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Golpes de Estado

. Los políticos apuntan y disparan con sus palabras y sus palmeros de dentro y fuera del hemiciclo se desahogan porque están ahogados en sus vidas cotidianas y tanta guerra civil sin armas les sirve de relax

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  • El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en una imagen reciente.

Bueno, del follón en el que estamos en España ya están ustedes al tanto, más o menos. Las joyas, las mascarillas, los masters, las mordidas, los servicios secretos de seguridad del PSOE —a los que llaman cloacas—, las cuentas opacas en el extranjero, los guardias civiles y policías bondadosos o malignos…, un montón de cosas de las cuales las verdaderas de verdad son las que han sentenciado los jueces, las otras no, las otras todas son presuntas, sin embargo a los medios de comunicación les gusta colocarlas como definitivas, lo cual se debe a dos factores: uno, el periodismo de denuncia de verdad no especula, sea del signo que sea, afirma y se arriesga a que lo empapelen o lo glorifiquen. Dos, los públicos clientes de los medios desean “sangre”, que les coloquen como ciertas lo que por el momento es un “podría ser”. 

Esta última forma de ejercer el periodismo caracterizada por afirmar lo que no está probado judicialmente pero sí por el periodismo —obligado por la sed de los receptores y de la política— va más allá de la desinformación y de la vulneración de los códigos deontológicos que están ahí como las constituciones o las declaraciones universales: para no cumplirlas. 

Va más allá: siembra crispación, lleva a cabo un servicio privado que le sirve para que sectores públicos oigan y lean aquello que su educación, su psicología y sus deseos anhelan que les digan, es por eso que también se trata de un servicio público o semipúblico al no ser de general aplicación. Si al final alguna de las acusaciones no se ha podido probar y se archiva el caso o se declara inocente al que antes era un supuesto delincuente, eso da igual, cualquiera se quita la mancha de encima. Todo sea por el servicio púbico y la pasta.   

No hace falta ser un lince para darse cuenta de que también los políticos en Las Cortes y en cualquier lugar dan por hecho lo que no han dado por hecho los jueces. Trabajan también para sus clientelas, en este mundo, como cantaba Patxi Andión, “todo se compra y se vende”. Los políticos apuntan y disparan con sus palabras —cuando no con salivajos o amenazas físicas— y sus palmeros de dentro y fuera del hemiciclo se desahogan porque están ahogados en sus vidas cotidianas y tanta guerra civil sin armas les sirve de relax, paradójicamente.  

Todo legal, parece

Ante todo este panorama tan abracadabrante, junto con preguntarme en qué clase de país vivo también pienso si es que llevamos unos años en los que en España se están dando golpes de Estado —al parecer legales— sin derramar ni una gota de sangre, por ahora, lo cual sería una excelente aportación a la Humanidad junto a las que se dan en Estados Unidos cuando se reunió el Colegio Electoral  en el año 2000 y sentenció en medio de acusaciones de fraude durante las elecciones entre Al Gore y Bush: el vencedor es…. Tachán, tachán, ¡George W. Bush! El hijo del exdirector de la CIA y expresidente, George Bush, había obtenido menos votos populares que su contrincante Al Gore que logró más votos electorales que, por lo visto, valen más que los de la gente así que el señor Bush, hijo, gran empresario petrolero, se llevó el gato al agua.  

También se han dado en América Latina golpes “legales” que han sustituido a esos tan bastos como cuando Pinochet o Videla se sentaban en sus poltronas a base de torturar y matar gente, toda comunista, por supuesto. Ahora es distinto, ahora un presidente se va a tomar una piña colada a alguna isla de esas a las que llaman paradisíacas, lo acusan sus señorías de abandono del poder y el que fue a Sevilla perdió su silla. En otros lugares, como en Ucrania, se añade a lo anterior un levantamiento bien orquestado de la gente y también se le quita la poltrona a quien la tenía legalmente, otrosí.

