El retraso de mi Shinkansen me ha impedido decir, antes que Pedro Sánchez, que habría elecciones este otoño. Estaba cantado, no había vuelta de hoja. Aferrarse al Gobierno hubiera sido un error enorme. Convocar elecciones es buscar, en realidad, la rentabilidad de dos decretos fallidos que el PSOE intentará presentar como al luchador por la justicia social en materia de vivienda. La verdad, no. Los decretos llegaron demasiado tarde y con demasiadas faltas, duplicados en insuficientes en relación a lo que necesita una sociedad que no tiene ni un debajo-de-un-puente donde caerse viva después de una larga jornada de trabajo.
Digo viva porque en el último momento se llenaron las plazas de una protesta que tardaba en llegar. Maricarmen fue la penúltima gota de un vaso que veremos si está colmado o todavía no. La sociedad tiene la oportunidad, en noviembre, de entregar el Gobierno a unas derechas que le bajarán las pensiones, les subirán los alquileres, intensificarán los desahucios, penalizarán a løs enfermøs con gastos a la americana: el que no tiene dinero se muere, lo sentimos. Unas derechas que seguirán desguazando la educación, que aumentarán la edad laboral hasta los 72 años y los viejos…, los viejos, pobres, están ya muy viejos y solo esperan a morir.
Luego vendrán los ayes, los yo no sabía, y vuelta con los comunistas, siendo que la expropiación fue bendecida por la constitución de 1978, ¿se acuerdan?, la de la paz; como si aquel año hubiera sido uno más de los triunfales.
Una época oscura es lo que seguimos habitando y todo parece que se hará la noche, pero no la noche medieval sino la noche barroca de la contrarreforma y la fe pétrea en el llamado neoliberalismo libertario que nada tiene de liberalismo ni de libertad.
Veo claro que resultaba imprescindible convocar las elecciones, no veo con nitidez que podrá ocurrir, pero los riesgos son en verdad terribles. Terribles de terror. No sé si hay tiempo para revertir la aparente situación y no creo que haya que tirar la toalla. Como no la van a tirar en Brasil. El continente al completo está a punto de ser fagocitado por las fauces de una bicha terrible: el neoliberalismo libertario. La Unión Europea ha favorecido esa tendencia también en Europa con claridad. A la resistencia de Reino Unido pudiera unirse la resistencia de Francia: veremos. Lo que no tendría sentido ninguno es que al PSOE se le ocurriera, algo probable, escorarse aun más a la derecha para tratar, así, de ganarle votos a las derechas. Este sería una estrategia fatal, pero que podemos esperar del PSOE. En todo caso no queda más remedio que esperar, y desear que todo ese jovenerío que se lanzó a las plazas desde lo de Maricarmen no se achique, se comprometa más y gane el espacio público y publicado en favor de algo de justicia social.
Tengamos claro que lo más probable será que el PSOE salga la fuerza política más importante hacia el espectro de las izquierdas. Ni siquiera ese pronóstico debería conducirnos a votarlos en lugar de votar a las izquierdas que la gente lleve en su corazón y en su cabeza. En las próximas elecciones no solo se juega el destino de los próximos cuatro años, sino mucho más.
Pero la época oscura deberíamos comprenderla en un espectro completo. No son solo los dirigentes políticos los que nos conducen a la caverna, son las gentes manipuladas y dóciles las que han vuelto a creer en lo mágico primitivo; las que han creído en la primitividad que ciertos dirigentes políticos insisten en predicar como buena. Una primitividad disfrazada de moderna y justa. La injusticia y la violencia como actitudes legítimas. La demonización de cualquier diferencia que se separe de su ortodoxia neo barroca y neo contrarreformista. La diversidad es lo único que sostiene a la Humanidad: todas las épocas oscuras han estado dirigidas desde la uniformidad y la demonización de la diversidad, cuyos resultados han sido el desastre y la vuelta a la justicia social y a la diversidad, razón por la cual debería merecer la pena salir a conversar y defender la diversidad.
