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Suspendida de empleo y sueldo la docente de un colegio de Estella denunciada por un padre y dos compañeras

La Consejería de Desarrollo Educativo ha abierto expediente disciplinario a la profesora después de que un padre denunciara presuntas humillaciones a su hija durante dos cursos

  • La familia de Estella que denunció a la profesora por los malos tratos a su hija.

Miguel Alza lleva dos años sin dormir bien. Junto a lavozdelsur.es repasa una historia que empezó con una niña de nueve años que no quería ir al colegio y que ha terminado, con el paso de los meses, en un juzgado y en la Fiscalía de Menores. Su hija tiene TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) y dislexia, y según relata la familia, durante dos cursos habría sido objeto de humillaciones constantes por parte de una docente del colegio Pablo Picasso, en Estella del Marqués, Entidad Local Autónoma de Jerez.

La denuncia, presentada ante el Ministerio de Educación tras meses de gestiones internas con el centro, describe un patrón que, según los padres, se repitió curso tras curso: comentarios despectivos delante de los compañeros, negativa a adaptar los exámenes pese al diagnóstico de la menor y, siempre según su testimonio, largos periodos de aislamiento dentro del propio colegio.

Hace tres semanas, dos docentes del mismo centro habrían presenciado cómo esta profesora, de acuerdo con su testimonio, insultaba y golpeaba a otro alumno con autismo. Fueron ellas, compañeras de la señalada, quienes decidieron denunciarla ante la Dirección y, después, ante las autoridades competentes.

Dos años de gestiones antes de llegar a los tribunales

Todo empezó en el despacho de dirección del colegio, según Miguel. La alumna había empezado a contar en casa que la profesora "le decía cosas" y la "humillaba delante de los compañeros", explica Miguel a este periódico. Los padres, inquietos y con ganas de no precipitarse, decidieron preguntar directamente a otros niños de la clase para contrastar lo que su hija les contaba antes de dar ningún paso formal.

"Hablamos con la maestra varias veces, le preguntamos qué pasaba", explica el padre, que reconoce que en aquel primer momento todavía confiaban en resolver la situación por la vía del diálogo. Después llegó la reunión con dirección, que habría reconocido que "esto va un poco así". La familia terminó presentando una denuncia formal ante el propio centro y solicitando la intervención de un inspector educativo.

  • La hija de Miguel Alza, de espaldas frente a su colegio.
  • -

La visita del inspector marcó un punto de inflexión en todo el proceso. La Consejería de Desarrollo Educativo de la Junta de Andalucía ha confirmado a este medio que, una vez recibido el informe de la Inspección Educativa, ha abierto a la maestra un expediente disciplinario. Mientras se instruye ese expediente, la docente permanece suspendida de empleo y sueldo, una medida cautelar que el propio departamento vincula directamente a las conclusiones del informe de Inspección. Este periódico ha intentado recabar la versión del centro, sin éxito.

Un infierno cada mañana

Uno de los episodios que más pesan en el testimonio de la familia tiene que ver con el presunto aislamiento de la menor. Según describe Alza, su hija habría llegado a pasar jornadas enteras separada del resto de la clase como castigo, una situación que los padres consideran especialmente grave.

Hay una escena que el padre recuerda con especial nitidez. Un compañero golpeó accidentalmente a la niña en el ojo durante una clase, y ella, afectada, fue al baño y se lo contó a otra alumna mayor que estaba allí en ese momento. La profesora, que la esperaba en la puerta, la habría increpado delante de la otra menor con dureza.

Otro episodio señalado por la familia se refiere a un trabajo escolar que la niña preparó junto a un compañero, con ayuda en casa. Mientras que al otro alumno se le habría permitido leer directamente el resultado del trabajo frente a la clase, a ella la obligaron a exponerlo de memoria y sin ningún tipo de adaptación pese a su diagnóstico. 

"O íbamos a por ella o lo hacíamos todo por la ley"

El desgaste emocional de estos dos años ha sido muy duro para toda la familia, y así lo cuentan. La madre de la menor, Verónica, llegó a dejar su puesto de trabajo en el Circuito de Jerez a raíz de la situación que estaban atravesando en casa. El propio padre admite que la tensión acumulada les llevó, en algún momento de mayor desesperación, a plantearse una reacción muy distinta a la que finalmente decidieron tomar.

