"Ceuta es española hasta la médula". Es la frase que me llevo de la recepción oficial que el Ayuntamiento de Jerez ha ofrecido hoy a Juan Vivas, presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta. Una frase contundente, pronunciada con convicción, pero que también invita a una reflexión: qué triste que en pleno 2026 el presidente de una ciudad española tenga que salir a reivindicar algo que debería estar fuera de toda duda.
Jerez le ha recibido con enorme cariño. Aplausos, ovaciones, abrazos y palabras afectuosas han acompañado un encuentro que Vivas ha agradecido emocionado. También ha tenido un recuerdo especial para la alcaldesa, María José García-Pelayo, por su implicación, desde la presidencia de la FEMP, para que pudiera trasladar la situación de Ceuta ante las instituciones europeas.
Mientras observaba cómo firmaba en el Libro de Honor del Ayuntamiento, era inevitable recordar las terribles imágenes, no solo de este verano, sino también las que seguimos viendo en los medios de comunicación que continúan al pie del cañón. Imágenes impensables en nuestro país y que difícilmente olvidaremos: una ciudad desbordada por una invasión masiva de personas, una tragedia en el mar con más de un centenar de fallecidos y un país que ha visto amenazadas su integridad territorial y su seguridad nacional en medio de un absoluto desgobierno.
Y hay otra imagen que, personalmente, se me quedará grabada para siempre: la frivolidad de un presidente del Gobierno que, apenas 24 horas después de visitar Ceuta y comprobar sobre el terreno la dimensión de la tragedia, publicaba, el 1 de agosto, un vídeo recomendando una playlist de canciones para los jóvenes.
Ese mismo día iniciaba sus vacaciones en La Mareta, en Lanzarote. Al margen de que un presidente pueda descansar y de si es posible gestionar una crisis de Estado desde la distancia, hay una cuestión ética, de responsabilidad y diría incluso de respeto. Aquella publicación estuvo completamente fuera de lugar y tuvo una repercusión en la prensa internacional incluso mayor que en la nacional, algo que también invita a reflexionar.
Lo verdaderamente preocupante es que la situación de Ceuta sigue siendo extraordinariamente grave. Las informaciones sobre la posible participación de agentes marroquíes en aquella operación y las advertencias sobre nuevos escenarios de presión obligan a mantener la atención. La integridad territorial de España no es una cuestión que afecte exclusivamente a los ceutíes. Lo que sucede allí nos concierne a todos.
Por eso, más allá de la entrañable recepción de hoy, el abrazo no puede quedarse en una fotografía institucional. Necesitamos seguir apoyando a Ceuta porque no podemos normalizar que haya voces relevantes que adviertan de la posibilidad de llegar a ver ondear la bandera marroquí en territorio ceutí. No es alarmismo, es una realidad que está ahí y de la que hay que ocuparse, en lugar de preocuparse.
Hoy ha sido también un día para agradecer a Juan Vivas su implicación personal y el amor que demuestra por su tierra, más allá de sus responsabilidades políticas. Espero y deseo que su mensaje siga llegando a todos los rincones del país y que no caiga en el olvido, porque lo que sucede en Ceuta nos afecta a todos.
Ceuta es española hasta la médula. No debería tener que recordárnoslo su presidente. Deberíamos tenerlo todos muy presente.
"Ceuta es española hasta la médula". Es la frase que me llevo de la recepción oficial que el Ayuntamiento de Jerez ha ofrecido hoy a Juan Vivas, presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta. Una frase contundente, pronunciada con convicción, pero que también invita a una reflexión: qué triste que en pleno 2026 el presidente de una ciudad española tenga que salir a reivindicar algo que debería estar fuera de toda duda.
Jerez le ha recibido con enorme cariño. Aplausos, ovaciones, abrazos y palabras afectuosas han acompañado un encuentro que Vivas ha agradecido emocionado. También ha tenido un recuerdo especial para la alcaldesa, María José García-Pelayo, por su implicación, desde la presidencia de la FEMP, para que pudiera trasladar la situación de Ceuta ante las instituciones europeas.
Mientras observaba cómo firmaba en el Libro de Honor del Ayuntamiento, era inevitable recordar las terribles imágenes, no solo de este verano, sino también las que seguimos viendo en los medios de comunicación que continúan al pie del cañón. Imágenes impensables en nuestro país y que difícilmente olvidaremos: una ciudad desbordada por una invasión masiva de personas, una tragedia en el mar con más de un centenar de fallecidos y un país que ha visto amenazadas su integridad territorial y su seguridad nacional en medio de un absoluto desgobierno.
Y hay otra imagen que, personalmente, se me quedará grabada para siempre: la frivolidad de un presidente del Gobierno que, apenas 24 horas después de visitar Ceuta y comprobar sobre el terreno la dimensión de la tragedia, publicaba, el 1 de agosto, un vídeo recomendando una playlist de canciones para los jóvenes.
Ese mismo día iniciaba sus vacaciones en La Mareta, en Lanzarote. Al margen de que un presidente pueda descansar y de si es posible gestionar una crisis de Estado desde la distancia, hay una cuestión ética, de responsabilidad y diría incluso de respeto. Aquella publicación estuvo completamente fuera de lugar y tuvo una repercusión en la prensa internacional incluso mayor que en la nacional, algo que también invita a reflexionar.
Lo verdaderamente preocupante es que la situación de Ceuta sigue siendo extraordinariamente grave. Las informaciones sobre la posible participación de agentes marroquíes en aquella operación y las advertencias sobre nuevos escenarios de presión obligan a mantener la atención. La integridad territorial de España no es una cuestión que afecte exclusivamente a los ceutíes. Lo que sucede allí nos concierne a todos.
Por eso, más allá de la entrañable recepción de hoy, el abrazo no puede quedarse en una fotografía institucional. Necesitamos seguir apoyando a Ceuta porque no podemos normalizar que haya voces relevantes que adviertan de la posibilidad de llegar a ver ondear la bandera marroquí en territorio ceutí. No es alarmismo, es una realidad que está ahí y de la que hay que ocuparse, en lugar de preocuparse.
Hoy ha sido también un día para agradecer a Juan Vivas su implicación personal y el amor que demuestra por su tierra, más allá de sus responsabilidades políticas. Espero y deseo que su mensaje siga llegando a todos los rincones del país y que no caiga en el olvido, porque lo que sucede en Ceuta nos afecta a todos.
Ceuta es española hasta la médula. No debería tener que recordárnoslo su presidente. Deberíamos tenerlo todos muy presente.
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