En esta época actual en la que la política parece estar dominada por la inmediatez, la búsqueda del aplauso fácil y el cálculo electoral, el regreso de Pedro Pacheco invita a reflexionar sobre una forma muy distinta de entender el servicio público. Una forma que, salvando las distancias, guarda sorprendentes semejanzas con el pensamiento estoico nacido en Atenas por Zenón de Citio, por cierto, Atenas, lugar donde también nació el municipalismo.
Los filósofos estoicos enseñaban que el gobernante debía actuar guiado por la virtud, la razón y el deber, sin dejarse arrastrar por el miedo, la popularidad o la adversidad. Para ellos, lo importante no era controlar las circunstancias, sino mantener la firmeza de las convicciones y aceptar con serenidad las consecuencias de los propios actos.
Quienes conocemos la trayectoria política de Pedro Pacheco reconocemos en ella muchos de esos rasgos estoicos. Gobernó con una fuerte personalidad, como buen Aries que es, a menudo incómoda para sus adversarios e incluso para sus aliados. Nunca fue un político moldeado por las encuestas ni por los vaivenes de la opinión pública. Defendía sus ideas con una convicción que podía despertar admiración o rechazo, era querido, temido y odiado, pero que rara vez dejaba espacio para la indiferencia.
Jerez lo primero
Su manera de ejercer el poder estaba marcada por una idea central: Jerez lo primero y debía ocupar el lugar que le correspondía, esa convicción orientó buena parte de sus decisiones.
Impulsó proyectos ambiciosos, reivindicó con firmeza los intereses de la ciudad frente a otras administraciones y convirtió el orgullo de ser jerezano en un eje de su acción política. No gobernaba para agradar a todos; gobernaba para responder a la idea de ciudad en la que creía y sigue creyendo.
Como Zenón de Citio, sabio estoico, asumió que quien toma decisiones importantes inevitablemente recibe críticas. Nunca rehuyó el conflicto cuando entendía que estaban en juego los intereses de la ciudad. Esa fortaleza de ánimo, esa resistencia frente a la presión y esa capacidad para mantenerse fiel a un proyecto son, probablemente, algunas de las razones por las que su figura sigue ocupando un lugar singular en la memoria política de la ciudad, es el perpetuo alcalde.
Pero incluso quienes discrepan de él suelen reconocer que nunca actuó desde la indiferencia hacia su ciudad. Su compromiso con Jerez fue una constante, antes, durante y después de abandonar la Alcaldía.
¿Necesita Jerez un proyecto de ciudad?
El anuncio de su vuelta a la política reabre inevitablemente un debate que trasciende a la propia persona de Pedro Pacheco. ¿Es posible recuperar una política basada en convicciones firmes? ¿Puede un dirigente seguir defendiendo un proyecto de ciudad sin someter cada decisión al dictado de la popularidad inmediata? ¿Necesita Jerez un proyecto de ciudad? A estas tres preguntas, como analista politologo, y, enamorado de mí ciudad, puedo contestar que sí.
Quizás estás preguntas sean la mayor aportación de su regreso. Recordarnos que la política también puede ejercerse desde la fortaleza del carácter, la perseverancia y el sentido del deber. Valores que los estoicos consideraban esenciales para quien aspiraba a gobernar con dignidad.
Pedro Pacheco nunca fue un dirigente neutral ni pretendió serlo. Fue un líder con personalidad, con una visión definida de Jerez y con la determinación de defenderla incluso cuando el coste personal era elevado. En estos tiempos tiempos de liderazgos efímeros, esa coherencia, compartida o discutida, constituye una cualidad cada vez más escasa y necesaria en nuestra ciudad.
Porque el verdadero legado de un gobernante no reside únicamente en las obras que inaugura o en los cargos que ocupa, sino en la huella que deja en la identidad de su pueblo, y Pacheco, el cabeza, el inmatable, no se puede negar, a dejado una profunda huella. Hoy, varias décadas después de sus primeros gobiernos, resulta difícil explicar la historia contemporánea de Jerez sin la figura de Pedro Pacheco: un político que, con las virtudes y contradicciones propias de toda gran trayectoria pública, hizo del compromiso con su ciudad una forma de vida que dura hasta nuestros días.
