Opinión

Señor Milei, quédese más tiempo en España, por favor

En mi tierra siempre se ha dicho que quien escupe hacia arriba, en la cara le cae. Y eso le ha pasado a usted, señor Milei: tiene la cara sucia de su propio escupitajo

  • Javier Milei e Isabel Díaz Ayuso, este pasado miércoles en Madrid.

Señor Milei: le escribo para pedirle un favor. No se vaya. Le ruego en nombre de muchos de los que usted llama zurdos y zurdas, que lo piense mejor. Quédese. Quédese una semana, un mes, lo que haga falta. Quédese, si puede, hasta el 29 de noviembre. Pocas personas han hecho tanto en tan poco tiempo por la izquierda española como usted en este viaje, y sería imperdonable que se marche sin terminar el trabajo.

Ha bastado una mañana para hacernos el gran favor. Abrió usted su intervención en un desayuno informativo diciendo que los españoles padecemos al “impresentable dictador Pedro Sánchez”, un "delincuente". Siguió con un “Pedrito es bien corrupto”, pidió que echemos a los socialistas “a patadas”, llamó a los periodistas “cortos”, “miserables” y “una peste”, y remató la faena proclamándose “amigo de Santiago Abascal” y “amigo de Isabel Díaz Ayuso”. Ni el mejor jefe de campaña del PSOE, ni el más imaginativo de Sumar o Podemos, habría sido capaz de escribir un guion tan eficaz.

Permítame una observación inicial. Tiene gracia que alguien llame dictador a un presidente al que se puede insultar en su propia capital, a pocas calles de su despacho, ante las cámaras y con micrófono, y que luego uno pueda tomar el avión de vuelta tan tranquilo. Los dictadores de verdad tenían otro servicio de atención al cliente. Si hubiera dicho usted lo mismo de Videla en el Buenos Aires de 1977, no habría vuelto a desayunar en ninguna parte.

Los dictadores de verdad tenían otro servicio de atención al cliente. Si hubiera dicho usted lo mismo de Videla en el Buenos Aires de 1977, no habría vuelto a desayunar en ninguna parte

Su “dictador”, en cambio, no lo ha torturado ni tirado vivo desde un avión -como hacía la dictadura de su país que usted ahora blanquea-. Le ha contestado con un vídeo en las redes diciendo que, si subir las pensiones, el salario mínimo o defender el derecho al aborto es ser zurdo, entonces sí, es zurdo. Y ha convocado elecciones para que los españoles decidan si lo echan o no. Es, sin duda, el dictador más extraño de la historia universal: permite que la gente vote en libertad y pone fecha a su propio derrocamiento si lo hace en contra.

Y me sorprende todavía más que el título de dictador lo reparta precisamente usted. Usted, señor Milei, cuyo Gobierno difunde cada 24 de marzo vídeos institucionales para negar la cifra de los 30.000 compatriotas desaparecidos y habla de “memoria completa”, la vieja fórmula de los cuarteles para equiparar a los torturadores con sus víctimas. Usted, que ha vaciado de fondos y de personal los sitios de memoria y cerró la unidad que investigaba el paradero de los niños de sus compatriotas robados por la dictadura. Se lo digo claramente, que un hombre tan comprensivo como usted con una junta militar que hizo desaparecer a miles de argentinos venga a Madrid a dar lecciones de democracia es como si un pirómano confeso diese cursos de prevención de incendios.

En mi tierra siempre se ha dicho que quien escupe hacia arriba, en la cara le cae. Y eso le ha pasado a usted, señor Milei: tiene la cara sucia de su propio escupitajo.

Cuando un jefe de Estado visita otro país para insultar a su presidente legítimo, no deshonra al insultado, se deshonra a sí mismo. Y si lo hace con tan poco aplomo y tan poca elegancia, con la voz en grito y el vocabulario de una discusión entre borrachos, la deshonra se extiende a quienes le aplauden.

Le contaré una historia, señor Milei, por si le sirve. Mientras que un hombre se pasaba el día gritando “¡burro!” a su vecino desde la ventana, el insultado nunca contestaba. Al cabo de un mes, en el pueblo nadie hablaba del vecino; todos comentaban lo mucho que rebuznaba el de la ventana. Usted, señor Milei, lleva siete visitas a España gritando por la ventana, y le aseguro que en España ya se sabe quién rebuzna.

