Opinión

Rocío

Vaya por delante que yo respeto toda creencia religiosa y que cada cual con su tiempo y fe (si la tuviere) la trate y moldee como le de la gana. Ahora bien, por estas fechas, ya en plena primavera, llega el tiempo de las ferias y romerías. De estas últimas la más grande sin duda: el Rocío.

En Cádiz, desde hace décadas, su Hermandad sale desde la Iglesia de San José. Sus vecinos (entre los que estuve un tiempo) aguantan o disfrutan -cada uno/a tiene sus gustos-, con estoicidad los petardos con los que se anuncia la marcha. A la Hermandad y Sinpecado les acompañan mujeres de la ciudad con sus trajes de flamenca. Mujeres que, finalmente, se quedan en Cádiz o se dan media vuelta al llegar a la desembocadura del Guadalquivir en Sanlúcar de Barrameda. Digo yo que ya que están podían seguir un poquito más y conocer el Coto de Doñana.

Pero a mi, cada año, desde hace “taitantos” estas fechas lo que me traen a la mente es una dura historia vivida entre finales de los años setenta, primeros ochenta, y que tiene como protagonistas al director de cine Fernando Ruiz Vergara y su documental Rocío. Única película censurada y secuestrada -hasta donde sé, tal como está el patio no me extrañaría que hubiera alguna más- dentro del actual Estado español.

Con una calidad extraordinaria, el documental estrenado en 1980 relata la leyenda de la aparición de la Virgen del Rocío a unos pastorcitos cerca de la localidad de Almonte y como la historia, y sobre todo el papel de la Iglesia junto con otros intereses terminaron sellando una celebración que tuvo cierto auge a finales del siglo XIX y que posteriormente decayó hasta la irrupción del golpe de Estado de julio de 1936. Los episodios posteriores de represión, y cómo son contados sin tapujos por ancianos de la zona que todavía vivían en la década de los años setenta, a la vez que su vinculación con determinados personajes de la Hermandad Matriz de Almonte, hicieron que poco tiempo después se denunciara el documental y finalmente fuera secuestrado por el Tribunal Supremo en 1984.

A partir de entonces, en rara ocasión, pudo mostrarse al mundo; y si se hacía llevaba los impresentables cortes que la censura del Estado español había impuesto. Lo peor estaba por venir puesto que, su director, Ruiz Vergara se vio obligado al auto-exilio en Portugal donde fallecería en 2011.

Por eso cada año, por estas fechas, me pongo en mi casa el documental Rocío. Y animo a que hagáis lo propio. Y es que, a decir verdad, unos cuantos valientes bajo el sello editorial de Aconcagua y la colaboración de la Diputación de Huelva, lo reeditaron en 2013, acompañado de un pequeño libro y otro documental, de José Luis Tirado llamado “El caso Rocío”. Así que, si por estas fechas, os chirría u os llama la curiosidad la historia de la Romería, no dudéis en buscar la histórica cinta Rocío.

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