Las muchas vidas de Mayte Gómez Molina, la escritora y artista que dejó Chicago por Chiclana: "Vivir del arte es un golpe de suerte muy grande"
Escritora y artista multidisciplinar ha presentado en Cádiz 'La boca llena de trigo', su primera novela, un alegato contra la lógica de mercado que devora el arte y a quienes lo hacen. Habla de anorexia, de desarraigo, del Premio Nacional que la sacó a flote y de por qué el éxito, para ella, cabe en un sábado por la mañana con un libro en la mano
Mayte Gómez Molina posa en Cádiz, antes de la entrevista con lavozdelsur.es. -
"No sé cuál es mi perfil bueno. El izquierdo a lo mejor". En un palacete del centro histórico de Cádiz, Casa Patio del Panadero, donde se aloja invitada por la Fundación Carlos Edmundo de Ory con motivo de la presentación de su último libro, La boca llena de trigo (Anagrama, 2026), Mayte Gómez Molina posa sonriente y relajada antes de la entrevista. Al principio, reconoce que no le gustan las sesiones de fotos; al final, concluye: "Nos lo hemos pasado bien".
Exhibe unos brazos —especialmente el derecho— repletos de tatuajes. Si estos cuentan de algún modo su historia, ella se encarga de abrirse pronto en canal y no escatimar detalles sobre cómo le ha ido todo a sus 33 años, de cómo han ido cicatrizando heridas y abriéndose puertas hacia su gran pasión: el arte, el disfrute por lo artístico. "He tenido un viaje muy largo de aceptarme a mí misma".
Su historia vital y profesional es también la historia de un viaje. Una artista multidisciplinar que nació por accidente en Madrid —hija de militar, siempre con la casa a cuestas—, pero que se siente granaína y, tras casarse con un chiclanero, gaditana de adopción. Tanto es así que maneja una certeza y un deseo: por un lado, cursó la prestigiosa beca estadounidense Fulbright desde Chiclana, en lugar de hacerlo en Chicago; y por otro, "me encantaría venir a morir a Cádiz".
Formada en Bellas Artes, Premio Nacional de Poesía Joven 'Miguel Hernández’ en 2023 por su poemario Los trabajos sin Hércules, es también investigadora y artista de nuevos medios que utiliza la escritura como eje vertebrador de una práctica plural. Actualmente forma parte del Programa de Doctorado Make/Sense en la Academia de Arte y Diseño de Basilea, donde también es docente en el Instituto de Arte, Género y Naturaleza.
Pregunta. ¿Qué le dice el espejo últimamente cuando se mira? ¿Hay conflicto?
Respuesta. He tenido una infancia muy feliz, una familia muy buena que me ha apoyado mucho, pero sí, yo tuve anorexia muchos años. Empecé desde muy pequeña, los primeros síntomas los tuve con ocho años, y me puse muy malita alrededor de los trece. Entonces llegó un viaje muy largo de aceptarme a mí misma, que también es un poco lo que le pasa a la protagonista del libro. He conseguido estar bastante en paz; lo máximo que se puede, siendo un ser humano en el mundo que vivimos y teniendo los problemas que tenemos. Pero bueno, cada día un paso más cerca de tratarme mejor, como si fuera una amiga.
P.Uno consigue de alguna manera, con la edad, con el tiempo, con la experiencia, anticiparse a los terrores nocturnos. Recurro al aforismo de Porchia: ¿el dolor le sigue o camina delante?
R. No creo que el dolor me siga, porque eso parecería ahí como un poco de maldición. Pero quizás sí camina delante un poco, porque a veces hay que tener cuidado con no desconfiar mucho. Hay que aprender a confiar en uno mismo y en los demás; y que vaya por delante a veces para decir: oye, aquí cuidado, que esto ya lo hemos vivido. Pero por otro lado también hay que tener cuidado con no confundir la intuición con el miedo. Ese aprendizaje... no sé, si llego a vieja, si tengo suerte, a lo mejor lo consigo. Lo tenemos que hacer todo el mundo.
"Hay que aprender a confiar en uno mismo y en los demás; pero también hay que tener cuidado con no confundir la intuición con el miedo"
P. Hay mucho de autobiográfico en este libro; por otra parte, como en casi todo lo que hacemos, ¿no?
R. Sí, de alguna forma. En la creación artística, literaria, o en cualquier cosa que hagamos, seas panadera o neuróloga, al final no te puedes despegar de ti misma para hacer las cosas. Esto es lo complicado, y quizás el arte sería mejor si nos pudiésemos despegar totalmente, pero siempre queda algo de una. En el libro hay varios momentos autobiográficos: empieza con la protagonista que cuando está en segundo de primaria gana un concurso de dibujo y ahí empieza a pensar que quizás eso se le da bien y quizás es algo que puede hacer de mayor. Yo gané un concurso de dibujo. No sentí tanto la vocación, aunque hice Bellas Artes, que también hace la protagonista, y también lo deja como lo dejé yo…
P. ¿Qué pasó?
R. Granada era muy clásico; a mí me gusta mucho el cine, el vídeoarte y todas estas cosas más conceptuales. El dibujo tradicional no es mi fuerte. Bueno, hay muchas cosas autobiográficas, pero creo que la novela, en mi caso y en el caso de los artistas, mira con cierta distancia cosas que te interesan, que te han dolido, o que te enfadan o que te emocionan, para poder compartirlas con los demás y que también se puedan conmover o enfadar contigo. Entonces la novela tiene muchas cosas de mi vida, pero puestas con cierta perspectiva para poder analizarlas sin que te toquen tan de cerca.
