La expropiación es lo que hoy evitan las derechas, porque su interés está en atacar a Pedro Sánchez por su promesa de que no habría más desahucios. La expropiación con la que acusan esas mismas derechas a quien la nombra, pero está asentada claramente por la Santa Transición: artículo 33 de la Constitución Española de 1978. Dice que expropiar es posible “por causa justificada de utilidad pública o interés social, mediante la correspondiente indemnización y de conformidad con lo dispuesto por las leyes”. Ergo, tras lo que ya conocemos, y los interesados negaban, gracias a publico.es, el piso en el que vivía Maricarmen hubiera, no podido, debido ser expropiado, dado que además la alarma social era evidente. No hubo coraje y ojalá las plazas le den el coraje que precisa a este Gobierno. Un coraje que, por cierto, impedirá el acceso rápido a unas derechas deshumanas al Gobierno de nuestro Estado.
El rentismo concentrado y el rentismo hidalguista son las dos caras de la misma moneda y sus víctimas son todas las Maricármenes de esta España nuestra. Voy a reescribir una columna que ya escribí mil veces en estos años. Intentaré darle alguna novedad.
También en política institucional y partidista suele ser necesario que se den las circunstancias. Ahora hay ocasión y circunstancias para lograr una sociedad más justa para todøs. Es ahora cuando ninguno de todos nosotrøs debería aflojar. Este es el cabo del que tirar del hilo, no hay vuelta de hoja. La deshumanidad con que Maricarmen ha sido tratada desde la avaricia de quienes no voy a dar el gusto ni de nombrarlos. Dicen algunos, ‘es que la Ley’. Eso, la Ley, C78, artículos 47 y 33. Una avaricia que alcanza en su destrato a toda la sociedad española. Una avaricia que en Berlín va a ser atacada por una mayoría social que votó para atacarla; que una mayoría social de Nueva York votó también para atacarla. Avaricia y usura de los especuladores concentrados y de los rentistas hidalguistas. La Ley debe cumplirse en su completud y no con ínfulas leguleyas o legalistas, lo único que les gusta a las derechas ideológicas e ideologizadas: ninguna otra cosa que el medrar.
Otros banalizan lo de Maricarmen tratando de deslegitimizar a quienes han tomado la injusticia y la deshumanidad más rastrera como bandera, ‘porque Maricármenes ha habido muchas. ¿Por qué ahora?’. Porque sí, porque alguna vez tenía que ser, porque la gota colmó el vaso. Ojalá lo haya colmado.
El derecho a una vivienda digna para toda persona se intuye del texto de la Santa Transición, dado que el artículo 47 es puramente deliberativo, pero aunque lo sea existe. Si existe: hágase cumplir, con Leyes y reglamentos, y con la aplicación, cuando fuere necesario, del artículo 33. Ahora la discusión debería solo ser impedir que en cualquier momento haya otra Maricarmen lanzada de su vivienda. El relato preciso de Paco Sánchez Múgica, aquí, o todo lo hecho por Eva Tubío en la capital de Cádiz durante su gestión como concejala del ramo, quedan en muy poco si no se ofrece desde el Estado una política de Estado, y es el Gobierno el único responsable. Construir más casas es la falsa solución, y tramposa. Primero necesitamos la aplicación de la Ley y una Ley más concreta que no deje lugar a dudas en su aplicación; luego veremos si hacen falta o no más viviendas, una vez que las viviendas dejen de ser objeto de especulación financiera.
España dio el campanazo universal, digo universal, con el matrimonio igualitario. España debería dar el campanazo en algo de aun más enjundia: el derecho universal a la vivienda.
Hablar de dignidad humana de todos los seres humanos, ¿qué significa? Más allá de una palabra y un concepto políticamente correcto, queda siempre la sospecha de que la palabra y el concepto permanecen alarmantemente vacíos. El derecho a comida, casa y salud es consustancial al hecho puramente humano, en mi modo de ver. Sí, el derecho inalienable. Y a la educación. Partamos de la revolución industrial para comprender cómo los seres humanos fueron empezados a ser tratados como bestias, como antecedente más inmediato de nuestra actual situación. Comprendamos cómo los grandes magnates de la nueva industrialización, la de la super tecnología, nos quieren desvalijar de todos los derechos de los que lograron reponerse los seres humanos desde la revolución industrial del vapor. Y toda esta militancia por un mundo mejor para todos juntos, por favor, esta vez con alegría y risa.