Por cierto, dicho sea de paso, eso a lo que llaman paraísos naturales y playas maravillosas del Caribe es un rollo. El agua está como el caldo del Avecrem, hay muchos mosquitos y otros bichos, cuestan un huevo, te quemas como una tostada, todos son iguales, los hoteles son vulgares y horteros en sus diseños, como los de las telenovelas, y, si tienes muy mala suerte, te muerde un tiburón o una barracuda que es peor. 

Sectores civiles y militares     

Sigo con los golpes de Estado. Creo que estoy exagerando el tema y, no obstante, a veces vienen bien las metáforas para explicase algo. ¿Qué es un golpe de Estado? Voy a consultarlo. Leo en la Enciclopedia Universal: “Se define como la toma repentina e inconstitucional del poder político por parte de un grupo, generalmente militar, pero también puede ser un sector civil, con el objetivo de derrocar al gobierno existente y establecer un nuevo régimen”. 

Dicho así, en España hubo un intento con el señor Tejero, pero, ¿lo de ahora son, no uno, sino varios golpes de Estado? Como afirmaba mi maestro el profesor Nietzsche, “no hay hechos sino interpretaciones”. Difiero con él si leo textualmente la cita, pero vamos a quedarnos ahora con ella. Y también vamos a seleccionar lo de “toma repentina e inconstitucional del poder político por parte de un grupo, generalmente militar, pero también puede ser un sector civil, con el objetivo de derrocar al gobierno existente y establecer un nuevo régimen”.

Aquí entra nuestro país, si bien con mucho tiento. El grupo militar digamos explícito irrumpió en 1981 con ese batallón de guardias civiles a los que dijeron: “todo el mundo firme que vamos a tomar Las Cortes”. Y obedecieron, como es lo suyo, órdenes son órdenes y a esas instituciones no va uno a pensar cuando no eres más que un mandao. Ya sabemos que aquello falló, la viuda de Tejero declaró que lo dejaron solo, al rey le colocaron todas las medallas al valor y que siga la democracia.  

Lo de ahora es más sibilino, más sutil. El “sector civil” que tiene el poder político perdió las elecciones ante el otro sector civil al que llamamos PP. Sin embargo, el sector civil en ejercicio llevó a cabo alianzas legales parlamentarias y ahí está, gobernando o lo que sea. La alianza fue con partidos que desean independizarse de España y establecer otro régimen, luego están vulnerando la Constitución. ¿Ha dado entonces un golpe de Estado el sector civil gobernante? 

Después, ese mismo sector le ha corregido la plana a la Justica constitucional con el tema catalán, etc., etc. ¿Es eso otro golpe de Estado además con la UE mirando para otro lado? Y ahora el mismo sector civil no cuenta ni con el apoyo de los aliados que lo llevaron a las poltronas de un gobierno que cabe de chiripa en la mesa del consejo de ministros de tantos mandatarios como hay. ¿Es eso un regolpe de Estado? ¿O un requetegolpe? ¿O un golpecito de Estadito porque los llamados socios del gobierno aprietan sin ahogar? ¿Quién les va a dar más juego a los selectos nacionalistas de ADNs superiores?

Pasamos al “sector militar” y de orden. Los supuestos golpistas civiles lo han tratado muy mal, en especial a la Guarda Civil y a la Policía Nacional. Estos últimos no son militares, pero parece que se sienten desnudos como John Wayne sin sus pistolas. También ellos -militares y policías- tienen servicios especiales para protegerse y proteger la Constitución que será buena, mala o regular, pero es la que tenemos y para cambiarla hay que sudar un poco, aunque sea. 

La Constitución no debería cambiarse con pseudo amiguetes en el Constitucional y en las comunidades autónomas, los padres constitucionales, o sea, mis antepasados en generación, eran tan ingenuos como mi propia generación, ignorábamos que hay una generación del yo, yo yo, a ella pertenece Sánchez y sólo puede combatirlo mi Cayetana Álvarez de Toledo y, en menor medida, la Ayuso. Un servidor sufre a esta generación en la universidad.  