Mayte Gómez Molina, con 'La boca llena de trigo', en la calle Ancha de Cádiz, en días pasados.
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José María Reyna
P. De alguna manera es de todas partes y de ninguna. ¿Eso te ancla más en la tierra, valora más los momentos de sedentarismo?
R. Sí. Mi padre es militar, entonces nos hemos cambiado muchas veces de ciudad. Hay una parte como de desarraigo aprendido que hace que me cueste menos coger la maleta e irme a otro sitio. Me fui a Alemania (reside en Karlsruhe) porque no tenía aquí trabajo en España. Pero yo vengo aquí a Cádiz, que mi marido es de Chiclana de la Frontera, y digo ojalá pueda quedarme aquí, lo que pasa es que el mundo está como está y es un poco difícil. Uno se va para volver, pero entre lo que uno quiere y lo que puede, pues ahí vamos encontrando un puente. Me encantaría venir a morir a Cádiz, para mí sería perfecto. Siempre se abren ventanas y puertas en la vida y encuentras una forma de volver a donde quieres volver, pero hay que tener paciencia.
P. Y pasó lo peor de la pandemia con su beca Fulbright en Chiclana.
R. Eso es. Tenía una beca Fulbright. Podía quedarme en Chicago y, de hecho, allí la gente pensaba que eso no llegaría. Pero yo decía: tú te has librado de la Primera Guerra Mundial y de la Segunda, pero de esto no te vas a librar. Y yo me decía: la Guerra Fría la viste ahí como en la imaginación, pero de esto no te vas a librar. Y dije: mira, si es el fin del mundo de verdad, yo no quiero que me pille en un sitio donde hay pistolas. Me fui a Granada y luego, cuando pudimos cambiar de provincia, me vine a Chiclana viviendo un curso. Así que de Chicago a Chiclana. Y lo disfruté, ¿eh? Estaba en el ordenador en Chicago aprendiendo unas cosas súper modernas y tal, y luego estaba en Chiclana con toda su pureza. Ese contraste me ayudó mucho.
"Hay una narrativa aquí que se te impregna; he ido escribiendo más desde que llegué. Cádiz me ha dejado la escritura"
P. Y la luz, ¿no?
R. Y la narrativa que hay aquí, que es una cosa que a mí me ha marcado mucho: que alguien te diga no te vas a creer lo que me ha pasado… cómo se cuentan las cosas, que es muy político, muy humorístico. Aquí está la Constitución y el carnaval. Aquí pasa algo muy fuerte y a mí me ha marcado mucho el humor, por la metáfora y como una ofrenda. Contarle a los demás historias como si fuera una ofrenda: te voy a contar lo mejor que me ha pasado para que te rías, para que alucines. Hay una narrativa aquí que se te impregna y al final, poco a poco, he ido escribiendo más desde que llegué aquí. Eso me ha dejado Cádiz: la escritura.
P. Lo mismo están los aerolitos de Ory que el ‘sur-realismo’ de Quiñones…
R. Quiñones, no veas… Hay algo aquí muy potente. Ocurre en Andalucía en general, y en España también, a la hora de contar historias a los demás. El origen de la literatura es contarle algo a otra persona y eso en España se nos da bien.
P. También tenemos buenos cuentistas…
R. Algunos tienen muy buena labia.
P. Eso está en tu libro: una crítica más o menos soterrada a los que dicen poco y ganan mucho frente a los que dicen mucho y ganan poco o nada…
R. Por ahí van los tiros. El telón de fondo del libro es el mundo del arte. Por un lado, del arte como un gesto muy íntimo, algo que te nace, que puede ser vocacional desde pequeño o encontrarlo en la universidad o más tarde. Algo que uno hace porque de verdad le mueve, se levanta por la mañana, o no se puede dormir por la noche, pensando en eso. Y luego se mezcla con una cosa muy difícil, que es el mercado, que eso está ya en todos lados. Hasta en las relaciones humanas, hay parejas con esa lógica de mercado, con cosas como Tinder que parece un catálogo de gente. Y la protagonista dice: yo quería pintar, pero ahora me ofrecen una oportunidad y me paralizo porque siento que se me contamina algo tan puro. Cómo va a sobrevivir el arte si ya es un objeto que se puede comprar y vender por gente que a lo mejor ni me gusta, ni me parece ética. Entonces hay una lucha: lo que yo quiero hacer tiene un precio, hay que vivir. Es también un alegato a poder vivir del arte, que es algo muy duro, hay mucha confusión, mucha especulación de mercado; mucha gente piensa que los artistas son millonarios, pero luego algunos artistas son pobres como ratas, no pueden sobrevivir. Ahí entra lo público también, y es muy importante que la gente tenga acceso, no solo quien tiene dinero.
