viéndolas venir

¿Quién es el infiltrado en la campaña de Feijóo?

Sánchez, el perro sin amo que ha conseguido ser porque él mismo se ha bautizado así, está convencido de que lo mejor que puede hacer es no preparar discurso alguno, sino contestar al de su adversario. Confía en el asesor secreto de Feijóo y cada mañana está más convencido de que no le va a fallar

  • El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, con Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid.

 

Efectivamente, el gran misterio de esta campaña electoral es quién es el infiltrado en el PP de Feijóo. Porque lo hay. Seguro. Lo descubriremos tarde o temprano. Debe de ser un espabilado muy fino, un cuco, un disimulado sin fin que día tras día le hace meter la pata para que las encuestas se le vayan poniendo tan en contra, despacito y con mala letra. Lo mismo lo paga Ayuso, aunque he llegado a pensar que el tipo, actor profesional, un número uno, es directamente un socialista. O un sociolisto de los que ellos tanto critican.

El caso es que, entre todos, incluido Milei el de la motosierra, al que trajeron ayer para rematar el cuadro, le están regalando una campaña inmerecida a un partido que no ha hecho tanto mérito como para repetir gobierno. Y todavía queda más de un mes de campaña. Y una huelga de por medio.

El colmo del circo lo traía hoy el histriónico presidente de Argentina denunciando al dictador de Sánchez en su propio país, reconociendo encima que muchos argentinos se vienen a este país, tan dictatorial y donde el dictador no le impide entrar. Y todo ello mientras el otro, el bueno de Feijóo, Feijóo el gallego, lanza el maravilloso eslogan de que, con el tique de una pizza, te quedas en la casa a la que vayas. Directamente. Seguramente hoy aclarará qué sabores son los mejores para ello, porque no creo que eso sea cierto con la pizza carbonara que yo suelo comprar.

No puede ser tan fácil quedarte con una casa por muy disfrazado de okupa que entres. Y por mucho tique de pizza que enseñes luego. Como tampoco debe de ser tan fácil empezar una campaña con todas las papeletas de ganar las elecciones, de sumar 200 diputados entre tú y los tenaces ayudantes de Vox y no tenerlo nada claro a la semana de haber arrancado los mítines. Pero la realidad de finales de octubre empieza a darle la razón al siempre exagerado Tezanos.

Feijóo y los suyos -quiero decir los suyos de verdad, los sinceros y sin doble cara- deben de estar deseando que termine la campaña. Deben de arrancar con saña cada noche la hojita del calendario de su mesa, así, del tirón, con cierta rabia y con la ansiedad de quien no ve el día en que ya no pueda seguir metiendo la pata más porque no haya más días. Pase lo que pase, como dicen los examinandos, pero que sea ya lo que Dios quiera. Pero el problema es que queda mucha campaña aún. En realidad, toda la campaña, pues en rigor no empieza hasta el 13 de noviembre, aunque ya se le haya regalado tanto y tan inmerecidamente a este partido liderado por un presidente que se jacta de ser zurdo a mucha honra, que sonríe porque no se cree la suerte que tiene y que se lo está pasando pipa porque no contaba con esta estrechísima colaboración de su máximo adversario y sus adláteres, todo el día con la matraca de que las pensiones van a reventar para que los jubilados, un sector poblacional tan potente, se piense definitivamente, con el estómago sobre todo, a quién tienen que votar.

El tan aclamado presidente argentino –tanto en su país como en el territorio acotado por Ayuso para premiarlo aquí-  ha llegado disparatando contra el presidente español. Lo ha llamado “impresentable dictador” y “zurdo empobrecedor”, y nos ha animado a los españoles a que saquemos “a patadas a los socialistas”. Lástima para el PP que no haya surgido entre sus filas una figura como la de Zapatero en su momento cuando Hugo Chávez llamó “fascista” a Aznar delante del Rey y el entonces presidente socialista de España lo defendió como presidente democrático que había sido. Aquel instante proverbial fue el que motivó el siguiente, el “¿Por qué no te callas?” dirigido por el Borbón ahora emérito al entonces presidente venezolano.

Es verdad que el tiempo no les ha pasado en balde a ninguno, pero ayer echamos de menos que alguien del entorno de Feijóo le parara los pies a ese presidente argentino que ha puesto los pies en nuestro país solo para chupar cámara y azotarnos con cuatro o cinco titulares del peor gusto posible. No ha surgido nadie, claro, Feijóo ha puesto tierra de por medio y el tipo al que nos referíamos al principio, el infiltrado que todo el mundo sospecha, se ha vuelto a frotar las manos. Sánchez, el perro sin amo que ha conseguido ser porque él mismo se ha bautizado de tal guisa, está convencido ya de que lo mejor que puede hacer el resto de la campaña es no preparar discurso alguno, sino contestar al de su adversario, que se lo va a seguir poniendo en bandeja. Sánchez confía en el asesor secreto de Feijóo y cada mañana está más convencido de que no le va a fallar.

