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Arquitectos

Yo recuerdo en los años 50 que los españoles que llegaban a Lima eran bien recibidos y ayudados, había compañeros en el colegio y nuestros padres se hacían amigos

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  • Una reunión del Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España (Cscae).

Hoy, 1 de julio de 2026, leo en los diarios esta noticia:

"El Consejo de Arquitectura bloquea a 121 latinoamericanos con títulos homologados para ejercer en España"

El Gobierno validó unos 500 expedientes en 2025, el 62% del total, con unos criterios que no convencen a la corporación. Los afectados lamentan estar en un limbo.

Esto no es una novedad. El Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España (Cscae) presentó un juicio al Ministerio de Educación y Ciencia (MEC), por haber “convalidado mi título de arquitecto a efectos académicos y a nivel profesional” el 8 de junio de 1983, a pesar de estar vigente en esa época el Convenio Cultural suscrito entre España y Perú, firmado el 30 de junio de 1971, y ratificado el 3 de febrero de 1977 y la O. M. de 4 de noviembre de 1980.

Este juicio, que era entre el Cscae y el MEC queda en manos de la Justicia española.

Pasaron por alto; el Convenio Bilateral, el Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, La Embajada del Perú en España. Mi situación profesional quedaba a voluntad de estas tres entidades españolas. Por mi parte consulté a diversos juristas, que sin dudar me decían que un colegio profesional nunca podría pasar por encima de un acuerdo internacional.

En mayo de 2003, es decir, después de 20 años de incertidumbre, recibí un fax del Colegio de Arquitectos de Cádiz comunicándome que el fallo había salido en mi contra, y que por lo tanto quedaba expulsado del Colegio de Arquitectos, perdiendo los derechos a mi jubilación acumulados en la Hermanda de Arquitectos y al seguro de responsabilidad civil de mis proyectos edificados. 

Durante estos 20 años, ya había obtenido la doble nacionalidad peruana – española, me había casado con una mujer española y teníamos una hija en común. Había trabajado como arquitecto tasador en Caja Madrid en la provincia de Cádiz, había proyectado varias viviendas unifamiliares, así como conjuntos de viviendas, y mi propia vivienda. Mi último proyecto fue el ganador del Primer Premio del concurso arquitectónico para la sede del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales en Cádiz. Por lo menos me queda la satisfacción de haber ganado un concurso arquitectónico en España en el que participaban más de 30 arquitectos españoles. Esta y otras obras han sido publicadas en revistas de arquitectura, pero fuera de este país.

Cuando en 2008 la situación económica fue delicada, muchos arquitectos españoles se fueron a los países latinoamericanos para poder ejercer su profesión. De Lima me llegaron comentarios de todos estos casos que se admitían y que de la noche a la mañana eran arquitectos activos sin los problemas que yo había pasado aquí. Yo recuerdo en los años 50 que los españoles que llegaban a Lima eran bien recibidos y ayudados, había compañeros en el colegio y nuestros padres se hacían amigos.

Este kafkiano juicio ha sido, y es, el golpe más fuerte que he recibido. Para muchas personas españolas, los sudamericanos no somos bien recibidos, no son apreciados, o por qué no decirlo, despreciados, salvo claro los que les puedan ser útiles para el servicio o trabajos que no quieran hacer los nacionales. En mi caso, se suma el desprestigio de haber sido expulsado de un colegio profesional, con 57 años y habiendo formado una familia española. Arruinaron mi vida, la depresión tambaleó mi salud mental. Busqué salida en las artes plásticas, gané algunos premios de pintura en concursos anónimos, pero imposible vivir de esa actividad.

En una galería de Madrid que visitaba con frecuencia:

-Me gustaría exponer en su galería comercial.

-¿Usted de dónde es?

-Soy peruano.

-No me interesa, aquí exponen sólo españoles.

-Bueno, le dejo mi catálogo.

-No me deje nada. (no me dijo “váyase” porque no hacía falta)

En el injusto caso de hoy, creo que los 121 compañeros latinoamericanos deberían exigir a sus gobiernos y colegios de arquitectos que les denieguen el premiso de trabajo profesional a los arquitectos españoles, y así regresarán a esta España.