Los servicios especiales de Guardia Civil y Policía han cumplido con su trabajo, lo siguen cumpliendo y dicen haber descubierto a los servicios especiales privados del PSOE más cantidad de chanchullos, hasta dirigentes malignos en sus propias filas que eso sí que es autocritica y no la que se hacen o, mejor, la que no se hacen los partidos. Algunos casos ya han sido sentenciados y los pájaros están en las jaulas.

Los golpistas son los otros

Lo que me parece que cree el sector civil presuntamente golpista es que los golpistas son el sector militar y policial que dice haberlos descubierto. Añaden a los uniformes una trama civil en forma de lawfare. Casi todos los que los golpean -excluyendo a los que los besan- son descendientes del franquismo. O todos. 

En definitiva, si tenemos por ciertos mis razonamientos, ¿acaso no vivimos multitud de presuntos golpes de Estado en España? 

Hay que comprender a nuestro presidente. Él cree -porque se lo contagiaron ZP y Pablo Iglesias o porque no tiene otra alternativa- que debe romper el “Espíritu del 78”. Yo conocí aquel “espíritu” y me apuntaba entonces a la ruptura también ya que fue un cambiarlo todo para que todo siguiera igual. Pero, ya de mayor, con canas, sabiduría y más estudios -que no más temor- me he imaginado una mesa de negociación para las elecciones de 1977 y la Constitución del 78 en la que PCE y PSOE tenían que negociar con una estructura de poder franquista, totalmente franquista, salpicada de “liberales”.  

Había que elegir entre un apaño -una reforma, como quería el PSOE- o una ruptura como deseaban mis camaradas. ¿Qué hacer? ¿Incendiar otra vez España con EEUU y Alemania más toda la comunidad occidental en contra o plegarse a la realidad? Nos plegamos al apaño, dame p’acá la monarquía y a cambio me legalizas, dijo Santiago Carrillo. Y los políticos franquistas se hicieron el harakiri en Las Cortes. 

Para qué nos vamos a engañar, ganaron ellos, los que para mí son los malos, los amantes de la ignorancia y de la España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía, convenientemente renovados. Tres victorias contaban ya: la de la guerra, los casi 40 años de “orden” y la Transición lampedusiana. Tras ella, teníamos ocasión de llevarnos 40, 50, 60 años hablando de la guerra, de Franco y de la Transición o bien, sin olvidar el pasado y en especial sus errores, tirar para delante y observar a las grandes potencias para imitarlas y hasta superarlas y aspirar a ser la potencia mundial que fuimos, sólo mirando a lo más alto se consigue llegar al menos a la mitad. Japón y Alemania, especialmente devastadas tras la Segunda Guerra Mundial, nos habían superado de sobra.  

Hemos elegido el golpismo

Hemos elegido los golpes de Estado. Las izquierdas no tenían nada mejor que ofrecer una vez que Felipe González se encargó de la reconversión industrial y de empezar a privatizar. Hay que bipolarizar, dijo en voz baja ZP. 

Y ahí estamos, ni en Pinto ni en Valdemoro. No pintamos nada en el mundo y la leyenda negra nosotros mismos seguimos alimentándola -los “progresistas”- y hasta lo hace el mismo rey constitucional que no sé qué piensa de todo esto porque sólo lanza frases ambiguas -menos cuando le confirma a Claudia Sheinbaum que fuimos malos en la conquista y colonización- a pesar de que la Constitución que voté contra mi voluntad lo sitúa a él como máximo garante.  

Lo que le queda a Pedro Sánchez en su cabeza es resistir a las fuerzas franquistas que quieren tomar Madrid y La Moncloa: “No pasarán”. Sospecha que van a pasar, pero desea intentar trascender en la Historia con un marketing algo mejor que el que tiene ahora: quiere ser mártir de la fachosfera o nuevo vencedor en plan monarca de las componendas. Como es el gurú de una secta algunos de cuyos miembros rugen, pero no muerden, ahí que va a estar hasta que lleguen las elecciones o más allá, no sé para qué tanta prisa en las derechas, ¿están seguras de que van a gobernar?, ¿acaso tienen algo sólido que ofrecer?, ¿acaso van a elaborar listas unitarias? ¿Acaso saben cómo van a actuar cuando ganen, gobiernen y, de paso, les inyecten la energía que necesitan las izquierdas para asaltar las calles en nombre de la libertad?

