- Creo que te burlas de mí, recuerdo bien tus bromas con inmutable seriedad en tu rostro, no has cambiado Methodio. Ahora en serio, hemos vivido muchas experiencias diferentes y puede ser que también algunas parecidas durante estos años, pero en un reencuentro como éste, después de tanto tiempo, prefiero conversar con menos bromas y más seriedad. Voy a contarte algo de mi vida en estas décadas, pero antes me voy al servicio porque estoy que reviento, mientras, pídeme otra cerveza bien fría, había olvidado estos climas.
- No hay apuro, disfruto y mirando la belleza de estos árboles, de este parque, como si el tiempo no hubiera transcurrido, entre primavera y verano es mi época preferida, vuelven los recuerdos de mi juventud en esta atmósfera.
Methodio y Justiniano nacieron hace 75 años en un país del Este dominado por la Unión Soviética. Eran primos, estudiaron juntos en la misma clase en el colegio y fueron muy amigos. Recibieron la formación ideológica de los países comunistas basada en el ateísmo. A los 15 años dejaron de verse, Justiniano viajó al extranjero y dos años después también lo hizo Methodio. Casualmente, éste último mes abril, coincidieron por primera vez en su ciudad natal. Habían pasado 60 años sin tener contacto. A ambos les costó reconocerse, lo único que no había cambiado eran los ojos, la mirada, esas expresiones tan personales que se mantiene toda la vida. Con un poco de esfuerzo se podía reconstruir la cara y el aspecto que el tiempo había transformado como camuflando el origen.
- Bueno, que alivio, los años no perdonan y la visita a los servicios es cada vez más frecuente. Supongo que a ti te pasará lo mismo.
Después de unos tragos de cerveza continúa Justiniano.
- Recordarás cuantas cosas nos contaban de los otros países. Viajar sin limitaciones, tener tantas cosas que aquí eran imposibles de conseguir. Los sueños por disfrutar de las maravillas que nos decían casi en secreto. Llegó el día que puede viajar, fui hacia el centro de Europa, pasé por muchos países intentando ser aceptado, había muchas dificultades. De inmediato te clasificaban como ateo y comunista y eso era peor que la lepra, despertaba sospecha y falta de confianza. La solución fue mi acercamiento a los cristianos hasta que me integré con ellos. Me dieron varias charlas y libros, luego de unos meses me hicieron un rito iniciático que llaman bautismo. Ahora ya soy del grupo. La verdad es que me siento mas ateo que cristiano, pero el pertenecer al grupo mayoritario y dominante de esta sociedad te abre las puertas que antes estaban cerradas.
- Lo que me cuentas me parece inmoral, formar parte de una creencia cuando en realidad, no crees en ella. Tiene una dosis de hipocresía hacia tus correligionarios.
- Llevo muchos años con ellos y son notorios los diferentes niveles de aceptación y compromiso con estas creencias. Muchos estamos en un nivel light, haciendo el paripé, llegando hasta el nivel de los que están todo el día con la Biblia dándose golpes de pecho y que incluso dicen ver y hablar con las divinidades. Pero en la vida cotidiana unos y otros infringen preceptos básicos; mienten, roban, desprecian, odian y hasta matan. Así que la dosis de hipocresía a la que te refieres es alta.
- En mi caso opté por Oriente Medio y también recorrí varios países, ahora vivo en la India. La variedad de creencias es amplia, entre ellas la que me interesó más es Dewi Ibu Alam, posiblemente proviene de Java, significaría algo así como Diosa Madre Naturaleza. La divinidad es femenina y ha dado a luz todo el universo, es un símbolo de la fecundidad y la fertilidad, tiene un cierto sincretismo con el budismo porque considera a las vacas como su representación en la tierra, por eso las vacas son divinas y vuelan.
- Ya estás con la tontería de antes, que la vacas vuelan. Empezaba a tomarte atención, pero veo que estás mal. ¿Acaso has visto volar a alguna? Por favor ... Methodio.
- No, porque no están al alcance de nuestros sentidos, están en otra dimensión. A ver, tú estás en una religión con tres dioses en uno, uno de ellos es una paloma blanca, ¿Tú has visto alguno de ellos? No, ¿verdad? ¿Ni siquiera a la paloma blanca? ¿O a los ángeles, o arcángeles? Todo radica en la fe y eso lo tienes metido en el cerebro, la intensidad es variable... desde una ligera sospecha, hasta tener un callo indestructible.
- Me parece que estás muy entusiasmado con la diosa y con que las vacas vuelan. El otro día leí un artículo de La Incógnita Vital, te lo recomiendo, puede que te sea útil.
Yo estaba sentado en una mesa vecina, sabía quienes eran porque los había reconocido a pesar del cambio por los años, pero creo que fue más por lo que los oía decir. Ellos no sabían quien era yo, soy cinco años menor y estudiábamos en la misma escuela, recuerdo cuando ellos se fueron de esta ciudad. Escuché esta conversación y por eso la transcribo ahora, pero lamentablemente tenía que irme y no pude saber en qué acabó este diálogo, lo siento. Pero, como periodista, me he quedado con la curiosidad de ese artículo de La Incógnita Vital, si lo encuentro y lo veo interesante lo publicaré, en mi próximo artículo.
