Opinión

Carta abierta a la próxima directora del Instituto Andaluz de la Mujer

Soledad Pérez, exdirectora del IAM, le escribe a la próxima titular del departamento autonómico de defensa de la igualdad entre hombres y mujeres y de protección a las víctimas de violencia de género

Aun no sé quién eres, ni cómo te llamas, no sé si formas parte de una asociación de mujeres, si eres abogada, psicóloga, educadora o trabajadora social, no sé si te declararas feminista o no, sólo sé que en los próximos días serás la directora general del Instituto Andaluz de la Mujer, directora del IAM como solemos decir.

Hace diez años, Micaela Navarro, entonces consejera de Igualdad y Bienestar Social del Gobierno andaluz, me llamó a su despacho, yo entonces ocupaba la responsabilidad de personas mayores, que me encantaba, y peleaba cada día en la implantación de la Ley de Dependencia en Andalucía, a la que tanto le debemos tantas mujeres. Llegar al despacho de Micaela era fácil, además de agradable, siempre era para preocuparte y ocuparte de algún tema de algún municipio, siempre el más pequeño y el más alejado de cualquier capital de provincia, donde cualquier alcalde o alcaldesa tenía un proyecto para mejorar su pueblo, pero aquel día fue algo diferente.

Yo llegaba con un borrador de decreto bajo el brazo sobre ingreso en residencias, llegaba ilusionada porque había encontrado la solución para que padres mayores con hijos o hijas discapacitados pudieran seguir viviendo juntos. Tras exponerle detalladamente el tema a mi consejera, ella me sonrió y rápidamente me dijo: “Muy bien Sole, pero hoy quiero pedirte otra cosa, que seas directora del IAM”.

Durante unos minutos me quedé perpleja y lo primero que salió de mi boca fue un no, luego argumenté que había compañeras mejor preparadas que yo para semejante propuesta, que había magnificas expertas que eran más conocidas y más reconocidas entre los círculos del feminismo andaluz. Yo sólo era una abogada, por supuesto feminista, interesada desde siempre en esos temas, siempre formándome, pero en modo alguno una experta.

Creo que fue la primera vez que he sentido vértigo ante una propuesta, el IAM es demasiado, le tenía tanto respeto y admiraba tanto a las mujeres que habían pasado, que no me imaginaba yo en semejante reto.

Pensé en Carmen Olmedo, que lo fundó y lo construyó a su imagen y semejanza. Pensé en los años que, como abogada en ejercicio, había ido a sus jornadas al Centro Carmen de Burgos en Baeza o cómo me había asesorado con sus técnicas para resolver algún caso de alguna mujer que se había presentado en mi despacho para contarme su historia. Así lo llamaban ellas entonces, no decían ser víctimas de violencia de género, solo querían contarte su historia, su vida, y ya tu sacabas las conclusiones.

Durante cuatro años el IAM fue mi vida, creo que lo sigue siendo, y mi paso por él me marcó para siempre, como nos ha marcado a todas, directoras, coordinadoras provinciales, técnicas o funcionarias. También hemos tenido y tenemos magníficos hombres comprometidos con el instituto, psicólogos de primer nivel y jefes de servicio que llegaban al centro para llevar el área de informática y terminaban hablando de lenguaje de género en pocos meses.

El IAM engancha, pero también duele; no es una puerta más de la administración, es como el salón de tu casa, en el que las conversaciones son más íntimas, más sinceras, no son despachos llenos de boato y protocolo, es una casa humilde sin grandes florituras, pero llena de pasión en cada una de sus salas.

No es un trabajo más, no es un centro más al que llegas tras un concurso de méritos ni tras un acceso a la función pública, y si alguna vez lo fue para alguien, o no duró mucho allí o se convirtió a los pocos meses. Porque las personas que trabajan en el IAM son verdaderas creyentes, creen en las personas y en un futuro mejor que se construye, no sin esfuerzo.

Creen que las víctimas no mienten y que sólo relatan una parte muy pequeña del dolor que han sufrido, saben que las adolescentes necesitan atención especial y especializada, saben que la educación es vital, saben que los colores son importantes, conocen los juegos y juguetes no sexistas, conocen muchas cosas que todos y todas deberíamos conocer.

Querida directora, espero que llegues al IAM con ganas de conocerlo y amarlo, que llegues sin prejuicios, espero que llegues sin ideas preconcebidas, espero que llegues con ganas de aprender y de disfrutar de unas competencias que son más que una responsabilidad, espero que tu paso por el instituto marque tu vida y, sobre todo, espero que lo defiendas.

Esto no es sólo un deseo, esto es una exigencia, defiende la casa de todas las andaluzas, defiende con fuerza y convicción la tabla de salvación de miles de mujeres que por él han pasado y que tienen que seguir pasando; lucha por su presupuesto, lucha por sus trabajadores y trabajadoras, pelea con fuerza contra las intoxicaciones y las noticias falsas. No compres el discurso sobre el negocio de las asociaciones de mujeres y del feminismo; y para poder hacerlo, conócelo a fondo, profundiza en cada recurso, en cada programa, en cada subvención, y te llevarás gratas sorpresas, conocerás asociaciones de personas expertas, entregadas, conocerás realidades que nunca viste y aprenderás que la igualdad es la mejor de las aliadas para una sociedad mejor.

No sé si te declaras feminista, pero si no lo eres ya, terminarás siéndolo, porque lo verás cada día en cada cara, en cada expediente, en cada visita, en cada reunión, y aprenderás a amarlo, empezarás a leer a Mary Wollstonecraft, Flora Tristán, Clara Zetkin, Emmeline Pankhurst, a Simone de Beauvoir o a Betty Friednan. Conocerás a muchas mujeres socialistas, no te asustes, ten en cuenta que llevamos años en la doble militancia, lee a Amelia Valcárcel, Celia Amorós, Alicia Miralles, Ana de Miguel, a Marcela Lagarde, lee a Octavio Salazar y a Miguel Lorente. Disfruta de tu primer 8 de marzo y haz huelga feminista, ve a las manifestaciones, a los minutos de silencio, ponte camisetas con frases de Clara Campoamor y disfruta de la sororidad y el feminismo.

Querida directora, que no te parezca extraño, te deseo lo mejor, porque tienes en tus manos un instrumento de transformación social y de empoderamiento femenino que es admirado en toda España, porque vendrán de todos los países del mundo a conocerte, porque te recibirán con admiración y con respeto, porque si proteges nuestra casa, terminarás siendo una de las nuestras y te podrás unir al club, porque en el IAM nadie pasa a ser ex, siempre somos directora.

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