El incendio de Almería se ha convertido ya en una de las mayores tragedias forestales del país en las últimas décadas. El balance provisional es de once muertos, una cifra que, según ha dicho Juanma Moreno, aumentará a 12 cuando se confirme al menos un fallecido más. Además, hay 19 desaparecidos y al menos ocho heridos, cuatro de ellos graves. El experto Javier Madrigal, doctor ingeniero de Montes, titular del Instituto de Ciencias Forestales (ICIFOR) del CSIC y coordinador de Emergencia Forestal del mismo organismo (además de responsable de la cuenta en X @Fuego_lab), ofrece en lavozdelsur.es cierto contexto sobre el comportamiento de este tipo de fuegos, ayudando a entender por qué las llamas han avanzado con tanta virulencia. Madrigal no forma parte del dispositivo de extinción y habla desde la prudencia: desconoce los detalles meteorológicos y las causas concretas, que corresponden al operativo desplegado sobre el terreno. Pero su experiencia como investigador permite entender lo ocurrido.
Un combustible "con mucha energía"
Lo primero que explica es que la comarca está dominada por grandes superficies de matorral y esparto, un ecosistema que él conoce bien. "El esparto es una mata herbácea vivaz, que rebrota todos los años, genera mucho combustible y se seca ahora en verano. Tiene mucha energía y es muy rápida", explica. Ese tipo de vegetación, añade, "a los medios de extinción les complica muchísimo" el control del fuego. Si las llamas se encuentran con repoblaciones forestales densas y con pocos tratamientos, el frente se acelera todavía más. "No solamente es rápido, sino que también es energético".
El resultado es un fuego que corre a una velocidad inasumible para cualquier operativo. Según las imágenes de satélite, el frente principal avanza a entre 1 y 2 kilómetros por hora. "La cabeza del incendio es imposible de apagar. Con eso no puede ningún medio: no hay estrategia posible en la cabeza y tienen que fijarse en los flancos". Así es como miles de hectáreas arden en muy poco tiempo.
Sobre el papel del viento, el experto evita pronunciarse en este caso concreto porque no conoce los datos meteorológicos de la zona. Sí recuerda que, en principio, en Almería, "el viento más peligroso es el de Poniente, que viene más seco de las cordilleras béticas". Pero apunta a otro factor decisivo: la orografía.
La zona está repleta de barrancos y ramblas donde el viento, independientemente del dominante, se encajona y genera vientos de ladera y de valle. "Se producen aceleraciones que no están previstas en las estaciones meteorológicas",. Es el escenario típico de los llamados fuegos eruptivos. "No digo que se haya producido en este incendio", matiza, pero en ese tipo de configuración topográfica "se acumula el efecto del viento y la pendiente en el mismo sitio y los fuegos van muy rápido".
Huir puede ser más peligroso que confinarse
Uno de los aspectos más delicados de la tragedia es el comportamiento de las víctimas ante el avance de las llamas. Madrigal rehúsa valorar en este caso, aunque es la Junta la que ya ha estado explicando que las muertes se han producido en el contexto de huida, cuando en realidad se había pedido quedarse en las casas. Eso encaja con lo que ha ocurrido en otros casos de incendios trágicos, en los que la mayoría de las muertes en se producen durante las evacuaciones, no en los confinamientos.
"Muchas veces tenemos miedo a confinarnos en una población, pese a las indicaciones de Protección Civil, pero en general es más seguro que huir". El problema, explica, es que en la huida es donde suelen producirse los atrapamientos: "Aunque conozcas la zona, no conoces el comportamiento del fuego que está ocurriendo en ese momento. Quieres huir y vas en dirección justo en la que no debes".
No es un fenómeno nuevo y de hecho no se ha avanzado tanto como para que sean ya tragedias evitables. El investigador recuerda los precedentes de Pedrógão Grande (Portugal, 64 muertos): "Desgraciadamente, desde ese incendio sabíamos que esto podía pasar, o sea, que hay que seguir trabajando". También cita el caso de Valparaíso (Chile), donde murierom 138 personas hace año y medio "precisamente por intentar huir". Son, lamenta, "desgracias que se producen y que tienen difícil solución". Y subraya una carencia de fondo: "En otros países está muy claro qué hacer en terremotos o maremotos, pero no está tan claro qué hacer durante un incendio forestal".
¿Qué cabe esperar en las próximas horas? Sin estar al pie del terreno, con prudencia, indica que parece que "el fuego en teoría va a seguir avanzando, y por eso la contención no tiene por qué ser inmediata". Se espera que cambie el viento y que bajen las temperaturas, según Aemet. De confirmarse, "eso puede ser bastante favorable y ayudaría mucho a los servicios de extinción".