Bueno, del follón en el que estamos en España ya están ustedes al tanto, más o menos. Las joyas, las mascarillas, los masters, las mordidas, los servicios secretos de seguridad del PSOE —a los que llaman cloacas—, las cuentas opacas en el extranjero, los guardias civiles y policías bondadosos o malignos…, un montón de cosas de las cuales las verdaderas de verdad son las que han sentenciado los jueces, las otras no, las otras todas son presuntas, sin embargo a los medios de comunicación les gusta colocarlas como definitivas, lo cual se debe a dos factores: uno, el periodismo de denuncia de verdad no especula, sea del signo que sea, afirma y se arriesga a que lo empapelen o lo glorifiquen. Dos, los públicos clientes de los medios desean “sangre”, que les coloquen como ciertas lo que por el momento es un “podría ser”. 

Esta última forma de ejercer el periodismo caracterizada por afirmar lo que no está probado judicialmente pero sí por el periodismo —obligado por la sed de los receptores y de la política— va más allá de la desinformación y de la vulneración de los códigos deontológicos que están ahí como las constituciones o las declaraciones universales: para no cumplirlas. 

Va más allá: siembra crispación, lleva a cabo un servicio privado que le sirve para que sectores públicos oigan y lean aquello que su educación, su psicología y sus deseos anhelan que les digan, es por eso que también se trata de un servicio público o semipúblico al no ser de general aplicación. Si al final alguna de las acusaciones no se ha podido probar y se archiva el caso o se declara inocente al que antes era un supuesto delincuente, eso da igual, cualquiera se quita la mancha de encima. Todo sea por el servicio púbico y la pasta.   

No hace falta ser un lince para darse cuenta de que también los políticos en Las Cortes y en cualquier lugar dan por hecho lo que no han dado por hecho los jueces. Trabajan también para sus clientelas, en este mundo, como cantaba Patxi Andión, “todo se compra y se vende”. Los políticos apuntan y disparan con sus palabras —cuando no con salivajos o amenazas físicas— y sus palmeros de dentro y fuera del hemiciclo se desahogan porque están ahogados en sus vidas cotidianas y tanta guerra civil sin armas les sirve de relax, paradójicamente.  

Todo legal, parece

Ante todo este panorama tan abracadabrante, junto con preguntarme en qué clase de país vivo también pienso si es que llevamos unos años en los que en España se están dando golpes de Estado —al parecer legales— sin derramar ni una gota de sangre, por ahora, lo cual sería una excelente aportación a la Humanidad junto a las que se dan en Estados Unidos cuando se reunió el Colegio Electoral  en el año 2000 y sentenció en medio de acusaciones de fraude durante las elecciones entre Al Gore y Bush: el vencedor es…. Tachán, tachán, ¡George W. Bush! El hijo del exdirector de la CIA y expresidente, George Bush, había obtenido menos votos populares que su contrincante Al Gore que logró más votos electorales que, por lo visto, valen más que los de la gente así que el señor Bush, hijo, gran empresario petrolero, se llevó el gato al agua.  

También se han dado en América Latina golpes “legales” que han sustituido a esos tan bastos como cuando Pinochet o Videla se sentaban en sus poltronas a base de torturar y matar gente, toda comunista, por supuesto. Ahora es distinto, ahora un presidente se va a tomar una piña colada a alguna isla de esas a las que llaman paradisíacas, lo acusan sus señorías de abandono del poder y el que fue a Sevilla perdió su silla. En otros lugares, como en Ucrania, se añade a lo anterior un levantamiento bien orquestado de la gente y también se le quita la poltrona a quien la tenía legalmente, otrosí.

Por cierto, dicho sea de paso, eso a lo que llaman paraísos naturales y playas maravillosas del Caribe es un rollo. El agua está como el caldo del Avecrem, hay muchos mosquitos y otros bichos, cuestan un huevo, te quemas como una tostada, todos son iguales, los hoteles son vulgares y horteros en sus diseños, como los de las telenovelas, y, si tienes muy mala suerte, te muerde un tiburón o una barracuda que es peor. 