El retraso de mi Shinkansen me ha impedido decir, antes que Pedro Sánchez, que habría elecciones este otoño. Estaba cantado, no había vuelta de hoja. Aferrarse al Gobierno hubiera sido un error enorme. Convocar elecciones es buscar, en realidad, la rentabilidad de dos decretos fallidos que el PSOE intentará presentar como al luchador por la justicia social en materia de vivienda. La verdad, no. Los decretos llegaron demasiado tarde y con demasiadas faltas, duplicados en insuficientes en relación a lo que necesita una sociedad que no tiene ni un debajo-de-un-puente donde caerse viva después de una larga jornada de trabajo.
Digo viva porque en el último momento se llenaron las plazas de una protesta que tardaba en llegar. Maricarmen fue la penúltima gota de un vaso que veremos si está colmado o todavía no. La sociedad tiene la oportunidad, en noviembre, de entregar el Gobierno a unas derechas que le bajarán las pensiones, les subirán los alquileres, intensificarán los desahucios, penalizarán a løs enfermøs con gastos a la americana: el que no tiene dinero se muere, lo sentimos. Unas derechas que seguirán desguazando la educación, que aumentarán la edad laboral hasta los 72 años y los viejos…, los viejos, pobres, están ya muy viejos y solo esperan a morir.
Luego vendrán los ayes, los yo no sabía, y vuelta con los comunistas, siendo que la expropiación fue bendecida por la constitución de 1978, ¿se acuerdan?, la de la paz; como si aquel año hubiera sido uno más de los triunfales.
Una época oscura es lo que seguimos habitando y todo parece que se hará la noche, pero no la noche medieval sino la noche barroca de la contrarreforma y la fe pétrea en el llamado neoliberalismo libertario que nada tiene de liberalismo ni de libertad.
Veo claro que resultaba imprescindible convocar las elecciones, no veo con nitidez que podrá ocurrir, pero los riesgos son en verdad terribles. Terribles de terror. No sé si hay tiempo para revertir la aparente situación y no creo que haya que tirar la toalla. Como no la van a tirar en Brasil. El continente al completo está a punto de ser fagocitado por las fauces de una bicha terrible: el neoliberalismo libertario. La Unión Europea ha favorecido esa tendencia también en Europa con claridad. A la resistencia de Reino Unido pudiera unirse la resistencia de Francia: veremos. Lo que no tendría sentido ninguno es que al PSOE se le ocurriera, algo probable, escorarse aun más a la derecha para tratar, así, de ganarle votos a las derechas. Este sería una estrategia fatal, pero que podemos esperar del PSOE. En todo caso no queda más remedio que esperar, y desear que todo ese jovenerío que se lanzó a las plazas desde lo de Maricarmen no se achique, se comprometa más y gane el espacio público y publicado en favor de algo de justicia social.
Tengamos claro que lo más probable será que el PSOE salga la fuerza política más importante hacia el espectro de las izquierdas. Ni siquiera ese pronóstico debería conducirnos a votarlos en lugar de votar a las izquierdas que la gente lleve en su corazón y en su cabeza. En las próximas elecciones no solo se juega el destino de los próximos cuatro años, sino mucho más.
Pero la época oscura deberíamos comprenderla en un espectro completo. No son solo los dirigentes políticos los que nos conducen a la caverna, son las gentes manipuladas y dóciles las que han vuelto a creer en lo mágico primitivo; las que han creído en la primitividad que ciertos dirigentes políticos insisten en predicar como buena. Una primitividad disfrazada de moderna y justa. La injusticia y la violencia como actitudes legítimas. La demonización de cualquier diferencia que se separe de su ortodoxia neo barroca y neo contrarreformista. La diversidad es lo único que sostiene a la Humanidad: todas las épocas oscuras han estado dirigidas desde la uniformidad y la demonización de la diversidad, cuyos resultados han sido el desastre y la vuelta a la justicia social y a la diversidad, razón por la cual debería merecer la pena salir a conversar y defender la diversidad.
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