Pemán y el golpe de julio de 1936

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Pemán y el golpe de julio de 1936

29-08-2015 / 19:44 h.
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Sí, compañeros de las letras, os lo confieso al oído. Queipo de Llano tiene hoy más público que jamás tuvo ningún conferenciante; ni jamás orador alguno alcanzó los grados de emoción que alcanza hoy la palabra de fuego de Yagüe, la oratoria de acero de Franco o los delirantes vivas a la muerte de Millán Astray: ese glorioso tronco a medio consumir en la hoguera del amor a España.

J.M. Pemán, Discurso en la Academia de Santa Cecilia en los primeros días del golpe (Arengas…, pp. 8 y 9).

Parece que la familia de Pemán quiere demandar a la concejala de IU Ana Fernández de Cosa, por unas afirmaciones que realizó durante un pleno en el que se trató la retirada del busto que del gaditano se instaló el día de la Constitución de 2014 en el teatro Villamarta de Jerez, cuando la alcaldía era del PP. La concejala lo tachó de fascista, misógino y asesino. Me parece que los dos primeros adjetivos tienen poca discusión: no hace falta ser un experto en Pemán para saber que fue de esos monárquicos que se sumaron sin problema al fascismo para que éste les limpiara el país. No fue el único monarco-fascista de la época, por más que luego, cuando convino, casi todos alardearan de monárquicos. La misoginia de que hizo gala era consustancial a la derecha española, esa que, supuestamente, tenía a la mujer en tal alta estima y respeto que prefería que ni trabajara, ni votara, ni interviniera en política. La concejala olvidó que Pemán fue también antisemita. Si se tiene la paciencia de leer el demencial Poema de la bestia y el ángel se sorprenderá uno al saber que José Calvo Sotelo, el protomártir para unos y elemento clave de la trama civil del golpe del 36 para otros, fue el “primero en el mundo que se atrevió a luchar, frente a frente, contra los grandes poderes internacionales de la finanza judaica”, pero “los poderes tenebrosos se concitaron contra él” (Poema…, Ed. Jerarquía, Zaragoza, 1938, p. 66).

Tampoco hay que olvidar sus tareas en plena guerra en el expurgo de maestros y de libros. Lo más seguro es que los que lo pusieron al frente de una de las Juntas Técnicas, la de Cultura y Enseñanza en octubre de 1936, no olvidaron sus palabras de unas semanas antes en el Radio Club Portugués, emisora portuguesa al servicio de los golpistas españoles, cuando dijo:

Y cuando nuestro Cisneros o nuestro Carlos V, mandaban, con escándalo de la posteridad recoger o expurgar tales libros, no hacían una cosa distinta de la que hoy hacen los gobiernos mandando recoger la literatura marxista… (Arengas…, p. 38).

El adjetivo que probablemente más ha alterado a la familia es el de asesino. En julio de 1936, a solo una semana del golpe, Pemán se refería a la guerra desde el micrófono de Radio Jerez en estos términos “una guerra, que por dura que sea, yo os digo que era necesaria y conveniente”. Y fue en esa misma arenga cuando dejó caer lo siguiente:

… la idea de turno o juego político, ha sido sustituida para siempre, por la idea de exterminio y expulsión, única válida frente a un enemigo que está haciendo en España un destrozo como jamás en la Historia nos lo causó ninguna nación invasora (Arengas…, p. 13).  

Solo unas semanas después, el 15 de agosto en Sevilla, con motivo del cambio de bandera dijo: “Yo os digo obreros, que este movimiento es por encima de todo para vosotros; que vosotros vais a coger las espigas más gordas de la cosecha que ahora se está plantando”. Debía referirse a la cosecha de sangre. A un sujeto como Queipo, máximo responsable de miles de crímenes, lo llamó “segunda Giralda” y afirmaba que en los primeros momentos del golpe Queipo debió sentir en el hombro, “aconsejándote y animándote, el rostro de niña de la Virgen de los Reyes” (Arengas…, p. 23).

