Opinión

La dignidad no está a la venta en Wallapop

Los países enferman como las personas y la pérdida de dignidad es uno de los primeros síntomas de la metástasis que avanza

  • Ernesto Sabato, en una imagen de archivo.

Una tarde de verano, bajo un sol de plomo fundido, en la embajada de Italia en Madrid, pasé hace años, un rato inolvidable con Ernesto Sabato. Recuerdo, que a pesar de su avanzada edad y de su vista mermada, había sacado fuerzas para acercarse hasta Madrid, a presentar ilusionado, una pequeña exposición de sus últimos óleos. Eran los días previos a su nombramiento como presidente de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas de Argentina, para lo que años más tarde, firmaría su famoso informe titulado, Nunca más.

El autor de El Túnel era un hombre menudo y fibroso, y allí sentado en un gran sofá color teja, con sus gafitas oscuras y su jerselito gris, parecía un gorrión desvalido. Tras una breve charla sobre sus pequeños y misteriosos cuadros, por fin me atreví a preguntarle, por las razones que le llevaban a su edad, a meterse en el lío de presidir una comisión de reparación y justicia de los crímenes y desapariciones de la dictadura de Videla. Recuerdo que argumenté, que estando tan cerca de los hechos, y fuera el que fuera el resultado de sus indagaciones, el informe final solo podía ser una decepción. Para los familiares de los desaparecidos, porque la lista de responsables sería siempre insuficiente y para los militares implicados y sus familias, una injustísima inquisición.

Tras un pequeño silencio, aquel hombrecillo se atusó el bigotito, me miró fijamente y con un tono pausado y sin un ápice de afectación, me dijo: “Es el último gesto de gratitud que le puedo hacer a mi país. No me queda mucho de vida y no tengo nada más que perder. Mirar cara a cara a nuestro pasado es el primer paso, para que, entre todos, poco a poco, podamos recuperar la dignidad perdida”. Ahí me di cuenta del descomunal tamaño de mi estupidez y del gigante que aquel anciano insignificante llevaba dentro.

Y es que los países enferman como las personas y la pérdida de dignidad es uno de los primeros síntomas de la metástasis que avanza. Conviene estar atentos. No todo vale con tal de ganar, ni con tal de permanecer en el poder. La dignidad, esa fuerza moral imprescindible para seguir soñando con un mundo mejor, una vez perdida, no la podremos comprar de segunda mano en Wallapop. 

Una tarde de verano, bajo un sol de plomo fundido, en la embajada de Italia en Madrid, pasé hace años, un rato inolvidable con Ernesto Sabato. Recuerdo, que a pesar de su avanzada edad y de su vista mermada, había sacado fuerzas para acercarse hasta Madrid, a presentar ilusionado, una pequeña exposición de sus últimos óleos. Eran los días previos a su nombramiento como presidente de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas de Argentina, para lo que años más tarde, firmaría su famoso informe titulado, Nunca más.

El autor de El Túnel era un hombre menudo y fibroso, y allí sentado en un gran sofá color teja, con sus gafitas oscuras y su jerselito gris, parecía un gorrión desvalido. Tras una breve charla sobre sus pequeños y misteriosos cuadros, por fin me atreví a preguntarle, por las razones que le llevaban a su edad, a meterse en el lío de presidir una comisión de reparación y justicia de los crímenes y desapariciones de la dictadura de Videla. Recuerdo que argumenté, que estando tan cerca de los hechos, y fuera el que fuera el resultado de sus indagaciones, el informe final solo podía ser una decepción. Para los familiares de los desaparecidos, porque la lista de responsables sería siempre insuficiente y para los militares implicados y sus familias, una injustísima inquisición.

Tras un pequeño silencio, aquel hombrecillo se atusó el bigotito, me miró fijamente y con un tono pausado y sin un ápice de afectación, me dijo: “Es el último gesto de gratitud que le puedo hacer a mi país. No me queda mucho de vida y no tengo nada más que perder. Mirar cara a cara a nuestro pasado es el primer paso, para que, entre todos, poco a poco, podamos recuperar la dignidad perdida”. Ahí me di cuenta del descomunal tamaño de mi estupidez y del gigante que aquel anciano insignificante llevaba dentro.

Y es que los países enferman como las personas y la pérdida de dignidad es uno de los primeros síntomas de la metástasis que avanza. Conviene estar atentos. No todo vale con tal de ganar, ni con tal de permanecer en el poder. La dignidad, esa fuerza moral imprescindible para seguir soñando con un mundo mejor, una vez perdida, no la podremos comprar de segunda mano en Wallapop. 

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