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Opinión

¿Está la ONU? Que se ponga

Leyendo su guía siento la necesidad de conocer al panel de expertos que ha perpetrado semejante obra cumbre

  • Una turista hace una foto durante una ola de calor en Sevilla. -

Hubo un tiempo en el que el calor extremo era relativamente raro, pero está claro que esa época quedó atrás. Los efectos del cambio climático se están dejando notar en cada vez más puntos del planeta y de maneras más feroces. Por eso vemos superar los cuarenta grados a regiones en las que los termómetros jamás alcanzaban cifras similares. Ante esta verdadera emergencia climática, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente nos ha regalado un auténtico tesoro: la guía “Nueve maneras de refrescarte durante una ola de calor”. En ella se repasan, debidamente por su orden, tópicos típicos de lo más fresquitos que debemos conocer. Y es que los años en los que las olas de calor causan muertos en el norte de España —y de Europa— son también los del triunfo de ChatGPT sobre el sentido común. Para muestra, un botón. 

Lo primero es “preparar el hogar para las altas temperaturas”, comprobando que los ventiladores funcionan, comprando agua potable y medicinas a cascoporro e identificando —esta es sin duda mi parte favorita— los lugares más frescos adonde acudir si su casa se calienta. Ya saben, lo mejor es acudir al ala oeste en busca de brisita o detectar cuál de las seis o siete habitaciones queda más a la sombra. Eso en una buhardilla de treinta metros cuadrados es pan comido. Casi no hay sitio para uno, su agua embotellada y su Paracetamol. 

También conviene evitar que el sol entre en la casa. Cierre cortinas, persianas y atránquelo todo mientras pegue el lorenzo. Siéntese sobre sus garrafas de agua y disfrute de sus analgésicos hasta que llegue la noche. Habrá llegado el momento de desatrancar el ventanuco y dejar que el “aire fresco” —¿en serio?— inunde la estancia. 

Nada de aire acondicionado, mejor ventiladores y fresquito pasivo. Por lo visto, allá por el sur de Asia, colocan y humedecen pantallas de khus (la raíz de hierba vetiver) sobre las ventanas para que el aire entrante se enfríe naturalmente al evaporarse el agua. Puede salir a la calle a recoger jaramagos y pegarlos al Climalit a ver si conseguimos el mismo efecto en la Sevilla de los cuarenta y siete a la sombra, aunque lo dudo un poco. 

Es muy importante beber agua constantemente y comer ligero. ¿Quién lo habría podido sospechar? No cocine en interiores —el matiz del interior es impagable— porque eleva la temperatura del hogar. Tampoco se debe beber alcohol, y eso que a mí me estaba pareciendo la única manera de sobrellevar lo de estar sentada sobre mi agua embotellada en una habitación a oscuras con hierbajos en la ventana, deglutiendo mi sándwich de gasolinera para poder tragar el Paracetamol. 

Por si se comete la osadía de salir a la calle, la ONU recomienda ropita ligera, de colores claros y sombrero de ala ancha. Un look tipo vendedor de helados cruzado con un primo de Amador Mohedano en Chipiona. Y como con esta pinta es un poco difícil lo de hacer deporte, mejor dejarlo para cuando no estén cayendo los sudores de la muerte. Resumiendo: José Luis, salir a correr a las cuatro de la tarde por el secarral en el que vives no está entre tus decisiones más inteligentes. Especialmente porque tú no corres nunca y no conviene empezar en agosto. Eso sí, si lo haces vístete de blanquito y llévate el botón de la teleasistencia de tu madre. 

Si con todo, te notas confuso, respiras rápido, tienes convulsiones o pierdes la conciencia —en cuyo caso, todo lo anterior ya da igual— que alguien llame al 112 porque vas ‘palante’ sin necesidad de que la tome contigo el juez Peinado. Lo primero será bajarte el calentón —aquí obviaremos el chiste— con una duchita fría, paños húmedos o metiendo los pies en agua. La estampa del cuarto a oscuras y una sentada sobre su garrafa atrincherada por hierbajos solo podía mejorar con los pinreles metidos en una palangana. 

Busque un “centro de enfriamiento”. Los pasillos de los yogures de los supermercados son la opción más puntera. O si no también están los centros comerciales, bibliotecas, cines y parques sombreados. Soy consciente de que con esto último al lector madrileño se le ha desencajado la mandíbula, pero es lo que dice la ONU. 

Por último, cuando aprieta el calor se recomienda echar más cuenta de los mayores, los niños, los enfermos y las mujeres embarazadas. Que parece que les va regular. También de los que viven solos y de los trabajadores al aire libre. Es como una especie de lista inversa de salvación del Titanic. 

Así que ya lo sabe; a partir de ahora no podrá decir que desconoce lo que ha de hacer en una ola de calor. Demos gracias a las Naciones Unidas por tan sabias recomendaciones. Leyendo su guía siento la necesidad de conocer al panel de expertos que ha perpetrado semejante obra cumbre. Si pudiera los llamaría con el teléfono de Gila y les presentaría mis respetos. Les pienso enviar un ramito de jaramagos y un abanico.