Mayte Gómez Molina, antes de la entrevista.
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José María Reyna
P. A usted el Premio Nacional le cambia. ¿ Fue un poco un punto de inflexión para decir: a lo mejor puedo también vivir de esto?
R. Sí. Trabajo como profesora de arte en una academia superior de Basilea, que la lleva una española, Chus Martínez, gallega, una tía increíble. Llevo ya un año y pico. Y la verdad que el Premio Nacional me dio esperanza, estaba en Alemania con un trabajo regulero en la universidad, donde también hay malas prácticas, algo que pensamos que solo ocurre en España. Y el premio fue un shock, no me imaginaba ganándolo, ni sabía que daban dinero. Pero sí que me hizo pensar: bueno, quizás puedo dedicarle un tiempo a esto. Hay muy pocos escritores que vivan solo de la literatura y muy pocos artistas que vivan solo del arte. Vivir solo de esto es un golpe de suerte grande. Pero sí que te hace pensar que le puedes dedicar un tiempo y que puede ser parte de tu oficio, y sobre todo que si algo que te gusta mucho a ti quizás le llegue también a otras personas. Qué bonito es un libro que puede estar en las casas de todo el mundo.
P. Ha trabajado mucho en torno a lo digital, la imagen, la virtualidad. Al final yo creo que todo esto de las redes sociales, que nos han dado como más opciones para desaparecer del mundo, nos tiene todo el tiempo creando la necesidad de volver a lo físico de nuevo. Necesitamos tocarnos y tocar, entre otras cosas, un libro.
R. Totalmente. Yo creo que hay cosas muy buenas de la tecnología y de internet. Por ejemplo, en la pandemia lo vimos: de repente podíamos llamar a amigos, podíamos llamar a abuelos, podías comunicarte de una forma que sin la tecnología no hubiésemos podido, entonces eso tiene una parte efectiva y potencialmente buena. Pero también se usa mal, y las redes sociales están hechas para que te enganches, entonces es muy difícil navegar en ese mundo. Yo necesito el libro físico. Tengo una cámara analógica también. Creo que luchamos también por estar aquí, por nuestra raíz. El mundo físico, que no es antagónico a lo digital, habrá que combinarlo un poquito más de lo que lo estamos haciendo.
"Para mí el éxito es tener tiempo un sábado por la mañana y estar tranquila leyéndome un libro; y que mi madre esté sana"
P. ¿Ha descubierto ya cuál es la verdad de la mentira?
R. Yo no, la verdad que no. Te pones a observar la realidad y la realidad es más rara y más original que el mejor de los libros y la mejor de las películas. Solo hay que estar atentos y eso es la mirada artística o poética; y la puede tener cualquier persona, no es exclusiva de los artistas. Todos de pequeños dibujamos y eso, por desgracia, se nos va diluyendo... Pero esa mirada la tenemos todos y creo que cuando miras el mundo con atención te das cuenta de que hay una historia increíble, que el mundo de verdad parece a veces una alucinación o una especie de fantasía que solo te pide mirarla con atención. Pero para eso necesitas tiempo y necesitas estar descansado, que a veces no son muy compatibles con las vidas que llevamos.
La escritora y artista, en el hotel de Cádiz, antes de la presentación de su nuevo libro.
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José María Reyna
P. ¿Con qué etiqueta de las que le han puesto se siente bien?
R. Cuando dicen artista multidisciplinar, digo: yo me siento lectora. Es de lo que más segura que estoy: de ser lectora. Amo muchas cosas: el cine, pasear, mirar las cosas, la fotografía, el arte. Ya luego hacerlo es otra cosa. Si me quitaran la posibilidad de hacer arte, seguiría queriendo verlo, queriendo leer, porque eso al final me nutre muchísimo. Y hay una cosa: cuando alguien ve algo muy bonito, cuando lees un buen libro, casi que te dan ganas de escribir tú uno, como para devolverle otra cosa al mundo; creo que es lo bonito que tiene el arte y con eso sí me siento identificada.
P. Como docente, ¿qué opinión le gustaría que tuvieran sus alumnos de sus clases o de usted como profesora?
R. Pues me gustaría que pensasen que soy amable. En la universidad muchas veces hemos vivido todos a algunos profes muy macarras. Me gustaría que pensasen que soy amable y que he querido ayudarles con todo lo que tenía. Porque yo llego allí a las tutorías y les digo todo lo que he visto en mi vida que pienso que les puede valer. Les abrumo un poco, eso tendría que dosificármelo (ríe). Pero ojalá piensen que les he dado todo lo mejor que tenía, que he querido ser generosa y amable con ellos. No sé, espero conseguirlo. Me quedan años, pero espero eso.