Sectores civiles y militares     

Sigo con los golpes de Estado. Creo que estoy exagerando el tema y, no obstante, a veces vienen bien las metáforas para explicase algo. ¿Qué es un golpe de Estado? Voy a consultarlo. Leo en la Enciclopedia Universal: “Se define como la toma repentina e inconstitucional del poder político por parte de un grupo, generalmente militar, pero también puede ser un sector civil, con el objetivo de derrocar al gobierno existente y establecer un nuevo régimen”. 

Dicho así, en España hubo un intento con el señor Tejero, pero, ¿lo de ahora son, no uno, sino varios golpes de Estado? Como afirmaba mi maestro el profesor Nietzsche, “no hay hechos sino interpretaciones”. Difiero con él si leo textualmente la cita, pero vamos a quedarnos ahora con ella. Y también vamos a seleccionar lo de “toma repentina e inconstitucional del poder político por parte de un grupo, generalmente militar, pero también puede ser un sector civil, con el objetivo de derrocar al gobierno existente y establecer un nuevo régimen”.

Aquí entra nuestro país, si bien con mucho tiento. El grupo militar digamos explícito irrumpió en 1981 con ese batallón de guardias civiles a los que dijeron: “todo el mundo firme que vamos a tomar Las Cortes”. Y obedecieron, como es lo suyo, órdenes son órdenes y a esas instituciones no va uno a pensar cuando no eres más que un mandao. Ya sabemos que aquello falló, la viuda de Tejero declaró que lo dejaron solo, al rey le colocaron todas las medallas al valor y que siga la democracia.  

Lo de ahora es más sibilino, más sutil. El “sector civil” que tiene el poder político perdió las elecciones ante el otro sector civil al que llamamos PP. Sin embargo, el sector civil en ejercicio llevó a cabo alianzas legales parlamentarias y ahí está, gobernando o lo que sea. La alianza fue con partidos que desean independizarse de España y establecer otro régimen, luego están vulnerando la Constitución. ¿Ha dado entonces un golpe de Estado el sector civil gobernante? 

Después, ese mismo sector le ha corregido la plana a la Justica constitucional con el tema catalán, etc., etc. ¿Es eso otro golpe de Estado además con la UE mirando para otro lado? Y ahora el mismo sector civil no cuenta ni con el apoyo de los aliados que lo llevaron a las poltronas de un gobierno que cabe de chiripa en la mesa del consejo de ministros de tantos mandatarios como hay. ¿Es eso un regolpe de Estado? ¿O un requetegolpe? ¿O un golpecito de Estadito porque los llamados socios del gobierno aprietan sin ahogar? ¿Quién les va a dar más juego a los selectos nacionalistas de ADNs superiores?

Pasamos al “sector militar” y de orden. Los supuestos golpistas civiles lo han tratado muy mal, en especial a la Guarda Civil y a la Policía Nacional. Estos últimos no son militares, pero parece que se sienten desnudos como John Wayne sin sus pistolas. También ellos -militares y policías- tienen servicios especiales para protegerse y proteger la Constitución que será buena, mala o regular, pero es la que tenemos y para cambiarla hay que sudar un poco, aunque sea. 

La Constitución no debería cambiarse con pseudo amiguetes en el Constitucional y en las comunidades autónomas, los padres constitucionales, o sea, mis antepasados en generación, eran tan ingenuos como mi propia generación, ignorábamos que hay una generación del yo, yo yo, a ella pertenece Sánchez y sólo puede combatirlo mi Cayetana Álvarez de Toledo y, en menor medida, la Ayuso. Un servidor sufre a esta generación en la universidad.  

Los servicios especiales de Guardia Civil y Policía han cumplido con su trabajo, lo siguen cumpliendo y dicen haber descubierto a los servicios especiales privados del PSOE más cantidad de chanchullos, hasta dirigentes malignos en sus propias filas que eso sí que es autocritica y no la que se hacen o, mejor, la que no se hacen los partidos. Algunos casos ya han sido sentenciados y los pájaros están en las jaulas.