El 25 de agosto escribió un artículo titulado “La hora del deber” en la portada del ABC de Sevilla. No tiene desperdicio. Aludía a que, dado el tipo de guerra civil en curso [Pemán y otros muchos se negaban a hablar de golpe militar o golpe de Estado], había que “reconquistar” el territorio palmo a palmo, y añadía:

Como el enemigo está en casa no puede hablarse propiamente de un frente enemigo que se retira; pues siempre, aun después de derrotado y deshecho queda enemigo conviviendo receloso a nuestro lado, huido en el monte, emboscado en el disimulo. Todo esto exige, tras cada paso ganado, una labor de limpieza de policía, de guarnecimiento de los pueblos, etcétera, que necesariamente distrae fuerzas, siendo necesario que sean tan numerosas las que alcancen para la toma de ciudades tan importantes como las que se esperan.

Difícilmente se puede decir más claro: la labor de limpieza ha de ser completa. No basta con acabar con el enemigo visible sino llegar al “emboscado en el disimulo”. Limpieza es palabra que tendría gran arraigo entre los fascistas españoles. El jurídico militar Acedo Colunga, otro gaditano, llegó a hablar en uno de sus informes como Fiscal del Ejército de Ocupación, de la limpieza del solar patrio.

Las dotes adivinatorias de Pemán alcanzaron su cénit cuando escribió:

… cuando Europa se encuentre a sí misma, cuando restaurada la civilización y el orden, se vea libre del peligro de desolación que ahora la amenaza, es posible que algún espíritu recto, al pasar, libre y seguro, allá en París, por debajo de las ojivas históricas de Notre Dame, rectificando injusticias de hoy, tenga un pensamiento de gratitud para aquellos soldaditos españoles que en Baena o Badajoz están muriendo, en definitiva, para que puedan quedar en pie las ojivas de Notre Dame en París! (Arengas, p. 40).

El vate gaditano no tuvo mejor idea que servirse precisamente de los casos de Baena y Badajoz para lo que quería decir. Como no cabe que ignorara lo ocurrido en las dos ciudades, dos de las grandes matanzas fascistas del verano del 36, hay que pensar que estaba en tareas de propaganda al servicio del golpe.

Pemán negaba que se tratase de una guerra de clases o de partidos, de izquierdas y derechas; para el pensamiento reaccionario español que representaba, “no lucha una cosa de España contra otra cosa de España: lucha España contra lo que no es España”. Aquí vemos uno de los recursos perennes de la derecha española hasta nuestros días: España es suya. Los que no piensan como ellos son la anti España. Hay que leer a Antonio Herrero y Los orígenes del pensamiento reaccionario para saber de cuándo y dónde vienen esas ideas. Muchos se sorprenderían.

Los párrocos con sus sermones recuerdan mucho el papel de Pemán en aquellos años. Aunque hay constancia de curas matones, lo suyo era sermonear y enviar informes a las instancias represivas. Veamos un ejemplo. El párroco de Rociana, Eduardo Martínez Laorden, sermoneó al pueblo a los pocos días de ser ocupado y soltó lo siguiente:

Ustedes creerán que por mi calidad de sacerdote voy a decir palabras de perdón y de arrepentimiento. No. ¡Guerra contra ellos hasta que no quede ni la última raíz!

Hablamos de un pueblo donde no había muerto nadie de derechas. Creo que, en su espíritu, este mensaje del cura coincide con el que Pemán dedicó a la limpieza necesaria. ¿Mató el párroco de Rociana a alguien? No parece que así fuera. Pero su discurso incendiario y favorable al exterminio favoreció y justificó la represión que cayó sobre sus vecinos. Digamos que fue un inductor de crímenes y asesinatos, y la gente lo sabía. Pues algo parecido pasa con Pemán. Él no mató a nadie, pero sus arengas formaron parte del discurso que favoreció la eliminación de miles de personas. Si los curas hubieran cumplido su misión evangélica y los ultracatólicos hubieran puesto su esfuerzo al servicio de la mediación no se habría producido semejante carnicería. Pero hicieron lo contrario.