La expropiación es lo que hoy evitan las derechas, porque su interés está en atacar a Pedro Sánchez por su promesa de que no habría más desahucios. La expropiación con la que acusan esas mismas derechas a quien la nombra, pero está asentada claramente por la Santa Transición: artículo 33 de la Constitución Española de 1978. Dice que expropiar es posible “por causa justificada de utilidad pública o interés social, mediante la correspondiente indemnización y de conformidad con lo dispuesto por las leyes”. Ergo, tras lo que ya conocemos, y los interesados negaban, gracias a publico.es, el piso en el que vivía Maricarmen hubiera, no podido, debido ser expropiado, dado que además la alarma social era evidente. No hubo coraje y ojalá las plazas le den el coraje que precisa a este Gobierno. Un coraje que, por cierto, impedirá el acceso rápido a unas derechas deshumanas al Gobierno de nuestro Estado.
El rentismo concentrado y el rentismo hidalguista son las dos caras de la misma moneda y sus víctimas son todas las Maricármenes de esta España nuestra. Voy a reescribir una columna que ya escribí mil veces en estos años. Intentaré darle alguna novedad.
También en política institucional y partidista suele ser necesario que se den las circunstancias. Ahora hay ocasión y circunstancias para lograr una sociedad más justa para todøs. Es ahora cuando ninguno de todos nosotrøs debería aflojar. Este es el cabo del que tirar del hilo, no hay vuelta de hoja. La deshumanidad con que Maricarmen ha sido tratada desde la avaricia de quienes no voy a dar el gusto ni de nombrarlos. Dicen algunos, ‘es que la Ley’. Eso, la Ley, C78, artículos 47 y 33. Una avaricia que alcanza en su destrato a toda la sociedad española. Una avaricia que en Berlín va a ser atacada por una mayoría social que votó para atacarla; que una mayoría social de Nueva York votó también para atacarla. Avaricia y usura de los especuladores concentrados y de los rentistas hidalguistas. La Ley debe cumplirse en su completud y no con ínfulas leguleyas o legalistas, lo único que les gusta a las derechas ideológicas e ideologizadas: ninguna otra cosa que el medrar.
Otros banalizan lo de Maricarmen tratando de deslegitimizar a quienes han tomado la injusticia y la deshumanidad más rastrera como bandera, ‘porque Maricármenes ha habido muchas. ¿Por qué ahora?’. Porque sí, porque alguna vez tenía que ser, porque la gota colmó el vaso. Ojalá lo haya colmado.
El derecho a una vivienda digna para toda persona se intuye del texto de la Santa Transición, dado que el artículo 47 es puramente deliberativo, pero aunque lo sea existe. Si existe: hágase cumplir, con Leyes y reglamentos, y con la aplicación, cuando fuere necesario, del artículo 33. Ahora la discusión debería solo ser impedir que en cualquier momento haya otra Maricarmen lanzada de su vivienda. El relato preciso de Paco Sánchez Múgica, aquí, o todo lo hecho por Eva Tubío en la capital de Cádiz durante su gestión como concejala del ramo, quedan en muy poco si no se ofrece desde el Estado una política de Estado, y es el Gobierno el único responsable. Construir más casas es la falsa solución, y tramposa. Primero necesitamos la aplicación de la Ley y una Ley más concreta que no deje lugar a dudas en su aplicación; luego veremos si hacen falta o no más viviendas, una vez que las viviendas dejen de ser objeto de especulación financiera.
España dio el campanazo universal, digo universal, con el matrimonio igualitario. España debería dar el campanazo en algo de aun más enjundia: el derecho universal a la vivienda.
Hablar de dignidad humana de todos los seres humanos, ¿qué significa? Más allá de una palabra y un concepto políticamente correcto, queda siempre la sospecha de que la palabra y el concepto permanecen alarmantemente vacíos. El derecho a comida, casa y salud es consustancial al hecho puramente humano, en mi modo de ver. Sí, el derecho inalienable. Y a la educación. Partamos de la revolución industrial para comprender cómo los seres humanos fueron empezados a ser tratados como bestias, como antecedente más inmediato de nuestra actual situación. Comprendamos cómo los grandes magnates de la nueva industrialización, la de la super tecnología, nos quieren desvalijar de todos los derechos de los que lograron reponerse los seres humanos desde la revolución industrial del vapor. Y toda esta militancia por un mundo mejor para todos juntos, por favor, esta vez con alegría y risa.
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