"Saber lo que no quería ha sido, por desgracia y desde que soy pequeña, muy fácil. Pero luego te queda una gran pregunta: ¿qué quieres hacer de ti?"
P. ¿Qué le ha costado más en la vida, saber qué no quería o saber quién quería ser?
R. Me ha costado más saber quién quería ser, porque saber lo que no quería ha sido, por desgracia y desde que soy pequeña, muy fácil. Pasaron cosas un poquillo fuertes siendo muy pequeña y eso me fue definiendo muy rápido: así no quiero vivir. Pero luego te queda una gran pregunta: ¿cómo quieres ser? ¿qué quieres hacer de ti? Eso es muy difícil. Y creo que ahí lo sigo investigando y descubriendo. Quizás una se hace viejecita y le llega el momento, y no creo que se sepa del todo. Por eso la vida es tan misteriosa. Pero bueno, me voy acercando a una persona que me cae bastante bien. Si yo no fuese yo, a lo mejor diría: mira, esta chica, a lo mejor podríamos ser amigas. Y eso ya es mucho.
P. O sea, dentro de siete años, más o menos, cuando llegue a esa famosa crisis de los 40, esta le va a pillar en forma.
R. Es que yo he tenido crisis de los 15 años, de los 20. Ahora estoy estupenda, que no me toquen.
"Las redes sociales distorsionan el éxito; vemos muchas vidas que parecen mejores que las nuestras"
P. Al final, ese es el éxito, en cierto modo, ¿no?
R. Hombre, sí. El libro trata mucho sobre la idea del éxito y como una especie de deformación de esa idea. Para mí el éxito es tener tiempo un sábado por la mañana y estar tranquila leyéndome un libro; y que mi madre esté sana y yo esté sana. Eso ya es mucho éxito. Hay una idea sobre la felicidad que a veces creo que es un poco perversa, un poco en contra de la propia felicidad, porque solo teniendo salud ya uno es muy feliz. Cuando eso te lo quitan no tienes nada. A lo mejor no estoy en las Maldivas, pero mira, estoy en Cádiz, o puedo ir a Granada o puedo darme un paseo por un sitio que me gusta y tomarme un café con un amigo. Mis padres están bien, yo estoy bien, y eso ya es muchísimo. Creo que el éxito lo tenemos un poco distorsionado también con las redes sociales, en el sentido de que vemos muchas vidas que parecen mejores que las nuestras. Y ya tener una vida que vaya bien, con salud, ya es mucho.
P. Hay que reivindicar el tópico y la rutina. Decir 'lo importante es tener salud' puede parecer poco original, pero es una verdad como un templo.
R. Eso es. Ahora mi madre está cuidando a mi abuelo, que es un hombre muy mayor. Y claro, tienes que dar la cara. Yo, supongo, como entre comillas perdí la salud mental muy pronto, solo pensaba: yo quiero ser una muchacha normal, yo quiero tener 15 años, no quiero estar en el hospital. Entonces para mí, eso no es un tópico. Luego hay otras cosas, obviamente, como tener una vida digna, no estar precarizado, que te traten bien, que no te exploten, tener un trabajo digno y poder pagar una casa que cueste una cosa normal. En fin, eso es lo más básico. Que te toque la lotería lo mismo no es para tanto. Esas son cosas que pasan menos en la vida, pero hay otras cosas pequeñas que pasan muchas veces y si podemos también disfrutarlas, más felices somos.
Mayte Gómez Molina.
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José María Reyna
P. Aludiendo al título de su libro, 'La boca llena de trigo', Lorca hablaba de que todos debíamos tener un pedazo de pan y un libro. Ha pasado una nueva campaña electoral y la cultural no ha aparecido en los debates. ¿Falta apoyo a los creadores, a los jóvenes artistas?
R. La sanidad de un país a lo mejor también es el pulso cultural que tiene, porque así puede ser mejor, se puede imaginar de otra forma, puede pensar en su pasado, puede pensar en el futuro. Un artista es una persona como otra cualquiera. Todo ese rollo del genio creador... Son personas que tienen ahí como una mirada más entrenada o una sensibilidad más accesible, pero que no son mejores que nadie. Y la gente no se acerca a veces al arte porque no hay mediación. Al final la cultura es como un espacio en el que se te permite pensar sobre ciertas cosas a través de la mirada de otra persona, que es la mirada de todos al mismo tiempo. Y hace falta dinero, porque si no mucha gente se queda sin poder decir cosas excelentes: tantos artistas que no pueden continuar su trabajo porque tienen que ponerse a trabajar de otra cosa o porque no tienen apoyo. Todos necesitamos un trabajo de sustento, pero me refiero a que no tienes para decir: mira, me gustaría hacer esto y no tengo apoyo, no tengo donde programar esta película o esta sala. Debería de haber un rango para todo tipo de artistas: para los que les va muy bien, los que están a media carrera, los que están empezando..., que tengan apoyo. Porque si no, solo llega la gente que ya tenía dinero, y eso amputa mucho la visión del mundo. También el que no tiene tendrá que tener derecho a tener y a decir.
