La situación está cada vez peor. Tengo la sensación de que vivimos en el Imperio de la Mentira, aparentando más de lo que somos, obsesionados por acaparar, con una codicia inconmensurable. Del sentido común, del respeto, de una convivencia correcta, de una justicia justa, queda cada vez menos. Eso sí, los títulos, diplomas y doctorados que no falten, pero para graduarse de Ser Humano falta mucho. No se puede seguir viviendo así. Es necesario un cambio radical. Felizmente creo que pronto lo lograré. Ojalá sea posible.
Ayer, a última hora de la tarde, vino la junta de médicos. El doctor jefe fue breve y claro: “Su pronóstico es grave. Está en fase terminal. Calculamos que le quedan aproximadamente siete días, irá perdiendo facultades progresivamente; lo mantendremos con calmantes lo más posible; lo atenderemos en todo lo que necesite, estaremos disponibles en cualquier momento”. Los tres médicos me hicieron una venia al retirarse. Yo sólo atiné a parpadear. La máscara de oxígeno no me permitía más.
Son 27 meses sin caminar. En silla de ruedas, luego en la cama, con las conexiones, las mascarillas y las inyecciones cada vez más frecuentes. Y ahora me dicen que me quedan 7 días. Si desde el inicio sabíamos que lo mío es incurable, que es degenerativo e irreversible. ¿Por qué no aceptaron mi solicitud de eutanasia? La pedí en tres ocasiones. Siempre denegadas. Todo este desgaste físico, emocional, económico, mío y de mi familia ¿para qué? He ocupado varias semanas una habitación en el Hospital Central, consumiendo horas de trabajo de sanitarios, consumiendo medicamentos y alimentos, ¿para qué? ¿es el sistema? ¿es el negocio? ¿o es el sadismo y/o masoquismo de los legisladores que deciden por mi vida y parecen disfrutar con mi sufrimiento? Allá ellos si esto los hace felices, pero no deben obligarnos a todos a este sin sentido. ¿No se habla del derecho a la vida? Hablemos también del derecho a la muerte.
Anoche no dormí. Recordé todo lo que pude de mi vida. Además, pensé lo absurdo que sería dormir ahora que me queda poco tiempo de lucidez. Por eso hoy me he puesto a escribir estas líneas, por lo menos para dejar las ideas y recuerdos que me surjan en este momento.
Siempre he sido muy religioso, orando y cumpliendo con todos los preceptos, acudiendo al templo sin faltar. Tengo una formación sólida que responde a las creencias de mi familia, de mi entorno y de mi sociedad. Ahora sí se cumplirá mi anhelo, estaré con el Gran Arquitecto del Universo y me reuniré con mis familiares, mis padres, mi hermano y más aún podré estar y conocer a todos mis abuelos y hasta ese antepasado que fue héroe de la guerra.
Me cuesta imaginarme con todo lo que me puedo encontrar, hasta me preocupa.
Porque… ¿Cuántas personas habrán fallecido hasta hoy…? ¿Y veré a todas…? Pero… ¿ahí también estarán, por ejemplo, todas las víctimas con sus verdugos, sus ladrones, violadores y asesinos?
Hay momentos en que tengo dudas, hay muchas otras religiones y ha habido muchas más en las que ya nadie cree. ¿Qué ha pasado con los griegos y su mitología con sus dioses, diosas y semidioses? ¿y los romanos? Tantos centenares de miles que adoraron al Sol: egipcios, aztecas, incas, mayas, etc. ¿Dónde están? La lista de dioses y divinidades también es considerable. ¿Cuál es el verdadero: Dionisio, Zarathustra, Mithra, Jesucristo, Atón, Odín o Buddha? Millones de seres humanos han muerto por estos dioses como víctimas, como mártires, como guerreros... quemados, torturados, sacrificados como ofrendas, y: ¿de qué les ha servido? ¿cuáles eran los buenos? ¿dónde están ahora?
Estas dudas me generan angustia. He dejado de escribir dos días. Veo cada vez peor. Las manos me tiemblan. Debo tener fiebre y me duele más la cabeza cuando reflexiono: ¿Estaré en la religión correcta? Porque eso de que en el fondo se trata de un solo dios resulta difícil de creer ¡pero si desde siglos atrás se matan entre religiones!
En plan conciliador te dicen: “no te preocupes es el mismo Dios”. Anda y dile esto a un ortodoxo extremista. No habrás terminado la frase y tu cabeza ya estará rodando.
Unos dicen que vamos a resucitar, otros que nos vamos a reencarnar, o que tendremos nuevas vidas porque ya hemos tenido vidas anteriores. Todo resulta contradictorio. Sin duda somos víctimas de paradigmas religiosos, poderes inteligentemente diseñados para controlar y administrar nuestras conciencias.
Ya no resisto más, nada de esto tiene sentido, es una pieza más de este Imperio de la Mentira. No queremos aceptar nuestra ignorancia, no podemos superar nuestra Incógnita Vital, tenemos capacidad de preguntar, pero no de responder. Tenemos imaginación suficiente para crear conceptos de infinito, de eternidad, de inmortalidad, y hasta la capacidad de crear todas las divinidades pretendiendo así dar respuesta, pero no es verdad.
Es mi sexto día, estoy bastante peor, respiro con muchísima dificultad, escribir cada letra me cuesta una barbaridad. Ahora sí veo la luz, creo que es el inicio a mi viaje de retorno, volveré a la nada de donde vine y no volveré a ver nada, a nadie más. Nada.
