editorial

El Frente no será amplio: la izquierda 'suma' otra negociación impostada

Las formaciones llamadas a unirse han vuelto a fracasar, o al menos eso es lo que dicen públicamente; la sensación que cunde es que nunca opciones reales de ahondar en esa unidad

  • Gabriel Rufián, en el Congreso.

Las negociaciones para reunir a la izquierda han resultado infructuosas. Había varios acuerdos posibles; uno, a nivel estatal; otros, añadir formaciones de cada comunidad autónoma a las papeletas de sus respectivas circunscripciones. Es cierto que no ha sido una derrota total, porque se han producido ciertos acuerdos a distinto nivel, a menudo incompletos, en Canarias, Comunidad Valenciana o Cataluña. Mención aparte el acuerdo con el PSOE para el Senado, de utilidad para tener más opciones en la Cámara Alta, que es secundaria en importancia respecto al Congreso y la Presidencia.

La necesidad de unirse ha ido surgiendo con el paso de los últimos meses. Todo aquel a quien se le preguntaba venía a decir que sí, que está bien, que era bueno unirse. En ese espíritu organizó Gabriel Rufián jornadas con Emilio Delgado e Irene Montero, dos liderazgos de izquierdas que han ido divergiendo en la pasada década. Más Madrid (una de las almas de Sumar) y Podemos, sentados con un dirigente de ERC. 

Pero cabe preguntarse si verdaderamente estas u otras manifestaciones realizadas por diversos líderes en favor de converger eran reales. Porque muchos de esos actores interpelados, en conversaciones privadas, se preguntaban si las organizaciones verdaderamente querían unirse o si, por el contrario, de lo que estaban pendientes era de no ser señalados el día después de no llegar a acuerdos. Este fin de semana se exploran esos relatos. Unos culparán a los otros y el panorama es que ERC y Podemos se integran en Cataluña para que Rufián haga campaña en el resto del país en favor del partido morado, que tras algunos batacazos electorales recientes ve más cerca mantenerse en el Congreso. 

Para entender estas negociaciones, solo hay que ver qué ha ocurrido en el pasado periodo electoral con numerosas comunidades autónomas votando, la última Andalucía. Ha habido desde multiplicación de papeletas a acuerdos cerrados a cuasi-unidad. Ninguno de esos procesos electorales alivia la sensación de pesimismo entre los partidos de la izquierda. En ocasiones, las fuerzas que no se han desgastado en el Gobierno central, o que mantienen sus propios discursos en sus respectivas comunidades, crecen o detienen la caída. Pero en general, los partidos que fueron Sumar, se incluya o no Podemos, están en una sangría de votos, una pérdida continua. Otra mención merece que en el frente catalán, tan importante en estas negociaciones, tenía de fondo sus propios contextos, como que los Comuns (Ada Colau) y ERC son prácticamente irreconciliables. No hay que olvidar que, prácticamente a la vez, cuando Colau comenzó a sonar para ser cabeza de cartel de Frente Amplio se conocía el acuerdo de Podemos con Rufián. Eso provocó que más que difícil resultara casi imposible. 

La cuestión está en que hay un votante progresista que quizás no tomará la papeleta del PSOE. Y ese votante puede llegar a sentirse desilusionado, confuso. Porque quizás simpatiza con más de una de las papeletas que verá en la jornada electoral. O que decide antes ni siquiera pasarse por las urnas. ¿Existen diferencias, a veces muy evidentes, entre estas papeletas? Probablemente, sí. ¿Hay un votante que sigue la actualidad pero que no alcanza a comprender los porqués de estas diferencias? También. 

Más allá de repartirse mutuamente las culpas, las formaciones de izquierdas pueden padecer otra crisis de credibilidad de aquí al 29 de noviembre. Si tanto preocupa un eventual gobierno del PP, o del PP con Vox, y si tanto miedo les provoca... ¿no hubo oportunidad de evitar la confrontación para que el debate público no girase, una vez más, en torno a sus discrepancias y rencillas? Si importan la vivienda, la calidad de vida de la gente, aplicar políticas progresistas... ¿no era aconsejable dejar de hablar de nombres, resolver rápida y discretamente ese asunto, y hablar, sobre todo, de políticas? Hubo un tiempo, no muy lejano, en que la izquierda se aplicó aquello. Y eso les otorgaba cierta coherencia de cara al votante al que querían convencer.