Un largo viaje de autoaceptación
"No sé cuál es mi perfil bueno. El izquierdo a lo mejor". En un palacete del centro histórico de Cádiz, Casa Patio del Panadero, donde se aloja invitada por la Fundación Carlos Edmundo de Ory con motivo de la presentación de su último libro, La boca llena de trigo (Anagrama, 2026), Mayte Gómez Molina posa sonriente y relajada antes de la entrevista. Al principio, reconoce que no le gustan las sesiones de fotos; al final, concluye: "Nos lo hemos pasado bien".
Exhibe unos brazos —especialmente el derecho— repletos de tatuajes. Si estos cuentan de algún modo su historia, ella se encarga de abrirse pronto en canal y no escatimar detalles sobre cómo le ha ido todo a sus 33 años, de cómo han ido cicatrizando heridas y abriéndose puertas hacia su gran pasión: el arte, el disfrute por lo artístico. "He tenido un viaje muy largo de aceptarme a mí misma".
Su historia vital y profesional es también la historia de un viaje. Una artista multidisciplinar que nació por accidente en Madrid —hija de militar, siempre con la casa a cuestas—, pero que se siente granaína y, tras casarse con un chiclanero, gaditana de adopción. Tanto es así que maneja una certeza y un deseo: por un lado, cursó la prestigiosa beca estadounidense Fulbright desde Chiclana, en lugar de hacerlo en Chicago; y por otro, "me encantaría venir a morir a Cádiz".
Formada en Bellas Artes, Premio Nacional de Poesía Joven 'Miguel Hernández’ en 2023 por su poemario Los trabajos sin Hércules, es también investigadora y artista de nuevos medios que utiliza la escritura como eje vertebrador de una práctica plural. Actualmente forma parte del Programa de Doctorado Make/Sense en la Academia de Arte y Diseño de Basilea, donde también es docente en el Instituto de Arte, Género y Naturaleza.
Pregunta. ¿Qué le dice el espejo últimamente cuando se mira? ¿Hay conflicto?
Respuesta. He tenido una infancia muy feliz, una familia muy buena que me ha apoyado mucho, pero sí, yo tuve anorexia muchos años. Empecé desde muy pequeña, los primeros síntomas los tuve con ocho años, y me puse muy malita alrededor de los trece. Entonces llegó un viaje muy largo de aceptarme a mí misma, que también es un poco lo que le pasa a la protagonista del libro. He conseguido estar bastante en paz; lo máximo que se puede, siendo un ser humano en el mundo que vivimos y teniendo los problemas que tenemos. Pero bueno, cada día un paso más cerca de tratarme mejor, como si fuera una amiga.
P.Uno consigue de alguna manera, con la edad, con el tiempo, con la experiencia, anticiparse a los terrores nocturnos. Recurro al aforismo de Porchia: ¿el dolor le sigue o camina delante?
R. No creo que el dolor me siga, porque eso parecería ahí como un poco de maldición. Pero quizás sí camina delante un poco, porque a veces hay que tener cuidado con no desconfiar mucho. Hay que aprender a confiar en uno mismo y en los demás; y que vaya por delante a veces para decir: oye, aquí cuidado, que esto ya lo hemos vivido. Pero por otro lado también hay que tener cuidado con no confundir la intuición con el miedo. Ese aprendizaje... no sé, si llego a vieja, si tengo suerte, a lo mejor lo consigo. Lo tenemos que hacer todo el mundo.
"Hay que aprender a confiar en uno mismo y en los demás; pero también hay que tener cuidado con no confundir la intuición con el miedo"
P. Hay mucho de autobiográfico en este libro; por otra parte, como en casi todo lo que hacemos, ¿no?
R. Sí, de alguna forma. En la creación artística, literaria, o en cualquier cosa que hagamos, seas panadera o neuróloga, al final no te puedes despegar de ti misma para hacer las cosas. Esto es lo complicado, y quizás el arte sería mejor si nos pudiésemos despegar totalmente, pero siempre queda algo de una. En el libro hay varios momentos autobiográficos: empieza con la protagonista que cuando está en segundo de primaria gana un concurso de dibujo y ahí empieza a pensar que quizás eso se le da bien y quizás es algo que puede hacer de mayor. Yo gané un concurso de dibujo. No sentí tanto la vocación, aunque hice Bellas Artes, que también hace la protagonista, y también lo deja como lo dejé yo…
P. ¿Qué pasó?
R. Granada era muy clásico; a mí me gusta mucho el cine, el vídeoarte y todas estas cosas más conceptuales. El dibujo tradicional no es mi fuerte. Bueno, hay muchas cosas autobiográficas, pero creo que la novela, en mi caso y en el caso de los artistas, mira con cierta distancia cosas que te interesan, que te han dolido, o que te enfadan o que te emocionan, para poder compartirlas con los demás y que también se puedan conmover o enfadar contigo. Entonces la novela tiene muchas cosas de mi vida, pero puestas con cierta perspectiva para poder analizarlas sin que te toquen tan de cerca.