"Hablamos mi mujer y yo, y teníamos dos opciones: seguir intentando mediar con ella, o hacerlo todo por la ley. Elegimos la ley", relata. Fue entonces cuando la familia empezó a poner por escrito, uno a uno, los episodios que su hija había ido relatando en casa durante meses, en un ejercicio que Alza describe como agotador pero necesario.

El proceso no fue lineal ni sencillo en ningún momento. En algún tramo del camino, llegaron a dudar de si su hija exageraba algunos detalles, presionada quizás por el propio malestar que arrastraba desde hacía tiempo. "Había veces que parecía que estaba haciendo teatro, pero siempre quisimos solucionarlo hablando", admite. Esa incertidumbre inicial se fue disipando a medida que otras familias del centro empezaron a compartir experiencias parecidas con la misma docente.

La denuncia de dos compañeras

El giro decisivo en todo este proceso llegó hace apenas tres semanas. Dos docentes del propio colegio habrían presenciado cómo la profesora, siempre según su testimonio, insultaba y golpeaba a otro alumno que padece autismo. La reacción de ambas fue casi inmediata: denunciar los hechos ante la dirección del centro y, poco después, trasladarlo también a las autoridades competentes para que se investigara con garantías.

Para Miguel Alza, el hecho de que hayan sido otras profesoras quienes dieran ese paso tiene un significado especial, y así lo transmite: "Que sean sus propias compañeras las que la denuncien, después de todo lo que hemos pasado nosotros solos durante dos años, dice mucho", resume. El caso está ya judicializado y ha llegado también a la Fiscalía de Menores, que investiga los hechos relacionados con el alumno presuntamente afectado por este último episodio.

  • La familia afectada de Estella del Marqués por el trato de una profesora a su hija.-

El eco entre las familias del centro ha sido, según el padre, prácticamente unánime desde que la situación empezó a conocerse con más detalle. "El resto de padres está indignado, todo el mundo dice que esto es una locura", asegura. Reconoce, sin embargo, que durante los dos años en los que su familia estuvo denunciando la situación prácticamente en solitario, no todos se atrevieron a dar la cara en su momento: fue su mujer quien, esperando a la puerta del colegio, empezó a compartir lo que estaban viviendo con otras madres, algunas de las cuales, según cuenta, ya intuían que algo no terminaba de encajar con esta docente.

"Lo que queremos es que se sepa"

El padre de la pequeña, que cursa cuarto de primaria, insiste en que no busca protagonismo ni tampoco una revancha personal contra nadie. Repite, casi como si necesitara anclarse a esa idea, la frase que resume por qué ha decidido contar públicamente lo vivido: "Lo que queremos es que se sepa lo que ha hecho esta señorita". Después de dos cursos enteros marcados por el miedo de su hija a entrar en el aula cada mañana, la familia entiende que el silencio ha dejado de ser una opción razonable.

La confirmación de la Junta llega, precisamente, en el momento en que la familia empezaba a plantearse si su denuncia había servido de algo. La apertura del expediente y la suspensión cautelar de la docente suponen, para Miguel Alza, una primera respuesta institucional a dos años de gestiones que, hasta hace pocas semanas, no habían tenido ningún recorrido visible más allá de la advertencia verbal del inspector.

El padre ha hablado directamente con la docente en varias ocasiones a lo largo de este tiempo, sin que la actitud de esta cambiara demasiado, según su percepción. "Le hemos dicho muchas veces que estas cosas no las puede hacer, y el inspector se lo dejó muy claro también en su momento", explica. Pese a esas advertencias, asegura, los episodios habrían continuado hasta que la denuncia de las dos compañeras precipitó la situación que hoy conoce la Justicia.

Hoy, con el caso en manos de los tribunales y de la Fiscalía de Menores, la familia respira algo más aliviada, aunque las heridas de estos dos años sigan todavía muy abiertas. La niña, cuenta su padre, empieza a mostrarse "un poco más contenta" desde que sabe que lo ocurrido ha dejado de ser un secreto guardado entre las paredes del aula, y esa mejoría, pequeña pero real, es lo que sostiene ahora mismo a toda la familia mientras espera que la investigación siga su curso.