Las negociaciones para reunir a la izquierda han resultado infructuosas. Había varios acuerdos posibles; uno, a nivel estatal; otros, añadir formaciones de cada comunidad autónoma a las papeletas de sus respectivas circunscripciones. Es cierto que no ha sido una derrota total, porque se han producido ciertos acuerdos a distinto nivel, a menudo incompletos, en Canarias, Comunidad Valenciana o Cataluña. Mención aparte el acuerdo con el PSOE para el Senado, de utilidad para tener más opciones en la Cámara Alta, que es secundaria en importancia respecto al Congreso y la Presidencia.

La necesidad de unirse ha ido surgiendo con el paso de los últimos meses. Todo aquel a quien se le preguntaba venía a decir que sí, que está bien, que era bueno unirse. En ese espíritu organizó Gabriel Rufián jornadas con Emilio Delgado e Irene Montero, dos liderazgos de izquierdas que han ido divergiendo en la pasada década. Más Madrid (una de las almas de Sumar) y Podemos, sentados con un dirigente de ERC. 

Pero cabe preguntarse si verdaderamente estas u otras manifestaciones realizadas por diversos líderes en favor de converger eran reales. Porque muchos de esos actores interpelados, en conversaciones privadas, se preguntaban si las organizaciones verdaderamente querían unirse o si, por el contrario, de lo que estaban pendientes era de no ser señalados el día después de no llegar a acuerdos. Este fin de semana se exploran esos relatos. Unos culparán a los otros y el panorama es que ERC y Podemos se integran en Cataluña para que Rufián haga campaña en el resto del país en favor del partido morado, que tras algunos batacazos electorales recientes ve más cerca mantenerse en el Congreso. 

Para entender estas negociaciones, solo hay que ver qué ha ocurrido en el pasado periodo electoral con numerosas comunidades autónomas votando, la última Andalucía. Ha habido desde multiplicación de papeletas a acuerdos cerrados a cuasi-unidad. Ninguno de esos procesos electorales alivia la sensación de pesimismo entre los partidos de la izquierda. En ocasiones, las fuerzas que no se han desgastado en el Gobierno central, o que mantienen sus propios discursos en sus respectivas comunidades, crecen o detienen la caída. Pero en general, los partidos que fueron Sumar, se incluya o no Podemos, están en una sangría de votos, una pérdida continua. Otra mención merece que en el frente catalán, tan importante en estas negociaciones, tenía de fondo sus propios contextos, como que los Comuns (Ada Colau) y ERC son prácticamente irreconciliables. No hay que olvidar que, prácticamente a la vez, cuando Colau comenzó a sonar para ser cabeza de cartel de Frente Amplio se conocía el acuerdo de Podemos con Rufián. Eso provocó que más que difícil resultara casi imposible. 

La cuestión está en que hay un votante progresista que quizás no tomará la papeleta del PSOE. Y ese votante puede llegar a sentirse desilusionado, confuso. Porque quizás simpatiza con más de una de las papeletas que verá en la jornada electoral. O que decide antes ni siquiera pasarse por las urnas. ¿Existen diferencias, a veces muy evidentes, entre estas papeletas? Probablemente, sí. ¿Hay un votante que sigue la actualidad pero que no alcanza a comprender los porqués de estas diferencias? También. 

Más allá de repartirse mutuamente las culpas, las formaciones de izquierdas pueden padecer otra crisis de credibilidad de aquí al 29 de noviembre. Si tanto preocupa un eventual gobierno del PP, o del PP con Vox, y si tanto miedo les provoca... ¿no hubo oportunidad de evitar la confrontación para que el debate público no girase, una vez más, en torno a sus discrepancias y rencillas? Si importan la vivienda, la calidad de vida de la gente, aplicar políticas progresistas... ¿no era aconsejable dejar de hablar de nombres, resolver rápida y discretamente ese asunto, y hablar, sobre todo, de políticas? Hubo un tiempo, no muy lejano, en que la izquierda se aplicó aquello. Y eso les otorgaba cierta coherencia de cara al votante al que querían convencer.

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