a los barrios y curiosamente eran innovadoras. 

La cultura no cambia porque se escriban documentos, que por cierto nos han costado mucho dinero a todas. Necesita convertirse de verdad en programación, en apoyo a los creadores locales, en oportunidades para la juventud, en festivales que nazcan y permanezcan, en proyectos que lleguen a los barrios y en espacios para todas las expresiones artísticas, no solo para las más tradicionales o las más rentables.

Una ciudad que ha aspirado a ser Capital Europea de la Cultura no puede limitarse a conservar lo que ya tiene. Debe ser capaz de crear, arriesgar e innovar. Debe proteger aquello que la hace diferente. Y eso también significa cuidar iniciativas como el 6 Grupos 6 recuperar el espíritu que representó Xera y abrir la puerta a nuevas propuestas que sigan ampliando el mapa cultural de Jerez.

"Las capitales culturales no se construyen con un bid book; se construyen con decisiones valientes los 365 días del año. Quizá por eso fracasó un proyecto concebido desde el puro marketing y desde la mercantilización de la cultura puesta al servicio del turismo"

Hace falta un verdadero proyecto cultural. Uno que cuide lo que funciona, que recupere lo que nunca debió perderse y que vuelva a apostar por iniciativas capaces de emocionar, sorprender y abrir ventanas al mundo, un proyecto que llegue a cada rincón del municipio, a cada barrio, a cada pedanía, a cada colectivo por pequeño que sea.

Y la cultura, como las personas que amamos, nunca muere del todo mientras alguien la siga recordando.

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