Opinión

En tiempos de neo guerrerismo

Nos hemos acostumbrado a fotografiar el dolor y admirar el lujo, cuando quizá deberíamos aprender a cuidar lo común

  • Cúpula Genbaku, Hiroshima. PMC, 2026

En tiempos de neo guerrerismo no sé qué puedo sentir escribiendo hoy desde la primera ciudad que recibió el ataque de una bomba atómica lanzada por los Estados Unidos de América. Excepto volver a darme cuenta, ante el cenotafio de Hiroshima, que la larga fila de personas que esperan pacientemente apenas desea una foto, todas la misma, que trate de captar el cenotafio, la llama y la cúpula del edificio que simboliza, quizá, que ni la bomba atómica puede destruirlo completamente todo. Estructura de cuya Cúpula Genbaku sí es la auténtica, a pesar de que el guía privado le dijera en portugués a sus pagadores que no. Es lo más extravagante que alguien espere toda esa fila para simplemente cerrar su sombrilla y rendir ceremonia y recuerdo a las víctimas del crimen.

Días pasados encontré a unos turistas haciendo sonar la campana que había ante un templo para hacerse una foto, aunque previamente habían echado unas monedas entre las rendijas de madera del gran cajón que antecede todo templo, budista, sintoísta o sincrético. No sé muy bien si en sus propios templos les gustaría asistir al mismo espectáculo o no, teniendo en cuenta que este neo guerrerismo en el que nos encontramos, y que alumbró el rearmentismo al que asistimos, tiene claros colores pseudo religiosos de banderías dinerarias. A las religiones les gustó siempre demasiado el dinero, quizá por ello ser abrazan a las fes gentes que ambicionan dinero. Otra cosa es la espiritualidad que inspira a las personas para resistir una vida demasiadas veces insoportable. La pescadilla se muerde la cola.

Quizá todo esto que acá relato cobra sentido con la noticia de que un candidato demócrata a las elecciones de medio término de los Estados Unidos de América, Abdul El-Sayed, musulmán y de izquierdas. Un candidato cuya victoria en las primarias ha producido un verdadero cataclismo en el establishment demócrata, y que es apoyado por Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez. No todo está perdido, aunque se pierdan muchas cosas. Ya antes el alcalde de Nueva York o la alcaldesa de Montreal mostraron que la rabia con la que las derechas tratan de ocupar todo el espacio público y publicado no basta para lograrlo. A todøs esøs candidatøs los eligieron las personas que creen en la justicia social y en lo común del ser humano.

Gentes como Alberto Feijóo, de origen humilde y renegador de su origen, que ahora pasó a pedir sacrificios a los españoles, después de que venía prometiendo que con él llegaría el paraíso terrenal, son el símbolo más claro de lo que representan esas filas de personas esperando en la calle bajo el sol, el calor o el frío más severos, en Hamburgo, en Madrid o en Tokio, esperando para comprar un artículo de lujo en esas pretenciosas tiendas de lujo. El quiero y no puedo. No he visto a ningún millonario, de verdad millonario, esperando en la calle haciendo fila para ser atendido. La sola idea produciría risa a cualquier persona en su sano juicio: eso que no es el-sentido-común al que apelan los idiotas.

Va a ser difícil persuadir a las almas impermeables, dogmáticas, neo contrarreformistas, de que el confort no está en esperar en la vereda a ser atendidos y sentirse millonarios porque pueden comprar algún objeto de lujo y luego pasar el mes comiendo arroz: pidiendo a la vecina una tacita, que se les olvidó comprarlo en el super. Que el confort está en el sentirse bien junto a las personas que nos son cercanas y hacer cercanas a todas las personas que nos caen cerca en nuestras vidas. Casa, comida, salud y educación, para todos y sin preguntar más. Nada de dictaduras comunistas: capitalismo de rostro humano, socialismo democrático.

En tiempos de neo guerrerismo no sé qué puedo sentir escribiendo hoy desde la primera ciudad que recibió el ataque de una bomba atómica lanzada por los Estados Unidos de América. Excepto volver a darme cuenta, ante el cenotafio de Hiroshima, que la larga fila de personas que esperan pacientemente apenas desea una foto, todas la misma, que trate de captar el cenotafio, la llama y la cúpula del edificio que simboliza, quizá, que ni la bomba atómica puede destruirlo completamente todo. Estructura de cuya Cúpula Genbaku sí es la auténtica, a pesar de que el guía privado le dijera en portugués a sus pagadores que no. Es lo más extravagante que alguien espere toda esa fila para simplemente cerrar su sombrilla y rendir ceremonia y recuerdo a las víctimas del crimen.

Días pasados encontré a unos turistas haciendo sonar la campana que había ante un templo para hacerse una foto, aunque previamente habían echado unas monedas entre las rendijas de madera del gran cajón que antecede todo templo, budista, sintoísta o sincrético. No sé muy bien si en sus propios templos les gustaría asistir al mismo espectáculo o no, teniendo en cuenta que este neo guerrerismo en el que nos encontramos, y que alumbró el rearmentismo al que asistimos, tiene claros colores pseudo religiosos de banderías dinerarias. A las religiones les gustó siempre demasiado el dinero, quizá por ello ser abrazan a las fes gentes que ambicionan dinero. Otra cosa es la espiritualidad que inspira a las personas para resistir una vida demasiadas veces insoportable. La pescadilla se muerde la cola.

Quizá todo esto que acá relato cobra sentido con la noticia de que un candidato demócrata a las elecciones de medio término de los Estados Unidos de América, Abdul El-Sayed, musulmán y de izquierdas. Un candidato cuya victoria en las primarias ha producido un verdadero cataclismo en el establishment demócrata, y que es apoyado por Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez. No todo está perdido, aunque se pierdan muchas cosas. Ya antes el alcalde de Nueva York o la alcaldesa de Montreal mostraron que la rabia con la que las derechas tratan de ocupar todo el espacio público y publicado no basta para lograrlo. A todøs esøs candidatøs los eligieron las personas que creen en la justicia social y en lo común del ser humano.

Gentes como Alberto Feijóo, de origen humilde y renegador de su origen, que ahora pasó a pedir sacrificios a los españoles, después de que venía prometiendo que con él llegaría el paraíso terrenal, son el símbolo más claro de lo que representan esas filas de personas esperando en la calle bajo el sol, el calor o el frío más severos, en Hamburgo, en Madrid o en Tokio, esperando para comprar un artículo de lujo en esas pretenciosas tiendas de lujo. El quiero y no puedo. No he visto a ningún millonario, de verdad millonario, esperando en la calle haciendo fila para ser atendido. La sola idea produciría risa a cualquier persona en su sano juicio: eso que no es el-sentido-común al que apelan los idiotas.

Va a ser difícil persuadir a las almas impermeables, dogmáticas, neo contrarreformistas, de que el confort no está en esperar en la vereda a ser atendidos y sentirse millonarios porque pueden comprar algún objeto de lujo y luego pasar el mes comiendo arroz: pidiendo a la vecina una tacita, que se les olvidó comprarlo en el super. Que el confort está en el sentirse bien junto a las personas que nos son cercanas y hacer cercanas a todas las personas que nos caen cerca en nuestras vidas. Casa, comida, salud y educación, para todos y sin preguntar más. Nada de dictaduras comunistas: capitalismo de rostro humano, socialismo democrático.

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