Miguel Alza lleva dos años sin dormir bien. Junto a lavozdelsur.es repasa una historia que empezó con una niña de nueve años que no quería ir al colegio y que ha terminado, con el paso de los meses, en un juzgado y en la Fiscalía de Menores. Su hija tiene TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) y dislexia, y según relata la familia, durante dos cursos habría sido objeto de humillaciones constantes por parte de una docente del colegio Pablo Picasso, en Estella del Marqués, Entidad Local Autónoma de Jerez.

La denuncia, presentada ante el Ministerio de Educación tras meses de gestiones internas con el centro, describe un patrón que, según los padres, se repitió curso tras curso: comentarios despectivos delante de los compañeros, negativa a adaptar los exámenes pese al diagnóstico de la menor y, siempre según su testimonio, largos periodos de aislamiento dentro del propio colegio.

Hace tres semanas, dos docentes del mismo centro habrían presenciado cómo esta profesora, de acuerdo con su testimonio, insultaba y golpeaba a otro alumno con autismo. Fueron ellas, compañeras de la señalada, quienes decidieron denunciarla ante la Dirección y, después, ante las autoridades competentes.

Dos años de gestiones antes de llegar a los tribunales

Todo empezó en el despacho de dirección del colegio, según Miguel. La alumna había empezado a contar en casa que la profesora "le decía cosas" y la "humillaba delante de los compañeros", explica Miguel a este periódico. Los padres, inquietos y con ganas de no precipitarse, decidieron preguntar directamente a otros niños de la clase para contrastar lo que su hija les contaba antes de dar ningún paso formal.

"Hablamos con la maestra varias veces, le preguntamos qué pasaba", explica el padre, que reconoce que en aquel primer momento todavía confiaban en resolver la situación por la vía del diálogo. Después llegó la reunión con dirección, que habría reconocido que "esto va un poco así". La familia terminó presentando una denuncia formal ante el propio centro y solicitando la intervención de un inspector educativo.

  • La hija de Miguel Alza, de espaldas frente a su colegio.
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La visita del inspector marcó un punto de inflexión en todo el proceso. La Consejería de Desarrollo Educativo de la Junta de Andalucía ha confirmado a este medio que, una vez recibido el informe de la Inspección Educativa, ha abierto a la maestra un expediente disciplinario. Mientras se instruye ese expediente, la docente permanece suspendida de empleo y sueldo, una medida cautelar que el propio departamento vincula directamente a las conclusiones del informe de Inspección. Este periódico ha intentado recabar la versión del centro, sin éxito.

Un infierno cada mañana

Uno de los episodios que más pesan en el testimonio de la familia tiene que ver con el presunto aislamiento de la menor. Según describe Alza, su hija habría llegado a pasar jornadas enteras separada del resto de la clase como castigo, una situación que los padres consideran especialmente grave.

Hay una escena que el padre recuerda con especial nitidez. Un compañero golpeó accidentalmente a la niña en el ojo durante una clase, y ella, afectada, fue al baño y se lo contó a otra alumna mayor que estaba allí en ese momento. La profesora, que la esperaba en la puerta, la habría increpado delante de la otra menor con dureza.

Otro episodio señalado por la familia se refiere a un trabajo escolar que la niña preparó junto a un compañero, con ayuda en casa. Mientras que al otro alumno se le habría permitido leer directamente el resultado del trabajo frente a la clase, a ella la obligaron a exponerlo de memoria y sin ningún tipo de adaptación pese a su diagnóstico. 

"O íbamos a por ella o lo hacíamos todo por la ley"

El desgaste emocional de estos dos años ha sido muy duro para toda la familia, y así lo cuentan. La madre de la menor, Verónica, llegó a dejar su puesto de trabajo en el Circuito de Jerez a raíz de la situación que estaban atravesando en casa. El propio padre admite que la tensión acumulada les llevó, en algún momento de mayor desesperación, a plantearse una reacción muy distinta a la que finalmente decidieron tomar.