La situación está cada vez peor. Tengo la sensación de que vivimos en el Imperio de la Mentira, aparentando más de lo que somos, obsesionados por acaparar, con una codicia inconmensurable. Del sentido común, del respeto, de una convivencia correcta, de una justicia justa, queda cada vez menos. Eso sí, los títulos, diplomas y doctorados que no falten, pero para graduarse de Ser Humano falta mucho. No se puede seguir viviendo así. Es necesario un cambio radical. Felizmente creo que pronto lo lograré. Ojalá sea posible.
Ayer, a última hora de la tarde, vino la junta de médicos. El doctor jefe fue breve y claro: “Su pronóstico es grave. Está en fase terminal. Calculamos que le quedan aproximadamente siete días, irá perdiendo facultades progresivamente; lo mantendremos con calmantes lo más posible; lo atenderemos en todo lo que necesite, estaremos disponibles en cualquier momento”. Los tres médicos me hicieron una venia al retirarse. Yo sólo atiné a parpadear. La máscara de oxígeno no me permitía más.
Son 27 meses sin caminar. En silla de ruedas, luego en la cama, con las conexiones, las mascarillas y las inyecciones cada vez más frecuentes. Y ahora me dicen que me quedan 7 días. Si desde el inicio sabíamos que lo mío es incurable, que es degenerativo e irreversible. ¿Por qué no aceptaron mi solicitud de eutanasia? La pedí en tres ocasiones. Siempre denegadas. Todo este desgaste físico, emocional, económico, mío y de mi familia ¿para qué? He ocupado varias semanas una habitación en el Hospital Central, consumiendo horas de trabajo de sanitarios, consumiendo medicamentos y alimentos, ¿para qué? ¿es el sistema? ¿es el negocio? ¿o es el sadismo y/o masoquismo de los legisladores que deciden por mi vida y parecen disfrutar con mi sufrimiento? Allá ellos si esto los hace felices, pero no deben obligarnos a todos a este sin sentido. ¿No se habla del derecho a la vida? Hablemos también del derecho a la muerte.
Anoche no dormí. Recordé todo lo que pude de mi vida. Además, pensé lo absurdo que sería dormir ahora que me queda poco tiempo de lucidez. Por eso hoy me he puesto a escribir estas líneas, por lo menos para dejar las ideas y recuerdos que me surjan en este momento.
Siempre he sido muy religioso, orando y cumpliendo con todos los preceptos, acudiendo al templo sin faltar. Tengo una formación sólida que responde a las creencias de mi familia, de mi entorno y de mi sociedad. Ahora sí se cumplirá mi anhelo, estaré con el Gran Arquitecto del Universo y me reuniré con mis familiares, mis padres, mi hermano y más aún podré estar y conocer a todos mis abuelos y hasta ese antepasado que fue héroe de la guerra.
Me cuesta imaginarme con todo lo que me puedo encontrar, hasta me preocupa.
Porque… ¿Cuántas personas habrán fallecido hasta hoy…? ¿Y veré a todas…? Pero… ¿ahí también estarán, por ejemplo, todas las víctimas con sus verdugos, sus ladrones, violadores y asesinos?
Hay momentos en que tengo dudas, hay muchas otras religiones y ha habido muchas más en las que ya nadie cree. ¿Qué ha pasado con los griegos y su mitología con sus dioses, diosas y semidioses? ¿y los romanos? Tantos centenares de miles que adoraron al Sol: egipcios, aztecas, incas, mayas, etc. ¿Dónde están? La lista de dioses y divinidades también es considerable. ¿Cuál es el verdadero: Dionisio, Zarathustra, Mithra, Jesucristo, Atón, Odín o Buddha? Millones de seres humanos han muerto por estos dioses como víctimas, como mártires, como guerreros... quemados, torturados, sacrificados como ofrendas, y: ¿de qué les ha servido? ¿cuáles eran los buenos? ¿dónde están ahora?
Estas dudas me generan angustia. He dejado de escribir dos días. Veo cada vez peor. Las manos me tiemblan. Debo tener fiebre y me duele más la cabeza cuando reflexiono: ¿Estaré en la religión correcta? Porque eso de que en el fondo se trata de un solo dios resulta difícil de creer ¡pero si desde siglos atrás se matan entre religiones!
En plan conciliador te dicen: “no te preocupes es el mismo Dios”. Anda y dile esto a un ortodoxo extremista. No habrás terminado la frase y tu cabeza ya estará rodando.
Unos dicen que vamos a resucitar, otros que nos vamos a reencarnar, o que tendremos nuevas vidas porque ya hemos tenido vidas anteriores. Todo resulta contradictorio. Sin duda somos víctimas de paradigmas religiosos, poderes inteligentemente diseñados para controlar y administrar nuestras conciencias.
Ya no resisto más, nada de esto tiene sentido, es una pieza más de este Imperio de la Mentira. No queremos aceptar nuestra ignorancia, no podemos superar nuestra Incógnita Vital, tenemos capacidad de preguntar, pero no de responder. Tenemos imaginación suficiente para crear conceptos de infinito, de eternidad, de inmortalidad, y hasta la capacidad de crear todas las divinidades pretendiendo así dar respuesta, pero no es verdad.
Es mi sexto día, estoy bastante peor, respiro con muchísima dificultad, escribir cada letra me cuesta una barbaridad. Ahora sí veo la luz, creo que es el inicio a mi viaje de retorno, volveré a la nada de donde vine y no volveré a ver nada, a nadie más. Nada.
Comentarios