Mayte Gómez Molina, con 'La boca llena de trigo', en la calle Ancha de Cádiz, en días pasados.
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José María Reyna
P. De alguna manera es de todas partes y de ninguna. ¿Eso te ancla más en la tierra, valora más los momentos de sedentarismo?
R. Sí. Mi padre es militar, entonces nos hemos cambiado muchas veces de ciudad. Hay una parte como de desarraigo aprendido que hace que me cueste menos coger la maleta e irme a otro sitio. Me fui a Alemania (reside en Karlsruhe) porque no tenía aquí trabajo en España. Pero yo vengo aquí a Cádiz, que mi marido es de Chiclana de la Frontera, y digo ojalá pueda quedarme aquí, lo que pasa es que el mundo está como está y es un poco difícil. Uno se va para volver, pero entre lo que uno quiere y lo que puede, pues ahí vamos encontrando un puente. Me encantaría venir a morir a Cádiz, para mí sería perfecto. Siempre se abren ventanas y puertas en la vida y encuentras una forma de volver a donde quieres volver, pero hay que tener paciencia.
P. Y pasó lo peor de la pandemia con su beca Fulbright en Chiclana.
R. Eso es. Tenía una beca Fulbright. Podía quedarme en Chicago y, de hecho, allí la gente pensaba que eso no llegaría. Pero yo decía: tú te has librado de la Primera Guerra Mundial y de la Segunda, pero de esto no te vas a librar. Y yo me decía: la Guerra Fría la viste ahí como en la imaginación, pero de esto no te vas a librar. Y dije: mira, si es el fin del mundo de verdad, yo no quiero que me pille en un sitio donde hay pistolas. Me fui a Granada y luego, cuando pudimos cambiar de provincia, me vine a Chiclana viviendo un curso. Así que de Chicago a Chiclana. Y lo disfruté, ¿eh? Estaba en el ordenador en Chicago aprendiendo unas cosas súper modernas y tal, y luego estaba en Chiclana con toda su pureza. Ese contraste me ayudó mucho.
"Hay una narrativa aquí que se te impregna; he ido escribiendo más desde que llegué. Cádiz me ha dejado la escritura"
P. Y la luz, ¿no?
R. Y la narrativa que hay aquí, que es una cosa que a mí me ha marcado mucho: que alguien te diga no te vas a creer lo que me ha pasado… cómo se cuentan las cosas, que es muy político, muy humorístico. Aquí está la Constitución y el carnaval. Aquí pasa algo muy fuerte y a mí me ha marcado mucho el humor, por la metáfora y como una ofrenda. Contarle a los demás historias como si fuera una ofrenda: te voy a contar lo mejor que me ha pasado para que te rías, para que alucines. Hay una narrativa aquí que se te impregna y al final, poco a poco, he ido escribiendo más desde que llegué aquí. Eso me ha dejado Cádiz: la escritura.
P. Lo mismo están los aerolitos de Ory que el ‘sur-realismo’ de Quiñones…
R. Quiñones, no veas… Hay algo aquí muy potente. Ocurre en Andalucía en general, y en España también, a la hora de contar historias a los demás. El origen de la literatura es contarle algo a otra persona y eso en España se nos da bien.
P. También tenemos buenos cuentistas…
R. Algunos tienen muy buena labia.
P. Eso está en tu libro: una crítica más o menos soterrada a los que dicen poco y ganan mucho frente a los que dicen mucho y ganan poco o nada…
R. Por ahí van los tiros. El telón de fondo del libro es el mundo del arte. Por un lado, del arte como un gesto muy íntimo, algo que te nace, que puede ser vocacional desde pequeño o encontrarlo en la universidad o más tarde. Algo que uno hace porque de verdad le mueve, se levanta por la mañana, o no se puede dormir por la noche, pensando en eso. Y luego se mezcla con una cosa muy difícil, que es el mercado, que eso está ya en todos lados. Hasta en las relaciones humanas, hay parejas con esa lógica de mercado, con cosas como Tinder que parece un catálogo de gente. Y la protagonista dice: yo quería pintar, pero ahora me ofrecen una oportunidad y me paralizo porque siento que se me contamina algo tan puro. Cómo va a sobrevivir el arte si ya es un objeto que se puede comprar y vender por gente que a lo mejor ni me gusta, ni me parece ética. Entonces hay una lucha: lo que yo quiero hacer tiene un precio, hay que vivir. Es también un alegato a poder vivir del arte, que es algo muy duro, hay mucha confusión, mucha especulación de mercado; mucha gente piensa que los artistas son millonarios, pero luego algunos artistas son pobres como ratas, no pueden sobrevivir. Ahí entra lo público también, y es muy importante que la gente tenga acceso, no solo quien tiene dinero.