Le pido también que se quede para que siga presumiendo de amigos. Porque resulta que los suyos del PP y Vox no parecen tan orgullosos de usted como usted de ellos. En esta visita solo le ha recibido la presidenta de la Comunidad de Madrid, y no en la sede del Gobierno regional en la Puerta del Sol, sino en el Canal de Isabel II, a puerta cerrada, lejos de los focos. Y el señor Abascal, su gran amigo, tampoco ha querido acompañarlo y ha dejado que fuera su secretario general quien se hiciera la foto. Es así, señor Milei, porque saben que cada imagen a su lado les quita votos. Por eso le pido por favor que se quede, que insista y los abrace en público. Que se note lo más posible la amistad.

Quédese también para que los españoles conozcan bien lo que usted está haciendo en Argentina, porque es exactamente lo que sus amigos de aquí quieren hacer. Según el Indec, el instituto oficial de estadística de su propio Gobierno, la pobreza ha vuelto a subir en el primer semestre de este año: del 28,2 % al 32,3 % de la población, alcanzando ya a más de quince millones de personas y a casi la mitad de los niños menores de catorce años, un 44,5 %. La actividad económica se desplomó en julio como no lo hacía desde la pandemia. La deuda con el Fondo Monetario Internacional creció un 36 % en solo un año, hasta rondar los 57.000 millones de dólares. Y mientras tanto, vende a bajo precio y con décadas de privilegios fiscales, aduaneros y cambiarios a las grandes compañías extranjeras el litio, el petróleo y el cobre, la riqueza de su país. Quédese y pasee por España, señor Milei, para mostrar que su patriotismo y el de sus amigos del PP y Vox consiste en vender la patria a plazos mientras llama traidores a los demás.

Quédese en España para que los españoles se enteren que la motosierra que utiliza y que PP y Vox quieren utilizar en España solo sirve para cortar pensiones, sanidad, educación, y derechos laborales y sociales.

Y quédese, sobre todo, para que se vea qué son Vox y PP cuando reproducen lo que hace usted: mala educación convertida en programa político, insulto, grosería y desvarío como argumentos y estilo de gobierno. Déjeme que se lo diga con toda sinceridad, señor Milei, un señor como usted que dice hablar con sus perros clonados no es el mejor embajador de la sensatez, por mucho que en ciertos platós lo presenten como un genio de la economía.

Quédese más tiempo en España, señor Milei. Cada día que usted pase aquí explicando lo que piensa, insultando a quien gobierna y abrazando a quien quiere aplicar sus políticas es un día en que millones de votantes del PP y de Vox podrán entender lo que significa votarlos. No hay campaña de la izquierda que iguale su eficacia.

No se vaya, señor Milei. Quédese y siga hablando, por favor; siga hablando sin parar. Nadie lo hace mejor que usted en favor de la causa contraria

Señor Milei: le escribo para pedirle un favor. No se vaya. Le ruego en nombre de muchos de los que usted llama zurdos y zurdas, que lo piense mejor. Quédese. Quédese una semana, un mes, lo que haga falta. Quédese, si puede, hasta el 29 de noviembre. Pocas personas han hecho tanto en tan poco tiempo por la izquierda española como usted en este viaje, y sería imperdonable que se marche sin terminar el trabajo.

Ha bastado una mañana para hacernos el gran favor. Abrió usted su intervención en un desayuno informativo diciendo que los españoles padecemos al “impresentable dictador Pedro Sánchez”, un "delincuente". Siguió con un “Pedrito es bien corrupto”, pidió que echemos a los socialistas “a patadas”, llamó a los periodistas “cortos”, “miserables” y “una peste”, y remató la faena proclamándose “amigo de Santiago Abascal” y “amigo de Isabel Díaz Ayuso”. Ni el mejor jefe de campaña del PSOE, ni el más imaginativo de Sumar o Podemos, habría sido capaz de escribir un guion tan eficaz.

Permítame una observación inicial. Tiene gracia que alguien llame dictador a un presidente al que se puede insultar en su propia capital, a pocas calles de su despacho, ante las cámaras y con micrófono, y que luego uno pueda tomar el avión de vuelta tan tranquilo. Los dictadores de verdad tenían otro servicio de atención al cliente. Si hubiera dicho usted lo mismo de Videla en el Buenos Aires de 1977, no habría vuelto a desayunar en ninguna parte.

Los dictadores de verdad tenían otro servicio de atención al cliente. Si hubiera dicho usted lo mismo de Videla en el Buenos Aires de 1977, no habría vuelto a desayunar en ninguna parte

Su “dictador”, en cambio, no lo ha torturado ni tirado vivo desde un avión -como hacía la dictadura de su país que usted ahora blanquea-. Le ha contestado con un vídeo en las redes diciendo que, si subir las pensiones, el salario mínimo o defender el derecho al aborto es ser zurdo, entonces sí, es zurdo. Y ha convocado elecciones para que los españoles decidan si lo echan o no. Es, sin duda, el dictador más extraño de la historia universal: permite que la gente vote en libertad y pone fecha a su propio derrocamiento si lo hace en contra.