Los golpistas son los otros

Lo que me parece que cree el sector civil presuntamente golpista es que los golpistas son el sector militar y policial que dice haberlos descubierto. Añaden a los uniformes una trama civil en forma de lawfare. Casi todos los que los golpean -excluyendo a los que los besan- son descendientes del franquismo. O todos. 

En definitiva, si tenemos por ciertos mis razonamientos, ¿acaso no vivimos multitud de presuntos golpes de Estado en España? 

Hay que comprender a nuestro presidente. Él cree -porque se lo contagiaron ZP y Pablo Iglesias o porque no tiene otra alternativa- que debe romper el “Espíritu del 78”. Yo conocí aquel “espíritu” y me apuntaba entonces a la ruptura también ya que fue un cambiarlo todo para que todo siguiera igual. Pero, ya de mayor, con canas, sabiduría y más estudios -que no más temor- me he imaginado una mesa de negociación para las elecciones de 1977 y la Constitución del 78 en la que PCE y PSOE tenían que negociar con una estructura de poder franquista, totalmente franquista, salpicada de “liberales”.  

Había que elegir entre un apaño -una reforma, como quería el PSOE- o una ruptura como deseaban mis camaradas. ¿Qué hacer? ¿Incendiar otra vez España con EEUU y Alemania más toda la comunidad occidental en contra o plegarse a la realidad? Nos plegamos al apaño, dame p’acá la monarquía y a cambio me legalizas, dijo Santiago Carrillo. Y los políticos franquistas se hicieron el harakiri en Las Cortes. 

Para qué nos vamos a engañar, ganaron ellos, los que para mí son los malos, los amantes de la ignorancia y de la España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía, convenientemente renovados. Tres victorias contaban ya: la de la guerra, los casi 40 años de “orden” y la Transición lampedusiana. Tras ella, teníamos ocasión de llevarnos 40, 50, 60 años hablando de la guerra, de Franco y de la Transición o bien, sin olvidar el pasado y en especial sus errores, tirar para delante y observar a las grandes potencias para imitarlas y hasta superarlas y aspirar a ser la potencia mundial que fuimos, sólo mirando a lo más alto se consigue llegar al menos a la mitad. Japón y Alemania, especialmente devastadas tras la Segunda Guerra Mundial, nos habían superado de sobra.  

Hemos elegido el golpismo

Hemos elegido los golpes de Estado. Las izquierdas no tenían nada mejor que ofrecer una vez que Felipe González se encargó de la reconversión industrial y de empezar a privatizar. Hay que bipolarizar, dijo en voz baja ZP. 

Y ahí estamos, ni en Pinto ni en Valdemoro. No pintamos nada en el mundo y la leyenda negra nosotros mismos seguimos alimentándola -los “progresistas”- y hasta lo hace el mismo rey constitucional que no sé qué piensa de todo esto porque sólo lanza frases ambiguas -menos cuando le confirma a Claudia Sheinbaum que fuimos malos en la conquista y colonización- a pesar de que la Constitución que voté contra mi voluntad lo sitúa a él como máximo garante.  

Lo que le queda a Pedro Sánchez en su cabeza es resistir a las fuerzas franquistas que quieren tomar Madrid y La Moncloa: “No pasarán”. Sospecha que van a pasar, pero desea intentar trascender en la Historia con un marketing algo mejor que el que tiene ahora: quiere ser mártir de la fachosfera o nuevo vencedor en plan monarca de las componendas. Como es el gurú de una secta algunos de cuyos miembros rugen, pero no muerden, ahí que va a estar hasta que lleguen las elecciones o más allá, no sé para qué tanta prisa en las derechas, ¿están seguras de que van a gobernar?, ¿acaso tienen algo sólido que ofrecer?, ¿acaso van a elaborar listas unitarias? ¿Acaso saben cómo van a actuar cuando ganen, gobiernen y, de paso, les inyecten la energía que necesitan las izquierdas para asaltar las calles en nombre de la libertad?

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