 

 

 

 

Efectivamente, el gran misterio de esta campaña electoral es quién es el infiltrado en el PP de Feijóo. Porque lo hay. Seguro. Lo descubriremos tarde o temprano. Debe de ser un espabilado muy fino, un cuco, un disimulado sin fin que día tras día le hace meter la pata para que las encuestas se le vayan poniendo tan en contra, despacito y con mala letra. Lo mismo lo paga Ayuso, aunque he llegado a pensar que el tipo, actor profesional, un número uno, es directamente un socialista. O un sociolisto de los que ellos tanto critican.

El caso es que, entre todos, incluido Milei el de la motosierra, al que trajeron ayer para rematar el cuadro, le están regalando una campaña inmerecida a un partido que no ha hecho tanto mérito como para repetir gobierno. Y todavía queda más de un mes de campaña. Y una huelga de por medio.

El colmo del circo lo traía hoy el histriónico presidente de Argentina denunciando al dictador de Sánchez en su propio país, reconociendo encima que muchos argentinos se vienen a este país, tan dictatorial y donde el dictador no le impide entrar. Y todo ello mientras el otro, el bueno de Feijóo, Feijóo el gallego, lanza el maravilloso eslogan de que, con el tique de una pizza, te quedas en la casa a la que vayas. Directamente. Seguramente hoy aclarará qué sabores son los mejores para ello, porque no creo que eso sea cierto con la pizza carbonara que yo suelo comprar.

No puede ser tan fácil quedarte con una casa por muy disfrazado de okupa que entres. Y por mucho tique de pizza que enseñes luego. Como tampoco debe de ser tan fácil empezar una campaña con todas las papeletas de ganar las elecciones, de sumar 200 diputados entre tú y los tenaces ayudantes de Vox y no tenerlo nada claro a la semana de haber arrancado los mítines. Pero la realidad de finales de octubre empieza a darle la razón al siempre exagerado Tezanos.

Feijóo y los suyos -quiero decir los suyos de verdad, los sinceros y sin doble cara- deben de estar deseando que termine la campaña. Deben de arrancar con saña cada noche la hojita del calendario de su mesa, así, del tirón, con cierta rabia y con la ansiedad de quien no ve el día en que ya no pueda seguir metiendo la pata más porque no haya más días. Pase lo que pase, como dicen los examinandos, pero que sea ya lo que Dios quiera. Pero el problema es que queda mucha campaña aún. En realidad, toda la campaña, pues en rigor no empieza hasta el 13 de noviembre, aunque ya se le haya regalado tanto y tan inmerecidamente a este partido liderado por un presidente que se jacta de ser zurdo a mucha honra, que sonríe porque no se cree la suerte que tiene y que se lo está pasando pipa porque no contaba con esta estrechísima colaboración de su máximo adversario y sus adláteres, todo el día con la matraca de que las pensiones van a reventar para que los jubilados, un sector poblacional tan potente, se piense definitivamente, con el estómago sobre todo, a quién tienen que votar.

El tan aclamado presidente argentino –tanto en su país como en el territorio acotado por Ayuso para premiarlo aquí-  ha llegado disparatando contra el presidente español. Lo ha llamado “impresentable dictador” y “zurdo empobrecedor”, y nos ha animado a los españoles a que saquemos “a patadas a los socialistas”. Lástima para el PP que no haya surgido entre sus filas una figura como la de Zapatero en su momento cuando Hugo Chávez llamó “fascista” a Aznar delante del Rey y el entonces presidente socialista de España lo defendió como presidente democrático que había sido. Aquel instante proverbial fue el que motivó el siguiente, el “¿Por qué no te callas?” dirigido por el Borbón ahora emérito al entonces presidente venezolano.

Es verdad que el tiempo no les ha pasado en balde a ninguno, pero ayer echamos de menos que alguien del entorno de Feijóo le parara los pies a ese presidente argentino que ha puesto los pies en nuestro país solo para chupar cámara y azotarnos con cuatro o cinco titulares del peor gusto posible. No ha surgido nadie, claro, Feijóo ha puesto tierra de por medio y el tipo al que nos referíamos al principio, el infiltrado que todo el mundo sospecha, se ha vuelto a frotar las manos. Sánchez, el perro sin amo que ha conseguido ser porque él mismo se ha bautizado de tal guisa, está convencido ya de que lo mejor que puede hacer el resto de la campaña es no preparar discurso alguno, sino contestar al de su adversario, que se lo va a seguir poniendo en bandeja. Sánchez confía en el asesor secreto de Feijóo y cada mañana está más convencido de que no le va a fallar.

 

 

 

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