La alarmante situación que nos describen los medios de comunicación sobre los altercados que se están produciendo en Uganda, tiene en vilo a la comunidad internacional. Se habla de centenares de muertos en los dos bandos que desde hace algunos meses se están combatiendo sin piedad. Ese enfrentamiento, en realidad, data de hace más de diez años ya que fue en 2015 en los que el bando o grupo llamado “Central” persiguió hasta los que en ese momento era miembros natos del mismo colectivo, los “Occidentales”.
Las primeras refriegas parece ser que se produjeron como consecuencia de algunas diferencias en relación con la propiedad de unos territorios que si bien los Occidentales consideraban de su influencia, los del grupo Central, acaudillados por un líder más agresivo, decidieron expulsarlos de la zona y, no conformándose con ello, decidieron hacer batidas genocidas con asesinatos selectivos de sus miembros. Esta situación ha ido derivando en una guerra civil cruenta en la que todas las normas que aseguraban la convivencia de estos grupos ugandeses durante cientos de años, han saltado por los aires y, como digo, las agencias allí destacadas hablan de verdaderas carnicerías, matanzas indiscriminadas y, en definitiva, una violencia que está llamando la atención a propios y extraños.
En situaciones parecidas, aunque no tan graves, se ha podido llegar a soluciones negociadas con la participación activa de Jane Goodall, una etóloga más conocida por la película biográfica Gorilas en la niebla que por su labor investigadora real. Lo que ocurre es que esta científica falleció hace unos meses y, por tanto, lo que hubiera sido sin duda una participación eficaz y eficiente en la resolución del conflicto ugandés, se ha tornado en un imposible. Otras autoridades en este tipo de circunstancias como el profesor de la Universidad de Texas, Aaron Sandel, está intentando ofrecerse para la labor de medicación entres los dos grupos Ngogo, los Centrales y los Occidentales, dado su conocimiento de otros conflictos a lo largo y ancho del mundo. De momento solo se tiene por seguro que esta “guerra”, que ha ido desde el año 2015 subiendo su intensidad y sus nefastas consecuencias, tiene en estado de alerta a buena parte de los expertos en estas conflagraciones, sobre todo en África.
Según los estudios realizados sobre esta cruenta guerra, después de que los miembros del grupo Occidental fueran expulsados de su territorio por los de la Central, aquellos fueron desarrollando una estrategia de venganza y terminaron por extender lo que hasta el momento solo fueron escarceos más o menos con resultados trágicos, a una guerra perfectamente diseñada donde el odio, la agresividad y el rencor se han hecho fuertes en toda la región de Kibale.
Una guerra civil, una nueva guerra, como si no hubiera ninguna en toda la tierra, como no fuera suficiente que el gorila naranja, Trump, y la hiena sionista, Netanyahu, el zorro Putin… y en definitiva todo lo que de porquería tiene el mundo en estos momentos, para que encima en un Parque Nacional de Uganda, dos grupos de chimpancés, de la especie Ngogo, se declaren la guerra... como si fueran humanos.


