Recuerdo tres cuartos. El central, atestado de sofás y de personas hambrientas por sentarse, y dos habitaciones laterales que hacían de dormideros oscuros. Lo demás, lo que ahora me atreveré a contar, es hijo de la niebla y del tiempo; rostros y fechas que bailan en el fondo de mi estomago esperando que yo, pescador de espinas, me digne a lanzar mis oxidados anzuelos para rescatarlos del barro. Porque enfangado está todo lo que nunca nos atrevemos a contar.
Cuando se nace pobre, la pereza es el crimen diría Blasco Ibáñez. Los míos, que no se rindieron, llegaron a la calle Cazón en el 14 del siglo pasado. Lo revela un papel devorado por el pececillo de plata y la carcoma. No saben leer ni escribir, 5. Labores del campo. Un único cuarto en el piso de abajo, el de los recién llegados, junto a la pila de lavar. Mi bisabuelo habla con Chacón de serranas y cañas. Aquel que tiene tres viñas y el tiempo le quita dos. Seis jipíos de algodón bordados con tallos de amapola y manzanilla. Que se conforme con una y le de gracias a Dios proclaman los valientes que morirán defendiendo los derechos de los cobardes. Quince años después, en el año de la colocación de la placa al genio, ya son siete vidas los que habitan aquellos techos bajos. Son siete pero ya en dos cuartos. La rosa echando raíces en tierras del clavel. No saben leer ni escribir, 3. Labores de casa, 1 litógrafo, 1 gerente de escuela.
Salto cuántico. Siglo XXI. Mi gente me ha traído a vivir hasta aquí. ¿Será para que les quite el barro de sus frágiles pieles de aire y oración? Dos columnas de yeso, adosadas por diciembres duros en la esquina del palacete, anuncian sueños por cumplir a uno ochenta. Esta mujer tiene cara de virgen. Cómo está tu hermana le pregunto al que me han dicho que es mi primo. Aquí estoy, cuidándole el perro me responde disgustado sin saber todavía que el perro le cuidará a él. Os confieso que me cuesta reconocerme en su mirada cansada pero seré yo que, estúpidamente e impulsado por mi todavía juventud, me creo mejor o más listo que él cuando no soy más que otra flor que me quedaré, tarde o temprano, sin tierra y sin agua. No saben leer ni escribir, 0.
A lo lejos, digo lejos pero podría decir siglos, cantan mis ancestros a los ángeles de Villapanés unos versos andaluces. Una rosa lloraba por un clavel y pá que no sufriera, fui y la corté. Y al poco tiempo fui aquel lugar y el clavel se había muerto de soleá.
Recuerdo tres cuartos. El central, atestado de sofás y de personas hambrientas por sentarse, y dos habitaciones laterales que hacían de dormideros oscuros. Lo demás, lo que ahora me atreveré a contar, es hijo de la niebla y del tiempo; rostros y fechas que bailan en el fondo de mi estomago esperando que yo, pescador de espinas, me digne a lanzar mis oxidados anzuelos para rescatarlos del barro. Porque enfangado está todo lo que nunca nos atrevemos a contar.
Cuando se nace pobre, la pereza es el crimen diría Blasco Ibáñez. Los míos, que no se rindieron, llegaron a la calle Cazón en el 14 del siglo pasado. Lo revela un papel devorado por el pececillo de plata y la carcoma. No saben leer ni escribir, 5. Labores del campo. Un único cuarto en el piso de abajo, el de los recién llegados, junto a la pila de lavar. Mi bisabuelo habla con Chacón de serranas y cañas. Aquel que tiene tres viñas y el tiempo le quita dos. Seis jipíos de algodón bordados con tallos de amapola y manzanilla. Que se conforme con una y le de gracias a Dios proclaman los valientes que morirán defendiendo los derechos de los cobardes. Quince años después, en el año de la colocación de la placa al genio, ya son siete vidas los que habitan aquellos techos bajos. Son siete pero ya en dos cuartos. La rosa echando raíces en tierras del clavel. No saben leer ni escribir, 3. Labores de casa, 1 litógrafo, 1 gerente de escuela.
Salto cuántico. Siglo XXI. Mi gente me ha traído a vivir hasta aquí. ¿Será para que les quite el barro de sus frágiles pieles de aire y oración? Dos columnas de yeso, adosadas por diciembres duros en la esquina del palacete, anuncian sueños por cumplir a uno ochenta. Esta mujer tiene cara de virgen. Cómo está tu hermana le pregunto al que me han dicho que es mi primo. Aquí estoy, cuidándole el perro me responde disgustado sin saber todavía que el perro le cuidará a él. Os confieso que me cuesta reconocerme en su mirada cansada pero seré yo que, estúpidamente e impulsado por mi todavía juventud, me creo mejor o más listo que él cuando no soy más que otra flor que me quedaré, tarde o temprano, sin tierra y sin agua. No saben leer ni escribir, 0.
A lo lejos, digo lejos pero podría decir siglos, cantan mis ancestros a los ángeles de Villapanés unos versos andaluces. Una rosa lloraba por un clavel y pá que no sufriera, fui y la corté. Y al poco tiempo fui aquel lugar y el clavel se había muerto de soleá.
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