Opinión

'Mardito parné'

El dinero es importante, pero muchísimo más lo es el amor, la memoria y el aplauso de los aficionados. Esperemos, que a la luz del sol de su corazón, no le roce ahora, la sombra de la indiferencia y el olvido

  • Juana la del Pipa. -

El flamenco es uno de nuestros tesoros. Pero al flamenco le ocurre como al sol, sin quererlo ni buscarlo, el sol produce la sombra. El flamenco no nació para el dinero. El flamenco nació tras un parto largo, lento y doloroso, alumbrado clandestinamente, por un grupo humano cercado y perseguido: el pueblo gitano andaluz.

El flamenco vivió decenios en el secreto de las caravanas, en las cuevas y las gañanías, escondido en sus gargantas. Silverio Franconetti, un medio italiano, que se hizo cantaor escuchado el tiriquitrán de las fraguas, lo llevó a su café cantante y ahí, el flamenco se encontró con el dinero.

Desde aquel día, el flamenco ha sobrevivido siempre sobrevolado, por bandadas de buitres comerciales. Llegó un momento en que Falla, Lorca y otras almas puras, viendo el peligro de deterioro acelerado que corría el flamenco, decidieron organizar su concurso de Granada. Fue un hito, pero no una vacuna. Y a lo largo de los años, han sobrevolado el flamenco, "los cuplés", "la ópera flamenca", "la tonadilla", "la copla", "la rumba", "el flamenco rock", hasta llegar a la "fusión-confusión".

Moderneces varias a la busca y captura del dinero, eso sí, disfrazando su alquimia, con el generoso argumento de "acercar el flamenco a un público mayoritario" y los más osados, "fusionar sus sones con otros ritmos más “modernos" para que el flamenco “evolucione” y no muera de viejo. Es decir, por dinero.

En este contexto, una mujer gitana enduendada, dotada de una voz milagrosa, única en la historia, Juana la del Pipa, vive su vida en el misterio del cante. Con ese quejío de vidrio machacado, empujado por un corazón gigante y un instinto innato, lleva un tiempo pasando un bache de salud. El dinero es importante, pero muchísimo más lo es el amor, la memoria y el aplauso de los aficionados. Esperemos, que a la luz del sol de su corazón, no le roce ahora, la sombra de la indiferencia y el olvido.

El flamenco es uno de nuestros tesoros. Pero al flamenco le ocurre como al sol, sin quererlo ni buscarlo, el sol produce la sombra. El flamenco no nació para el dinero. El flamenco nació tras un parto largo, lento y doloroso, alumbrado clandestinamente, por un grupo humano cercado y perseguido: el pueblo gitano andaluz.

El flamenco vivió decenios en el secreto de las caravanas, en las cuevas y las gañanías, escondido en sus gargantas. Silverio Franconetti, un medio italiano, que se hizo cantaor escuchado el tiriquitrán de las fraguas, lo llevó a su café cantante y ahí, el flamenco se encontró con el dinero.

Desde aquel día, el flamenco ha sobrevivido siempre sobrevolado, por bandadas de buitres comerciales. Llegó un momento en que Falla, Lorca y otras almas puras, viendo el peligro de deterioro acelerado que corría el flamenco, decidieron organizar su concurso de Granada. Fue un hito, pero no una vacuna. Y a lo largo de los años, han sobrevolado el flamenco, "los cuplés", "la ópera flamenca", "la tonadilla", "la copla", "la rumba", "el flamenco rock", hasta llegar a la "fusión-confusión".

Moderneces varias a la busca y captura del dinero, eso sí, disfrazando su alquimia, con el generoso argumento de "acercar el flamenco a un público mayoritario" y los más osados, "fusionar sus sones con otros ritmos más “modernos" para que el flamenco “evolucione” y no muera de viejo. Es decir, por dinero.

En este contexto, una mujer gitana enduendada, dotada de una voz milagrosa, única en la historia, Juana la del Pipa, vive su vida en el misterio del cante. Con ese quejío de vidrio machacado, empujado por un corazón gigante y un instinto innato, lleva un tiempo pasando un bache de salud. El dinero es importante, pero muchísimo más lo es el amor, la memoria y el aplauso de los aficionados. Esperemos, que a la luz del sol de su corazón, no le roce ahora, la sombra de la indiferencia y el olvido.

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