"¿Hoy qué es? ¿Domingo o lunes?", decía el otro día un colega, con total sinceridad. Era lunes, pero parecía domingo y, aunque la pregunta se debía más a la desubicación momentánea provocada por el trasnocho que a un desconocimiento real del día en el que vivía, me llevó por un instante a los veranos en los que de verdad perdíamos la noción del tiempo.
Quienes vivimos trabajando de forma regular y podemos escaparnos días sueltos para disfrutar de esta estación -que, dicho sea de paso, cada vez tengo más claro que solo es buena de verdad para los ricos y para los niños-, nos solemos conformar con poco. Sin embargo, esto no quita que sintamos esa nostalgia, que en ocasiones hasta escuece, por una época en la que la desconexión era una eterna realidad. Agosto es un mes que, si la vida se ha enrollado medianamente contigo, puede sacarte de los agobios del día a día, aunque sea por un breve lapso de tiempo. Tan breve como un día y medio, en mi caso, que me recordaron que la vida podría y debería ser otra cosa.
Y digo que podría ser otra cosa porque, viendo cómo está el panorama, hasta las vacaciones se convierten muchas veces en otra tarea más a completar. Si visitas un sitio nuevo, y como seas -o vayas con- alguien que planea las cosas minuto a minuto para "aprovechar" al máximo lo que te ofrece este lugar, terminas necesitando unas vacaciones de las propias vacaciones. Y si, además, tienes entre veinte y treinta y pico años y la imperiosa necesidad de demostrar que viajas -aunque sea poco-, te ves pisando lugares y subiendo contenido a tus redes como si seguir vivo dependiera de ello.
Por todo esto, y llegado a un punto de madurez entre la salvaje juventud y la vida pureta, nada me gusta más que tener la sensación de no saber, con el corazón en la mano, si estamos a domingo o a lunes, y la tranquilidad de poder almorzar a las cuatro de la tarde porque se alargaron las cervezas de mediodía. O porque nos pusimos a tocar las canciones de siempre sin mirar la hora y sin acordarnos siquiera de ella. O porque me metí en el agua cristalina que trae el levante en calma de Los Caños de Meca sin intención ninguna de salirme.
Hay vacaciones de un día y medio que se sienten más vivas que las de un mes entero, pero todo el mundo debería disfrutar, como mínimo, de un mes de verdadera tranquilidad. En agosto, aunque no sea mi mes favorito, todo parece obedecer a un orden con menos prisa que, si se dan las circunstancias, pueden hacerte creer que el mundo es un sitio maravilloso. Y eso, con los tiempos que corren, se convierte un dulce -aunque efímero- consuelo para muchos ante el vertiginoso paso del tiempo.
Opinión
¿Domingo o lunes?
Llegado a un punto de madurez entre la salvaje juventud y la vida pureta, nada me gusta más que tener la sensación de no saber, con el corazón en la mano, si estamos a domingo o a lunes
- Vista de la playa de Los Caños de Meca, en una imagen reciente. -
- JOSÉ MARÍA REYNA
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