- Creo que te burlas de mí, recuerdo bien tus bromas con inmutable seriedad en tu rostro, no has cambiado Methodio. Ahora en serio, hemos vivido muchas experiencias diferentes y puede ser que también algunas parecidas durante estos años, pero en un reencuentro como éste, después de tanto tiempo, prefiero conversar con menos bromas y más seriedad. Voy a contarte algo de mi vida en estas décadas, pero antes me voy al servicio porque estoy que reviento, mientras, pídeme otra cerveza bien fría, había olvidado estos climas.
- No hay apuro, disfruto y mirando la belleza de estos árboles, de este parque, como si el tiempo no hubiera transcurrido, entre primavera y verano es mi época preferida, vuelven los recuerdos de mi juventud en esta atmósfera.
Methodio y Justiniano nacieron hace 75 años en un país del Este dominado por la Unión Soviética. Eran primos, estudiaron juntos en la misma clase en el colegio y fueron muy amigos. Recibieron la formación ideológica de los países comunistas basada en el ateísmo. A los 15 años dejaron de verse, Justiniano viajó al extranjero y dos años después también lo hizo Methodio. Casualmente, éste último mes abril, coincidieron por primera vez en su ciudad natal. Habían pasado 60 años sin tener contacto. A ambos les costó reconocerse, lo único que no había cambiado eran los ojos, la mirada, esas expresiones tan personales que se mantiene toda la vida. Con un poco de esfuerzo se podía reconstruir la cara y el aspecto que el tiempo había transformado como camuflando el origen.
- Bueno, que alivio, los años no perdonan y la visita a los servicios es cada vez más frecuente. Supongo que a ti te pasará lo mismo.
Después de unos tragos de cerveza continúa Justiniano.
- Recordarás cuantas cosas nos contaban de los otros países. Viajar sin limitaciones, tener tantas cosas que aquí eran imposibles de conseguir. Los sueños por disfrutar de las maravillas que nos decían casi en secreto. Llegó el día que puede viajar, fui hacia el centro de Europa, pasé por muchos países intentando ser aceptado, había muchas dificultades. De inmediato te clasificaban como ateo y comunista y eso era peor que la lepra, despertaba sospecha y falta de confianza. La solución fue mi acercamiento a los cristianos hasta que me integré con ellos. Me dieron varias charlas y libros, luego de unos meses me hicieron un rito iniciático que llaman bautismo. Ahora ya soy del grupo. La verdad es que me siento mas ateo que cristiano, pero el pertenecer al grupo mayoritario y dominante de esta sociedad te abre las puertas que antes estaban cerradas.
- Lo que me cuentas me parece inmoral, formar parte de una creencia cuando en realidad, no crees en ella. Tiene una dosis de hipocresía hacia tus correligionarios.
- Llevo muchos años con ellos y son notorios los diferentes niveles de aceptación y compromiso con estas creencias. Muchos estamos en un nivel light, haciendo el paripé, llegando hasta el nivel de los que están todo el día con la Biblia dándose golpes de pecho y que incluso dicen ver y hablar con las divinidades. Pero en la vida cotidiana unos y otros infringen preceptos básicos; mienten, roban, desprecian, odian y hasta matan. Así que la dosis de hipocresía a la que te refieres es alta.
- En mi caso opté por Oriente Medio y también recorrí varios países, ahora vivo en la India. La variedad de creencias es amplia, entre ellas la que me interesó más es Dewi Ibu Alam, posiblemente proviene de Java, significaría algo así como Diosa Madre Naturaleza. La divinidad es femenina y ha dado a luz todo el universo, es un símbolo de la fecundidad y la fertilidad, tiene un cierto sincretismo con el budismo porque considera a las vacas como su representación en la tierra, por eso las vacas son divinas y vuelan.
- Ya estás con la tontería de antes, que la vacas vuelan. Empezaba a tomarte atención, pero veo que estás mal. ¿Acaso has visto volar a alguna? Por favor ... Methodio.
- No, porque no están al alcance de nuestros sentidos, están en otra dimensión. A ver, tú estás en una religión con tres dioses en uno, uno de ellos es una paloma blanca, ¿Tú has visto alguno de ellos? No, ¿verdad? ¿Ni siquiera a la paloma blanca? ¿O a los ángeles, o arcángeles? Todo radica en la fe y eso lo tienes metido en el cerebro, la intensidad es variable... desde una ligera sospecha, hasta tener un callo indestructible.
- Me parece que estás muy entusiasmado con la diosa y con que las vacas vuelan. El otro día leí un artículo de La Incógnita Vital, te lo recomiendo, puede que te sea útil.
Yo estaba sentado en una mesa vecina, sabía quienes eran porque los había reconocido a pesar del cambio por los años, pero creo que fue más por lo que los oía decir. Ellos no sabían quien era yo, soy cinco años menor y estudiábamos en la misma escuela, recuerdo cuando ellos se fueron de esta ciudad. Escuché esta conversación y por eso la transcribo ahora, pero lamentablemente tenía que irme y no pude saber en qué acabó este diálogo, lo siento. Pero, como periodista, me he quedado con la curiosidad de ese artículo de La Incógnita Vital, si lo encuentro y lo veo interesante lo publicaré, en mi próximo artículo.
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