Hubo un tiempo en el que el calor extremo era relativamente raro, pero está claro que esa época quedó atrás. Los efectos del cambio climático se están dejando notar en cada vez más puntos del planeta y de maneras más feroces. Por eso vemos superar los cuarenta grados a regiones en las que los termómetros jamás alcanzaban cifras similares. Ante esta verdadera emergencia climática, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente nos ha regalado un auténtico tesoro: la guía “Nueve maneras de refrescarte durante una ola de calor”. En ella se repasan, debidamente por su orden, tópicos típicos de lo más fresquitos que debemos conocer. Y es que los años en los que las olas de calor causan muertos en el norte de España —y de Europa— son también los del triunfo de ChatGPT sobre el sentido común. Para muestra, un botón. 

Lo primero es “preparar el hogar para las altas temperaturas”, comprobando que los ventiladores funcionan, comprando agua potable y medicinas a cascoporro e identificando —esta es sin duda mi parte favorita— los lugares más frescos adonde acudir si su casa se calienta. Ya saben, lo mejor es acudir al ala oeste en busca de brisita o detectar cuál de las seis o siete habitaciones queda más a la sombra. Eso en una buhardilla de treinta metros cuadrados es pan comido. Casi no hay sitio para uno, su agua embotellada y su Paracetamol. 

También conviene evitar que el sol entre en la casa. Cierre cortinas, persianas y atránquelo todo mientras pegue el lorenzo. Siéntese sobre sus garrafas de agua y disfrute de sus analgésicos hasta que llegue la noche. Habrá llegado el momento de desatrancar el ventanuco y dejar que el “aire fresco” —¿en serio?— inunde la estancia. 

Nada de aire acondicionado, mejor ventiladores y fresquito pasivo. Por lo visto, allá por el sur de Asia, colocan y humedecen pantallas de khus (la raíz de hierba vetiver) sobre las ventanas para que el aire entrante se enfríe naturalmente al evaporarse el agua. Puede salir a la calle a recoger jaramagos y pegarlos al Climalit a ver si conseguimos el mismo efecto en la Sevilla de los cuarenta y siete a la sombra, aunque lo dudo un poco. 

Es muy importante beber agua constantemente y comer ligero. ¿Quién lo habría podido sospechar? No cocine en interiores —el matiz del interior es impagable— porque eleva la temperatura del hogar. Tampoco se debe beber alcohol, y eso que a mí me estaba pareciendo la única manera de sobrellevar lo de estar sentada sobre mi agua embotellada en una habitación a oscuras con hierbajos en la ventana, deglutiendo mi sándwich de gasolinera para poder tragar el Paracetamol. 

Por si se comete la osadía de salir a la calle, la ONU recomienda ropita ligera, de colores claros y sombrero de ala ancha. Un look tipo vendedor de helados cruzado con un primo de Amador Mohedano en Chipiona. Y como con esta pinta es un poco difícil lo de hacer deporte, mejor dejarlo para cuando no estén cayendo los sudores de la muerte. Resumiendo: José Luis, salir a correr a las cuatro de la tarde por el secarral en el que vives no está entre tus decisiones más inteligentes. Especialmente porque tú no corres nunca y no conviene empezar en agosto. Eso sí, si lo haces vístete de blanquito y llévate el botón de la teleasistencia de tu madre. 

Si con todo, te notas confuso, respiras rápido, tienes convulsiones o pierdes la conciencia —en cuyo caso, todo lo anterior ya da igual— que alguien llame al 112 porque vas ‘palante’ sin necesidad de que la tome contigo el juez Peinado. Lo primero será bajarte el calentón —aquí obviaremos el chiste— con una duchita fría, paños húmedos o metiendo los pies en agua. La estampa del cuarto a oscuras y una sentada sobre su garrafa atrincherada por hierbajos solo podía mejorar con los pinreles metidos en una palangana. 

Busque un “centro de enfriamiento”. Los pasillos de los yogures de los supermercados son la opción más puntera. O si no también están los centros comerciales, bibliotecas, cines y parques sombreados. Soy consciente de que con esto último al lector madrileño se le ha desencajado la mandíbula, pero es lo que dice la ONU. 

Por último, cuando aprieta el calor se recomienda echar más cuenta de los mayores, los niños, los enfermos y las mujeres embarazadas. Que parece que les va regular. También de los que viven solos y de los trabajadores al aire libre. Es como una especie de lista inversa de salvación del Titanic. 

Así que ya lo sabe; a partir de ahora no podrá decir que desconoce lo que ha de hacer en una ola de calor. Demos gracias a las Naciones Unidas por tan sabias recomendaciones. Leyendo su guía siento la necesidad de conocer al panel de expertos que ha perpetrado semejante obra cumbre. Si pudiera los llamaría con el teléfono de Gila y les presentaría mis respetos. Les pienso enviar un ramito de jaramagos y un abanico.

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