fundación savia

Mesa única

Mariné cocinaba en chimenea maravillosos potajes con tagarninas y de ahí comíamos todos; Pepe, aportaba caldos y comentaba sus excelencias del marco de Jerez. Antigua Venta El Tropezón, sigue existiendo la casa, y vivencias en nuestras memorias

  • Tagarninas con garbanzos.

La comida es motivo de reunión, desayuno, almuerzo o cena permite intercambiar pareceres, inquietudes y recarga de energía vital, acorde a la actividad a desarrollar. Comer como un jilguerito, a edades avanzadas, prolonga la calidad de vida.

Hay lugares en la memoria, que hacían de la mesa un punto obligado de encuentro. Hasta tal punto era única, que tenían banco corrido a cada lado, sin separación por edades, sexo, raza o condición, y donde había un hueco libre, sin derecho de admisión, se producía la plena integración.

“Pásame el pan serrano, el vino, la sal, aceitunas, la tarrina de manteca colorá o de lomo”, era común junto a conversaciones de todo tipo y procedencias de comensales. Mariné cocinaba en chimenea maravillosos potajes con tagarninas y de ahí comíamos todos, Pepe, aportaba caldos y comentaba sus excelencias del marco de Jerez. Antigua Venta El Tropezón, sigue existiendo la casa, y vivencias en nuestras memorias.

Una troza de un cercano árbol querido, singular, caído por una fuerte tormenta, bien curada y trabajada en la carpintería del pueblo, es un escenario magistral, que también aporta en momentos únicos e irrepetibles. Cada comida y compañía, aprendizaje y recuerdos, sin presencia de auriculares, cascos, móviles ni televisión de fondo.

Hay asociaciones gastronómicas, por estatutos, y restaurantes que ponen el foco en la mesa, desde su fabricación, diseño, buscando la máxima calidez en el servicio, acompañado de cocina local, ecológica y de proximidad, incluyendo cuchareo. Sin embargo, dar un paso más, haciéndolo en una mesa única, larga, una experiencia por la que todos hemos de sentir, vivir y recordar, como en el comedor escolar y en casa. Por un mundo de platos en convivencia.

La comida es motivo de reunión, desayuno, almuerzo o cena permite intercambiar pareceres, inquietudes y recarga de energía vital, acorde a la actividad a desarrollar. Comer como un jilguerito, a edades avanzadas, prolonga la calidad de vida.

Hay lugares en la memoria, que hacían de la mesa un punto obligado de encuentro. Hasta tal punto era única, que tenían banco corrido a cada lado, sin separación por edades, sexo, raza o condición, y donde había un hueco libre, sin derecho de admisión, se producía la plena integración.

“Pásame el pan serrano, el vino, la sal, aceitunas, la tarrina de manteca colorá o de lomo”, era común junto a conversaciones de todo tipo y procedencias de comensales. Mariné cocinaba en chimenea maravillosos potajes con tagarninas y de ahí comíamos todos, Pepe, aportaba caldos y comentaba sus excelencias del marco de Jerez. Antigua Venta El Tropezón, sigue existiendo la casa, y vivencias en nuestras memorias.

Una troza de un cercano árbol querido, singular, caído por una fuerte tormenta, bien curada y trabajada en la carpintería del pueblo, es un escenario magistral, que también aporta en momentos únicos e irrepetibles. Cada comida y compañía, aprendizaje y recuerdos, sin presencia de auriculares, cascos, móviles ni televisión de fondo.

Hay asociaciones gastronómicas, por estatutos, y restaurantes que ponen el foco en la mesa, desde su fabricación, diseño, buscando la máxima calidez en el servicio, acompañado de cocina local, ecológica y de proximidad, incluyendo cuchareo. Sin embargo, dar un paso más, haciéndolo en una mesa única, larga, una experiencia por la que todos hemos de sentir, vivir y recordar, como en el comedor escolar y en casa. Por un mundo de platos en convivencia.

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