España ha sido durante siglos un país de emigrantes, pero desde hace pocos lustros se ha convertido en un país de inmigrantes. El egoísmo, la envidia y el desprecio al extranjero no les deja entender la nueva situación de España y el mundo.

Hoy, 1 de julio de 2026, leo en los diarios esta noticia:

"El Consejo de Arquitectura bloquea a 121 latinoamericanos con títulos homologados para ejercer en España"

El Gobierno validó unos 500 expedientes en 2025, el 62% del total, con unos criterios que no convencen a la corporación. Los afectados lamentan estar en un limbo.

Esto no es una novedad. El Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España (Cscae) presentó un juicio al Ministerio de Educación y Ciencia (MEC), por haber “convalidado mi título de arquitecto a efectos académicos y a nivel profesional” el 8 de junio de 1983, a pesar de estar vigente en esa época el Convenio Cultural suscrito entre España y Perú, firmado el 30 de junio de 1971, y ratificado el 3 de febrero de 1977 y la O. M. de 4 de noviembre de 1980.

Este juicio, que era entre el Cscae y el MEC queda en manos de la Justicia española.

Pasaron por alto; el Convenio Bilateral, el Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, La Embajada del Perú en España. Mi situación profesional quedaba a voluntad de estas tres entidades españolas. Por mi parte consulté a diversos juristas, que sin dudar me decían que un colegio profesional nunca podría pasar por encima de un acuerdo internacional.

En mayo de 2003, es decir, después de 20 años de incertidumbre, recibí un fax del Colegio de Arquitectos de Cádiz comunicándome que el fallo había salido en mi contra, y que por lo tanto quedaba expulsado del Colegio de Arquitectos, perdiendo los derechos a mi jubilación acumulados en la Hermanda de Arquitectos y al seguro de responsabilidad civil de mis proyectos edificados. 

Durante estos 20 años, ya había obtenido la doble nacionalidad peruana – española, me había casado con una mujer española y teníamos una hija en común. Había trabajado como arquitecto tasador en Caja Madrid en la provincia de Cádiz, había proyectado varias viviendas unifamiliares, así como conjuntos de viviendas, y mi propia vivienda. Mi último proyecto fue el ganador del Primer Premio del concurso arquitectónico para la sede del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales en Cádiz. Por lo menos me queda la satisfacción de haber ganado un concurso arquitectónico en España en el que participaban más de 30 arquitectos españoles. Esta y otras obras han sido publicadas en revistas de arquitectura, pero fuera de este país.

Cuando en 2008 la situación económica fue delicada, muchos arquitectos españoles se fueron a los países latinoamericanos para poder ejercer su profesión. De Lima me llegaron comentarios de todos estos casos que se admitían y que de la noche a la mañana eran arquitectos activos sin los problemas que yo había pasado aquí. Yo recuerdo en los años 50 que los españoles que llegaban a Lima eran bien recibidos y ayudados, había compañeros en el colegio y nuestros padres se hacían amigos.

Este kafkiano juicio ha sido, y es, el golpe más fuerte que he recibido. Para muchas personas españolas, los sudamericanos no somos bien recibidos, no son apreciados, o por qué no decirlo, despreciados, salvo claro los que les puedan ser útiles para el servicio o trabajos que no quieran hacer los nacionales. En mi caso, se suma el desprestigio de haber sido expulsado de un colegio profesional, con 57 años y habiendo formado una familia española. Arruinaron mi vida, la depresión tambaleó mi salud mental. Busqué salida en las artes plásticas, gané algunos premios de pintura en concursos anónimos, pero imposible vivir de esa actividad.

En una galería de Madrid que visitaba con frecuencia:

-Me gustaría exponer en su galería comercial.

-¿Usted de dónde es?

-Soy peruano.

-No me interesa, aquí exponen sólo españoles.

-Bueno, le dejo mi catálogo.

-No me deje nada. (no me dijo “váyase” porque no hacía falta)

En el injusto caso de hoy, creo que los 121 compañeros latinoamericanos deberían exigir a sus gobiernos y colegios de arquitectos que les denieguen el premiso de trabajo profesional a los arquitectos españoles, y así regresarán a esta España.

España ha sido durante siglos un país de emigrantes, pero desde hace pocos lustros se ha convertido en un país de inmigrantes. El egoísmo, la envidia y el desprecio al extranjero no les deja entender la nueva situación de España y el mundo.

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