Mayte Gómez Molina, antes de la entrevista.
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José María Reyna
P. A usted el Premio Nacional le cambia. ¿ Fue un poco un punto de inflexión para decir: a lo mejor puedo también vivir de esto?
R. Sí. Trabajo como profesora de arte en una academia superior de Basilea, que la lleva una española, Chus Martínez, gallega, una tía increíble. Llevo ya un año y pico. Y la verdad que el Premio Nacional me dio esperanza, estaba en Alemania con un trabajo regulero en la universidad, donde también hay malas prácticas, algo que pensamos que solo ocurre en España. Y el premio fue un shock, no me imaginaba ganándolo, ni sabía que daban dinero. Pero sí que me hizo pensar: bueno, quizás puedo dedicarle un tiempo a esto. Hay muy pocos escritores que vivan solo de la literatura y muy pocos artistas que vivan solo del arte. Vivir solo de esto es un golpe de suerte grande. Pero sí que te hace pensar que le puedes dedicar un tiempo y que puede ser parte de tu oficio, y sobre todo que si algo que te gusta mucho a ti quizás le llegue también a otras personas. Qué bonito es un libro que puede estar en las casas de todo el mundo.
P. Ha trabajado mucho en torno a lo digital, la imagen, la virtualidad. Al final yo creo que todo esto de las redes sociales, que nos han dado como más opciones para desaparecer del mundo, nos tiene todo el tiempo creando la necesidad de volver a lo físico de nuevo. Necesitamos tocarnos y tocar, entre otras cosas, un libro.
R. Totalmente. Yo creo que hay cosas muy buenas de la tecnología y de internet. Por ejemplo, en la pandemia lo vimos: de repente podíamos llamar a amigos, podíamos llamar a abuelos, podías comunicarte de una forma que sin la tecnología no hubiésemos podido, entonces eso tiene una parte efectiva y potencialmente buena. Pero también se usa mal, y las redes sociales están hechas para que te enganches, entonces es muy difícil navegar en ese mundo. Yo necesito el libro físico. Tengo una cámara analógica también. Creo que luchamos también por estar aquí, por nuestra raíz. El mundo físico, que no es antagónico a lo digital, habrá que combinarlo un poquito más de lo que lo estamos haciendo.
"Para mí el éxito es tener tiempo un sábado por la mañana y estar tranquila leyéndome un libro; y que mi madre esté sana"
P. ¿Ha descubierto ya cuál es la verdad de la mentira?
R. Yo no, la verdad que no. Te pones a observar la realidad y la realidad es más rara y más original que el mejor de los libros y la mejor de las películas. Solo hay que estar atentos y eso es la mirada artística o poética; y la puede tener cualquier persona, no es exclusiva de los artistas. Todos de pequeños dibujamos y eso, por desgracia, se nos va diluyendo... Pero esa mirada la tenemos todos y creo que cuando miras el mundo con atención te das cuenta de que hay una historia increíble, que el mundo de verdad parece a veces una alucinación o una especie de fantasía que solo te pide mirarla con atención. Pero para eso necesitas tiempo y necesitas estar descansado, que a veces no son muy compatibles con las vidas que llevamos.
La escritora y artista, en el hotel de Cádiz, antes de la presentación de su nuevo libro.
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José María Reyna
P. ¿Con qué etiqueta de las que le han puesto se siente bien?
R. Cuando dicen artista multidisciplinar, digo: yo me siento lectora. Es de lo que más segura que estoy: de ser lectora. Amo muchas cosas: el cine, pasear, mirar las cosas, la fotografía, el arte. Ya luego hacerlo es otra cosa. Si me quitaran la posibilidad de hacer arte, seguiría queriendo verlo, queriendo leer, porque eso al final me nutre muchísimo. Y hay una cosa: cuando alguien ve algo muy bonito, cuando lees un buen libro, casi que te dan ganas de escribir tú uno, como para devolverle otra cosa al mundo; creo que es lo bonito que tiene el arte y con eso sí me siento identificada.
P. Como docente, ¿qué opinión le gustaría que tuvieran sus alumnos de sus clases o de usted como profesora?
R. Pues me gustaría que pensasen que soy amable. En la universidad muchas veces hemos vivido todos a algunos profes muy macarras. Me gustaría que pensasen que soy amable y que he querido ayudarles con todo lo que tenía. Porque yo llego allí a las tutorías y les digo todo lo que he visto en mi vida que pienso que les puede valer. Les abrumo un poco, eso tendría que dosificármelo (ríe). Pero ojalá piensen que les he dado todo lo mejor que tenía, que he querido ser generosa y amable con ellos. No sé, espero conseguirlo. Me quedan años, pero espero eso.
"Saber lo que no quería ha sido, por desgracia y desde que soy pequeña, muy fácil. Pero luego te queda una gran pregunta: ¿qué quieres hacer de ti?"