En esta época actual en la que la política parece estar dominada por la inmediatez, la búsqueda del aplauso fácil y el cálculo electoral, el regreso de Pedro Pacheco invita a reflexionar sobre una forma muy distinta de entender el servicio público. Una forma que, salvando las distancias, guarda sorprendentes semejanzas con el pensamiento estoico nacido en Atenas por Zenón de Citio, por cierto, Atenas, lugar donde también nació el municipalismo.
Los filósofos estoicos enseñaban que el gobernante debía actuar guiado por la virtud, la razón y el deber, sin dejarse arrastrar por el miedo, la popularidad o la adversidad. Para ellos, lo importante no era controlar las circunstancias, sino mantener la firmeza de las convicciones y aceptar con serenidad las consecuencias de los propios actos.
Quienes conocemos la trayectoria política de Pedro Pacheco reconocemos en ella muchos de esos rasgos estoicos. Gobernó con una fuerte personalidad, como buen Aries que es, a menudo incómoda para sus adversarios e incluso para sus aliados. Nunca fue un político moldeado por las encuestas ni por los vaivenes de la opinión pública. Defendía sus ideas con una convicción que podía despertar admiración o rechazo, era querido, temido y odiado, pero que rara vez dejaba espacio para la indiferencia.
Jerez lo primero
Su manera de ejercer el poder estaba marcada por una idea central: Jerez lo primero y debía ocupar el lugar que le correspondía, esa convicción orientó buena parte de sus decisiones.
Impulsó proyectos ambiciosos, reivindicó con firmeza los intereses de la ciudad frente a otras administraciones y convirtió el orgullo de ser jerezano en un eje de su acción política. No gobernaba para agradar a todos; gobernaba para responder a la idea de ciudad en la que creía y sigue creyendo.
Como Zenón de Citio, sabio estoico, asumió que quien toma decisiones importantes inevitablemente recibe críticas. Nunca rehuyó el conflicto cuando entendía que estaban en juego los intereses de la ciudad. Esa fortaleza de ánimo, esa resistencia frente a la presión y esa capacidad para mantenerse fiel a un proyecto son, probablemente, algunas de las razones por las que su figura sigue ocupando un lugar singular en la memoria política de la ciudad, es el perpetuo alcalde.
Pero incluso quienes discrepan de él suelen reconocer que nunca actuó desde la indiferencia hacia su ciudad. Su compromiso con Jerez fue una constante, antes, durante y después de abandonar la Alcaldía.
¿Necesita Jerez un proyecto de ciudad?
El anuncio de su vuelta a la política reabre inevitablemente un debate que trasciende a la propia persona de Pedro Pacheco. ¿Es posible recuperar una política basada en convicciones firmes? ¿Puede un dirigente seguir defendiendo un proyecto de ciudad sin someter cada decisión al dictado de la popularidad inmediata? ¿Necesita Jerez un proyecto de ciudad? A estas tres preguntas, como analista politologo, y, enamorado de mí ciudad, puedo contestar que sí.
Quizás estás preguntas sean la mayor aportación de su regreso. Recordarnos que la política también puede ejercerse desde la fortaleza del carácter, la perseverancia y el sentido del deber. Valores que los estoicos consideraban esenciales para quien aspiraba a gobernar con dignidad.
Pedro Pacheco nunca fue un dirigente neutral ni pretendió serlo. Fue un líder con personalidad, con una visión definida de Jerez y con la determinación de defenderla incluso cuando el coste personal era elevado. En estos tiempos tiempos de liderazgos efímeros, esa coherencia, compartida o discutida, constituye una cualidad cada vez más escasa y necesaria en nuestra ciudad.
Porque el verdadero legado de un gobernante no reside únicamente en las obras que inaugura o en los cargos que ocupa, sino en la huella que deja en la identidad de su pueblo, y Pacheco, el cabeza, el inmatable, no se puede negar, a dejado una profunda huella. Hoy, varias décadas después de sus primeros gobiernos, resulta difícil explicar la historia contemporánea de Jerez sin la figura de Pedro Pacheco: un político que, con las virtudes y contradicciones propias de toda gran trayectoria pública, hizo del compromiso con su ciudad una forma de vida que dura hasta nuestros días.
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