"Hablamos mi mujer y yo, y teníamos dos opciones: seguir intentando mediar con ella, o hacerlo todo por la ley. Elegimos la ley", relata. Fue entonces cuando la familia empezó a poner por escrito, uno a uno, los episodios que su hija había ido relatando en casa durante meses, en un ejercicio que Alza describe como agotador pero necesario.

El proceso no fue lineal ni sencillo en ningún momento. En algún tramo del camino, llegaron a dudar de si su hija exageraba algunos detalles, presionada quizás por el propio malestar que arrastraba desde hacía tiempo. "Había veces que parecía que estaba haciendo teatro, pero siempre quisimos solucionarlo hablando", admite. Esa incertidumbre inicial se fue disipando a medida que otras familias del centro empezaron a compartir experiencias parecidas con la misma docente.

La denuncia de dos compañeras

El giro decisivo en todo este proceso llegó hace apenas tres semanas. Dos docentes del propio colegio habrían presenciado cómo la profesora, siempre según su testimonio, insultaba y golpeaba a otro alumno que padece autismo. La reacción de ambas fue casi inmediata: denunciar los hechos ante la dirección del centro y, poco después, trasladarlo también a las autoridades competentes para que se investigara con garantías.

Para Miguel Alza, el hecho de que hayan sido otras profesoras quienes dieran ese paso tiene un significado especial, y así lo transmite: "Que sean sus propias compañeras las que la denuncien, después de todo lo que hemos pasado nosotros solos durante dos años, dice mucho", resume. El caso está ya judicializado y ha llegado también a la Fiscalía de Menores, que investiga los hechos relacionados con el alumno presuntamente afectado por este último episodio.

  • La familia afectada de Estella del Marqués por el trato de una profesora a su hija.-

El eco entre las familias del centro ha sido, según el padre, prácticamente unánime desde que la situación empezó a conocerse con más detalle. "El resto de padres está indignado, todo el mundo dice que esto es una locura", asegura. Reconoce, sin embargo, que durante los dos años en los que su familia estuvo denunciando la situación prácticamente en solitario, no todos se atrevieron a dar la cara en su momento: fue su mujer quien, esperando a la puerta del colegio, empezó a compartir lo que estaban viviendo con otras madres, algunas de las cuales, según cuenta, ya intuían que algo no terminaba de encajar con esta docente.

"Lo que queremos es que se sepa"

El padre de la pequeña, que cursa cuarto de primaria, insiste en que no busca protagonismo ni tampoco una revancha personal contra nadie. Repite, casi como si necesitara anclarse a esa idea, la frase que resume por qué ha decidido contar públicamente lo vivido: "Lo que queremos es que se sepa lo que ha hecho esta señorita". Después de dos cursos enteros marcados por el miedo de su hija a entrar en el aula cada mañana, la familia entiende que el silencio ha dejado de ser una opción razonable.

La confirmación de la Junta llega, precisamente, en el momento en que la familia empezaba a plantearse si su denuncia había servido de algo. La apertura del expediente y la suspensión cautelar de la docente suponen, para Miguel Alza, una primera respuesta institucional a dos años de gestiones que, hasta hace pocas semanas, no habían tenido ningún recorrido visible más allá de la advertencia verbal del inspector.

El padre ha hablado directamente con la docente en varias ocasiones a lo largo de este tiempo, sin que la actitud de esta cambiara demasiado, según su percepción. "Le hemos dicho muchas veces que estas cosas no las puede hacer, y el inspector se lo dejó muy claro también en su momento", explica. Pese a esas advertencias, asegura, los episodios habrían continuado hasta que la denuncia de las dos compañeras precipitó la situación que hoy conoce la Justicia.

Hoy, con el caso en manos de los tribunales y de la Fiscalía de Menores, la familia respira algo más aliviada, aunque las heridas de estos dos años sigan todavía muy abiertas. La niña, cuenta su padre, empieza a mostrarse "un poco más contenta" desde que sabe que lo ocurrido ha dejado de ser un secreto guardado entre las paredes del aula, y esa mejoría, pequeña pero real, es lo que sostiene ahora mismo a toda la familia mientras espera que la investigación siga su curso.

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