Quién nos iba a decir hace unos años que la Fiesta Nacional del 12 de octubre, más allá de los clásicos abucheos al presidente del Gobierno en el prescindible desfile militar, nos iba a ofrecer un espectáculo repleto de cayetanitos, legionarios y fachas varios como el que hemos podido vivir el pasado lunes. Toda una delicia para los fachapobres de pueblo que se tienen que conformar con seguir esas exhibiciones de carácter fascistas desde las pantallas de sus televisores o desde la barra del bar donde aprovechan para lanzar su alegato dominical.
Quizás lo que más llamó la atención de este pasado lunes fue la cantidad de niños de buena familia malcriados que exhibieron no sólo una falta total de educación y buenos modales, que es lo que se supone en gente de su condición social y educados en colegios privados, sino también una violencia verbal impropia de tales imberbes por referirme sólo a la parte masculina de esa multitud vociferante y agresiva.
Y es que los cayetanitos actuales beben de una larga tradición de esa clase dominante que gobernó España por las buenas o por las malas, más tiempo por las segundas que por las primeras, y que han vuelto a encontrar su lugar bajo el sol del antisanchismo al que han jurado combatir entre vacaciones en Marbella o Sotogrande y jornadas de esquí en la sierra madrileña, y como cantaba Luis Miguel “el tiempo que te quede libre, si te es posible, dedícamelo a mí”, en este caso a la lucha contra el sanchismo que a ti te encontré en la calle.
Y junto a este batallón infantil de la extrema derecha, lo que muchos han llamado la patrulla canina madrileña, conviene destacar también ese otro fenómeno emergente, el de los fachapobres, gentes de nuestros barrios y de nuestros pueblos de los que nunca pudimos sospechar sus veleidades para con las ideas de la extrema derecha pero que, victimas del síndrome de Estocolmo y pertrechados con su arsenal de redes sociales que les hace perder el pudor y en muchas ocasiones también la vergüenza, difunden con fervor patriótico y ardor guerrero las falacias de los que cuando gobiernen intentaran liquidar buena parte de sus derechos y libertades, pero como dice el refrán “sarna con gusto no pica”…
Y por si nos faltaba algo en e este largo fin de semana pasado pudimos asistir al show de Vito y los legionarios, gente a la que pagamos con los impuestos de todos, y que no han tenido reparo para jalear al provocador fascista más notorio en estos momentos de neblina democrática. Dicen que Defensa ha ordenado una investigación al igual que Interior con la brutal e injustificada carga de los antidisturbios de la Policía Nacional en la Complutense, cuando todavía estamos a la espera de conocer los resultados de aquella otra investigación sobre la caída con fractura de nariz de una profesora provocada por un policía en Valencia hace ya meses. Es algo compartido ya por una buena parte de la opinión publica española que los antidisturbios actúan de manera distinta frente a las manifestaciones de la extrema derecha que frente a las de la izquierda. Si esto ocurre hoy con un gobierno progresista, dios nos libre de lo que puede ocurrir con uno de la extrema derecha y la derecha extrema, el fantasma Bukele recorre las calles españolas...
Quién nos iba a decir hace unos años que la Fiesta Nacional del 12 de octubre, más allá de los clásicos abucheos al presidente del Gobierno en el prescindible desfile militar, nos iba a ofrecer un espectáculo repleto de cayetanitos, legionarios y fachas varios como el que hemos podido vivir el pasado lunes. Toda una delicia para los fachapobres de pueblo que se tienen que conformar con seguir esas exhibiciones de carácter fascistas desde las pantallas de sus televisores o desde la barra del bar donde aprovechan para lanzar su alegato dominical.
Quizás lo que más llamó la atención de este pasado lunes fue la cantidad de niños de buena familia malcriados que exhibieron no sólo una falta total de educación y buenos modales, que es lo que se supone en gente de su condición social y educados en colegios privados, sino también una violencia verbal impropia de tales imberbes por referirme sólo a la parte masculina de esa multitud vociferante y agresiva.
Y es que los cayetanitos actuales beben de una larga tradición de esa clase dominante que gobernó España por las buenas o por las malas, más tiempo por las segundas que por las primeras, y que han vuelto a encontrar su lugar bajo el sol del antisanchismo al que han jurado combatir entre vacaciones en Marbella o Sotogrande y jornadas de esquí en la sierra madrileña, y como cantaba Luis Miguel “el tiempo que te quede libre, si te es posible, dedícamelo a mí”, en este caso a la lucha contra el sanchismo que a ti te encontré en la calle.
Y junto a este batallón infantil de la extrema derecha, lo que muchos han llamado la patrulla canina madrileña, conviene destacar también ese otro fenómeno emergente, el de los fachapobres, gentes de nuestros barrios y de nuestros pueblos de los que nunca pudimos sospechar sus veleidades para con las ideas de la extrema derecha pero que, victimas del síndrome de Estocolmo y pertrechados con su arsenal de redes sociales que les hace perder el pudor y en muchas ocasiones también la vergüenza, difunden con fervor patriótico y ardor guerrero las falacias de los que cuando gobiernen intentaran liquidar buena parte de sus derechos y libertades, pero como dice el refrán “sarna con gusto no pica”…
Y por si nos faltaba algo en e este largo fin de semana pasado pudimos asistir al show de Vito y los legionarios, gente a la que pagamos con los impuestos de todos, y que no han tenido reparo para jalear al provocador fascista más notorio en estos momentos de neblina democrática. Dicen que Defensa ha ordenado una investigación al igual que Interior con la brutal e injustificada carga de los antidisturbios de la Policía Nacional en la Complutense, cuando todavía estamos a la espera de conocer los resultados de aquella otra investigación sobre la caída con fractura de nariz de una profesora provocada por un policía en Valencia hace ya meses. Es algo compartido ya por una buena parte de la opinión publica española que los antidisturbios actúan de manera distinta frente a las manifestaciones de la extrema derecha que frente a las de la izquierda. Si esto ocurre hoy con un gobierno progresista, dios nos libre de lo que puede ocurrir con uno de la extrema derecha y la derecha extrema, el fantasma Bukele recorre las calles españolas...
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