fundación savia

Nota manuscrita

Nos queda tanto que aprender de la caligrafía, que delante del ordenador se borran hasta las teclas, intentando entender desde el tacto con relieve, las formas de ser

  • Una mujer escribiendo a mano.

El trabajo nos come en una vida que avanza día a día, aumentando rendimiento profesional, creciendo en responsabilidades y dejando atrás las relaciones humanas.

Las vacaciones son insuficientes para reencontrarnos y en muchos casos, pretendemos solucionarlo a base de tarjetas de crédito. Triste realidad más común de lo normal.

Un detalle ante una persona que sólo conocemos por correo electrónico o teléfono, es muestra del valor humano, educación y para mí, seriedad. Si además va con una nota manuscrita, se asciende a un nivel superior. Nos queda tanto que aprender de la caligrafía, que delante del ordenador se borran hasta las teclas, intentando entender desde el tacto con relieve, las formas de ser.

Pararse a escribir sobre papel, con textura y gramaje, tomarse el tiempo necesario, reflexionar y empezar con la caligrafía inherente a cada persona, es emotiva para el que la recibe y placentera para el escribiente. Siempre quedará una rendija bajo la puerta de cada casa, aún sin buzón, y una sonrisa al reencontrarla en el cajón.

Amor, amistad, expresión de inquietudes, fijación de conocimientos y hasta una triste despedida final, motivos suficientes. Pedir ayuda a la IA, puede resultar técnicamente correcto, pero pierde alma, conexión y se aleja de la perfección humana. ¿Desde cuándo no escribes una carta, postal o sencillamente una nota a alguien? Nunca es tarde.

 

El trabajo nos come en una vida que avanza día a día, aumentando rendimiento profesional, creciendo en responsabilidades y dejando atrás las relaciones humanas.

Las vacaciones son insuficientes para reencontrarnos y en muchos casos, pretendemos solucionarlo a base de tarjetas de crédito. Triste realidad más común de lo normal.

Un detalle ante una persona que sólo conocemos por correo electrónico o teléfono, es muestra del valor humano, educación y para mí, seriedad. Si además va con una nota manuscrita, se asciende a un nivel superior. Nos queda tanto que aprender de la caligrafía, que delante del ordenador se borran hasta las teclas, intentando entender desde el tacto con relieve, las formas de ser.

Pararse a escribir sobre papel, con textura y gramaje, tomarse el tiempo necesario, reflexionar y empezar con la caligrafía inherente a cada persona, es emotiva para el que la recibe y placentera para el escribiente. Siempre quedará una rendija bajo la puerta de cada casa, aún sin buzón, y una sonrisa al reencontrarla en el cajón.

Amor, amistad, expresión de inquietudes, fijación de conocimientos y hasta una triste despedida final, motivos suficientes. Pedir ayuda a la IA, puede resultar técnicamente correcto, pero pierde alma, conexión y se aleja de la perfección humana. ¿Desde cuándo no escribes una carta, postal o sencillamente una nota a alguien? Nunca es tarde.

 

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