P. ¿Qué le ha costado más en la vida, saber qué no quería o saber quién quería ser?
R. Me ha costado más saber quién quería ser, porque saber lo que no quería ha sido, por desgracia y desde que soy pequeña, muy fácil. Pasaron cosas un poquillo fuertes siendo muy pequeña y eso me fue definiendo muy rápido: así no quiero vivir. Pero luego te queda una gran pregunta: ¿cómo quieres ser? ¿qué quieres hacer de ti? Eso es muy difícil. Y creo que ahí lo sigo investigando y descubriendo. Quizás una se hace viejecita y le llega el momento, y no creo que se sepa del todo. Por eso la vida es tan misteriosa. Pero bueno, me voy acercando a una persona que me cae bastante bien. Si yo no fuese yo, a lo mejor diría: mira, esta chica, a lo mejor podríamos ser amigas. Y eso ya es mucho.
P. O sea, dentro de siete años, más o menos, cuando llegue a esa famosa crisis de los 40, esta le va a pillar en forma.
R. Es que yo he tenido crisis de los 15 años, de los 20. Ahora estoy estupenda, que no me toquen.
"Las redes sociales distorsionan el éxito; vemos muchas vidas que parecen mejores que las nuestras"
P. Al final, ese es el éxito, en cierto modo, ¿no?
R. Hombre, sí. El libro trata mucho sobre la idea del éxito y como una especie de deformación de esa idea. Para mí el éxito es tener tiempo un sábado por la mañana y estar tranquila leyéndome un libro; y que mi madre esté sana y yo esté sana. Eso ya es mucho éxito. Hay una idea sobre la felicidad que a veces creo que es un poco perversa, un poco en contra de la propia felicidad, porque solo teniendo salud ya uno es muy feliz. Cuando eso te lo quitan no tienes nada. A lo mejor no estoy en las Maldivas, pero mira, estoy en Cádiz, o puedo ir a Granada o puedo darme un paseo por un sitio que me gusta y tomarme un café con un amigo. Mis padres están bien, yo estoy bien, y eso ya es muchísimo. Creo que el éxito lo tenemos un poco distorsionado también con las redes sociales, en el sentido de que vemos muchas vidas que parecen mejores que las nuestras. Y ya tener una vida que vaya bien, con salud, ya es mucho.
P. Hay que reivindicar el tópico y la rutina. Decir 'lo importante es tener salud' puede parecer poco original, pero es una verdad como un templo.
R. Eso es. Ahora mi madre está cuidando a mi abuelo, que es un hombre muy mayor. Y claro, tienes que dar la cara. Yo, supongo, como entre comillas perdí la salud mental muy pronto, solo pensaba: yo quiero ser una muchacha normal, yo quiero tener 15 años, no quiero estar en el hospital. Entonces para mí, eso no es un tópico. Luego hay otras cosas, obviamente, como tener una vida digna, no estar precarizado, que te traten bien, que no te exploten, tener un trabajo digno y poder pagar una casa que cueste una cosa normal. En fin, eso es lo más básico. Que te toque la lotería lo mismo no es para tanto. Esas son cosas que pasan menos en la vida, pero hay otras cosas pequeñas que pasan muchas veces y si podemos también disfrutarlas, más felices somos.
Mayte Gómez Molina.
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José María Reyna
P. Aludiendo al título de su libro, 'La boca llena de trigo', Lorca hablaba de que todos debíamos tener un pedazo de pan y un libro. Ha pasado una nueva campaña electoral y la cultural no ha aparecido en los debates. ¿Falta apoyo a los creadores, a los jóvenes artistas?
R. La sanidad de un país a lo mejor también es el pulso cultural que tiene, porque así puede ser mejor, se puede imaginar de otra forma, puede pensar en su pasado, puede pensar en el futuro. Un artista es una persona como otra cualquiera. Todo ese rollo del genio creador... Son personas que tienen ahí como una mirada más entrenada o una sensibilidad más accesible, pero que no son mejores que nadie. Y la gente no se acerca a veces al arte porque no hay mediación. Al final la cultura es como un espacio en el que se te permite pensar sobre ciertas cosas a través de la mirada de otra persona, que es la mirada de todos al mismo tiempo. Y hace falta dinero, porque si no mucha gente se queda sin poder decir cosas excelentes: tantos artistas que no pueden continuar su trabajo porque tienen que ponerse a trabajar de otra cosa o porque no tienen apoyo. Todos necesitamos un trabajo de sustento, pero me refiero a que no tienes para decir: mira, me gustaría hacer esto y no tengo apoyo, no tengo donde programar esta película o esta sala. Debería de haber un rango para todo tipo de artistas: para los que les va muy bien, los que están a media carrera, los que están empezando..., que tengan apoyo. Porque si no, solo llega la gente que ya tenía dinero, y eso amputa mucho la visión del mundo. También el que no tiene tendrá que tener derecho a tener y a decir.
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