Como reflexión final, Madrigal explica que desde CSIC se reclaman desde hace tiempo grandes zonas estratégicas de gestión forestal donde los bomberos puedan actuar con seguridad, acompañadas de educación en emergencias. Su petición es que todos los ayuntamientos, grandes o pequeños, tengan claro que donde haya un núcleo poblacional: "Lo triste de esto es que no se hacen simulacros, y ahí falta mucho por trabajar"
El incendio de Almería se ha convertido ya en una de las mayores tragedias forestales del país en las últimas décadas. El balance provisional es de once muertos, una cifra que, según ha dicho Juanma Moreno, aumentará a 12 cuando se confirme al menos un fallecido más. Además, hay 19 desaparecidos y al menos ocho heridos, cuatro de ellos graves. El experto Javier Madrigal, doctor ingeniero de Montes, titular del Instituto de Ciencias Forestales (ICIFOR) del CSIC y coordinador de Emergencia Forestal del mismo organismo (además de responsable de la cuenta en X @Fuego_lab), ofrece en lavozdelsur.es cierto contexto sobre el comportamiento de este tipo de fuegos, ayudando a entender por qué las llamas han avanzado con tanta virulencia. Madrigal no forma parte del dispositivo de extinción y habla desde la prudencia: desconoce los detalles meteorológicos y las causas concretas, que corresponden al operativo desplegado sobre el terreno. Pero su experiencia como investigador permite entender lo ocurrido.
Un combustible "con mucha energía"
Lo primero que explica es que la comarca está dominada por grandes superficies de matorral y esparto, un ecosistema que él conoce bien. "El esparto es una mata herbácea vivaz, que rebrota todos los años, genera mucho combustible y se seca ahora en verano. Tiene mucha energía y es muy rápida", explica. Ese tipo de vegetación, añade, "a los medios de extinción les complica muchísimo" el control del fuego. Si las llamas se encuentran con repoblaciones forestales densas y con pocos tratamientos, el frente se acelera todavía más. "No solamente es rápido, sino que también es energético".
El resultado es un fuego que corre a una velocidad inasumible para cualquier operativo. Según las imágenes de satélite, el frente principal avanza a entre 1 y 2 kilómetros por hora. "La cabeza del incendio es imposible de apagar. Con eso no puede ningún medio: no hay estrategia posible en la cabeza y tienen que fijarse en los flancos". Así es como miles de hectáreas arden en muy poco tiempo.
Sobre el papel del viento, el experto evita pronunciarse en este caso concreto porque no conoce los datos meteorológicos de la zona. Sí recuerda que, en principio, en Almería, "el viento más peligroso es el de Poniente, que viene más seco de las cordilleras béticas". Pero apunta a otro factor decisivo: la orografía.
La zona está repleta de barrancos y ramblas donde el viento, independientemente del dominante, se encajona y genera vientos de ladera y de valle. "Se producen aceleraciones que no están previstas en las estaciones meteorológicas",. Es el escenario típico de los llamados fuegos eruptivos. "No digo que se haya producido en este incendio", matiza, pero en ese tipo de configuración topográfica "se acumula el efecto del viento y la pendiente en el mismo sitio y los fuegos van muy rápido".
Huir puede ser más peligroso que confinarse
Uno de los aspectos más delicados de la tragedia es el comportamiento de las víctimas ante el avance de las llamas. Madrigal rehúsa valorar en este caso, aunque es la Junta la que ya ha estado explicando que las muertes se han producido en el contexto de huida, cuando en realidad se había pedido quedarse en las casas. Eso encaja con lo que ha ocurrido en otros casos de incendios trágicos, en los que la mayoría de las muertes en se producen durante las evacuaciones, no en los confinamientos.
"Muchas veces tenemos miedo a confinarnos en una población, pese a las indicaciones de Protección Civil, pero en general es más seguro que huir". El problema, explica, es que en la huida es donde suelen producirse los atrapamientos: "Aunque conozcas la zona, no conoces el comportamiento del fuego que está ocurriendo en ese momento. Quieres huir y vas en dirección justo en la que no debes".
No es un fenómeno nuevo y de hecho no se ha avanzado tanto como para que sean ya tragedias evitables. El investigador recuerda los precedentes de Pedrógão Grande (Portugal, 64 muertos): "Desgraciadamente, desde ese incendio sabíamos que esto podía pasar, o sea, que hay que seguir trabajando". También cita el caso de Valparaíso (Chile), donde murierom 138 personas hace año y medio "precisamente por intentar huir". Son, lamenta, "desgracias que se producen y que tienen difícil solución". Y subraya una carencia de fondo: "En otros países está muy claro qué hacer en terremotos o maremotos, pero no está tan claro qué hacer durante un incendio forestal".
¿Qué cabe esperar en las próximas horas? Sin estar al pie del terreno, con prudencia, indica que parece que "el fuego en teoría va a seguir avanzando, y por eso la contención no tiene por qué ser inmediata". Se espera que cambie el viento y que bajen las temperaturas, según Aemet. De confirmarse, "eso puede ser bastante favorable y ayudaría mucho a los servicios de extinción".
Como reflexión final, Madrigal explica que desde CSIC se reclaman desde hace tiempo grandes zonas estratégicas de gestión forestal donde los bomberos puedan actuar con seguridad, acompañadas de educación en emergencias. Su petición es que todos los ayuntamientos, grandes o pequeños, tengan claro que donde haya un núcleo poblacional: "Lo triste de esto es que no se hacen simulacros, y ahí falta mucho por trabajar"
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