No vale que Pemán, al cabo de los años, contara que en un encuentro con Cabanellas, jefe de la Junta Militar golpista, le dijera que, para el escarmiento, hubiera bastado con el 4 o 5% de los ejecutados (¿cabe planteamiento más cínico?). Este encuentro debió tener lugar cuando Pemán ocupaba aún la Junta Técnica de Cultura y Enseñanza. Cabanellas murió en el 38 y Pemán contó esta historia en 1970 (Mis almuerzos con gente importante, Dopesa, Barcelona, 1974, p. 153). Si la hubiera escrito en 1938 tras la muerte del militar todo sería diferente, pero escrita tantos años después suena a patraña, al deseo de olvidar que existió otro Pemán que no decía precisamente eso, sino lo contrario, porque si alguna obsesión tuvo Pemán, como ya vimos antes, fue que la labor de limpieza fuera a fondo:  

Ahora el peligro no está en los rojos, sino en los “enrojecidos”, es decir, en los que como los afrancesados y los europeizantes de ayer, tiñeran España de las propias ideas que estamos con tanta sangre ahuyentando y venciendo (Arengas…, 87).

Pemán estuvo también en la ruta de las columnas que se dirigían hacia Madrid. Hay que imaginarlo, recorriendo la España ocupada, en el Rolls de su primo José Domecq, alias “Pepe pantera”. Es la misma zona que llevaría a Roland Strunk, corresponsal del diario oficial nazi y amigo personal de Hitler, a decir que el avance hacia Madrid se hizo pasando sobre montones de cadáveres. Sencillamente no dejaban prisioneros. Pemán, como Strunk, debió ver lo que pasaba, pero lo que le llamó la atención fue el trato que Varela, otro gaditano, daba a la población civil que huía: “El general les hablaba suavemente, casi evangélicamente” (Arengas…, 108). Varela, el evangélico… Talavera había sufrido una durísima represión a cargo de Yagüe, pero lo que llama la atención al “fino poeta andaluz” es que “tiene aire de feria y de romería” (Arengas…, p. 118). En la estela de Siurot, alias “don Manué”, Pemán mantuvo que la guerra civil redimió a los señoritos andaluces convirtiéndolos en señores. Se refería, entre otras cosas, a las bandas de caballistas que llevaron el terror y la muerte a tierras andaluzas y extremeñas.

En definitiva, con sus arengas, escritos y crónicas Pemán fue uno de los que contribuyó a la matanza fundacional del franquismo, admitida a estas alturas por la mayor parte de la historiografía. Desde su cargo en la Junta Técnica destrozó la vida de cientos de maestros cuyo único delito era ser demócratas de izquierdas. Desde el principio fue firme partidario y propagandista no solo del golpe y la guerra: necesaria y conveniente, sino también de la idea de exterminio y expulsión. La limpieza a fondo fue una de sus obsesiones. Las palabras en cursiva son suyas. ¿A qué viene rasgarse las vestiduras porque se destaquen ciertos aspectos del insigne escritor gaditano? ¿A qué exterminio, expulsión y limpieza creen sus partidarios que se refería? Vamos una vez más a lo de siempre: es normal que la familia lo recuerde y lo venere; tan normal como que una sociedad democrática exija la retirada del busto del teatro Villamarta y sitúe el personaje dentro de los que contribuyeron a aquella gran venganza sangrienta contra la República que, con sus reformas, puso en duda sus privilegios tradicionales.[1]

Francisco Espinosa Maestre (historiador).

[1] Salvo que se indique lo contrario, todas las citas proceden de ¡Atención!... ¡Atención!... Arengas y crónicas de guerra, Cerón, Cádiz, 1937.

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