Hay liderazgos que se miden, aparte de por la responsabilidad y el institucionalismo, por la huella humana que dejan en las instituciones. La trayectoria de Jesús Aguirre al frente del Parlamento de Andalucía sin lugar a duda es algo realmente extraordinario. Con su marcha de la Presidencia de la Cámara autonómica no solo se despide un político veterano, sino que queda anclada una etapa caracterizada por la concordia, la cercanía, el cariño, el sentido común y una forma de equilibrar el debate basada en el afecto y el respeto mutuo.
Jesús ha hecho historia dentro del Equipo de Juanma Moreno. Como Consejero de Salud demostró ser un gestor incansable, responsable y entregado en los momentos más complejos de nuestra tierra. Pero, sobre todo, ha ejercido en el Parlamento como un auténtico médico de la política: un profesional que ha sabido curar asperezas, recetar sosiego y cuidar con paciencia infinita la salud del parlamentarismo, la convivencia y nuestra propia democracia.
Jesús ha sido un verdadero ejemplo de humanidad. Ha ejercido la presidencia como es él: un hombre de concordia, un hombre puente. Capaz de rebajar el tono de un pleno bronco con una sonrisa cómplice o un gesto amable, pero sin perder jamás ni un milímetro de la dignidad, el rigor y el respeto sacro que exige la casa autonómica de todos los andaluces.
Se despide de la Mesa un servidor público de los pies a la cabeza, de esos que dejan huella honda en el alma de quienes hemos tenido el privilegio de tratarle.
A la nueva presidenta, a Ana Mestre, hay que darle la más cordial enhorabuena y desearle el mayor de los éxitos en esta ilusionante etapa. Llega cargada de experiencia e ilusión, con un conocimiento maduro, cercano y profundo de nuestra tierra. Ana reúne el temple, la firmeza y la vocación de servicio necesarios para presidir el corazón democrático y legislativo de Andalucía. Su intachable trayectoria, su capacidad de trabajo incansable y su sensibilidad social son la mejor garantía para guiarnos con solvencia, diálogo y rigor institucional. Le va a hacer falta paciencia, desde luego, pero le sobran firmeza, altura y capacidad para hacerlo magníficamente bien y dejar su propia impronta en la historia de nuestra Cámara.
Nos quedamos, sin duda, con la lección de señorío, de educación y afecto que nos deja nuestro querido médico. Jesús Aguirre se marcha por la puerta grande, habiéndose ganado el corazón de todos. Ahora le espera el Senado, donde a buen seguro seguirá derramando su bonhomía, su pasión por el servicio público y ese carácter y simpatía tan suya que rompe cualquier distancia, un gran representante de los andaluces y un orgullo de persona para nuestra tierra.
Querido Jesús: te deseamos de corazón el mayor de los éxitos en esta nueva andadura en la Cámara Alta. El Senado se lleva a un grande, pero en Andalucía te nos quedas guardado en el corazón.
Muy por encima de siglas, ideologías y trincheras, la frase sale limpia, cálida y directa del alma: Gracias por tanto, Jesús.
Hay liderazgos que se miden, aparte de por la responsabilidad y el institucionalismo, por la huella humana que dejan en las instituciones. La trayectoria de Jesús Aguirre al frente del Parlamento de Andalucía sin lugar a duda es algo realmente extraordinario. Con su marcha de la Presidencia de la Cámara autonómica no solo se despide un político veterano, sino que queda anclada una etapa caracterizada por la concordia, la cercanía, el cariño, el sentido común y una forma de equilibrar el debate basada en el afecto y el respeto mutuo.
Jesús ha hecho historia dentro del Equipo de Juanma Moreno. Como Consejero de Salud demostró ser un gestor incansable, responsable y entregado en los momentos más complejos de nuestra tierra. Pero, sobre todo, ha ejercido en el Parlamento como un auténtico médico de la política: un profesional que ha sabido curar asperezas, recetar sosiego y cuidar con paciencia infinita la salud del parlamentarismo, la convivencia y nuestra propia democracia.
Jesús ha sido un verdadero ejemplo de humanidad. Ha ejercido la presidencia como es él: un hombre de concordia, un hombre puente. Capaz de rebajar el tono de un pleno bronco con una sonrisa cómplice o un gesto amable, pero sin perder jamás ni un milímetro de la dignidad, el rigor y el respeto sacro que exige la casa autonómica de todos los andaluces.
Se despide de la Mesa un servidor público de los pies a la cabeza, de esos que dejan huella honda en el alma de quienes hemos tenido el privilegio de tratarle.
A la nueva presidenta, a Ana Mestre, hay que darle la más cordial enhorabuena y desearle el mayor de los éxitos en esta ilusionante etapa. Llega cargada de experiencia e ilusión, con un conocimiento maduro, cercano y profundo de nuestra tierra. Ana reúne el temple, la firmeza y la vocación de servicio necesarios para presidir el corazón democrático y legislativo de Andalucía. Su intachable trayectoria, su capacidad de trabajo incansable y su sensibilidad social son la mejor garantía para guiarnos con solvencia, diálogo y rigor institucional. Le va a hacer falta paciencia, desde luego, pero le sobran firmeza, altura y capacidad para hacerlo magníficamente bien y dejar su propia impronta en la historia de nuestra Cámara.
Nos quedamos, sin duda, con la lección de señorío, de educación y afecto que nos deja nuestro querido médico. Jesús Aguirre se marcha por la puerta grande, habiéndose ganado el corazón de todos. Ahora le espera el Senado, donde a buen seguro seguirá derramando su bonhomía, su pasión por el servicio público y ese carácter y simpatía tan suya que rompe cualquier distancia, un gran representante de los andaluces y un orgullo de persona para nuestra tierra.
Querido Jesús: te deseamos de corazón el mayor de los éxitos en esta nueva andadura en la Cámara Alta. El Senado se lleva a un grande, pero en Andalucía te nos quedas guardado en el corazón.
Muy por encima de siglas, ideologías y trincheras, la frase sale limpia, cálida y directa del alma: Gracias por tanto, Jesús.
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