Y me sorprende todavía más que el título de dictador lo reparta precisamente usted. Usted, señor Milei, cuyo Gobierno difunde cada 24 de marzo vídeos institucionales para negar la cifra de los 30.000 compatriotas desaparecidos y habla de “memoria completa”, la vieja fórmula de los cuarteles para equiparar a los torturadores con sus víctimas. Usted, que ha vaciado de fondos y de personal los sitios de memoria y cerró la unidad que investigaba el paradero de los niños de sus compatriotas robados por la dictadura. Se lo digo claramente, que un hombre tan comprensivo como usted con una junta militar que hizo desaparecer a miles de argentinos venga a Madrid a dar lecciones de democracia es como si un pirómano confeso diese cursos de prevención de incendios.

En mi tierra siempre se ha dicho que quien escupe hacia arriba, en la cara le cae. Y eso le ha pasado a usted, señor Milei: tiene la cara sucia de su propio escupitajo.

Cuando un jefe de Estado visita otro país para insultar a su presidente legítimo, no deshonra al insultado, se deshonra a sí mismo. Y si lo hace con tan poco aplomo y tan poca elegancia, con la voz en grito y el vocabulario de una discusión entre borrachos, la deshonra se extiende a quienes le aplauden.

Le contaré una historia, señor Milei, por si le sirve. Mientras que un hombre se pasaba el día gritando “¡burro!” a su vecino desde la ventana, el insultado nunca contestaba. Al cabo de un mes, en el pueblo nadie hablaba del vecino; todos comentaban lo mucho que rebuznaba el de la ventana. Usted, señor Milei, lleva siete visitas a España gritando por la ventana, y le aseguro que en España ya se sabe quién rebuzna.

Le pido también que se quede para que siga presumiendo de amigos. Porque resulta que los suyos del PP y Vox no parecen tan orgullosos de usted como usted de ellos. En esta visita solo le ha recibido la presidenta de la Comunidad de Madrid, y no en la sede del Gobierno regional en la Puerta del Sol, sino en el Canal de Isabel II, a puerta cerrada, lejos de los focos. Y el señor Abascal, su gran amigo, tampoco ha querido acompañarlo y ha dejado que fuera su secretario general quien se hiciera la foto. Es así, señor Milei, porque saben que cada imagen a su lado les quita votos. Por eso le pido por favor que se quede, que insista y los abrace en público. Que se note lo más posible la amistad.

Quédese también para que los españoles conozcan bien lo que usted está haciendo en Argentina, porque es exactamente lo que sus amigos de aquí quieren hacer. Según el Indec, el instituto oficial de estadística de su propio Gobierno, la pobreza ha vuelto a subir en el primer semestre de este año: del 28,2 % al 32,3 % de la población, alcanzando ya a más de quince millones de personas y a casi la mitad de los niños menores de catorce años, un 44,5 %. La actividad económica se desplomó en julio como no lo hacía desde la pandemia. La deuda con el Fondo Monetario Internacional creció un 36 % en solo un año, hasta rondar los 57.000 millones de dólares. Y mientras tanto, vende a bajo precio y con décadas de privilegios fiscales, aduaneros y cambiarios a las grandes compañías extranjeras el litio, el petróleo y el cobre, la riqueza de su país. Quédese y pasee por España, señor Milei, para mostrar que su patriotismo y el de sus amigos del PP y Vox consiste en vender la patria a plazos mientras llama traidores a los demás.

Quédese en España para que los españoles se enteren que la motosierra que utiliza y que PP y Vox quieren utilizar en España solo sirve para cortar pensiones, sanidad, educación, y derechos laborales y sociales.

Y quédese, sobre todo, para que se vea qué son Vox y PP cuando reproducen lo que hace usted: mala educación convertida en programa político, insulto, grosería y desvarío como argumentos y estilo de gobierno. Déjeme que se lo diga con toda sinceridad, señor Milei, un señor como usted que dice hablar con sus perros clonados no es el mejor embajador de la sensatez, por mucho que en ciertos platós lo presenten como un genio de la economía.

Quédese más tiempo en España, señor Milei. Cada día que usted pase aquí explicando lo que piensa, insultando a quien gobierna y abrazando a quien quiere aplicar sus políticas es un día en que millones de votantes del PP y de Vox podrán entender lo que significa votarlos. No hay campaña de la izquierda que iguale su eficacia.

No se vaya, señor Milei. Quédese y siga hablando, por favor; siga hablando sin parar. Nadie lo hace mejor que usted en favor de la causa contraria

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